Back to top
4 de Enero del 2022
Historias
Lectura: 24 minutos
4 de Enero del 2022
Susana Morán
La asfixia del MIES al ‘nido’ de las niñas
0

La Fundación Alas de Colibrí atiende a niñas y adolescentes víctimas de trata desde 2012. Desde 2020, los retrasos de los desembolsos del MIES empeoraron. Fotos: Luis Arguello. PlanV

 

Las organizaciones que atienden a grupos vulnerables deben usar el portal de compras públicas hasta para comprar leche y pan. Esa situación ‘inverosímil’ ocurre con la Fundación Alas de Colibrí, que tiene una casa para niñas víctimas de trata. Tres ministros del MIES no han dado solución a este problema. La burocracia se ha impuesto a las necesidades básicas de estos grupos prioritarios. El personal que cuida a las niñas son madres que están impagas y endeudadas. A finales de diciembre, el MIES recién hizo un desembolso parcial de 2021.

Este reportaje fue publicado originalmente el 16 de diciembre, pero fue actualizado el 4 enero. Tras su publicación, en diciembre, el MIES hizo un desembolso parcial para esta casa de acogida.


En una casa, de un barrio de Quito, está un hogar de niñas víctimas de trata. Lo llaman ‘nido’ porque en este lugar se protege a las niñas y adolescentes que han sido rescatadas de uno de los peores crímenes que existen: el comercio ilegal de personas con fines de explotación sexual. Físicamente, es una casa como cualquier otra. Con sala, comedor, cocina. Tiene cuatro habitaciones, con camas en literas, para un número máximo de 15 niñas. Pero en su interior convive otro tipo de familia: las niñas y sus psicólogas, trabajadoras sociales, maestras y demás personal que las cuidan.

Una casa en Quito acoge hasta 15 niñas y adolescentes víctimas de trata. Allí aprenden la importancia de su cuidado personal, del aseo y a convivir con otras menores.

El ‘nido’ casi siempre está lleno. La Fundación Alas de Colibrí, que tiene esta casa desde el 2012, ha tenido que rechazar en ocasiones el ingreso de más menores por falta de espacio. Y en la pandemia la permanencia de las niñas se ha extendido porque los procesos legales de sus casos han demorado más.

Las necesidades son mayores, pero los ingresos mínimos. El 49% de su financiamiento viene del Ministerio de Inclusión Social (MIES) y esos recursos no han llegado desde hace 11 meses. El personal de la casa está impaga casi un año y la Fundación ha debido recortar gastos. El MIES, que tiene como mandato atender a los más vulnerables, ha esquivado los recursos a esta casa desde la administración de Lenín Moreno y se ha agravado en el mandato de Guillermo Lasso, dicen sus representantes. Todo por un cambio de trámites para los desembolsos. Es decir, por simple burocracia.

***

El ‘nido’ amanece muy temprano. Cada semana, una adolescente se levanta a las 05:30 para adelantar el desayuno que debe estar listo a las 06:00. Las chicas ayudan a Silvana López en la preparación de los alimentos. Ella es la encargada de la cocina desde hace seis años. En ese espacio, les enseñan a comer sano y a cuidar su salud. Silvana les dice que no son necesarias grandes proporciones de alimentos para estar satisfechas sino su balance. Jennifer*, una de las adolescentes, cuenta que en la casa conoció nuevos tipos de ensaladas. “Para mí ensalada era solo cebolla y tomate”.

Las jóvenes ayudan en las tareas de la casa como la preparación de los alimentos. Parte de su aprendizaje consiste en alimentarse bien y de forma saludable.

Las adolescentes comen cinco veces al día. Ellas crean el menú de cada semana. Pero el ingrediente que no falta es el verde. La mayoría proviene de la Costa. En esas comidas, participan cualquiera de ellas. Cuando han llegado jóvenes venezolanas rescatadas, el menú también ha incluido platos típicos de ese país como el tallarín con fréjol negro.

Silvana dice que ella también aprende de las chicas y eso la ha atado más a la casa. Es una de las trabajadoras que estuvo impaga casi un año. Ese debe a que el MIES recién hizo un desembolso a finales de diciembre para cubrir los primeros seis meses de 2021. Pero Silvana no ha dejado de ir al ‘nido’ de lunes a sábado. Se ha sostenido con préstamos. Por falta de dinero le han cortado el internet en múltiples veces que usan sus tres hijos pequeños para sus clases virtuales. Debe seis meses de arriendo. Pero el ánimo regresa cuando ve que las chicas engordan y sus rostros pálidos vuelven a tener color a las pocas semanas de haber ingresado a la casa.

