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11 de Mayo del 2015
Historias
Lectura: 16 minutos
11 de Mayo del 2015
Redacción Plan V
La cruzada de Correa contra el laicismo

Foto: Presidencia de la República

El Presidente Correa, rodeado del clero católico, confirmó en la sede de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana la visita del papa Francisco al país, a principios de julio de este año. 

 

La visita del papa Francisco parece haberse convertido en una demostración del colapso del Estado laico en el Ecuador. Pero dos académicos creen que mezclar nuevamente Iglesia Católica y Estado en el país no es mera coincidencia, sino parte de un operativo de propaganda política del régimen.

El presidente Rafael Correa concurrió a la Conferencia Episcopal Ecuatoriana. Tomó asiento entre los obispos católicos, y anunció la visita del papa Francisco al Ecuador.

El mandatario, muy metido en su papel de jefe de un Estado laico, tuvo expresiones de intenso cariño para el Papa argentino, quien, siendo arzobispo de Buenos Aires, tuvo duros choques con sus compatriotas, los Kirchner, Néstor y Cristina, por temas como el matrimonio igualitario en la Capital Federal argentina.

La visita del Presidente, quien se sentó en medio de los jerarcas del clero católico, llenó de regocijo a los obispos, y marcó el espaldarazo del Gobierno a la visita del Papa, cuya agenda ha sido anunciada con la presencia del canciller Ricardo Patiño y del secretario de Comunicación, Fernando Alvarado, también desde la sede de la Conferencia Episcopal. 

Pero de los gestos y las fotos fueron a los hechos: el Presidente expidió un decreto ejecutivo, que declaró que la visita del romano pontífice es un asunto de interés nacional. Dispuso la creación de un comité especial, y ordenó que los gastos de la visita apostólica los asuma el Estado ecuatoriano, por medio de los presupuestos de los ministerios involucrados.

Hasta el momento, no hay un estimado de cuánto les costará a los contribuyentes la visita del sumo pontífice, quien fue invitado por el Gobierno del Ecuador y llega al país en su doble condición de jefe del Estado del Vaticano y vicario de Cristo en la tierra.

Hasta el momento, no hay un estimado de cuánto les costará a los contribuyentes la visita del sumo pontífice, quien fue invitado por el Gobierno del Ecuador y llega al país en su doble condición de jefe del Estado del Vaticano y vicario de Cristo en la tierra. 

El siguiente decreto presidencial al respecto, según han admitido en el Palacio Presidencial, podría ser para declarar feriado los días de la visita apostólica, mientras los voceros del clero estiman en millones de personas a los asistentes a las misas que el Papa tiene previsto oficiar tanto en Quito cuanto en Guayaquil.

El gesto sería totalmente inusual: si bien el presidente León Febres Cordero cayó de rodillas a besar el anillo del papa Juan Pablo II, el gobierno socialcristiano no llegó al extremo de declarar un feriado.

Ciertos medios de comunicación, en especial de Guayaquil, se contagiaron de la "papamanía": aunque faltan varias semanas para la llegada del papa jesuita Jorge Mario Bergoglio, ciertos reporteros del Puerto Principal fueron a entrevistar al personal del santuario en donde tendrá lugar la misa campal en esa ciudad. Desde el jardinero, hasta el rector. 

Aunque algunos intelectuales nacionales, como Gonzalo OrtizJosé Hernández, han denunciado el uso político de la visita, hasta los medios de "oposición" han plegado sin ninguna criticidad a lo que desde ya parece una nueva operación de propaganda del correísmo, a tono con la estrategia mundial de la Iglesia Católica, analizada por el argentino Martín Caparrós en su blog.

No obstante, no es la primera vez que el correísmo hace profesión de fe católica y relativiza la idea alfarista del Estado laico. En temas como el aborto o el matrimonio igualitario, expresamente prohibido en la Constitución ecuatoriana, el Gobierno se ha mostrado cercano a la ortodoxia católica. Así mismo, en la polémica por el Plan Familia, ha tomado en cuenta a personas cercanas al Opus Dei, organización elitista que es considerada la línea más dura del catolicismo en Iberoamérica. 

Lea: Las cuatro cosas que usted debe saber sobre el ministerio de la moral 

¿Le estorba al correísmo la separación de la Iglesia y el Estado, principal conquista de la Revolución liberal de 1895? Dos académicos analizan estos hechos.

Jorge Luis Gómez
Profesor de filosofía de la Universidad San Francisco de Quito

¿Cómo ve la relación Iglesia y Estado en los años del correísmo?

