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8 de Mayo del 2020
Historias
Lectura: 12 minutos
8 de Mayo del 2020
Redacción Plan V
Las historias desconocidas de la pandemia en Manabí
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Jipijapa es la entrada sur a Manabí. Sus habitantes creen que el virus llegó desde Guayas. Las brigadas médicas de Salud no han llegado a los barrios más afectados. Foto: Twitter de Leonardo Orlando @LeoOrlandoA

 

Manabí es la tercera provincia del Ecuador más afectada por el virus. Hasta el 8 de mayo sumaba 1.173 contagios y 226 fallecidos. Pero habitantes, dirigentes barriales y expertos aseguran que esas cifras no alcanzan a contar lo que ha pasado en Manabí, donde la infraestructura sanitaria está al máximo.

El modesto club deportivo que salvó vidas

En Picoazá, parroquia de Portoviejo, los habitantes recuerdan haber vivido una película de terror a finales de marzo e inicios de abril. Empezaron a morir entre cinco y seis personas al día cuando su promedio era de uno o dos por semana. En sus listas hay hasta el momento 72 muertos.

El registro lo lleva Pedro Pablo Vera, presidente electo del Consejo Barrial de Picoazá. Él contó a Plan V que los habitantes creyeron en un inicio que era el dengue y la fiebre chikungunya, que los ataca cada invierno. Pero el aumento de fallecidos era inusual. Aún se desconoce cuántos de ellos fueron por COVID-19. 

La población vivió el inicio de la crisis sin médicos ni medicinas. “Prácticamente no teníamos nada en el centro de salud de nuestra parroquia”, dijo Vera a Plan V. Los contagiados debían desplazarse hasta los hospitales Verdi Cevallos o de Especialidades. Aquejados por problemas respiratorios, los enfermos no alcanzaban a llegar a esas casas de salud. También hubo miedo ir a los hospitales por temor a contagios.

La demanda fue tan alta que un centro deportivo fue transformado en una sala de triaje para evaluar el estado de los afectados. Fue una iniciativa de las autoridades de la parroquia con funcionarios del Ministerio de Salud. El centro se llama Club San Pedro, que está al frente del cementerio del sector. Ahí se instalaron dos tanques de oxígeno y dos camillas. Alrededor de 60 pacientes se han atendido en esas instalaciones.


El Club San Pedro fue usado como un centro de atención para pacientes con síntomas de COVID-19. Se instalaron dos camillas y dos tanques de oxígeno.

El Municipio de Portoviejo, el cantón manabita más golpeado de la provincia, replicó esa experiencia en otros dos sectores de Picoazá. Los llamó Puestos de Salud Inmediata (PSI). Los equiparon mejor con aparatos para tomar la fiebre y los signos vitales, y más medicina.  Salud ante el pedido de los habitantes empezó las brigadas médicas y tomaron muestras para pruebas rápidas.

Vera contó que tuvo dolor de cabeza, una tos leve y dolor de cuerpo. También perdió el gusto y el olfato. Sus vecinos le dijeron que también presentaron esos síntomas. “¡Todos caímos!”, dijo. El dirigente no se hizo una prueba, pero en su barrio suponen que la mayoría se contagió de COVID-19 y que solo aguantaron los que tuvieron más defensas.


Los Puestos de Salud Inmediata se instalaron en tres sectores de Picoazá por el número creciente de enfermos. En Portoviejo, oficialmente, hay 303 contagiados.

La parroquia se organizó para el entierro de sus fallecidos. La mayoría murió en su casa. Un grupo de 15 personas estuvo a cargo de los trámites y del entierro con sus trajes de bioseguridad.

En los últimos días ha bajado el número de fallecidos. Pero los moradores aseguran que aún hay personas que están en sus casas con problemas respiratorios o están dependiendo de oxígeno.

Trabajos de fumigación en Picoazá.

