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24 de Noviembre del 2014
Historias
Lectura: 17 minutos
24 de Noviembre del 2014
Redacción Plan V
Hugo Navarrete: "La explotación maderera del Yasuní es impresionante"

Foto: Luis Argüello

Hugo Navarrete, en el Campus de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Al fondo, la entrada principal de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, que él dirige.

 

Si no hubiese existido la iniciativa Yasuní ITT el tema de la conservación del Yasuní hubiera pasado desapercibido para la mayoría de la población. Es la posición del decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Católica del Ecuador, Hugo Navarrete. Estos días, la Facultad celebra 20 años de mantener la Estación Científica en el corazón del Parque Nacional Yasuní. Navarrete cuestiona una serie de conceptos que se han vertido en el debate político sobre la conservación del parque.

Hugo Navarrete

Decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.

Lo positivo de la iniciativa, dice Hugo Navarrete, a pesar del fracaso del Plan A, es que todo este proceso visibilizó de modo dramático el problema de la conservación de la naturaleza en el Ecuador. Pero esa falta de percepción que teníamos como país antes de la Iniciativa Yasuní ITT se mantiene con casi todas las áreas protegidas del país. Uno de los méritos de esta campaña fue el visibilidad los problemas de conservación, que no son exclusivos del parque Yasuní. Todo el territorio ecuatoriano tiene lugares espectaculares que debieran ser conservados.

Vea una galería con las fotos de la exposición Yasuní en imágenes pinchando aquí.

¿Si estaba bien lo de la Iniciativa Yasuní y era lo lógico, por qué no funcionó?

Era una muy buena idea, a quién no le gustaría recibir una compensación por dejar de ganar dinero a través de una actividad económica; creo que a todos nos gustaría. Además, detrás de todo ese concepto está la necesidad de evitar la contaminación. Pero lo que nunca se tomó en cuenta es que era buena en el discurso, pero en la práctica, y creo que es parte de la esencia del ser humano, creo que son pocas las personas que dan algo a cambio de nada. No podemos estar echando la culpa a quienes no nos dieron el dinero y calificándolos de egoístas. En el mundo nadie regala nada, menos países desarrollados que se han dado cuenta que a través del ahorro y las inversiones hay llegado a ser lo que son. Estos países nunca nos iban a regalar dinero por no explotar el petróleo, que en términos generales de contaminación no significa nada. Es decir, la cantidad de CO2 que se produciría al quemar todo el petróleo que se produce en el Yasuní, simplemente no contribuye en nada a disminuir el calentamiento global. Yo no digo que de grano en grano no se  pueda llenar un saco entero, pero era un tema económico y no romántico.

¿El Ecuador no aportó más de lo que se requería para que apoyen la Iniciativa?

El hecho de estar ahí, con una estación científica por 20 años, subsidiando su funcionamiento, con el único fin de generar conocimiento, ha sido un trabajo fundamental para hablar ahora de lo que hablamos en el país.

Lo que estaba diciendo el Ecuador en la propuesta a los países fue: voy a dejar de ganar. En principio, como país, tengo un capital, independientemente de cómo se gaste y quién lo gaste. Bien, como país digo a otros países que yo solamente quiero el 50% de ese capital a cambio de que ustedes contribuyan con esta iniciativa. Pero existió una negativa y no fue solo de los países a los cuales se pedía grandes cantidades de dinero, sería muy bueno saber cuántas personas en el Ecuador contribuyeron efectivamente y cuántos de los que se les preguntó en la calle para la consulta dieron su apoyo económico. Hay ahí una falta de consistencia. Porque es lindo hablar, pero cuando nos toca actuar la cosa es diferente.

Ustedes llevan 20 años de estudiar en el corazón del Yasuní, ¿cuánto ha aportado al Estación Científica para esa conservación?

La Estación Científica ha jugado papel preponderante, generando las herramientas que todos usamos ahora para poder decir que el Yasuní es uno de los bosques más diversos del planeta. Nosotros hemos generado esa información. Día tras día publicamos nuevos hallazgos, nueva información. Como la Pontificia Universidad Católica hemos contribuido con más del 50% de lo que se conoce del parque nacional. El hecho de estar ahí, con una estación científica por 20 años, subsidiando su funcionamiento, con el único fin de generar conocimiento, ha sido un trabajo fundamental para hablar ahora de lo que hablamos en el país.

¿Qué es el Yasuní?

Es un ecosistema de bosques, extremadamente diverso, en algunos grupos. Por ejemplo los árboles, en una hectárea de bosque hay más de 600 especies de árboles, con lo cual se convierte en el bosque con más especies en una hectárea que en toda norteamérica, excluyendo México. También hay en el Yasuní una gran concentración de aves y de otros grupos de plantas. Hay un gran empaquetamiento de muchas especies en un pequeño territorio. El Yasuní y otros bosques amazónicos son importantes porque cubren áreas importantes. El Yasuní es el bosque más diverso del mundo.