Silvana López es la encargada de la cocina desde hace seis años. Es madre y estuvo impaga casi un año porque no llegaban los recursos del MIES. Pero ella no ha dejado de atender las adolescentes.

En el ‘nido’, las adolescentes no solo deben alimentarse bien sino continuar con sus estudios. Fernanda Vásconez es educadora e ingresó a la casa en plena pandemia. Hizo pasantías y se quedó como parte del personal. Hace turnos con sus colegas para estar con las adolescentes las 24 horas del día. Una de sus tareas es lograr hábitos de aseo personal y de limpieza en las jóvenes, que llegan de hogares violentos y desunidos.

Mantener la convivencia es otra de sus funciones. Les enseña a pedir favores con amabilidad y supervisa que coman sus alimentos. Fernanda cuenta que en muchas ocasiones las adolescentes nunca se sentaron en una mesa a compartir con su familia.

En la casa, las niñas retoman sus estudios que los han abandonado por la falta de recursos y la violencia en la que vivieron. Algunas de ellas llegan sin saber leer y escribir. Fernanda Vásconez es una de sus educadoras, quien revisa sus tareas.


También supervisa sus tareas escolares y las envía a los profesores de las jóvenes. La mayoría está en octavo o décimo de básica, pero no han faltado adolescentes que no saben ni leer ni escribir. Si no asistían a ningún colegio, en la casa las evalúan para inscribirlas en el año escolar que corresponda. Cuando tienen 17 años y está muy atrasada en sus estudios, las inscriben en un bachillerato intensivo.

Las educadoras son sus acompañantes y guías. Les enseñan a usar el internet para investigar algún tema de sus tareas y para que no accedan a contenidos por fuera de lo educativo. Por su situación de vulnerabilidad, no pueden asistir a clases virtuales entonces las educadoras reciben las tareas de los maestros y las envían cuando las estudiantes las terminan.

Fernanda está casada y tiene dos hijos. Por la falta de su sueldo, decidió vivir con su mamá. Debe pedir prestado para su movilización y otros gastos familiares. Su hijo mayor, de 11 años, tiene una discapacidad, requiere terapias física y psicopedagógica y una alimentación especial. El padre de su hijo le pasa una pensión de 100 dólares que no alcanza para los gastos médicos del niño. Fernanda necesita 400 dólares mensuales para atender al menor.

Esas dificultades quedan atrás pues en la casa Fernanda debe contagiar de buen ánimo a las chicas y mostrarse fuerte. Las noches es cuando más apoyo necesitan las adolescentes. A veces tienen pesadillas, hablan dormidas y tienen parálisis de sueño. La educadora de turno debe hacer rondas nocturnas todo el tiempo. Fernanda dice que su labor fundamental es escucharlas. Solo ese ejercicio da calma y tranquilidad a las niñas que muchas veces no han tenido atención en sus hogares.

De esas conversaciones le han quedado muchas historias. Como la de Érika*, de 15 años. La adolescente nunca conoció a su mamá quien fue asesinada por su pareja cuando Érika solo tenía un año. La menor quedó a cargo de su abuela. Tiempo después el agresor de su madre también fue asesinado. Pero luego vivió otro episodio: su hermana menor fue secuestrada y mientras estuvo en la casa Érika no supo de su paradero. Al inicio, la joven tenía resistencia a seguir las reglas del ‘nido’. Pero después se adaptó a la convivencia y, por ejemplo, entendió que los gritos no ayudan a solucionar los problemas. Cuando llegan a la casa están acostumbradas a alzar la voz y responder fuertemente. 

Cuando terminan las tareas educativas, las educadoras las mantienen ocupadas en manualidades. El árbol de Navidad de la casa está decorado con botitas multicolor.

