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25 de Noviembre del 2019
Historias
Lectura: 15 minutos
25 de Noviembre del 2019
Susana Morán
‘La justicia que pedimos es por el bien de otras mujeres’
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Fotos: Luis Argüello / PlanV

Isis Subía contó a Plan V los inconvenientes de la investigación fiscal para resolver el caso de su hermana. 

 

12 mujeres desaparecieron en 2019 y luego fueron ubicados sus restos. A este número se suma el caso de Natalia Subía, quien desapareció en 2018 y parte de sus restos fueron hallados en este año. Ecuador vuelve a llegar al Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer con cifras rojas. El testimonio de la hermana de Natalia lo ilustra.

Fueron desaparecidas y asesinadas. Pero sus restos o parte de ellos han sido ubicados. Durante este 2019 han ocurrido 12 casos de mujeres cuyas vidas terminaron así. Es la historia de Aidé Marisol Lazo Patín, de Beatriz Elena García, de Carmen Emilia Males Sarabia, de Cecilia Mercedes Santillán Paredes, de Andrea Fernanda Valencia Mayanquer, de Jenny Maribel Yugsi Alomoto, de Yesenia Stefania Reinoso Chimbolema y de Daniela Maribel Bermeo. También de Rosario, Érika y Mercedes cuyos apellidos no fueron difundidos y de una mujer que aún no ha sido identificada. Sus nombres son parte del registro de la Alianza para el Monitoreo y Mapeo de los Femicidios en Ecuador. La conforman cinco organizaciones que actualizan y detallan la violencia contra las mujeres de forma mensual. 

Según sus últimas cifras, durante este año van 95 femicidios. Las armas blancas son las más usadas y la mayoría de sus victimarios era su pareja o expareja. Cuatro mujeres estaban embarazadas y 73 niños y niñas quedaron en la orfandad. Durante este 25 de noviembre que se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer instituciones e investigadores han aportado con nuevos datos. Esteban Ortiz, médico investigador, reveló en Twitter los hallazgos de su estudio: “En el Ecuador han sido asesinadas más de 3.200 niñas y mujeres en los últimos 16 años”.  La tasa de asesinatos en mujeres ha subido y las provincias más peligrosas para las mujeres son las fronterizas, afirma este analista. La Fiscalía, en cambio, reportó que el domingo, desde las 6:00 hasta las 11:59 es el horario con mayor incidencia de femicidios. En la Costa y Sierra, el 62,1% de estos casos ocurren en el área urbana. Quito y Guayaquil lideran el ranking. 

Estos crímenes no distinguen condición social. Tampoco edad. En el caso de las 12 mujeres desaparecidas y asesinadas, la más joven tenía 14 años y la más adulta, 86. A estos casos se suma el de Natalia Subía, una maestra parvularia de 33 años que desapareció en el 2018. La Fiscalía confirmó el pasado 14 de marzo el hallazgo de una parte de su cráneo en un bosque en el sector del Armero, en el noroccidente de Quito. Pero, según su familia y por los testimonios que han accedido, este no sería el único. Hace un año, otro cuerpo de una mujer de 17 años fue hallado en las inmediaciones de ese sector, según les contó la madre de la víctima. Por eso su hermana dice que la búsqueda de justicia no solo es por Natalia, sino por la comunidad. 

Pero el caso de Natalia se suma a otros tantos donde hay indignación por la falta de celeridad o vacíos en las investigaciones. Isis Subía, hermana de Natalia, señala los errores: no se investigó a tiempo y se perdieron registros de cámaras del sector, la reconstrucción de los hechos se hizo siete meses después de los hechos, la investigación fiscal no hizo caso a la hipótesis de la familia y no se buscó adecuadamente los restos de la mujer en el bosque donde meses después fue hallado parte de su cráneo. Aunque la desaparición de Natalia ocurrió hace un año, pareciera que el guión de la justicia en cuanto a desapariciones no ha cambiado. A eso se suman las llamadas anónimas que ha recibido la familia para recibir pistas falsas o ser víctimas de intento de extorsión. En este testimonio, cuenta el día a día que ha vivido su familia desde que Natalia no volvió a su hogar. 

   TESTIMONIO   

‘Nos duele que jueguen con nuestro dolor’

Isis Subía, hermana de Natalia


Un voluminoso álbum familiar contiene las fotos de la niñez y juventud de Natalia.

