Back to top
17 de Noviembre del 2020
Historias
Lectura: 15 minutos
17 de Noviembre del 2020
Susana Morán
La huida masiva de los venezolanos desde Ecuador y su doble regreso
0

Imagen de agosto 2019 de cientos de ciudadanos venezolanos en el paso fronterizo de Rumichaca. En los últimos meses de ese año, la llegada de los extranjeros al Ecuador disminuyó significativamente. Foto: Diario Extra

 

La salida masiva de venezolanos del Ecuador empezó en los últimos cuatro meses del 2019 en medio de una crisis económica que se agravaba. En el 2020, la pandemia incrementó el retorno, que ni el cierre de las fronteras lo detuvo. Pero ahora se prevé una nueva vuelta de los migrantes a los países de acogida porque la situación en Venezuela es ‘invivible’. Aquí sus historias.


Los venezolanos dejaron masivamente Ecuador en este 2020. No solo lo confirman las cifras oficiales sino también las decenas de historias de los migrantes que han tenido que emprender un retorno hacia su país natal, huyendo de la pandemia. Los viajeros lo hicieron, pese al cierre de todas las fronteras desde el 13 de marzo pasado. Aún no hay una fecha para la reapertura de los pasos binacionales con Colombia y Perú.

Por un lado, están los datos migratorios que cuentan a medias tintas esta realidad. De Ecuador salieron más venezolanos que los que entraron, algo que no ha sucedido desde el 2015. Según las cifras a las que tuvo acceso Plan V, la ‘huida’ empezó en los últimos cuatro meses del 2019, en medio de una crisis económica que ya había tomado vuelo en el país mucho antes de la pandemia.

En Rumichaca, por ejemplo, entre septiembre y diciembre del 2019 ingresaron en promedio 600 venezolanos por mes, cuando en los meses previos habían llegado hasta 74.000 venezolanos en un solo mes. Pero ese paso fronterizo empezó a registrar el flujo inverso. En los últimos meses del año pasado salieron 4.000 extranjeros mensuales. En diciembre, el retorno fue más evidente: 5.854 venezolanos dejaron Ecuador en un solo mes.

En enero y febrero de este año, aumentó el ingreso, pero asimismo la salida. Por Rumichaca entraron en esos meses 3.151 personas y salieron 6.076. Por San Miguel (Lago Agrio) entraron 69 venezolanos y salieron 107. Mientras que por Huaquillas (El Oro) entraron 88 y salieron 293 migrantes. Después, las cifras oficiales se convierten en un punto ciego. Solo hay un registro de los primeros días de marzo sobre la entrada de 785 venezolanos y la salida de 1.371 por todos los pasos fronterizos. 

Bajo la idea de ‘si he de morirme, que al menos sea en la tierra de uno”, los venezolanos abandonaron el país caminando, pidiendo aventones y pasando por trochas para evadir los controles de las autoridades. La gente pasaba como hormiga y había muchos caminantes. Viajeros aseguran que vieron a compañeros suyos que se contagiaron en el camino.

Aún hay salida de venezolanos, pero ha disminuido significativamente, en un 70%, según las fuentes consultadas por Plan V que están en contacto permanente con los viajeros. Aseguran también que podría haber una nueva oleada de migrantes de Venezuela para Colombia, Ecuador, Perú y Chile porque en su retorno se encontraron con un país invivible. A continuación contamos dos historias: una sobre la salida y otra sobre el segundo retorno a Ecuador.

La salida

Esta es la historia de Nora. Es madre y tiene una hija que vive en Coronel Lorenzo de Garaicoa, una parroquia de la provincia de Guayas. Llegó en febrero pasado para visitar a su hija, con la idea de quedarse solo un mes. Pero por la pandemia solo pudo retornar a Venezuela el 25 de mayo.

Los migrantes han formado grupos de WhatsApp para mantenerse informados de las rutas y de las personas interesadas en viajar. Nora fue agregada y fue así cómo se reunió con un grupo de mujeres; una de ellas llevaba una niña. Quienes pueden, pagan por el traslado o ‘paquete’ de viaje como lo llaman. Este suele incluir la alimentación y el hotel.

Uno de esos servicios pagó Nora. La primera parte de su ruta fue en bus. Desde Milagro hasta Tulcán, el recorrido duró 14 horas. El arribo fue en la madrugada. Pero se encontraron con la novedad de que los últimos buses del día habían salido horas antes.

Nora y su grupo no quisieron esperar hasta el siguiente bus, que tenía previsto salir dos días después. Pagar más noches de hotel era un gasto que no podían solventar. Entonces, salieron a la madrugada siguiente para pasar por trocha hacia Colombia. Hasta el hotel llegaron los encargados del traslado con caballos, que fueron utilizados para cargar las maletas de los venezolanos.