***

En Ecuador solo existen dos casas para niñas y adolescentes sobrevivientes de trata. La de la Fundación Alas de Colibrí es una de ellas. No ha cerrado sus puertas en la pandemia, pese a que solo ha contado con el 51% de sus recursos. El 49%, que le corresponde al MIES, no ha llegado completo. En diciembre pasado, tras la publicación de este reportaje, el MIES hizo un desembolso parcial. Ese monto está destinado para el pago del personal de la casa y los gastos esenciales de salud, alimentación y educación. Pero ante la falta de recursos, la Fundación ha priorizado los gastos para la atención de las niñas.

El MIES atiende a las poblaciones más vulnerables a través del financiamiento de proyectos de la sociedad civil, cuyos presupuestos dependen de estos aportes estatales. A escala nacional, 5.240 proyectos dependen de los recursos del MIES. Pero desde el gobierno de Lenín Moreno hay mayores trámites para los convenios entre las organizaciones y el MIES. Su ministro Vicente Taino -quien estuvo al frente del MIES hasta la transición al gobierno de Guillermo Lasso-, dejó en el limbo a 160 organizaciones que atienden a adultos mayores, personas con discapacidad o menores víctimas de violencia dejando en riesgo la permanencia de estas casas e instituciones. PlanV solicitó información actualizada sobre el pago a estas instituciones y una entrevista con el ministro Esteban Bernal, pero no hubo respuesta.


Todo inició cuando el MIES exigió a las organizaciones usar el portal del Servicio Nacional de Compras Públicas, un sistema que permite abrir licitaciones para adquirir productos a proveedores del Estado. “Está bien, ¿pero a qué proveedor del Estado le compro dos dólares de culantro?”, se pregunta María Guamán, trabajadora de la Fundación. Explica que los gastos del ‘nido’ funcionan como los de una familia. Es decir, hay pequeños rubros en el día a día incompatibles con un sistema estatal de compras públicas.

María cuenta que han hecho el intento de comprar en el portal los productos para la alimentación de una semana de 15 adolescentes y cuatro profesionales. “No existe alguien que nos provea de esa manera”. Tampoco hay un proveedor que fíe. “No podemos decir, por favor, espérennos porque el MIES no nos hace el desembolso”. “Es necesario un mecanismo sobre todo para poblaciones vulnerables específicas como la trata”. No es el único caso. Otro proyecto que tiene la Fundación con el MIES de movilidad humana también estuvo impago por siete meses.

Sandra Vaca, coordinadora de la casa, explica que con recursos de autogestión y de organizaciones internacionales han cubierto las necesidades básicas de las adolescentes, cuando esa es una obligación del Estado. Por ejemplo, en la pandemia tuvieron que recurrir a un médico particular cada mes para evitar los hospitales y las salas de emergencia debido a posibles contagios en la pandemia. Por su cuenta o por donaciones recibieron mascarillas, alcohol y un termómetro. A la casa también llegan adolescentes embarazadas, como consecuencia de su explotación, o con sus hijos recién nacidos que requieren más cuidados. “En un año el Estado no ha puesto un centavo ni para las adolescentes ni para nosotras.  Para restituir sus derechos (de las jóvenes) se necesitan recursos económicos para adquirir sus útiles, vestimenta y cuidar su salud”.


Sandra Vaca es la coordinadora de la casa. Sostiene que se ha incrementado el trabajo del personal durante la pandemia porque las adolescentes han requerido mayores cuidados.

La coordinadora afirma que los procesos se han vuelto más complejos y los funcionarios del MIES no entienden el funcionamiento de los servicios a los sectores vulnerables. “Parece que para ellos no es importante el gasto social, esto ni siquiera es un gasto. Estamos hablando de una inversión”.

Sandra también es educadora. Sobrevive con préstamos de su familia y del IESS. Ha realizado avances en la tarjeta, por la cual paga altos intereses. Es decir, ha cargado con más gastos y en pandemia. Ella logró un acuerdo para pagar el arriendo de todo un año en este diciembre. Lo espera cubrir con el décimo -un sueldo extra de fin de año- que recibirá su esposo. Para ahorrar, ella y su familia han reducido gastos en vestimenta y en su alimentación. “Si antes comíamos una menestra con carne, ahora comemos una menestra con un pedazo de queso”.

 ***

El 8 de diciembre pasado, la Comisión de Protección Integral a Niños, Niñas y Adolescentes de la Asamblea recibió al presidente de la Fundación en su sesión 029. Daniel Rueda explicó que los retrasos de los desembolsos del MIES han sido permanentes desde que se inició la casa, en 2012.