La emergencia ha destapado otras postales. El 80% de la parroquia Picoazá vive del comercio informal. Muchos habitantes se dedican de las ventas ambulantes, de lotería, ayudantes de albañilería, entre otros. “Hay bastantes parroquianos que se están muriendo de hambre”, aseguró el dirigente. Picoazá tiene alrededor de 22.000 habitantes y han recibido apenas 400 raciones de alimentos.

El barrio de Jipijapa que se aisló

La ciudadela 3 de Mayo fue el más afectado de Jipijapa. Los vecinos empezaron a enfermar en las primeras semanas de marzo, al inicio de la pandemia. Después del primer fallecido, cada día empezó a registrarse dos o tres decesos. Hasta ahora han contado 25 muertos.

Sin atención de las autoridades locales ni sanitarias, el barrio se cercó por iniciativa propia y como medida para evitar contagios. Colocaron palos y piedras en cuatro de sus cinco accesos para evitar el ingreso de vehículos que no pertenecían a los vecinos. Después de una semana, el Municipio llegó y reforzó el cerco con muros de tierra. Pero ninguna ayuda sanitaria. 


El pasado 3 de mayo, la ciudadela conmemoró su aniversario N. 50 con una misa virtual y fuegos pirotécnicos que fueron transmitidos en vivo. Algunos vecinos colocaron flores, una cruz y la bandera de Jipijapa.

Solo dejaron abierto un acceso. Por ahí solo dejaron entrar a los vehículos que llevan gas y a los tanqueros de agua, una vez por semana.

Este sector, como muchos más de Jipijapa, carece de agua. La Alcaldía, al inicio de su administración en el 2018, dio agua dos veces por semana. Luego cada 15 días. En la pandemia, recibieron agua casi al mes.

Los habitantes crearon grupos de WhatsApp con más de 80 personas cada uno para alertar sobre la llegada de estos servicios y tomar precauciones. Quienes tenían internet abrieron sus redes Wi-Fi para que sus vecinos pudieran conectarse a esa red social. Así se informaban. “La gente dejaba su galón o tanque de gas fuera de casa con el dinero para no tener contacto con ninguna persona”.

Pero la gente siguió falleciendo, narró Marlon Collantes, presidente del barrio. Este sector tiene un centro de salud y a cinco minutos en auto está el Hospital Básico Jipijapa que alcanza para los primeros auxilios. Sin más opciones, los vecinos del 3 de Mayo decidieron medicarse ‘a la antigua’ como dicen ellos. Tomaron infusiones de hierbas y se hicieron evaporizaciones. Nada sirvió.

Jipijapa es el ingreso sur a Manabí desde Guayaquil. Collantes cree que fue un error no limitar el tránsito desde Guayaquil al inicio de la emergencia. La conexión entre ambas provincias es fuerte. Muchas familias llegaron a Manabí para pasar la cuarentena, afirmó.


Pie. El 22 de abril llegaron brigadas médicas a Jipijapa para identificar casos sospechosos de COVID-19. Foto: Twitter de Leonardo Orlando @LeoOrlandoA

A 3 de Mayo, de 500 personas, no ha practicado ninguna prueba para COVID-19. Una fundación, contactada por la misma comunidad, llegará este fin de semana para realizar brigadas médicas.

Las camas que no tiene Manabí

Antes del terremoto de 2016, Manabí ya tenía una grave deficiencia de infraestructura hospitalaria. Se estima que por cada 1.000 habitantes debe haber 2 camas. En Manabí, tomando en cuenta los hospitales privados, llega a 1.577 camas. De acuerdo a esa meta, la provincia debería superar las 3.200 camas. “Es decir, no llegamos ni a una cama por 1.000 habitantes”, explicó el doctor Jorge Chávez, quién es miembro de la Comisión Anticorrupción Núcleo de Manabí y de la Veeduría por la Transparencia de la Salud.