Natalia desaparece el 15 de septiembre de 2018. Era un sábado, mediodía. Al principio creímos que no era nada malo. Pero para el domingo ya era preocupante. Ese día llamé al 911. Llegó una patrulla policial. El señor policía tenía puesto un chaleco, sin identificación. Nos dijo que pongamos la denuncia, pero nos dijo que debemos esperar 72 horas. Ahora sabemos que esto es falso.

Nunca pensamos nada negativo. Sabíamos que Natalia salía con alguien e insistimos que se investigue. También pedimos que se revisen las cámaras del sector. El investigador recién lo hizo a los 15 días de la desaparición. Pero las cámaras privadas del sector solo guardan la información por una semana o 15 días. Mientras que las cámaras del 911, unas estaban rotas, otras eran giratorias -y nos dijeron que por eso no la pudieron haber captado- y otra pertenecía al Municipio, pero estaba dañada. 

Viendo esos obstáculos, como familia empezamos a organizarnos y poner afiches en la ciudad. Ahora el Ministerio del Interior te entrega el formato de los afiches. Nosotros vimos que el caso se estancó desde el inicio. Hemos tenido tres fiscales en esta investigación. La primera nos dijo que busquemos en un centro psiquiátrico, lugares de acogida y hospitales. Mi hermana tenía un cuadro de ausentismo con epilepsia y cuando salió de la casa estaba sin identificación. Ella tomaba medicación en sus tres comidas. Tenía una vida muy normal. Solo cuando dejaba de tomar la medicación, le daba crisis. Era maestra parvularia y cuando desapareció era el inicio de la temporada escolar. Todos hemos sufrido su desaparición. En especial su hija de 12 años. Ella está pendiente de la investigación. 


Natalia dejó en la orfandad a una niña de 12 años. Este fue uno de los cuadros que le pintó. 

"A la Fiscalía le dimos dos números telefónicos para que investiguen. Aún no sabemos si tienen resultado, solo supimos que uno pertenecía a una cabina telefónica".

Como familia solicitamos que se activen las alertas en las fronteras. Nosotros la buscamos hasta en Ipiales, Colombia, y no nos pidieron ni la cédula. No hay tanto control. La gente nos llamaba para dar información, pero era falsa. A mi padre le hacían escuchar una chica gritando y pidiendo auxilio para extorsionarlo. De otros números se escuchaba una chica respirando, pero no hablaba. A la Fiscalía le dimos dos números telefónicos para que investiguen. Aún no sabemos si tienen resultado, solo supimos que uno pertenecía a una cabina telefónica. 


La habitación de Natalia aún está intacta. Sus familiares han guardado sus pertenencias. 

Natalia salió sin su celular y por eso no fue posible hacer la triangulación telefónica. Pero pedimos que se haga una ruta técnica para hacer la reconstrucción de los hechos. Sin embargo, todo se hizo a destiempo. Esa diligencia se hizo recién en abril. Entre abril y junio hicieron algunos procedimientos como allanamientos en nuestras casas. Ahora creemos que eso se reactivó porque la Dinased tiene el cráneo de mi hermana desde marzo pasado. Personal de la Empresa Pública Metropolitana de Aseo lo halló mientras hacían una limpieza en las rejillas de una de las quebradas del bosque en el sector de Armero, arriba de la Universidad Central. Hallaron solo la parte del cráneo que comprende desde la mandíbula superior hacia arriba. 

Pero esto no supimos hasta el pasado 14 de noviembre. Nos dijeron que no podían dar información falsa. Nos dijeron que se demoraron 45 días en cada muela, por eso pasaron ocho meses porque tenían 8 muelas. Una de ellas dio positivo con el ADN de mi mamá. Quien nos dio la información fue la tercera fiscal, Silvana Sandoval. Quisieron ser empáticos con nosotros, pero la noticia fue terrible. 

Pero nos hubiera gustado que ese procedimiento sea totalmente diferente. Que nos informen que encontraron esa osamenta en marzo y que estaban investigando. Además, hicieron dos búsquedas en el mismo bosque donde encontraron la osamenta, en los dos primeros meses después de la desaparición. Si buscaron allí, ¿por qué no encontraron el cuerpo? ¿Qué hicieron? Nos hubieran ahorrado 12 meses de dolor. También se perdió la evidencia. Ahora no tenemos nada. Uno de esos días nos dimos cuenta que ni siquiera estaban bien coordinados. Nos sentimos dolidos y creemos que no se hizo el trabajo de la forma adecuada. 