Este Gobierno tiene lo que Bolívar Echeverría llamó "barroco latinoamericano", una mezcla de oportunismos ideológicos, la necesidad de un control total desde el Estado socialista. Hay un afán de concentración, pero lo más barroco de este fenómeno es que este Gobierno socialista adopta en temas como educación y familia posturas claramente religiosas y católicas. Si entendemos el Estado laico como un Estado de ejercicio de la libertad, en esta coyuntura hay libertades conculcadas, que se no se pueden ejercer. La educación laica en el Ecuador ha sido tradicionalmente definida como libre de dogmas de todo tipo. En la coyuntura actual del país se ven las libertades administradas por el Estado y ese barroco latinoamericano es propio de estos gobiernos. Hay, por un lado visiones socializantes, por otro una catolicismo enervante. Esto descolocó, por ejemplo, al feminismo, que aspiraba a legislaciones que las favorecieran pero el nexo con el catolicismo vaticano se evidencia en declarar una política de Estado sobre la visita del Papa.

"Hay un afán de concentración, pero lo más barroco de este fenómeno es que este Gobierno socialista adopta en temas como educación y familia posturas claramente religiosas y católicas".

¿Le estorba el Estado laico al correísmo? ¿El Estado separado de la Iglesia Católica? 

Evidentemente, el laicismo no solamente es lo ajeno a la fe y al fanatismo religioso, sino el ejercicio de las libertades. En el Ecuador siempre se ha necesitado un modelo de Estado fuerte, pero este modelo del correísmo es totalmente ambiguo, su concentración de poder lo hace vulnerable a los temas de la libertad. Se pretende una administración centralizada, pero se hace de una manera barroca. Sobre la religión, no olvidemos la visita de la madre del Presidente al Papa anterior, hay un gran poder de la familia y de la madre del Presidente, que parece establecer un vínculo con el catolicismo romano. Es evidente que hay crisis del Estado laico: todo socialismo es un avance en contra de las libertades, es un modelo de la administración de un solo poder, tal como señaló en su momento el economista austriaco Ludwig von Mises.

Pero el marxismo latinoamericano, siguiendo el modelo cubano, era un marxismo ateo, ¿qué clase de socialismo católico es este?

Hay una diferencia conceptual entre Estado ateo y Estado laico. Creo que el Estado ateo es un Estado laico, pues da libertad a las personas que no quieren creer en un dios. Pero ahora vemos una concentración del poder que restringue libertades, pero hay en la práctica una administración católica en el actual Gobierno. Esto es lo risible de un Gobierno que se maneja sin ideología, sin pensamiento, con improvisación en todos los ámbitos. Lo único que termina importando es el poder, que determina las formas de vida y pretende administrar las creencias de la población.

¿Pero eso ya es una visión totalitaria del poder?

Indudablemente, el socialismo es una visión de concentración del poder. Como concepto, el socialismo restringue las libertades en todo ámbito, en los Estados comunistas el problema prinicipal era de libertad individual, de poder concentrado sobre el caudillo. Lo paradógico era que la necesidad histórica del Ecuador ha sido de una concentración del poder. 

¿Cómo entender el silencio de la Iglesia estos años? Estábamos acostumbrados a pronunciamientos públicos de la Conferencia Episcopal que se han vuelto escasos...

Desde el laicismo de Eloy Alfaro, se intentó una separación de la Iglesia y el Estado que, sin embargo, nunca ha sido totalmente efectiva. Hay una relación entre el Gobierno y la Iglesia que evidencia que no ha habido una separación. El silencio actual en el Ecuador evidencia que hay acuerdos y pactos con los gobiernos, un uso mutuo tanto por parte del clero cuanto por parte del Gobierno. Hay una relación estrecha entre los gobiernos populistas y la Iglesia, pues estos gobiernos buscan administrar las creencias de la mayorías. No es raro por ello que el clero no tenga una opinión propia: creo que no les conviene y que buscan no hacerle problemas al actual Gobierno. Creo que el Presidente mantiene una buena relación con la Iglesia que no quiere hacerla pública, pero que se evidencia.

Tanto el Presidente cuanto el Alcalde de Quito viajaron a Roma en busca de la bendición papal. ¿Los políticos quieren beneficiarse de la popularidad del Papa?

Sin duda buscan eso, quieren aparecer en las fotos como grandes dirigentes, Evo Morales está haciendo lo mismo en Bolivia. Es el populismo de siempre. Pienso que este Papa está administrando muy mal la crisis de la Iglesia Católica, aunque su poder sigue siendo muy grande, hay un deterioro institucional impresionante. Este papa quiere pasar por un Pepe Mujica con sotana, y esto es utilizado como un factor político por ambos sectores. Hay un pacto secreto: la curia ecuatoriana no busca entrar a confrontar con este Gobierno, y el Gobierno apoya la visita del Papa. La visita del Papa será un show para mejorar las encuestas del Presidente. La fe es usada por el populismo para obtener réditos políticos. Este Papa es un fenómeno mediático, pero no un tema de fe. El propio Papa ha dicho que su pontificado sería corto y lo interpreto como que se considera incapaz de una reforma como la que pensaba, que  no es posible por la corrupción interna. La Iglesia vaticana es un institución decadente, ajena a la fe y eso pasa también en todas las curias latinoamericanas. 

