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20 de Abril del 2020
Historias
Lectura: 9 minutos
20 de Abril del 2020
Redacción Plan V
La interminable cuarentena de 2225 galapagueños a los que no dejan volver
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Por lo menos dos laboratorios están operando en Puerto Ayora para tomar muestras del coronavirus. Foto referencial

 

La máquina que donó el empresario Roque Sevilla, que supuestamente iba a servir para hacer las pruebas de COVID19 para más de 2000 residentes de las islas que están varados sobre todo en Guayaquil, fue enviada a Puerto Ayora. Dos personas del grupo de isleños que están en Guayaquil han muerto, si bien por motivos no relacionados con la enfermedad por coronavirus. Los habitantes de las islas no tienen fecha para volver a sus casas. El defensor del pueblo en Galápagos, Milton Castillo, ha exhortado para que se busque una solución.

Era el ocho de marzo de 2020 cuando el avión despegó rumbo a Guayaquil del aeropuerto de San Cristóbal, en el Archipiélago de Colón, y Carlos Chauca, de 44 años de edad, y sus dos hijos adolescentes, vieron alejarse el perfil de su isla natal en el horizonte.

Carlos Chauca es de Puerto Baquerizo Moreno y está varado en Guayaquil. 

Los tres aprovecharon las vacaciones en Galápagos para viajar a Guayaquil, como hacen muchas personas de la islas, para realizarse chequeos médicos, hacer algunas compras y pasear. Los predios de la pista, que se encuentra la pequeña bahía de la capital provincial de Galápagos, son conocidos de cerca por Chauca, quien es bombero aeronaútico en el aeropuerto. Él opera la moderna motobomba que sirve al aeropuerto, en donde varios vuelos llegan al día y conectan la provincia más lejana con el resto del Ecuador. 

Lo que parecía un viaje de rutina para los Chauca se convertiría, por culpa de la peste, es una aventura de la que aún lo logran salir. El padre y los dos jóvenes, de 13 y 16 años, estuvieron cerca de una semana en Guayaquil. El día 17 tenían pasaje para volver a la isla San Cristóbal, pero en el aeropuerto les informaron que ya no iban a embarcar a los pasajeros por orden del Gobierno.

El padre y los dos jóvenes, de 13 y 16 años, estuvieron cerca de una semana en Guayaquil. El día 17 tenían pasaje para volver a la isla San Cristóbal, pero en el aeropuerto les informaron que ya no iban a embarcar a los pasajeros por orden del Gobierno.

El avión despegó vacío, solo con la carga, con la consigna de sacar a los turistas extranjeros de Galápagos. Y los Chauca, el padre y los dos muchachos, se quedaron en Guayaquil, en donde estaba por producirse uno de los brotes más significativos de la pandemia del coronavirus en América Latina. "Ya con las maletas y todo no nos dejaron entrar", recuerda el padre de familia. 

Carlos Chauca desciende de ambateños, fueron sus abuelos quienes llegaron a las remotas islas hace varias décadas. En Galápagos, precisa el bombero, hay muchas familias que descienden de serranos que llegaron a ese confín de la patria en calidad de colonos. "Los galapagueños somos una mezcla de costeños y serranos", dice el bombero aeronáutico. Es muy común que los habitantes de las islas viajen a las ciudades del Ecuador continental para hacerse chequeos médicos de especialidad, y en vacaciones muchos de los maestros fiscales vuelven al continente. 

Varados en Guayas

Varados en Guayas, los Chauca se separaron. Los chicos se fueron donde su madre a Milagro, mientras el padre está en una ciudadela de Guayaquil, donde un amigo que le ha dado posada. La familia de San Cristóbal está ya más de un mes. Chauca tuvo que comunicarse con la Dirección de Aviación Civil para indicar sobre su situación y la imposibilidad de volver a la capital provincial. Su trabajo es por turnos, una semana labora 24 horas completas y otra sale libre. Pero su institución ha colocado un reemplazo para poder continuar brindando servicios en la pista de San Cristóbal. 