Encontrarse con el gélido clima de Tulcán fue un primer impacto para los viajeros. Al ingreso al camino, Nora vio hombres que permitían o no el ingreso de una persona. “Ellos vienen conmigo”, era la señal para la autorización. Cruzaron un río y subieron cuestas. La caminata duró dos horas y media. “Con el frío y el cansancio de la subida, sentí que perdía mi vida allí”. En la trocha se encontraron con mucha gente. Recuerda que era un camino muy angosto por el que circulaban personas cargando arroz, tanques de gas. “Había personas mayores, mujeres y niños que cargaban en sus espaldas bultos. Eso parecía una plaza. Había mucho tráfico de personas pasando maletas”.

Miembros de la Guardia venezolana les dijeron: ‘si se quieren regresar, regrésense, nadie los manda a irse, váyanse para donde se fueron, nadie los manda a ser apátridas”.

Por esos pasos ilegales también cruzó María. Viajó en octubre pasado, solo con su bebé. El primer trayecto fue de Quito a Tulcán. Cruzó la frontera en camioneta. Otros compatriotas suyos que venían desde Perú estaban en su grupo. A mitad del trayecto se cambiaron a un camión de carga. A ella la ubicaron en la cabina y al resto en el cajón. La lluvia había dañado el camino. Había mucho vehículo ecuatoriano y colombiano. “Era como una vía paralela, solo le faltaba el asfaltado”. Vio sobre todo camiones con mercancía. María aún no pasa a Venezuela por los costos elevados y porque está buscando la opción más segura para no pasar por canoas improvisadas con su bebé. Ella quiere pasar por Maicao, otro municipio colombiano fronterizo con Venezuela. Va a Zulia.

Pero Nora sí siguió con su camino sin parar. Después de caminar por la trocha, su grupo llegó hasta una elevación y allí dos taxis los esperaban. “Montaron las maletas y eso fue rápido. Nos decían muévanse, uno andaba casi corriendo. Nos montamos en ese taxi y ese no veía los huecos. Se fue como quien dice como alma que lleva el diablo”. Los taxis las llevaron hasta el terminal de Ipiales. “Ellos decían: ‘estamos sobre la hora’. No entendía qué pasaba”.

Los migrantes no pueden sacar los celulares ni comunicarse con sus familiares mientras van por trocha. A Nora le permitieron contactarse con sus seres queridos en el terminal. Pero el lugar estaba vacío. Los últimos buses habían salido horas antes. Nora y su grupo se quedaron en Ipiales por 27 días. Vieron como muchos de sus compatriotas se iban caminando y otros pedían aventones. “Gastamos todo lo que teníamos”. El paquete que había contratado solo les garantiza seis días de hotel y una cena. Los otros días restantes recibió ayuda de organizaciones humanitarias.

Hasta que el 12 de junio emprendió de nuevo su camino. Salieron nuevos buses desde Ipiales rumbo a la frontera de Arauca con Venezuela. Fueron tres días de viaje sin poderse bajar del transporte. Los buses solo se detenían para que los migrantes hicieran sus necesidades en el monte. En Arauca los metieron en un estadio. Karina dice que la atención fue buena con ellos. Pudieron comer y bañarse. Allí descansaron dos días. Luego fueron trasladados hasta el puente fronterizo. Miembros de la Guardia venezolana les dijeron: ‘si se quieren regresar, regrésense, nadie los manda a irse, váyanse para donde se fueron, nadie los manda a ser apátridas”.

En la frontera venezolana fueron agrupados por Estado y trasladados hasta San Fernando de Apure. Creyeron los que llevarían a su destino final, pero en lugar de eso los metieron a un municipio más recóndito. Los dejaron en una escuela donde les tomaron las pruebas para COVID. Los resultados iban a estar en siete días, pero se los entregaron en 27 días. Sin eso no podían seguir adelante en su camino. Nora finalmente pudo llegar a su destino que era el estado de Lara.


En mayo pasado, se tomó esta fotografía de personas que hacían fila para recibir alimentos entregados por una organización benéfica en Carapita, un barrio pobre de Caracas. Foto: Reuters

El doble regreso

Xenón es un venezolano que se fue del Ecuador en este año, pero acaba de regresar. Vino desde Táchira. ¿Por qué volver de nuevo? Xenón cuenta cómo encontró a su país: “Todo se ha deteriorado. Hay cortes de luz durante 12 horas diarias. El mensual es de seis dólares. Los productos están a la par o más caros que en Ecuador. Cuando se va la luz también se va el agua porque falla la bomba para sacarla de los tanques. El sistema de transporte está colapsado. No se puede coger un bus porque cobran muy caro. Solo le puedes echar 80 litros de gasolina mensuales a tu vehículo. Eso es llenar el tanque de tu carro dos veces al mes. Las colas en las gasolineras son de cinco días, con 800 o 900 carros adelante tuyo. Duermes en tu carro dos o tres días. No existe calidad de vida. Si es demasiado fuerte para uno que es de clase media, peor para los más pobres. Allá una nevera usada vale 150 dólares, igual que en Ecuador. Pero acá ganas 300 o 400 dólares, mientras que en Venezuela te pagan cuatro dólares al mes. A quien se le daña la refrigeradora en Venezuela está condenada a no tenerla. La gente se ha encargado de dolarizar a la fuerza la economía venezolana. Todos los pagos se hacen en dólares. Ya ni sé cómo son los billetes de 30.000 o 50.000 bolívares.  Una hamburguesa vale 2,50 dólares. Un litro de gasolina vale 1,75 dólares, es la más cara de la región”.