¿Qué significa esto para el Ecuador y el mundo?

El Yasuní es una coincidencia evolutiva, geológica y de la historia natural de la Tierra, como lo es que este territorio se llame Ecuador y que hayamos nacido aquí. Es una lotería evolutiva. Por eso, lo más importante no es lo que tenemos sino las oportunidades que se abren para explotar esa diversidad genética.

¿En qué sentido?

En varios sentidos, comenzando por lo que se hacía antes, que era extraer la madera, que definitivamente debiéramos dejar e hacerlo. Legal o ilegalmente, talar madera es la mayor estupidez del mundo, porque los árboles que están ahí tienen 200 o 300 años y lo único que sabemos es que si los cortamos simplemente el bosque se acaba y desaparece. Es como una herencia, no podemos acabarnos una herencia, debemos administrarla para que siga produciendo. Se habla mucho del conocimiento y la biodiversidad y sus potenciales usos. Por ahí debemos enfocarnos.

¿Con cuáles especies?

Hay infinidad de hongos, por ejemplo, que pueden tener aplicaciones en la medicina, en la industria, como nuevas fuentes de proteínas, de colorantes. De hecho hemos descubierto algunos compuestos que controlan bacterias que ahora son súper resistentes a todos los antibióticos. Son diferentes a los antibióticos, la batalla contra las bacterias la estamos perdiendo a diario. Ahí hay oportunidades. Del bosque amazónico del Yasuní podemos aprender cómo reforestar: no es una coincidencia que el bosque sea lo que es. Los árboles no están distribuidos de una forma aleatoria; hay razones ecológicas que hacen que árboles crezcan en las colinas, que crezcan en los valles que se inundan. Cuando se hace un proyecto de reforestación, se pone una especie en toda el área, y normalmente conduce a un fracaso. Hay que saber la distribución de las especies, cuánto crecen cada año,  cuáles son sus ciclos de vida, podemos tener un programa de restauración ecológica.

El símbolo del poder ahora es el potencial económico atado al conocimiento. No creo que debamos competir con la nanotecnología y estudios de neutrinos; fijémonos en qué somos buenos y cuál es nuestro recurso y este es la biodiversidad.

¿Dice que hay que invertir, qué se está haciendo y quién lo está haciendo?

Si comparamos lo que era 20 años atrás, evidentemente hay un cambio. No es suficiente, pero debemos abrirnos a la investigación con fines comerciales, porque así es como el mundo se mueve. El símbolo del poder ahora es el potencial económico atado al conocimiento. No creo que debamos competir con la nanotecnología y estudios de neutrinos; fijémonos en qué somos buenos y cuál es nuestro recurso y este es la biodiversidad; la diversidad de climas que nos permitan distintos cultivos súper especializados, con alto costo de comercialización, que se pueda comercializar; un ejemplo es lo que se hace con el cacao. Pero esto se podrá hacer en el momento en que haya una industria, una inversión.

¿Y con el Yasuní, cómo se aplicaría en concreto?

El Yasuní es la fuente de los recursos genéticos, para poder estudiar todos estos procesos biológicos. Explotar la madera en el bosque amazónico es pan para hoy y hambre para mañana. El mayor peligro que tiene el Yasuní es la explotación de madera, la apertura de carreteras y las carreteras que no se encuentran controladas, porque lo que eso permite es la deforestación y esta conduce a la desaparición de todas las especies.

¿Es más peligroso aún que la explotación petrolera?

Siendo estrictamente objetivos, sí. El tráfico de madera es impresionante, en el cual están metidos desde los indígenas, colonos, ciudadanos extranjeros; tablones enteros de cedro salen del Parque Nacional Yasuní, no a vista y paciencia de todos, pero es muy difícil ir en contra de un negocio ilegal, que es extremadamente lucrativo.

¿No hay suficiente vigilancia?

Lo saben, nosotros hemos visto cómo pasan las canoas llenas con los tablones; llegan al Coca, pasan la frontera o se venden aquí mismo. Pero también hay, en las zonas alrededor del Parque, los permisos de explotación  de madera, y la gente del Ministerio se enorgullece de dar permisos de explotación maderera que no tiene nada de sustentable. No hay tal manejo sustentable. Lo que sustenta al ecosistema amazónico es el bosque; las plantas son los productores primarios, y si no hay plantas simplemente no hay aves ni más fauna. Lo que puede suceder es que haya un bosque pero no haya fauna, que son los bosques defaunados, y ocurre cuando ha habido un exceso de cacería, porque no hay dispersores, no hay depredadores, entonces se vuelve un bosque en vías de extinción. Pero lo trágico son estos permisos de extracción de madera, lo trágico es que no se controla.

¿Es responsabilidad del Ministerio del Ambiente?

