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9 de Agosto del 2022
Historias
Lectura: 20 minutos
9 de Agosto del 2022
Redacción Plan V
Inundaciones al norte de Quito, una zona de expansión urbana
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Las recientes inundaciones al norte de Quito evidencieron falencias en el sistema de usos de suelo. El cambio climático, la cultura de la basura y los permisos de construcción en zonas vulnerables inciden en los taponamientos. Fotos: Luis Argüello / PlanV

 

Las recientes inundaciones en el norte de la capital evidenciaron nuevamente la fragilidad de la infraestructura urbana para contener las lluvias. Visitamos Santa Clara del Común, en Calderón, una de las zonas más afectadas por recientes inundaciones. A partir de ahí hicimos un mapeo de la red y de las zonas más vulnerables de Quito.


La Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (EPMAPS) opera un sistema de alcantarillado que alcanza los 847 kilómetros en colectores principales y 4643 kilómetros en redes secundarias. En total son 5490 kilómetros debajo de las calles de Quito. A juicio de fuentes expertas consultadas por este portal, Quito tiene una de las mejores coberturas  de alcantarillado del país con el 89%.

En la zona centro sur se atiende a 58 estructuras de captación de quebradas, en la zona centro norte se dispone de 16 captadores, 2 diques de lodos, 10 obras de desvío y 51 reservorios de regulación. La red tiene 855 unidades de descargas, 108 mil estructuras de pozos, 90 mil sumideros y 200 mil accesorios.

Según el Municipio, una causa de las inundaciones se debe al mal uso del suelo y la práctica de relleno de los cauces de ríos, que los obstruye a pesar de que hay una ordenanza que prohíbe esta práctica. La lluvia es un fenómeno que afecta constantemente a Quito: aumenta el tráfico, produce inundaciones y pone en peligro a casas cerca de laderas.

Estos son los conductores que se taponaron el día de las inundaciones. Según el Municipio el diseño se debe a un intento de frenar la conducción de basura. Abajo se observa el cuello de botella que se formó en Santa Clara e inundó de forma grave a seis casas cercanas a la estructura.


Santa Clara del Común está al borde de la avenida Simón Bolívar. Está en la frontera entre Calderón y Pomasqui. Es una zona relativamente seca en Quito, pero la intensidad de las lluvias ha causado destrozos.  

El presidente de la Asociación de Profesionales de Gestión de Riesgos, Cristopher Velasco, sostiene que  el cambio climático es un elemento clave sobre el que las autoridades deben calcular para la elaboración de infraestructura.

Un segundo elemento tiene que ver con la expansión que está viviendo la ciudad. La urbanización ha eliminado terrenos de drenaje natural. Sumado a esto, la capital tiene uno de los índices más bajos en manejo de residuos, que se convierte en un factor de taponamiento de la infraestructura.

Para Velasco hay que repensar la cultura de consumo, “nuestra capacidad para reutilizar los residuos es muy lenta”, afirma. La expansión de la ciudad implica la pérdida de servicios ecosistémicos, “la ciudad necesita repensar la lógica de patrones de consumo y lo que implica la pérdida de nuestro patrimonio natural”. Según Velasco, solo el 10% del desfogue de aguas se trata en el Ecuador.

Quito tiene una de las coberturas de alcantarillado más grandes del país. Sin embargo, su infraestructura subterránea tiene varias falencias y deterioros de décadas. Ante esto, Velasco argumenta que se debe cuidar el patrimonio natural, “cambiar esa infraestructura sería volver a reconstruir una ciudad, se debe fortalecer la protección de nuestros servicios ecosistémicos”.

Según Velasco, se debe evitar la impermeabilización total de Quito. La capital está sobre una serie de quebradas y una topografía irregular que incide en las inundaciones. “No hay ningún mantenimiento que aguante si no se deja de botar basura”, afirma. “Aspiro que las autoridades en estas nuevas elecciones seccionales tengan planes concretos para que la capacidad adaptativa de la población tenga los efectos deseados”, concluye.

Quito, una ciudad vulnerable

Según una tesis de Carlos Proaño del Programa de Maestría en Gestión del Riesgo de Desastres de la Universidad Andina, de los 1267 sectores barriales legalizados en Quito, unos 59 estarían en riesgo alto de inundación. Además, hay unos 300 barrios irregulares cuyas condiciones de construcción no están legalizadas.