Retrato de un grupo de caminantes venezolanos que partió en abril pasado desde Guayaquil a su país natal. Lo  reportó el periodista Jefferson Díaz. Foto: Punto de Corte

Entonces, Xenón decidió volver al Ecuador. Lo hizo en transporte. “Está muy fuerte la venida. Se deja mucho dinero en los controles para poder pasar con seguridad hacia el destino final”. En su trayecto, solo en Venezuela, contó al menos 10 controles, en los que los migrantes deben pagar un dólar. El paso a Cúcuta, en Colombia, tiene un costo de entre 20.000 y 30.000 pesos (entre 5 u 8 dólares), según el número de maletas que llevan los migrantes.

De ahí hay buses que ‘se la juegan’, porque llevan venezolanos sin documentación y evaden los controles por caminos secundarios, dice Xenón. Pero cuando los paran, deben pagar altas cantidades para continuar su camino. A veces entre 500.000 y 800.000 pesos (140 y 220 dólares). El venezolano para ir en este transporte paga alrededor de 110 dólares para atravesar Colombia.

“La misma gente que llegó ahora está retornando. Pero el que viajó solo, ahora viene acompañado”. “La situación en Venezuela es invivible”.

Una vez en la frontera entre Colombia y Ecuador, de nuevo dependerá de los recursos del viajero. Las opciones son viajar en auto, moto o a pie. El costo va desde los 10 dólares hasta 35 dólares, según el tipo de transporte. Xenón pasó por una trocha y tuvo que pagar a las autoridades que aparecieron. Cuenta este migrante, de profesión mecánico eléctrico, que ayudó a arreglar una de las patrullas y lo dejaron pasar. “Vieron que uno era una persona trabajadora”.

Una vez en Ecuador, el viajero contó otros cinco controles más. Viajó en un vehículo que los evadía: “Uno camina por el monte, el carro lo espera un kilómetro más adelante, se monta uno y sigue su trayecto”. El vehículo pasaba solo con las maletas. “Si te agarran en un control, son 20 dólares que te quita la Policía de Ecuador. Si no pagas te deportan”.

Cuenta que la mayoría sigue pasando por Rumichaca por la facilidad de pasar en vehículos por caminos ilegales, para los que tienen cómo cancelar. Los que vienen con pocos recursos deben esperar hasta que alguien los pase por trocha, donde las caminatas pueden durar entre tres o cuatro horas o en moto, según cómo esté el camino. Cuando llueve la circulación en moto es muy peligrosa. Eso ocurrió hace más de 10 días cuando la gente que circulaba por uno de esos caminos tuvo que limpiar la trocha con pala y carretilla para desatascar a los autos del barro.

Xenón dice ser testigo de familias completas que están emprendiendo el retorno porque no encuentran manera de vivir en su país. “La misma gente que llegó ahora está retornando. Pero el que viajó solo, ahora viene acompañado”. “La situación en Venezuela es invivible”.

*Los venezolanos entrevistados accedieron a publicar solo su nombre, no su apellido

[RELA CIONA DAS]

El Banco Mundial aboga por la integración económica y social de los venezolanos
Redacción Plan V
La alerta de la ONU que vetó a Juan Cuvi
Redacción Plan V
Los refugiados colombianos en su laberinto
Migrantes: el cerco legal se estrecha
Redacción Plan V
El lente y la pluma de la migración venezolana en Ecuador
Redacción Plan V
GALERÍA
La huida masiva de los venezolanos desde Ecuador y su doble regreso
 


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

Las historias de la diáspora venezolana: entre el Ávila y el Pichincha
Fermín Vaca Santacruz
Venezolanos: el éxodo de los niños que llegan a Ecuador
Susana Morán
Venezolanos llegan a Sucumbíos tras ser estafados
Texto: Susana Morán. Fotografías: Luis Argüello
Las violaciones a los derechos de los venezolanos detenidos en el paro
Redacción Plan V

[MÁS LEÍ DAS]

Ecuador supera la cifra récord de 100.000 fallecidos por todas las enfermedades
Redacción Plan V
La huida masiva de los venezolanos desde Ecuador y su doble regreso
Susana Morán
¿Por qué todos se sienten amenazados por Álvaro Noboa?
Fermín Vaca Santacruz
El ñeque manaba de Aura Zamora
Gabriela Muñoz