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10 de Diciembre del 2020
Historias
Lectura: 13 minutos
10 de Diciembre del 2020
Susana Morán
La hidroeléctrica que descarriló un río
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En esta imagen del 2019 se puede observar al río Dulcepamba seco, aguas abajo. Fotos: Luis Argüello. PlanV

 

Investigadores de Ikiam encontraron graves impactos al ecosistema del río Dulcepamba, donde se asienta una central hidroeléctrica. Las comunidades de la zona piden que se respete una resolución que impide a la empresa Hidrotambo operar durante seis meses. La compañía se defiende.


De los ríos depende la vida de un ecosistema. El agua acarrea sedimentos y hace que se mantenga vital. Genera hábitats y playas. También organismos para el alimento de los peces. Sin ello, un río se vuelve viejo y pierde su capacidad de rejuvenecimiento. Por eso, cuando se ve afectado, va en busca de sedimentos para equilibrarse.

Hay otro elemento muy importante en los ríos. Y este es su caudal. Es decir, la cantidad de agua que corre por su cauce y de acuerdo a ello varían los ecosistemas. Un río pequeño tendrá especies de ese tamaño. Un río como el Amazonas tendrá otro tipo de vida, con especies muy grandes.

Pero hay un río, en el centro del país, cuyo caudal ha sido protagonista de una disputa que lleva 17 años. Este es el Dulcepamba, que atraviesa la provincia de Bolívar. Por un lado las comunidades a su alrededor afirman que el caudal de este río no alcanza para sus usos básicos (consumo humano y riego) y además compartirlo con una hidroeléctrica. Por otro lado, la empresa Hidrotambo -dueña de la hidroeléctrica- dice que hay suficiente agua para la gente y para su central construida sobre el Dulcepamba.

El conflicto entre la hidroeléctrica y los comuneros ha dejado huellas en el camino. Desde líderes sociales perseguidos judicialmente hasta cientos de familias que han buscado legalizar su derecho al agua, pero con muchas trabas. También vidas. Las crecientes del río se han llevado casas y ha dejado víctimas. En invierno es un río temido porque su caudal crece rápidamente y desde que está la hidroeléctrica, dicen los afectados, esa corriente es mayor. Pero en verano sucede todo lo contrario. En la época de estiaje, el Dulcepamba cae en fuerza y tamaño.

¿Qué pasa con el caudal del Dulcepamba? Un grupo de investigadores en recursos hídricos y acuáticos de la Universidad Ikiam visitó este río, en noviembre pasado. Hicieron una evaluación integral del ecosistema acuático. Midieron el caudal y levantaron información para entender qué capacidad tiene el río para movilizar sedimentos y su fuerza para generar energía. Los resultados se conocieron el pasado 26 de noviembre.

Uno de los objetivos de la investigación fue determinar si las obras de Hidrotambo cumplían con dejar un caudal ecológico, que es la cantidad de agua que se requiere para mantener un nivel adecuado de salud en el ecosistema. Jorge Celi, quien supervisó el estudio, dice que encontraron una infraestructura que no funcionó para dicho caudal y estaba llena de sedimentos. Lo que había era un caudal remanente por infiltración, es decir un poco de agua que se salía bajo una barrera de rocas. Ese barrera fue colocada por la hidroeléctrica para mandar el agua al proyecto. No encontraron suficiente agua para un caudal ecológico.

El conflicto entre la hidroeléctrica y los comuneros ha dejado huellas en el camino. Desde líderes sociales perseguidos judicialmente hasta cientos de familias que han buscado legalizar su derecho al agua.

Sin agua, el río no puede desenvolverse bien. Celi dice que el Dulcepamba es un río caudaloso y corrientoso. Nace de los Andes y baja hasta la planicie costera con mucha fuerza. En el invierno sube mucho y puede ser destructivo. En la época seca, baja el caudal, pero hay peces que necesitan ir aguas arriba para desovar. Con esa barrera de rocas puesta por Hidrotambo se bloquea la migración de los peces. “Los peces que están arriba no pueden bajar a comer en las planicies costeras. Y los que están abajo no pueden subir. Se está destruyendo la población de especies migratorias”.