El Plan de Acción de Cambio Climático de Quito 2020 detalla que entre 1981 y 2005 la temperatura media anual ha incrementado 0,2 grados centígrados por década. Entre 1981 y 2010 el incremento de precipitaciones ha ido desde los 17 mm a los 70 mm por década. “Al combinarse con altos niveles de vulnerabilidad y reducida capacidad de respuesta, han activado un total de 1 576 eventos adversos entre el 2005 y 2018”, detalla el plan.

Para el periodo 2016-2040 se prevé un aumento anual de temperatura de 1 grado centígrado y un incremento de precipitaciones anuales promedio de 16 mm. El río Machangara recibe el 70% de los flujos de la ciudad.

Los niveles de riesgo están en parroquias urbanas debido a la presencia de pendientes y la falta de capacidad hidráulica del sistema de alcantarillado. El Plan de Acción revela algunas proyecciones bajo el escenario de cambio climático RCP4.5:

Según el Atlas de Amenazas Naturales del DMQ, de las nueve zonas administrativas del distrito, Eugenio Espejo, La Delicia y Eloy Alfaro son las zonas que han sufrido más inundaciones.

Santa Clara del Común, la zona más afectada
 

Santa Clara, es un barrio construido al borde de una quebrada. El domingo 31 de julio de 2022 sufrieron una inundación inesperada. Durante el día había salido el sol y nada daba señales de lo que venía. Pero a las 18h00 una lluvia fuerte llegó sin aviso, como es habitual en la ciudad y produjo un aluvión que afectó a los vecinos.

Esta es la casa comunal de Santa Clara, una de las propiedades que mayores daños sufrió. Se perdieron los bienes de su primer piso. El GAD de Calderón colocó carpas en esta casa que sirvió como lugar de acogida para vecinos afectados. Las inundaciones permearon las calles secundarias del barrio.

La administradora zonal de Calderón, Ana María Sánchez, contó que el lodo cubrió al menos 6 casas. Los damnificados perdieron enseres y en algunos casos, lo  perdieron todo. En el puente de acceso desde la autopista al barrio se formó una especie de corcho. Hubo al menos 41 damnificados y 13 familias que fueron atendidas por el Municipio.

“Se coordinó un puesto de mando unificado con al menos cinco instituciones municipales, el GAD de Calderón y la Prefectura de Pichincha. El domingo el barrio quedó aislado, no había punto de acceso”, dijo Sánchez. Se empezó por la limpieza de las vías principales y dentro de las casas. Actualmente se está evaluando a cuánto ascienden los daños.

Maquinaria de distintas instituciones públicas y privadas logró despejar las vías de Santa Clara.

Susana Sigcha perdió gran cantidad de los bienes de su casa. Los primeros pisos de la parte frontal se vieron fuertemente afectados. Tras una semana de los daños los vecinos no han recibido compensaciones. 

Se deberá determinar qué hacer con el puente debajo del cual se produjo el taponamiento. Tres empresas municipales van a hacer una mesa de trabajo para brindar una solución. Santa Clara fue el punto más afectado, aunque las lluvias del domingo produjeron daños en otras 11 zonas capitalinas.

La administradora coordinó las acciones ya que los incidentes se produjeron en su territorio. Se brindó ropa, cobijas, colchones, comida caliente, atención psicológica, y lúdica de manera inmediata. “El objetivo es activar un seguro que se tiene en EMSEGURIDAD para obtener financiamiento para los damnificados”, dijo la administradora zonal.

En Santa Clara se construyó infraestructura para frenar el flujo de basura aguas abajo. Por este territorio pasan aguas servidas por lo que el sitio afronta una fuerte contaminación ambiental. Han construido una especie de montaña que sirve como muro para separar el canal de aguas servidas del barrio.

Los vecinos contaron que una empresa que extrae material pétreo tiene presencia en una montaña que colinda con Santa Clara. Según los moradores la empresa no ha hecho reparación ambiental y tienen sospechas sobre la legitimidad de las firmas de apoyo que dice tener. La zona afectada está habitada por 19 familias que tienen unas 90 personas.

La comunidad de Bella María, a pocos minutos de Santa Clara, también sufrió daños por las inundaciones. Acá hubo el deslave de una cantera.

Pérdidas totales

“Fue todo en cinco minutos”, dijo Carlos Gavela, morador de Santa Clara afectado por las inundaciones. Cuando sintió la corriente de agua salió a ver que ocurría. Alcanzó a ubicar a sus perros en la terraza. En menos de un minuto entró a su casa a rescatar a sus tres cachorros. El primer piso de su casa se inundó casi por completo en cuestión de minutos. Perdió todos los bienes de ese piso incluyendo cocina, closet y enseres.


Carlos Gavela muestra su casa luego de la inundación. Gavela perdió todos sus bienes y la infraestructura de su casa quedó afectada.

