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6 de Septiembre del 2021
Historias
Lectura: 22 minutos
6 de Septiembre del 2021
Redacción Plan V
La escuela sale de terapia intensiva
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En el San Pedro Pascual, Centro Histórico de Quito, las clases son 100% virtuales. Fotos: Luis Argüello / PlanV

 

Mientras algunos colegios particulares han logrado retomar el trabajo presencial e incorporan tecnologías para la cátedra, la mayoría de los grandes centros de la educación pública solo reciben a pocas decenas de alumnos, pues la educación seguirá siendo virtual durante este año lectivo. El régimen le apunta a lograr la inmunidad de grupo en las próximas semanas y algunos colegios creen que a mitad de año podrían tener más alumnos presenciales.


Esta semana 1.7 millones de estudiantes retornaron a clases en el régimen Sierra-Amazonía. Más de 5880 instituciones retomaron las actividades en ambas modalidades en una nueva fase de integración.

En la región escolar, 1533 instituciones tienen aprobado su Plan Institucional de Continuidad Educativa (PICE) para el retorno presencial. Son 112.269 alumnos proyectados para el retorno a la semi presencialidad.

El retorno progresivo consta de 6 pasos dispuestos por Educación; una matriz de uso de infraestructura, cálculo de aforos, identificación de peligro de contagio de la zona, acuerdo con la comunidad, transporte y planificación de asistencia.

El Distrito Metropolitano de Quito tiene 633.348 alumnos y 31.040 docentes, es decir casi un tercio de la masa poblacional estudiantil del régimen Sierra-Amazonía. De las 1359 instituciones ya hay 88 que están autorizadas para retornar a la presencialidad en el Distrito.

Pero las distintas instituciones educativas, desde las particulares a las públicas, pasando por las municipales, han adoptado distintas formas de enfrentar la pandemia y volver a clases. En la mayoría de los casos, el grueso de los estudiantes estará este año lectivo en casa, siguiendo las clases de manera virtual.

El Distrito Metropolitano de Quito tiene 633.348 alumnos y 31.040 docentes, es decir casi un tercio de la masa poblacional estudiantil del régimen Sierra-Amazonía. De las 1359 instituciones ya hay 88 que están autorizadas para retornar a la presencialidad en el Distrito.

El retorno en un colegio privado

En el sector de Amagasí del Inca, al norte de Quito, el privado Colegio Británico ha vuelto a abrir sus puertas tras más de un año. Los primeros niños vuelven a las instalaciones y vuelve la emoción en toda la comunidad educativa. Estudiantes, profesores y personal se saludan con sus mascarillas puestas y dan paso a las primeras clases presenciales post-pandemia.


Varios colegios particulares le apuestan a la tecnología para la transmisión en línea de las clases. 

Alrededor del 50% de los estudiantes han retornado a la presencialidad. Casi 300 alumnos desde preescolar hasta sexto curso volvieron esta semana a las instalaciones de su colegio. El protocolo es como un cualquier otro establecimiento; toma de temperatura y desinfección para alumnos, profesores y todo el personal. Las jornadas de clase ahora incorporan protocolos de bioseguridad. Hay puntos de desinfección a lo largo del colegio, las clases de desinfectan luego de cada horario.

Las autoridades han tenido que calcular los aforos en función del PICE, por eso una de las aulas tiene a 6 alumnos en la clase y a otros 5 conectados desde casa. Alfonso Algora, director general del colegio, contó que su establecimiento ha incorporado, por cuenta propia, cámaras de tecnología 4K para los alumnos que se han quedado en casa. Las cámaras tienen tecnología de punta, siguen al profesor y proyectan en alta definición.


Estas cámaras permiten una mejor transmisión de la clase para los alumnos en modalidad virtual y se usan en un colegio de Quito.

Un desafío es integrar a los estudiantes en la virtualidad con quienes ya asisten a clases presenciales. En el Colegio Británico ya han incorporado tecnología para seguir brindando eduación de calidad en la nueva realidad educativa. El uso de las Tecnologías de la Información ha forzado a las instituciones educativas a nivel nacional a caminar a base de “ensayo y error”. Hoy casos como el Colegio Británico son una muestra de la evolución que requieren los planteles educativos para adaptarse. 

El director argumentó que, ante la pandemia, no existe un tipo de manual para las instituciones que han tenido que capacitarse para seguir brindando una educación de calidad y consolidar los modelos presenciales e híbridos. “Debemos ser previsores ante el virus, pero la vida debe continuar. Ecuador es un país que tiene muchas posibilidades de salir adelante” dijo Algora.