Pero en la pandemia, esos tiempos se extendieron más. El MIES ha pagado valores de 2020 recién en 2021 y los 2021 se pagaron parcialmente en diciembre. Con los aportes del MIES, la Fundación cubre el pago del equipo técnico y la alimentación. Cada año las organizaciones renuevan los convenios para acceder a los desembolsos. Pero el convenio de 2021 fue firmado el 17 de diciembre. Una de las trabas que puso el MIES fue la devolución de 7.300 dólares como saldo del proyecto de 2020. La Fundación justificó gastos por 4.000 con facturas, pero el MIES no los reconoció porque no se hicieron a través del portal de compras públicas. Sin recursos, “¿cómo podemos hacer una compra?”, preguntó Rueda en la sesión de la Comisión. Y por otro lado, “¿cómo puedo hacer un proceso por Sercop para comprar la leche, los huevos o el arroz? Es como su casa señores asambleístas y señores del MIES”, reclamó Rueda y calificó como ‘inverosímil’ esta situación.

El exministro Taino nunca recibió a esta Fundación y a otras organizaciones. Mae Montaño, la primera ministra de Guillermo Lasso en el MIES, pidió que esta situación se arregle con un informe jurídico, dijo Rueda. Pero Montaño duró poco tiempo en el cargo y no se hizo el mencionado informe. El actual ministro, Esteban Bernal, no los ha recibido sino solo sus asesores y a esa sesión de la Comisión no asistió.

Según Rueda, el resto de organizaciones que tuvieron el mismo problema contaron con ese informe jurídico. Pero a la Fundación Alas de Colibrí se la envió a un proceso de mediación en la Procuraduría, trámites que duran en promedio seis meses. Esa diligencia ya se realizó, pero el acta estuvo lista el 15 de diciembre. Ese mismo día, la Fundación pagó los 3.300 dólares de saldo. No lo hizo antes, informó la Fundación, porque el MIES pidió esperar a la resolución escrita de la mediación.

“No porque su misión sea excelente está exento de cumplir la ley”, respondió Marcelo Ortega, abogado del MIES, a Rueda al referirse a la devolución de los 3.300 dólares. Pero el jurista no contó que estaba pendiente la resolución escrita de la mediación. Dijo que también le parecía ‘inverosímil’ que los cooperantes que atienden a sectores vulnerables deban usar el sistema de compras públicas. “Pero eso está en la ley”.

Stefanie Willches, coordinadora de Patrocinio del MIES, también culpó a la Fundación por la falta de pago de los 3.300 dólares. Cuando se le pidió que explicara la mediación, se acogió a la reserva de estos procesos.

Según el abogado del MIES, el ministro Bernal está preparando reformas para estos nudos críticos relacionados con el Sercop y anunció una prórroga de los convenios. Pero más adelante, después de la pregunta de una asambleísta, reconoció que aún no había nada en concreto en relación a acercamientos con el Sercop.

***

En la casa hay bulla. Las niñas están en su salón de clase. Adelantan sus tareas entre risas, conversaciones y cantos. Cada una tiene su materia favorita y ya saben qué estudiar cuando termine el colegio. Una de ellas quiere ser fotógrafa del campo y sus amaneceres. Otra piensa ser parvularia o auxiliar de enfermería. Otra sueña con ser psicóloga forense y su compañera neurocirujana. “Hello”, contesta una adolescente y enseguida dice que quiere estudiar idiomas para ser una futbolista internacional.


En la casa, las adolescentes vuelven a tener un proyecto de vida. Según su psicóloga, las profesiones que seleccionan se relacionan con ayudar a la gente.

Pensar en un futuro es parte de lo que las adolescentes aprenden en esta casa. Es volver a tender un proyecto de vida alejado de la violencia. Es frecuente que las profesiones a las que aspiran estén relacionadas con ayudar a otros.

Glelia Moreira, psicóloga, trabaja desde hace tres años en la casa. En este tiempo, ha tratado a jóvenes que llegan muy asustadas a la casa. Sus captores les ‘meten miedo’, es decir les dicen que en este tipo hogares las maltratarán o pasarán encerradas como en una cárcel. Su opinión cambia cuando ingresan. También su aspecto. Glelia ha visto llegar a estas niñas y adolescentes muy maquilladas. En la casa, les recuerdan que aún son niñas y que deben hacer actividades acordes a su edad.

