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23 de Julio del 2015
Historias
Lectura: 9 minutos
23 de Julio del 2015
Diego Villacréses y Leonardo Ochoa
La curiosa fórmula para medir la felicidad

Para consuelo del secretario nacional del Buen Vivir, Freddy Ehlers, los indicadores que miden cuán feliz es la gente de un país son una categoría, nacida del economismo, internacionalmente aceptada. 

 

La felicidad significa diferentes cosas para cada persona, pero las características de un adulto feliz son más homogéneas de lo que uno esperaría. La Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU) revela que los principales determinantes de la felicidad son el ingreso y la escolaridad. Los ecuatorianos más felices están casados, empleados en el sector formal e integran el 30% más rico de la población.

La felicidad es el objetivo máximo de todo ser humano. A lo largo de la historia, filosofía y religión han intentado comprenderla, proponiendo diversas definiciones a la par de métodos para alcanzarla. La perspectiva moderna proviene de los científicos sociales; para estos la felicidad es llamada bienestar subjetivo y se define como el estado emocional caracterizado por sentimientos positivos y satisfacción personal generalizada. Economistas han incursionado recientemente en el estudio de la felicidad, favorecidos por décadas de investigaciones en sicología y siquiatría, su objetivo: encontrar las causas de la felicidad, cuantificarla, y dictar recomendaciones de política pública.

¿Qué sabemos?

​La investigación del bienestar subjetivo se ha centrado en países ricos, por lo que ahora se recogen conclusiones extrapolables a individuos independientemente de la sociedad en la que se desenvuelven.

Los estudios sobre la felicidad llevados a cabo en países desarrollados tienen como tema favorito al impacto del dinero en la felicidad, no obstante sus resultados podrían no ser relevantes en la realidad ecuatoriana.

Para empezar, la felicidad es hereditaria: investigadores han llegado a esta conclusión al estudiar parejas de gemelos de diversas características demográficas y socioeconómicas. La felicidad reportada se explica en parte por factores genéticos, aunque la importancia de esta variable es debatida: los genes determinan entre el 30% y 50% de la felicidad de las personas, una investigación pionera en este tema es Lykken & Auke Tellegen (1996). Por otro lado, eventos aislados, ya sean dichas o desgracias, pueden impactar en nuestra felicidad en un momento dado hasta un 40%, aunque este efecto positivo o negativo se disipa en los meses subsecuentes.

Los principales beneficios de la felicidad encontrados en numerosos estudios no son inesperados: la gente feliz goza de mejor estado de salud física y mental, y mayor esperanza de vida. Beneficios menos conocidos incluyen: mayor creatividad, uso más eficiente de la inteligencia, y mejores relaciones interpersonales. Es importante advertir de un problema de simultaneidad, es decir, pese a que la felicidad produce los efectos positivos mencionados, estas conductas a su vez pueden aumentar la felicidad, por ejemplo haciendo ejercicio o adquiriendo pasatiempos que activen la creatividad.

Los estudios sobre la felicidad llevados a cabo en países desarrollados tienen como tema favorito al impacto del dinero en la felicidad, no obstante sus resultados podrían no ser relevantes en la realidad ecuatoriana. Dejando a un lado a factores genéticos y eventos fortuitos, las personas aun tienen control sobre su felicidad; por medio de técnicas estadísticas modernas se puede conocer las variables sobre las cuales se construye la felicidad para una sociedad específica.

Antes de pasar al estudio realizado, conviene revisar la manera en que los científicos sociales miden la felicidad. El enfoque actual para cuantificar la felicidad consiste en encuestar directamente a una muestra de la población su autopercepción de felicidad, con preguntas del tipo: ¿en una escala del 0 al 10, qué tan feliz se considera?; este enfoque sortea la subjetividad de la felicidad, ya que no importa lo que esta signifique para cada persona. ¿Qué tan confiable es este enfoque para medir la felicidad?, investigadores han contrastado la autopercepción de las personas con mediciones objetivas, tales como escáneres cerebrales, mediciones de ritmo cardíaco, o exámenes sicológicos, y han encontrado que lo que las personas responden sobre sí mismas es consistente con los datos objetivos.