“Se sentía la electricidad en el agua”, dijo. El morador contó que había descargas eléctricas sobre agua helada. “Si no moría electrocutado moría ahogado, sino por hipotermia”. El hombre temió morir.

Pero dos vecinos lo rescataron al oír los gritos desesperados. Se subieron al techo y cortaron parte de la lámina de zinc. Lograron sacarlo con vida. Su vecina había activado la alarma comunitaria, que ayudó a otros vecinos a resguardarse. La corriente llegó con tal fuerza que tumbó puertas metálicas y enterró con lodo los primeros pisos de las casas más afectadas.


Dos vecinos de Carlos lo rescataron retirando partes de la lámina del techo.

“El estruendo de la corriente y todo lo que traía era terrible, no se escuchaba nada”, dijo Gavela. “A uno en ese momento se le pasa los amigos y familiares que no les va a volver a ver, yo si dije yo de aquí no salgo”. Con el agua hasta el cuello, el morador fue rescatado, pero perdió todos los inmuebles de su hogar. Las autoridades del GAD de Calderón le adecuaron un cuarto con un colchón, ropa y cobijas en la casa comunitaria.

 
La habitación de Carlos se inundó de lodo. La electricidad y la hipotermia casi terminan con su vida en cuestión de minutos. 


La cocina también se inundó y resultó en la perdida de sus enseres. Abajo se observa hasta que punto llegó el nivel de lodo en la casa.

Carlos Gavela recorre su casa luego de la tragedia. No es la primera vez que una inundación afecta su hogar, de hecho, esta vez perdió bienes que había comprado luego de otras inundaciones.

Mientras nos cuenta lo sucedido, Carlos anda por su casa arrasada sin calzado y con un calentador donado. Nos muestra la cocina, los armarios, la computadora, los closets: todo está enterrado bajo el lodo que trajo la corriente.

Varias instituciones municipales y gubernamentales expresaron su apoyo. Pero este morador ya sufrió otra inundación hace cinco años y cuenta que jamás recibió ayuda para reponer las pérdidas. El vecino ha visto que con el caudal vienen llantas, troncos y guardachoques, que contribuyen al taponamiento de los ductos.


En la casa comunitaria se acumuló ropa para secarla y devolverla a los vecinos. Aquí también se instaló un cuarto para uno de los vecinos que perdió todos sus bienes.

Otro habitante del sector contó que el desfogue de emergencia que se hizo para retener las inundaciones se construyó  a un nivel más bajo que el barrio, por lo que la estructura sería inútil. Tras una semana del desastre consultamos a Marina Sigcha, otra moradora del barrio, y confirmamos que todavía no se ha efectuado ninguna compensación por las pérdidas.

El barrio organizó una cocina comunitaria en un espacio cultural. Algunos vecinos han puesto recursos propios, y combinados con las donaciones de las autoridades han brindado comidas para los moradores y los trabajadores que han ayudado en la limpieza.


La comunidad organizó una cocina comunitaria. Allí trabajaron vecinos, voluntarios y funcionarios municipales y de la Prefectura.

En Santa Clara del Común viven los Chucchurillos, descendientes ancestrales del pueblo kitu kara. La gestión cultural y la preservación de tradición ha dado relevancia a esta comunidad. 

Quito tiene 300 operativos en alcantarillado

El subgerente de Saneamiento de la EPMAPS, Juan Esteban Espinoza, trabaja en el Plan de Monitoreo del sistema de alcantarillado de Quito. Espinoza confirmó que la recolección de aguas en Quito es combinada, es decir las aguas lluvias se mezclan con las aguas servidas.


Juan Esteban Espinoza es el subgerente de Saneamiento de la EPMAPS. Su departamento trabaja durante los 365 días del año.

Actualmente se están haciendo intervenciones mayores en cinco zonas críticas en los sectores de La Patria, Eloy Alfaro, Granados y Martín Carrión. Así se ve la red de alcantarillado de más de 5000 kilómetros en Quito: 


Así se ve la red de alcantarillado del Distrito Metropolitano de Quito. Hay cinco zonas críticas en donde se están haciendo intervenciones. VER PDF

Según Espinoza, los conductores que se hicieron en Santa Clara tienen que ver con lo que pasa aguas abajo. “La solución tiene que ser integral, si ensancho esos conductores tengo que calcular que pasa más allá”, dijo Espinoza.

La EPMAPS hace constantemente intervenciones de limpieza, de prevención y de reparación. Para alcantarillado hay unas 300 personas en el nivel operativo para toda la ciudad.