El Consejo de Gobierno ha lanzado una plataforma de registro de cuarentena, en donde se debe consignar la fecha en la que se inició la cuarentena y hacerse una prueba de COVID19 48 horas antes de viajar a Galápagos. Pero, hasta el momento, ninguno de los varados ha logrado volver. Y dos de ellos han muerto en Guayaquil, si bien sus fallecimientos no han tenido relación con la epidemia. Se trataba de dos maestros mayores de 55 años que fallecieron en la ciudad. El uno tenía una dolencia crónica que se le complicó y no obtuvo atención médica y el otro sufrió un infarto, según se dijo entre los galapagueños, por estrés y ansiedad.

La máquina donada por Roque Sevilla fue enviada a Galápagos

En Guayaquil, estima Chauca, habría por lo menos 300 habitantes de las islas que se quedaron sin poder volver a la Región Insular. "Dando gracias a Dios ninguno de los nuestros se ha contagiado hasta ahora", dice el bombero del aeropuerto de San Cristóbal, quien asegura que la mayoría de sus paisanos se están cuidado mucho de salir para poder volver a sus hogares en el Archipiélago.

Según cifras publicadas por el Consejo de Gobierno de Galápagos, en Guayas hay 1254 varados, en Pichincha 599, en Tungurahua 318, en Manabí 191, en Loja 100, en Santa Elena 95 y en Chimborazo 58. Hay también habitantes de las islas en otras provincias, como en tres en Sucumbíos, tres en Pastaza y dos en Morona Santiago. 

Pero el retorno parece complicado. A ninguno de ellos se les ha tomado ninguna prueba. Y la máquina que donó Roque Sevilla, que supuestamente iba a servir para las pruebas de los galapagueños, fue enviada desde Quito a Puerto Ayora, a la Agencia de Bioseguridad de Galápagos, con lo que la posilidad de que se use para los habitantes de las Islas se canceló. 

La máquina, que fue comprada por Sevilla en Corea del Sur, viajó en un vuelo de TAME que voló vacío y regresó con extranjeros que aún estaban en las islas. 

Wray no precisa qué pasará con los varados 

En declaraciones desde Quito a las radios de Galápagos, el presidente del Consejo de Gobierno, Norman Wray, dijo que "esta semana" se definirán detalles para el retorno "seguro y pausado" de los varados en el continente. El presidente del Consejo de Gobierno se encuentra en la capital, según dijo al salir del Archipiélago, gestionando la entrega y operación de la máquina donada por Roque Sevilla. 

Wray confirmó que la máquina donada por Sevilla está ya en Puerto Ayora, en donde será operada por técnicos de las universidades de Las Américas y San Francisco. El propósito de enviar la máquina a las Islas, explicó Wray, es aumentar la capacidad de procesamiento de pruebas.

Sobre los varados en el continente, Wray dijo que las dos universidades podrían apoyar en las pruebas para los varados en ciudades como Quito y Guayaquil. Explicó que la máquina fue enviada a la Agencia de Bioseguridad en Puerto Ayora porque ahí está el único laboratorio certificado.

Sobre los varados en el continente, Wray dijo que las dos universidades podrían apoyar en las pruebas para los varados en ciudades como Quito y Guayaquil. Explicó que la máquina fue enviada a la Agencia de Bioseguridad en Puerto Ayora porque ahí está el único laboratorio certificado. El laboratorio de la Universidad San Francisco en Puerto Baquerizo Moreno apoyará al del hospital de la capital provincial.

"Estamos en indefensión"

Aunque en Puerto Ayora se hizo una radio maratón para recoger fondos para los varados, Chauca cree que no está llegando suficiente ayuda para los varados de Galápagos en el continente. A pesar de que se han enviado listas con los nombres de las personas con más necesidades, el bombero sostiene que la ayuda recogida entre sus vecinos en Galápagos por las radios locales no les ha sido entregada. "Estamos en total situación de indefensión", dijo Chauca, quien destaca el exhorto que el defensor del pueblo de Galápagos, Milton Castillo, emitió el 25 de marzo solicitando que se facilite el retorno de los habitantes a las islas.

Hasta ahora, no se ha tomado ninguna muestra a los más de 2000 habitantes de Galápagos que están en el continente, por lo que piden que se les tome las muestras a domicilio con el fin de evitar contagios al salir. De su lado, Castillo dijo que es obligación del Estado tomarles las pruebas a los moradores de las islas de manera que se facilite el retorno a sus hogares en el Archipiélago de Colón. 

De esta forma, lo que eran diez días de vacaciones de Carlos Chauca y sus hijos se han convertido en una cuarentena interminable lejos de sus hogares. 

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