Otras hidroeléctricas con impactos ambientales

Como se mencionó, los sedimentos son parte de la vida de un río. El río Dulcepamba al quedarse sin ellos, por su reducido caudal, empieza a buscarlos y al hacer eso erosiona el cauce del río, según Celi. “Por la ubicación del proyecto, que movió el río, todo el sistema hidráulico cambió. El río está erosionando áreas que no lo hacía antes”. El río choca en las curvas y rebota hacia otro lado. Si este lugar de ‘rebote’ se debilita, el río se llevará lo que esté allí. “Lo que pasó es que con este proyecto le cambiaron las reglas del juego al río. El río rebotaba y chocaba de un lado a otro en sitios determinados por el mismo río. Pero al poner el proyecto, le quitaron esos controles geomorfológicos. Ahora el río rebota por todos lados, perdió el control”.

Al Dulcepamba, que ahora es un río descarriado, le va a tomar mucho tiempo para estabilizarse. Tratará de buscar un equilibrio, pero no se sabe cuál va hacer, agrega Celi. Y eso puede durar décadas.

Celi dice que lo mismo sucedió en el río Coca y el proyecto Coca Codo Sinclair, que toma sus aguas. En febrero pasado, la cascada San Rafael, que estaba sobre el río, desapareció. “Como pusieron la represa, el río se quedó sin suficientes sedimentos y entonces empezó a buscar sedimentos de fondo. Siempre va a buscar más sedimentos para equilibrarse”.

La represa captura todo el caudal sobre todo en la época de mayor estiaje, pero también captura sedimentos. El río, al quedarse sin ellos, empezó a buscar más sedimentos. En esa búsqueda de sedimentos y la erosión no solo colapsó la cascada sino también se llevó tres oleoductos de crudo y gasolina, en abril pasado. El científico cree que en poco tiempo esta erosión llegará a la represa y pondrá en riesgo la infraestructura. A este fenómeno se llama erosión regresiva. En el caso de la cascada es como si el río hubiera metido una cuchara para llevarse los sedimentos suaves y el resto se desmorona como un pastel, compara el investigador. Ahora, el Coca está tratando de estabilizarse aguas arriba.


La hidroeléctrica San José del Tambo genera 8 megavatios. La empresa asegura que no ha generado un impacto al medioambiente.

Según Celi, esto ocurre en infraestructuras mal planificadas. Asegura que no se puede levantar infraestructura hidráulica sin que se entienda bien cómo funcionan los ríos y su ecosistema. “Hacen un estudio hidrológico y sobreestiman los caudales, con pocos datos o promedios, y luego no pueden generar tanta energía como prometen”.

Otro ejemplo es la hidroeléctrica de Agoyán, que está en la provincia de Tungurahua y aprovecha el caudal del río Pastaza. “En Baños, el río a veces está completamente seco. Pero el Pastaza es extremadamente caudaloso. Es una cuenca sin tanta erosión. Aguas abajo es un río muy dinámico. Pero el problema principal de ese río es que le quitan toda el agua, aunque sí se deja pasar sedimentos, en ese sentido no está tan afectado. Pero los picos de agua son muy fuertes. Imagínese si usted está aguas abajo y la profundidad del río está a un metro. De pronto sube a 5 metros en cuestión de minutos. Y luego se queda seco de nuevo. Eso no es predecible para las especies y hace que no se puedan adaptar. Eso a la larga tiene repercusiones en la diversidad de las comunidades acuáticas”. Esto ocurre también en el Coco Coda Sinclair, que captura el agua y la libera de golpe, o no dejan agua río abajo, explica Celi.