Según Espinoza el material arenoso y la basura fueron causas que explican el taponamiento en Santa Clara. Según el subgerente, en 15 días se despejarán las zonas afectadas en el norte de Quito.

La EPMAPS recibe unos 150 pedidos diarios solo en cuanto a alcantarillado. Las temporadas de verano e invierno ya no están claramente delimitadas y se reciben pedidos constantes durante el año. Para saneamiento, la institución dispone de una excavadora, seis mini cargadoras, siete excavadoras, quince volquetas, dos cargadoras, dos tractores, y un equipo de inspección remota.. En ésta última hicimos un recorrido subterráneo.

El Municipio utiliza un sistema robótico denominado Rovverx para monitorear tuberías y parte de la infraestructura de difícil acceso. Este sistema de inspección televisiva envía un robot con un alcance de 500 metros a las profundidades del alcantarillado. A través de este monitoreo se detectan fisuras y taponamientos que luego son reparadas por unidades operativas.


El sistema Rovverx es una herramienta de inspección remota. El robot se enlaza en tiempo real con un cable óptico que transmite en vivo las imagenes y la ubicación al centro de control y monitoreo. Fotos: Luis Argüello / PlanV


El Robot tiene un sistema de ruedas que se puede intercambiar segun la necesidad y el terreno. Dispone de una cámara Full HD de 24 megapixeles, zoom óptico y digital que puede rotar en dos ejes.

Dos operativos manipulan el robot mientras que un operador dirige el sistema desde la van. Con este sistema principalmente se encuentran roturas, fisuras y taponamientos.

Esta van recorre todo el distrito. El costo de Rovverx asciende a $800 mil y una mejora en el sistema podría costar otros $120 mil. 

El robot se maneja desde una van. Un operador controla el robot con una cámara de 360 grados, luces y medidores. En las inundaciones de La Gasca enviaron el dispositivo antes del ingreso de todo el personal y descubrieron el primer taponamiento. Esta unidad hace recorridos en todo el distrito. Así se ve una inspección subterránea con el dispositivo Rovverx, un sistema cuyo costo asciende a los 800 mil dólares:


Rovverx es el robot que llega a donde el acceso para el personal se dificulta. Al momento de encontrar problemas se reporta a la unidad opertativa para que se haga la respectiva intervención. Foto: Cortesía Emaps

El ingeniero hidráulico Fausto Custode señala que durante el periodo del ex alcalde Paco Moncayo se rediseñó, prácticamente se reconstruyó, el sistema de alcantarillado. “El sistema se diseñó para 20 años así que estamos llegando al límite”.

El sistema de alcantarillado está diseñado para manejarse bajo las cotas de construcción, que en Quito no se respetan. Según el ingeniero hidráulico incluso zonas legalizadas como las que están encima de la avenida Occidental, están por fuera de las cotas. “Muchas de esas construcciones están obstruyendo las quebradas. Al romper la parte vegetal, esto hace que el suelo se vuelva inestable” agrega.

“No es un problema de alcantarillado en Quito, es muy bueno todavía. Es un problema por el tipo de construcciones hechas sobre las cotas. Las quebradas por donde se desfoga el agua se taponan o se encuentran con construcciones por lo que hay deslaves”, indica Custode, que afirma que a lo largo de los años se han ido otorgando permisos por fuera de los límites por razones políticas más que técnicas.


Fausto Custode es el gerente general de IMAC Ecuador. Su empresa se dedica a la instalación de equipos de climatización, bombeo y mantenimiento de red de alcantarillado. Foto: Manuel Novik

Otro problema es el sistema de recolección de aguas. Una separación de aguas residuales y aguas de lluvia costaría entre $200 y 300 millones, según cálculos de Custode, “que es aproximadamente lo que costó el sistema de alcantarillado en Quito” agrega. Al separar las aguas el suelo dejaría de estar tan deteriorado y los riesgos de desplazamientos de masa se podrían reducir.

“Calderón se ha vuelto una zona tan densamente poblada que sea una zona ya delicada. No hay ahí una zona de captación. El colector de la zona se consideró para 100 mil personas y estamos llegando ya a los 300 mil. Es una zona seca pero que debido a la alta densidad poblacional tiene problemas” concluye.

Según un informe de Quito Como Vamos, Calderón es la parroquia de Quito que mayor porcentaje de expansión ha presentado, le siguen San Antonio y Nayón.

Calderón era una zona industrial que ha ido adoptando un carácter residencial. No estaba considerada la cantidad de agua que está generando Calderón, cuyas aguas servidas van al río San Pedro.

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