Uno de sus trabajos más arduos es explicar a las chicas que la situación de violencia por la que han pasado no es normal. ‘¡Wow!, esa no me lo sabía, es cierto’, le contestan las jóvenes a Glelia cuando les dice que no están obligadas a tener una relación de pareja tan pequeñas. Esto ocurre porque sus madres también se casaron muy temprano.

El 95% de las adolescentes que han llegado a esta casa viene de hogares con un solo progenitor, por lo general la madre. Ella, a su vez, puede vivir violencia con su pareja y las parejas no solo abusan o acosan a la madre sino también a las hijas.

A estas familias, Glelia las llama ‘expulsoras’ y en esas condiciones fácilmente los captores deducen a las adolescentes y las explotan sexualmente. Por lo general, las jóvenes están enamoradas de sus tratantes y la psicóloga debe enseñarles a diferenciar entre amor y el interés real de sus captores. La trata no disminuyó en la pandemia. Pero se volvió más clandestina y oculta por el encierro y las limitaciones de movilidad.

Al ‘nido’, la mayoría llega con ansiedad y depresión. Después pasan a las pesadillas. Cuando salen de la casa para alguna consulta médica, hay jóvenes que dicen haber visto a sus captores durante el trayecto. 

Glelia ayuda a las chicas para que no tengan miedo y les entrega información sobre cómo cuidarse incluso en sus redes sociales. Para bajar la ansiedad practican yoga, van a terapias con caballos o clases de baile. Ese contacto con la Naturaleza las reconfortaba. Pero con la pandemia se limitaron estas actividades externas. En la casa, aumentaron los juegos y las manualidades. Sus familiares también las dejaron de visitar en la casa y usaron más las videollamadas.

Esto ha significado más trabajo para todo el personal de la fundación y sin paga. Glelia -quien tiene miopía- asegura que está sin lentes desde hace meses. Se le cayeron y no puede pagar su reemplazo. Para reducir costos en su casa, dejó de visitar a sus familiares. A su hijo adolescente ya no lo saca de paseo. Dice que es la primera vez que se encuentra muy endeudada. Debe dinero a ‘toda su familia’. Pero Glelia no ha dejado su trabajo con las menores. Recuerda que, en la pandemia, fue una de las primeras vacunas de la casa porque una asociación de psicólogos la puso en la lista prioritaria por atender salud mental. Nadie, dice, los puso en primera línea a pesar de trabajar con sectores vulnerables.

Las jóvenes salen cuando la trabajadora social encuentra algún familiar que garantice su protección. Cuando no lo hay, van a un hogar de acogida hasta que cumplan 18 años. Antes de la pandemia se quedaban entre cuatro y ocho meses, pero ahora se quedan hasta 16 meses por la demora de sus causas judiciales. Es un juez quien ordena su salida o entrada a este hogar temporal. Esas demoras no solo afectan a las niñas que deben salir sino a las que quieren ingresar. Sin esa decisión judicial no se liberará el espacio para la adolescente que puede estar en peligro.

Pero cuando dejan el ‘nido’ y van a la casa de algún familiar vuelven a tener limitaciones. La Fundación ha logrado conseguir canastas de víveres para estas familias golpeadas por la crisis. Pero en una época de crisis nada alcanza cuando el Estado rehúye a sus compromisos.

GALERÍA
La asfixia del MIES al ‘nido’ de las niñas
 


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

La justicia ha absuelto a la mayor parte de policías procesados desde 2016
Redacción Plan V
David Cordero: sobre la seguridad, el Gobierno construye una serie de falacias
Redacción Plan V
El costo de la violencia contra las mujeres en la universidad supera los 68 millones anuales
Redacción Plan V
Salud dedica un tuit a disculpas ordenadas por la Corte IDH
Redacción Plan V

[MÁS LEÍ DAS]

Asambleísta de UNES pide sanción para F. Villavicencio por "incitar el odio" en contra de Correa
Redacción Plan V
Tribunal declaró culpable a Santiago Olmedo por disparar "por la espalda"
Redacción Plan V
La condena contra Santiago Olmedo abre una profunda grieta
Fermín Vaca Santacruz
¿Qué es la "plica" del ISSPOL y por qué causa inquietud entre los policias?
Fermín Vaca Santacruz