Los cálculos de aforo no son solamente para las aulas, sino también para las áreas comunes. Los protocolos implementados han brindado confianza a los padres de familia, “los chicos se mueren por volver a verse entre sí” dijo Karina Canelos, madre de un alumno. Algora dijo que el éxito de los protocolos ha traído nuevas solicitudes de padres de familia que estaban recelosos de enviar a sus hijos al colegio, pero que ahora confían más en el proceso.

A futuro se viene la implementación de una presencialidad completa. El director español, contó que en ese país los niños ya van al colegio desde hace un año y en algún momento se tendrá que implementar en Ecuador.

Los docentes también han recibido capacitaciones por parte del colegio para el uso de las nuevas tecnologías, pero a nivel nacional “todavía hacen falta” según la profesora de primaria Gisselle Rodríguez. En el colegio Británico hay profesores desde 25 hasta más de 50 años que se integran en forma distinta a las nuevas tecnologías.

Los grandes colegios públicos con pocos estudiantes

El acceso bloqueado por el soniquete del termómetro y de fondo un par de maestros que platican a la sombra de un árbol minutos antes de la próxima clase. Los símbolos patrios se pierden entre dispensadores de alcohol gel y el eco de cada pisada es la tonada de los pasillos, antaño llenos de vida.

Ya no son 1500, son apenas 43 los estudiantes que han retornado a las aulas. Separados a un metro de distancia, apostados sobre los puntos dispuestos por la señalética y sin poder convivir de cerca con quienes vuelven a ver tras más de un año de pandemia, este es el caso de la Unidad Educativa Municipal Sebastián de Benalcázar, una de las instituciones municipales que inició clases en modalidad semipresencial el pasado 1 de septiembre.


Los grandes salones del Colegio Benalcázar, al norte de Quito, son ocupados por unos pocos alumnos distanciandos.

Una vez dentro, un incómodo silencio de hospital invade la atmósfera del lugar. Aun en las aulas en las que los maestros disertan su materia, en presencia de 9 o 10 alumnos, se respira cierta congoja. Los estudiantes quizá esperan que una dosis más de Sinovac o Pfizer les procure la cercanía.

“Estamos dispuestos a recibirles a todos con el mismo afecto con que lo hacíamos antes, porque otro de los aspectos que se puede perder y es difícil a veces de recuperar es la interacción social”, comentó Benjamín Quijano, rector del colegio Benalcázar. Según Quijano, el condicionamiento virtual ha comprometido los procesos de interacción social. Largas jornadas de trabajo frente al computador, expuestos a una comunicación mediada por clics han recluido a la afectividad.

Separados a un metro de distancia, apostados sobre los puntos dispuestos por la señalética y sin poder convivir de cerca con quienes vuelven a ver tras más de un año de pandemia, este es el caso de la Unidad Educativa Municipal Sebastián de Benalcázar.

Ahora la relación entre maestros y alumnos vaticina lo que serán cinco meses de restauración pedagógica, “pues de la experiencia que se ha visto en las clases virtuales, no es lo mismo como estar en forma presencial, ya que el conocimiento llega a los estudiantes de una forma superficial. Era necesario volver acá para que los estudiantes se exijan más y puedan aprender de una manera mejor”, enfatizó Cristian Panchi, profesor de matemática del colegio Benalcázar.

Por ello, el acompañamiento de los docentes a los alumnos, cuyos representantes han aprobado su retorno parcial a las aulas de clases, se desarrolla tres días a la semana, de martes a jueves de 7 de la mañana a 12 de la tarde. Sin embargo, un porcentaje mayoritario del estudiantado permanece en la modalidad virtual. De acuerdo a lo explicado por Panchi, estas clases son expuestas por docentes designados a la continuación de la modalidad, mientras las solicitudes remitidas al colegio por los padres de familia son tramitadas. Es decir, ambos escenarios metodológicos desarrollan la presentación de sus contenidos paralelamente con docentes delegados para cada modalidad.


El rector del Colegio Benalcázar, Benjamín Quijano, destaca las medidas de bioseguridad en la institución.

No obstante, Quijano aseguró que la respuesta de los padres de familia, a tenor de las encuestas practicadas a la comunidad estudiantil, refleja una clara propensión al retorno a las aulas. Al contar con un Plan Institucional de Continuidad Educativa (PICE) en fase tres, el rector de la Unidad Educativa manifestó que “en el caso de los chicos de Bachillerato Internacional (BI), prácticamente se han superado las expectativas. Hicimos una encuesta y en la encuesta que hicimos a toda la población estudiantil -padres, madres, representantes de acá de la Unidad Educativa Sebastián de Benalcázar- quieren retornar a las aulas, pero tenemos este limitante de los aforos y el control de las normas de bioseguridad”.