Mi hermana no era una persona muy sociable. Por eso fue difícil preguntar a amigos. No iba a fiestas ni tomaba alcohol. Tampoco se quedaba a dormir en la casa de amigos. Insistimos siempre que esta no fue una desaparición voluntaria. Ella tuvo una discusión con mi hermano. La Fiscalía nos dijo que quizá por eso no quería regresar. Pero ese no era un motivo para que no regrese. Ella vivía y cuidaba a su hija, ambas tenían una relación muy fuerte. 

"Fue una búsqueda más simbólica, no fuimos con palas. Queríamos hacer presión para una mejor investigación. Fuimos los familiares, amigos y compañeros de dos cursos de mi universidad".

El día de la reconstrucción de los hechos, mi padre se acercó a la fiscal Claudia Romero, ella fue la segunda que investigó la desaparición. La primera fue Edith Arévalo. Ambas casi no movieron el caso. La fiscal Romero siempre le dijo a mi mamá que mi hermana quizá está retenida, que por su enfermedad alguien la encerró. Nos dieron esperanzas. Mi mamá vivía en España y vino a Quito para buscar a su hija. Estuvo aquí nueve meses y hasta perdió su trabajo. 

El martes pasado hicimos una búsqueda en ese bosque. Imagino que alguien llamó a la Policía porque vio entrar a la quebrada personas. Entonces llegó una patrulla con el policía que llamó a criminalística en marzo pasado. Fue una búsqueda más simbólica, no fuimos con palas. Queríamos hacer presión para una mejor investigación. Fuimos los familiares, amigos y compañeros de dos cursos de mi universidad. Si nosotros podemos hacerlo, ellos también pueden hacerlo. El suelo estaba en condiciones a pesar de la lluvia. No sabemos cuáles son los obstáculos para hacer una búsqueda rápida. Nos duele que jueguen con nuestro dolor.


Estas imágenes fueron tomadas durante la búsqueda que hizo la familia el martes 19 de noviembre. No hallaron los restos de Natalia, pero sí varias prendas de mujer, incluida ropa interior. 

Ese día no encontramos nada, pero vimos ropa de mujer. Desde la ropa interior hasta los zapatos, y también ropa de niños. Hay una especie de chozas hechas con fundas plásticas. Nos impactó que en un lugar estaba un conjunto completo: un interior, un sostén, una falda, la blusa, los tacos y un condón al lado. 

Como familia tenemos una hipótesis. Natalia compraba sus pastillas en la Av. Mariana de Jesús. La farmacia está lejos de nuestra casa y en algún punto tuvo que coger un taxi. Entonces tememos que como ella no tenía las pastillas le dio una crisis y este señor no era una buena persona. Quizás abusó de ella, la botó y arrojó el cuerpo para no dejar evidencias. Toda esta zona está llena de quebradas, entre los barrios Toctiuco y Armero. Es alguien de la zona que conoce y sabe por dónde hay pequeños caminos a los que ingresan autos. 


Ubicación del bosque, en el sector el Armero, donde fue ubicado parte de los restos de Natalia. 

Nosotros necesitamos todo el cuerpo, o su mayor parte, para darle una cristiana sepultura. Si los investigadores dicen que el cuerpo se fue por una rejilla, esta debe desembocar a algún lado. Nos deben una respuesta, no nos pueden decir: ‘confórmense con el cráneo’. Queremos cremarla y hacerle una misa como ella se merece. Creemos que no hay una buena investigación sobre los desaparecidos. La gente nos dice ‘ustedes no quieren aceptar que es su hermana’. Ha sido un duelo terrible. Decirnos que solo hay una cabeza, eso para la familia ha sido devastador. Nos duele porque toda la investigación se enfocó en la familia, los investigadores presumieron que nosotros estábamos encubriendo un asesinato. Hicieron pruebas de luminol (técnica para identificar rastros de sangre) en las casas del conjunto familiar. 

Pero nosotros pedimos que tengan en cuenta que es una persona que necesita su medicación, les dijimos que se fue en un taxi y que busquen un registro en una cámara. Pero nada de eso se hizo a tiempo. Queremos que nos digan qué pasó. Si bien no hubo resultados en las cámaras de nuestro barrio, ahora pedimos que se revisen las cámaras alrededor del bosque. Porque corre riesgo también la comunidad, no solo fue mi hermana. ¿Si otra persona toma un taxi y tiene el mismo destino? No solo es por mi hermana, la justicia que pedimos es por el bien de la comunidad y de otras mujeres que pueden estar en peligro. Ahora estamos firmemente convencidos de que no es la primera. 

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