Después del sismo se demolieron tres hospitales: el del IESS en Manta, el de Bahía y el de Chone. A pesar de que había un déficit de camas, estos hospitales fueron levantados con una capacidad menor. “El Hospital del IESS de Manta se lo construyó para 150 camas, cuando esa ciudad necesita 300 camas o más”, dijo Chávez. El hospital de Bahía tenía 120 camas y se lo diseñó para 80 camas. El de Chone podía albergar 220 camas, pero solo funcionaban con 136, y ahora tendrá solo 120 camas cuando se termine de construirse, afirmó el veedor a Plan V.  Lo mismo ha sucedido en el hospital Rodríguez Zambrano de Manta que no se demolió, pero sí se reconstruyó una parte: también fue reducido de 220 a 183 camas. "Antes del terremoto llegábamos a 1.2 camas por 1.000 habitantes. Después, tuvimos menos de 1 cama por 1.000 habitantes", contó Chávez para quien reducir la capacidad hospitalaria es un crimen.


Gobierno ha anunciado que el hospital de Chone está por ser finalizado. Este es uno de los hospitales que fueron demolidos en Manabí tras el terremoto de 2016. Pero esta infraestructura tendrá menos camas. Foto: Twitter Coordinación Zonal 4

Cuando llegó la pandemia el sistema hospitalario ya estaba copado. “Eran miles de pacientes que todos los años no podían ingresar al sistema hospitalario por la deficiencia de camas”, dijo el experto.

El médico sostiene que el sistema de salud de Manabí sí podría atender mejor a los contagiados haciendo algunos cambios. Según sus cálculos, si el 1 por ciento de la población de Manabí se contagia eso sería 16.000 personas. “Con esos 16.000 infectados necesitaríamos 3.200 camas. Porque el 80 por ciento no necesita hospitalización”. Pero esto sería posible si las clínicas privadas atienden las enfermedades comunes y se deja libre a los hospitales públicos para atender coronavirus, propuso.

Chávez aseguró que las cifras del COE Nacional se quedan cortas en la provincia. Él cree que es necesario multiplicar por 10 la cifra oficial de 1.173, al corte de hoy.

Los hospitales de Portoviejo están congestionados. Pero uno de ellos puede ayudar más en la emergencia, afirmó Chávez. El Hospital de Especialidades fue construido para 528 camas, de las cuales solo están funcionando 80.


El 5 de mayo, médicos especialistas y residentes del Hospital Verdi Cevallos, de Portoviejo, compartieron un espacio de descarga emocional con el personal de la Unidad de Salud Mental. Fotos: Twitter del Hospital Verdi

La propuesta de Chávez es convertir a ese hospital en uno dedicado a COVID-19 y usar su capacidad máxima y destinar al menos 100 camas para cuidados intensivos (UCI). Manabí tiene 70 camas de UCI, pero estas siempre han estado llenas, según Chávez. El Verdi Cevallos apenas tiene dos camas de este tipo y cinco en el hospital del IESS de Portoviejo.

Pero en el norte de Manabí la situación es menos apremiante. En Pedernales, su alcalde Óscar Arcentales, aseguró a Plan V que el hospital móvil que allí fue instalado ha cubierto la demanda. Este centro tiene 40 camas y cuatro respiradores. Están a la espera de cinco respiradores más que se enviaron a arreglar a Guayaquil. La empresa privada ha donado tanques de oxígeno.

La pandemia llegó tarde a Pedernales, hace aproximadamente un mes. Arcentales explicó que hay 22 casos, dos de ellos han fallecido; hay 16 sospechosos. Dijo que esa es una cifra manejable, pese a que el suyo es un cantón vulnerable. El vínculo comercial con Guayaquil, por las actividades camaroneras, y con Santo Domingo es constante. En Pedernales se prohibió la circulación de 700 mototaxis. “Una mototaxi hace 50 carreras diarias. El contagio hubiera sido desbordado”, manifestó Arcentales a Plan V.

También la empresa de agua potable elevó un poco los índices permitidos de cloro. Eso se hizo con la autorización de las autoridades locales de Salud, afirmó el alcalde. Jama es un cantón con cero contagios.

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