Pese a las complicaciones que entraña el volver a clases con los miramientos requeridos, Ariana Vaca, estudiante de segundo año de Bachillerato Internacional afirma que la convivencia con sus compañeros, a su regreso a las aulas, ha sido muy amena. “Es interesante porque ahora tenemos las medidas de bioseguridad, estamos más distanciados también. El contacto es bastante limitado, incluso en cuestión de los recreos, de los momentos libres que tenemos, pero la interacción sigue siendo la misma”.

El reloj marca las 09:40 de la mañana, hora del receso. Ariana junto a sus amigos forman una hilera desde su salón hacia los pasillos y finalmente empalman con el patio. Allí toman asiento en las gradas del coliseo, en los lugares que determina la señalización. Los inspectores supervisan el cumplimiento de los protocolos de bioseguridad y aperciben a los alumnos para que conserven la distancia y no compartan alimentos.

Recreo en pandemia: los estudiantes que asisten mantienen distanciamiento físico en espacios abiertos. 

Al termino del descanso, Ariana vuelve con sus amigos hasta su salón y los espacios del colegio vuelven a ser invadidos por el silencio y el frío relente de la mañana.

Si bien algunos padres de familia se muestran reticentes al ingreso de sus hijos a la modalidad semipresencial, los padres de Ariana accedieron una vez que comprobaron que las instalaciones del colegio estaban adecuadamente aprestadas para recibir a su hija. “La primera reacción que ellos tuvieron fue preguntarme si yo estaba dispuesta a regresar a clases presenciales y también analizar las ventajas y desventajas de hacerlo. Una vez que se comprueba que el colegio tenía las instalaciones necesarias, que estaba cumpliendo con los protocolos, que todo esto se socializa con los padres de familia, la decisión recae principalmente en el estudiantado”, comentó Ariana con cierto ribete de hilaridad al recordarlo.

Los inspectores supervisan el cumplimiento de los protocolos de bioseguridad y aperciben a los alumnos para que conserven la distancia y no compartan alimentos.

Los PICE y el ministerio de Educación

Lo propuesto por el Ministerio de Educación desde el año pasado ahora cuenta con una organización más sostenible. Cumplidos los cien días de gobierno se superó la meta de 9 millones de ciudadanos vacunados, por lo que un retorno progresivo a las aulas no tardó en ser sopesado por las autoridades.
El plan educativo Covid-19 originalmente planteaba una serie de estrategias que aseguraban la continuidad de las actividades académicas. “El mismo contempla varias acciones didácticas en la que los docentes deben trabajar en forma conjunta para la aplicación de los recursos educativos. Mientras que, los departamentos especializados realizarán apoyo psicoemocional y pedagógico”, reza la información publicada en la página oficial del Ministerio de Educación.

No obstante, la ejecución del proyecto incurrió en múltiples errores y no fraguó como se esperaba. Ahora, de resultas de una ampliación del margen de inmunización, el Plan Institucional de Continuidad Educativa (PICE) salta a la palestra educativa y establece como prioridad “el mantener a los escolares en la escuela, en una relación dialógica con el docente. Pero entendiendo a la escuela no como la instalación física solamente, sino como el espacio y el tiempo destinados al aprendizaje. Este es el objetivo primordial, sostener el proceso educativo”, menciona un extracto del proyecto.

Asimismo, el PICE define los tres ejes principales que su gestión debe asegurar, a saber; 1 Dar continuidad al servicio educativo; 2 Garantizar la permanencia de los niños, niñas y jóvenes en el sistema educativo; y 3 Dar pautas para el uso progresivo de las instalaciones educativas. Estos tres incisos constituyen la base del proyecto.

Toda vez que las instituciones educativas estipulen un retorno parcial y selectivo de un porcentaje reducido de su cuerpo estudiantil, antes deberán cumplir con el baremo impuesto por la autoridad ministerial. Parte de estos requisitos son el uso obligatorio de la mascarilla, el distanciamiento social, el aforo limitado, la prohibición de compartir alimentos y bebidas, entre otras consideraciones.

Así, el 1 de septiembre pasado las clases en el régimen Sierra y Oriente iniciaron. Patricio Moreno, director zonal de la Subsecretaría de Quito del Ministerio de Educación confirmó que son 160 instituciones educativas las que cuentan con el beneplácito del Ministerio para abrir sus puertas al estudiantado. De este número, 101 planteles son particulares, 56 son fiscales y tres fiscomisionales.

Sin perjuicio de que en este listado no constan las instituciones municipales, Patricio Avilez, secretario de Educación del Municipio de Quito confirmó que dos de las instituciones municipales ya cuentan con la anuencia de la máxima autoridad para iniciar sus actividades de manera semipresencial. Una de estas es la Unidad Educativa Municipal Sebastián de Benalcázar.