Desde 2006 la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU) incluye anualmente un módulo de autopercepción dirigido a adultos jefes de hogar. Adicional a la pregunta del nivel de felicidad general, el módulo incluye preguntas específicas sobre los aspectos que la componen (familia, trabajo, salud, etc.). Sobre esta base se construyó un índice de felicidad multidimensional para conocer el bienestar subjetivo promedio por grupos de personas y un modelo econométrico para entender qué factores son determinantes significativos del bienestar subjetivo, es decir que tienen un impacto intrínseco en la felicidad de los ecuatorianos.

Las mujeres son en promedio menos felices que los hombres, aunque hay que advertir que las características típicas de mujeres jefes de hogar incluyen hogares con hijos sin padre, madre separada o viuda, y menores ingresos que el promedio.

¿Quiénes son más felices?

De acuerdo al análisis, las mujeres son en promedio menos felices que los hombres, aunque hay que advertir que las características típicas de mujeres jefes de hogar incluyen hogares con hijos sin padre, madre separada o viuda, y menores ingresos que el promedio. El sexo no es significativo en el modelo econométrico, entendiéndose que jefes de hogar hombres y mujeres con el mismo conjunto de características (ingreso, educación, etc.) son estadísticamente igual de felices.

Por estado civil, los viudos son los menos felices, seguido de los separados, aunque los divorciados son igual de felices que los casados, siendo los dos grupos con mayor puntaje en el índice. Jefes de hogar solteros y en unión libre se encuentran más cercanos al puntaje medio. El modelo econométrico revela que el estado civil es un determinante significativo de la felicidad. Por etnia los grupos de adultos blancos y mestizos son los más felices, mientras que indígenas y afroecuatorianos tienen los puntajes más bajos. Aunque se sabe que la falta de empleo produce infelicidad, se encuentra que personas subempleadas y ocupadas en el sector informal tienen índices de felicidad comparables a desempleados.

La edad juega un papel importante en el bienestar subjetivo. Jefes de hogar menores de 20 años son menos felices en comparación con los grupos de 20 a 59 años; hogares con jefes menores de 20 años con frecuencia reportan ingresos por debajo del promedio, e hijos nacidos de embarazos en la adolescencia. Por último, los jefes de hogar ancianos son los menos felices. La edad no es significativa de acuerdo al modelo desarrollado, lo que significa que las diferencias mencionadas en el nivel de felicidad se deben a las características de los hogares con jefes jóvenes o ancianos, los cuales tienen ingresos inferiores al promedio.

La presencia en el hogar de personas de ciertos grupos de edad tiene impacto en el bienestar subjetivo. Niños menores de cinco años impactan negativamente en la felicidad; de acuerdo a estudios que han abordado este fenómeno, niños pequeños causan estrés en los padres, aunque al crecer en cambio brindan un efecto positivo en la felicidad. El modelo desarrollado confirma este efecto para hogares ecuatorianos: la presencia de niños de 6 a 12 años tiene un efecto positivo en la felicidad del jefe de hogar, este efecto se intensifica con adolescentes (13 a 19 años). Asimismo, adultos en edad de trabajar en el hogar tiene efecto positivo en la felicidad del jefe, al contrario, la presencia de adultos mayores de 65 años tiene efecto negativo.

Después de todo, el dinero aumenta la felicidad…

El ingreso es el principal determinante de la felicidad de adultos jefes de hogar en Ecuador. Los deciles de ingreso superiores tienen los mayores puntajes en el índice, y su efecto positivo es significativo en el modelo econométrico; al mismo tiempo los jefes de hogar pobres son los menos felices. El nivel de educación del jefe de hogar, variable vinculada al ingreso, del mismo modo tiene un efecto positivo: cada año adicional de escolaridad aumenta la felicidad. Ahora que sabemos que el ingreso es el principal determinante socioeconómico del bienestar subjetivo, podemos decir que al aumentar nuestro ingreso seremos más felices, conclusión típica de estudios sobre la felicidad llevados a cabo en otros países, pero es conveniente preguntar, ¿si aumentase el ingreso medio real de los ecuatorianos, aumentaría la felicidad media de la sociedad? Hasta hace poco se creía que el crecimiento de la riqueza de un país no llevaba a un aumento de los niveles de felicidad de la población, teoría llamada paradoja Easterlin, no obstante investigaciones recientes que utilizan gran cantidad de información, por ejemplo Stevenson & Wolfers (2008), encuentran que efectivamente los países más ricos son en promedio más felices.

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