Estas malas planificaciones afectan también a las poblaciones de su alrededor porque dependen de los recursos del río. En el caso del Dulcepamba, mucha gente era pescadora y ahora ya no es porque ya no suben algunas especies migratorias. “Se quedaron sin esa proteína. Hay peces que ya van por ahí porque se encuentran con esa barrera”.

“Es generalizado que no haya caudales ecológicos, que no se permita la migración de los peces. Hay muchos proyectos así. Los ríos son ecosistemas muy importantes y no hay que poner infraestructura a todos. Hay que dejar a algunos libres para que esos peces sigan migrando y sustenten a las poblaciones que dependen de ellos”, remata el investigador. 

La batalla judicial por el Dulcepamba se alarga

Eduardo González, abogado de Hidrotambo, niega que la hidroeléctrica haya generado un impacto ambiental. También que la obra haya afectado el cauce del río. Sobre los peces, afirmó a Plan V, que es difícil que existan especies en el Dulcepamba porque “son aguas contaminadas”. Asegura además que la empresa tiene un certificado de cumplimiento de todas sus obligaciones ambientales. Sostiene, además, que la comunidad San Pablo de Amalí, que está ubicada frente a la hidroeléctrica, no tiene reclamo alguno y agradecen el trabajo que da la empresa.

Pero Yasmín Calva, abogada de 140 comunidades de la cuenca del Dulcepamba, tiene un criterio opuesto. Las comunidades han llegado a plantear varios recursos para que se revise y se revea las autorizaciones que tiene Hidrotamboo para usar el agua del río. En octubre del 2019, el Ministerio del Ambiente y del Agua dispuso que, entre los meses de agosto y octubre, la central deje de funcionar, pues no podía hacer uso del agua; entre noviembre y diciembre le fue autorizado un caudal mínimo. Esa resolución fue ratificada en noviembre pasado, tras un reclamo de la empresa. 

Los pobladores dicen que se está incumpliendo la resolución. El 22 de octubre pasado, la Defensoría del Pueblo y la Universidad Ikiam hicieron una visita al sector. En ese mes, Hidrotambo no puede usar el agua. “En sus mediciones comprueban que la empresa está operando y que el caudal ecológico va entre 47 a 103 litros, cuando debería dejar 1.360 litros”, afirma la jurista. La Agencia de Regulación y Control del Agua (ARCA), agrega, ha tomado en cuenta esas medidas y ha recomendado que se haga un control de las obligaciones de la empresa.


San Pablo de Amalí se ubica frente a lahidroeléctrica y ha generado conflictos sociales en la zona. 

Pero González refuta la resolución de octubre del 2019 y la considera política. “Humberto Cholango la expidió dos días antes de dejar su cargo (en la ex Secretaría del Agua)”. Para él, la decisión de hace un año no está en firme, pues aún se están resolviendo recursos por la vía administrativa. Entonces, en su opinión, la empresa aún no tiene la obligación de cumplir esas disposiciones. Por eso reclama que en medio de ese proceso, Ambiente haya hecho una inspección el 30 de noviembre. “Hidrotambo no fue notificada, se está desconociendo el debido proceso”.

Esa inspección fue un compromiso de autoridades del Ministerio de Ambiente y del ARCA con las comunidades, después de un plantón en Quito, el 26 noviembre pasado. También fueron delegados del Inamhi para hacer mediciones del caudal del río. Se espera un informe de la inspección y del control de las obligaciones, contó la abogada de las comunidades. “Las comunidades llevan 17 años resistiendo”. En su opinión, este caso les lleva a concluir que el Estado no está respetando la prelación de recursos, es decir la prioridad de los usos del agua.

Hidrotambo asegura que hay agua suficiente en el Dulcepamba. La empresa, anuncia su abogado, seguirá operando porque tiene un contrato firmado con el Estado. “Tiene la obligación de entregar la energía que produce. Esta empresa tiene la obligación de producir”. También continuará con las acciones legales para seguir operando esta vez en el Tribunal Contencioso Administrativo.

 

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