El complejo camino hacia la normalidad

Un número pequeño de instituciones educativas han sido facultadas para el ejercicio de sus funciones en la nueva modalidad híbrida. Pero ¿qué pasa con aquellas instituciones que no aplican a lo solicitado por el Ministerio, o con las que se mantienen a la espera en la larga fila de escuelas y colegios ávidos del retorno?

La Unidad Educativa San Pedro Pascual está en ese caso “Nosotros nos encontramos ya trabajando sobre el plan de retorno progresivo, el PICE que es este Plan Institucional de Continuidad Educativa que el Ministerio de Educación nos ha venido proponiendo realizarlo casi desde mediados de la pandemia. Estamos en la segunda etapa del PICE, prácticamente nosotros estamos ya con la aprobación de la apertura de la institución educativa y realizando ya el siguiente paso en el cual tenemos que esperar las resoluciones del Ministerio de Salud, el COE Nacional y la visita técnica de los gestores de revisión de que todos los protocolos de bioseguridad, señalética, los aforos respectivos estén adecuadamente realizados”, aseguró Juan Pablo Garzón, rector del colegio San Pedro Pascual.

Actualmente, la institución educativa cuenta con 500 alumnos de los cuales, de acuerdo a la primera encuesta realizada para el retorno progresivo, un 35% de esta cifra corresponderían a los estudiantes que estarían dispuestos a regresar a las aulas de clase. Sin embargo, al ser este un análisis preliminar, la institución piensa realizar una segunda encuesta. En función de los datos que se obtengan el colegio piensa coordinar las acciones logísticas y establecer los horarios para la modalidad híbrida.


En el Colegio San Pedro Pascual aspiran a volver a  mediados de año a clases presenciales. 

El Colegio San Pedro Pascual cuenta con 500 alumnos de los cuales, de acuerdo a la primera encuesta realizada para el retorno progresivo, un 35% de esta cifra corresponderían a los estudiantes que estarían dispuestos a regresar a las aulas de clase.


Una clase de música en modalidad virtual: los docentes transmiten desde el colegio San Pedro Pascual.

El retraso en la aprobación del PICE para el colegio ha permitido que las autoridades planifiquen un tipo de aprendizaje en el que ambas modalidades converjan en un único espacio académico que facilite la aprehensión de los contenidos, tanto para quienes decidan asistir a las aulas, una vez que el plan sea aceptado, como para los estudiantes que resuelvan permanecer en sus hogares un periodo más en la modalidad virtual.

Sobre la base de esto, Garzón asegura que ya se ha capacitado al personal docente sobre las estrategias que demanda esta nueva modalidad de educación. “Hemos optado por dos modelos de aplicación, uno por rotación de estaciones que significará el que los estudiantes que retornen recibirán varias actividades para el desarrollo de proyectos interdisciplinarios con los que trabajamos en este día, mientras que los estudiantes que están en casa van a recibir de igual forma, virtualmente, la misma formación para aplicación de estos proyectos. De manera que ni los chicos que están en casa ni los chicos que retorne a la institución pierden su continuidad educativa”, aseguró el rector.


Juan Pablo Garzón, rector del colegio San Pedro Pascual explica la propuesta educativa.

La alternativa a este primer modelo, según lo dicho por el rector, sería un esquema bajo el que el estudiante recibe todas las herramientas que lo impelan al desarrollo del aprendizaje autónomo en casa. Aquí la conectividad facilita que el estudiante avance por su cuenta en los contenidos propuestos por el docente.

El sol del mediodía se refleja en las ventanas de todos los salones. Los pupitres han sido apilados hacia los extremos. En la mitad y siendo apenas visibles, un par de maestros le hablan a la pantalla del ordenador. Del otro lado de la llamada, los más pequeños tratan de interactuar con quienes probablemente jamás han visto. Una cámara y un micrófono es lo único que los acerca. Tras ese conjunto de cables y engranajes el tañido de una guitarra y la trova pronunciada por dos maestros hacen que la distancia se torne difusa, casi imperceptible por el tiempo en que los acordes surcan los límites de la ausencia a través de un micrófono.

 “Más que el currículo y el tema académico, nuestra mayor expectativa es que haya un punto de reencuentro para poder dar continuidad a las acciones formativas sino también socioemocionales que necesitan los estudiantes”, acotó Garzón.

Se prevé que, hasta mediados de noviembre, etapa que refiere al inicio del segundo quimestre, los estudiantes del San Pedro Pascual puedan volver a las aulas, insertos en una nueva modalidad que sirva de preludio para un avance hacia el disfrute de la educación y ya no a la supervivencia de los alumnos desde casa. En las próximas semanas la incorporación de más instituciones educativas marcará el comienzo de un retorno paulatino.

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