Daniel Crespo
Profesor de Humanidades de la Universidad de Los Hemisferios

¿A qué atribuye que la Iglesia Católica parece haberse sustraído del debate público? ¿Hay un pacto tácito?

Dije en una ocasión anterior que hay marcadas cercanías entre el garcianismo y el actual Gobierno. Desde 1895 hay en Ecuador una Ley de Cultos, pero los juristas aplican el Concordato con la Iglesia Católica como si fuera la Ley de Cultos. Hay instancias como el Consejo Nacional de Libertad Religiosa, en donde se ha evidenciado que la laicidad del Estado no se ha verificado, a pesar de haberse proclamado hace más de un siglo. Los pasaportes diplomáticos solo eran concedidos a obispos católicos y no a representantes de otras confesiones. Recientemente la Cancillería ha entregado pasaportes a personeros de otras denominaciones. Es solo un ejemplo de los nexos entre el Estado ecuatoriano y la Iglesia Católica. En la práctica, el Ecuador funciona como un Estado confesional católico. Además, tenemos una estructura presidencialista desde la Constitución, que al ser aplicada por una persona con el carácter autoritario del Presidente Correa, lleva a la imposición de criterios religiosos sobre lo que debe ser el bien común. El Presidente ha dicho que los cambios como el aborto o el matrimonio igualitario no pasarán durante su gestión. Hay un terreno borroso en donde no se distingue la labor del Estado de las convicciones personales de una sola persona. 

"En la práctica, el Ecuador funciona como un Estado confesional católico. Además, tenemos una estructura presidencialista desde la Constitución, que al ser aplicada por una persona con el carácter autoritario del Presidente Correa, lleva a la imposición de criterios religiosos".

Si el Estado sigue siendo un Estado confesional, ¿entonces un decreto que establece la visita del Papa de interés nacional no establece contradicción alguna?

El Papa es jefe del Estado del Vaticano, es una visita de un jefe de Estado. Desde ese ángulo hay que considerar que es la visita de un personero no solamente religioso, sino que representa a un contraparte estatal. Es una suerte de cápsula medieval que se mantiene, como internacionalista creo que se puede justificar la visita del Papa como de interés estatal.

Pero si viene el Presidente de los Estados Unidos, ¿también habría que declarar feriado porque es un jefe de Estado?

Hay una frontera muy borrosa en este caso. Tenemos varios elementos: un Estado que no es laico, en donde el 80% de la población se define como católica, desde el punto de vista del realismo político, se puede considerar la visita del Papa como de interés nacional. Ecuador tendría una mayor prestancia en el ambiente internacional, ya que las visitas del Papa son importantes, pero habría réditos políticos para el Presidente.

Durante la gestión del Presidente Rodrigo Borja se mantuvo distancia con la Iglesia Católica, él no iba a misas y Te Deums, por ejemplo, es decir, ¿sí se puede gobernar el Ecuador de manera laica?

El Presidente Borja ha representado la expresión más laica de manejo del Estado desde la vuelta a la democracia. Tiene una gran claridad conceptual en sus obras, como la Enciclopedia de la Política. Pero es una excepción, pues los mandatarios han tenido una aproximación muy cercana a la Iglesia Católica, como es el caso de Gustavo Noboa, muy cercano al Opus Dei, o el Presidente Correa, que se identifica con sectores más liberales de la Iglesia. Hasta hace muy poco el capellán de las Fuerzas Armadas era solamente católico. Hay fronteras muy borrosas entre el bien común y las convicciones personales.

¿El aparato de propaganda del Estado utilizará la visita del Papa?

Seguramente. Si en algo el correísmo ha demostrado su efectividad es en el aparato de propaganda. El Gobierno ha vendido sus logros y hasta sus desaciertos por medio de este aparato. Pienso que la llegada del Papa será un acto profundamente político, dados los elementos que he mencionado. Declarar la prioridad nacional de esta visita es realismo político por parte del Presidente. El viaje de Mauricio Rodas, que provocó una disputa pueril sobre quién era el dueño de la visita del Papa, evidenció tensiones políticas que se han zanjado con el viaje del Papa a Guayaquil, ya que  el alcalde Rodas pretendió torpemente capitalizar la visita solo para Quito. 

 

 

 

 

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