Lo es, pero no hay las capacidades. El Ministerio del Ambiente es una autoridad administrativa, pero no puede ponerse contra las armas de los traficantes. Tiene la capacidad de sancionar, pero no hay dinero suficiente para hacer un verdadero patrullaje de los bosques. Nosotros apoyamos al Ministerio del Ambiente, alojando a algunos de los guarda parques en la Estación.

¿Qué tipo de árboles están con mayor peligro?

Mayoritariamente el cedro. Existe una moratoria, es prohibido talar dentro de las áreas protegidos, pero los mayores madereros son los indígenas. Esto por el concepto de ancestralidad, que particularmente me parece un error terrible del gobierno de Rodrigo Borja al haberles dado territorios ancestrales a las comunidades.

¿Por qué?

Porque es crear naciones dentro de una nación y ellos casi que pueden disponer de los recursos, el territorio es de ellos. ¿Cuánto es la ancestralidad? Los quichuas son colonos, de hace 400 años.

Este concepto está planteado en el convenio con la Unión Europea, y en las nuevas enmiendas constitucionales anunciadas por el gobierno, en el sentido que las comunidades puedan vender los conocimientos o saberes ancestrales, lo cual por ahora está prohibido por la Constitución de la República.

Los conocimientos ancestrales difícilmente se puede atribuir a una persona, a una comunidad sí, pero si se lo ve de modo más amplio la misma planta es usada en Perú, en Colombia, en Brasil.

Creo que el llamado conocimiento ancestral es un patrimonio del Estado, de todos, de los sectores público y privado. Los conocimientos ancestrales difícilmente se puede atribuir a una persona, a una comunidad sí, pero si se lo ve de modo más amplio la misma planta es usada en Perú, en Colombia, en Brasil. Entonces es complicado decir que ese conocimiento perteneció al señor Hugo Navarrete, curaca de no sé dónde. No, creo que no es la manera. Es un patrimonio de todos.

¿Qué propondría usted para aprovechar esta riqueza patrimonial en todo el Ecuador?

El Yasuní es espectacular, una ve esa masa inmensa de bosque, esos árboles enormes, pero cuando vamos a una páramo también vemos recursos espectaculares que han respondido a otras condiciones evolutivas. Por eso siempre discuto eso de las áreas prioritarias de conservación; creo que todo es prioritarios. Obviamente tenemos que sacrificar algunas cosas, son los costos asociados al desarrollo. Para hacer una carretera tenemos que tumbar algunos árboles, pero con el menor daño posible. Pero cuando queremos tener una casa tenemos que liberar un espacio. Debemos tener conciencia, eso sí, de hasta donde deberíamos hacerlo y siempre con el menor impacto.

¿Se refiere a la explotación petrolera en el Yasuní?

Si nosotros vemos el daño primario que causa una explotación petrolera, es mínimo comparado con diez colonos que vayan al bosque y tengan, cada uno, fincas de cien hectáreas. Ahí usted tiene mil hectáreas de bosque que se tumban para poner vacas. Y si hablamos ecológicamente tener vacas es lo peor que se puede hacer. Ahora, píense en veinte colonos, en cien colonos... En una operación petrolera se ocupan cien, doscientas hectáreas; el problema de esta explotación es cuando hay descontrol de las carreteras que se abren y la colonización que arrastra, cuando se contaminan los ríos. Cuando hay control se puede ver, por ejemplo, la carretera que hizo la Maxus, que están relativamente bien controlada. El bosque sigue ahí, y ahí está la Estación Científica. Es fácil echar la culpa al que es visible, al grande, al que difícilmente puede responder, pero ¿quién se va contra las comunidades indígenas por la explotación del bosque? Nadie. Hablo de todas las comunidades, si se ven las zonas quichuas a lo largo del Napo, eso estuvo deforestado antes de que llegara el petróleo.

Pero la actividad petrolera trae asociados todos estos males, además de la contaminación.

La actividad petrolera no es una maravilla. Puede causar muchísimo daño a través de la contaminación. El momento que no se usan materiales de buena calidad, cuando los proceso no son adecuados, cuando no hay conciencia, que difícilmente hay en las empresas que buscan solo el lucro, es un alto riesgo. Un derrame de petróleo es un gravísimo, el que se vierta petróleo en el río por un descuido o por que no se usaron los mejores materiales es imperdonable, pero no significa que la bidiversidad del yasuní se acabe. Si usted se fija en toda la parte norte de Esmeraldas y la Costa ecuatoriana, no hay una sola gota de petróleo excepto Santa Elena, está devastado. Hay otros factores además del petróleo, como la expansión de la frontera agrícola, las grandes palmicultoras y bananeras: si vemos la cantidad de agroquímocos y van a parar a las cuencas de los ríos, los petroleros son poco al lado de todos quienes  contaminan la tierra y el agua con productos organofosforados y otros químicos bioacumulables en nuestro hígado. Después nos estamos preguntando porqué hay tanto cáncer de estómago y le echamos la culpa a cualquier otra cosa.

 

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