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4 de Enero del 2022
Historias
Lectura: 11 minutos
4 de Enero del 2022
Redacción Plan V
La pandemia cambió la dieta de los más pobres en Ecuador
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Los más pobres, para enfrentar la pandemia, cambiaron su alimentación. Es consecuencia de la disminución de los ingresos. Foto: PlanV

 

Una encuesta aplicada en dos provincias del país reveló los impactos de la pandemia en la alimentación y economía de los hogares, sobre todo en aquellos donde las mujeres son jefas de hogar y donde hay niños menores de 5 años. También explica las estrategias que adoptaron las familias para enfrentar la crisis como usar sus ahorros y pedir préstamos.


Los hogares ecuatorianos más pobres han enfrentado la pandemia principalmente con dos estrategias: cambiando su dieta y gastando sus ahorros. Este es uno de los resultados de la Encuesta de Seguridad Alimentaria y Alimentación, realizada entre diciembre de 2020 y enero de 2021 por la investigadora María José Castillo, de Rimisp-Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, y publicada el pasado 28 de diciembre.

Para la autora de esta investigación, el estudio permite conocer que la pandemia “minó los ahorros de los hogares puesto que constituyó la principal estrategia utilizada para enfrentar la crisis, pero también implicó cambios en la dieta, reduciendo la cantidad y/o calidad de los alimentos consumidos, esto afectó sobre la seguridad alimentaria”.

Estudio ‘Seguridad alimentaria en tiempos del COVID-19: resultados de la encuesta de seguridad alimentaria y alimentación en los territorios ecuatorianos de Guayas y Los Ríos’. Ver PDF

La encuesta se hizo por teléfono a 1.475 personas mayores de edad, que participaban en la toma de decisiones sobre la alimentación de los miembros de su hogar, en las provincias de Guayas (con excepción de Guayaquil) y Los Ríos. El 56% de los encuestados fueron mujeres y el 44%, hombres.

De acuerdo a la investigación, el 63% de los participantes cambiaron su alimentación. Entre el 45% y 52% de los encuestados, redujo el consumo de frutas y verduras, y de carne o pescado. Asimismo, el 32% aumentó el consumo de envasados. Por otro lado, el 38% dijo que compró comida a crédito o fiada, siendo este porcentaje mayor en el área urbana.

El uso de esta estrategia fue mayor entre los quintiles más pobres y el porcentaje decrece constantemente hasta el quintil 5, según el estudio. Un quintil representa el 20% o un quinto del número total de individuos de una población determinada. Este cambio ocurrió más en el área urbana que en el rural.

Estos resultados están relacionados con la inseguridad alimentaria, otro tema que abordó la encuesta. “Se considera que una persona está en inseguridad alimentaria cuando no cuenta con acceso a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades y preferencias alimenticias, de forma que pueda mantener una vida activa y sana”, sostiene el estudio.

Según la encuesta, se llega a casi 30% de prevalencia de inseguridad alimentaria entre moderada y severa, y casi 9% de inseguridad alimentaria severa.  Pero esta última es mayor para el área urbana, con una diferencia de más de 3 puntos porcentuales respecto a las zonas rurales. Además, en los hogares con jefatura femenina hay más escasez de alimentos que en aquellos con jefaturas masculinas: hay una diferencia de 11 puntos porcentuales. “Estos resultados son consistentes con lo reportado por FAO respecto al incremento en la brecha en la inseguridad alimentaria entre ambos sexos, como producto de la pandemia del COVID-19, especialmente en la región de Latinoamérica y el Caribe”.

El estudio recogió información sobre la preocupación en los hogares por no tener suficientes alimentos para comer por falta de dinero u otros recursos en los últimos 3 meses previos a la encuesta. Más del 54% de la muestra sí tuvo esta preocupación, siendo el porcentaje similar entre las áreas rural y urbana. Hay una coincidencia, dice la investigación, entre los que reportaron una mayor preocupación alrededor del acceso a los alimentos y los que experimentaron reducciones en sus ingresos por la pandemia. De hecho, el 82% del total de encuestados afirmó que los ingresos no alcanzan. Las otras razones fueron que los precios de los alimentos han subido; que la comida es escasa; y que los puntos de venta están lejos.

Para su alimentación, los hogares dependen de mercados, tiendas de barrio y supermercados. “Ante la pandemia, el cambio en fuentes de abastecimiento más reportado fue el mayor consumo en tiendas de barrio, cambio mencionado con mayor frecuencia en el área rural que en la urbana”, dice el estudio. También se reportó un incremento significativo en la compra de alimentos a domicilio. “Se observa que el 21% de los hogares urbanos realizaban compras de alimentos frescos a domicilio al momento de la encuesta, lo que implica un importante aumento en el uso de este servicio, ya que antes de la pandemia solo el 4% realizaba compras de alimentos bajo esa modalidad”. Asimismo, hubo escasa frecuencia de compras directas a productores y de autoabastecimiento (producción propia) aún entre hogaresrurales.


Entre el 45% y 52% de los encuestados, redujo el consumo de frutas y verduras, y de carne o pescado.

“Profundizando en el análisis de los cambios, el 40% de los hogares de la muestra disminuyó el uso de al menos una fuente de abastecimiento sin incrementar el uso de otra, lo cual sugiere que estos hogares habrían reducido en general su consumo de alimentos. Este tipo de disminución se reportó más entre los hogares urbanos (44%) que entre los rurales (35%)”, explica.

Más gasto de ahorros y más deudas

Pero la principal estrategia que adoptaron las familias para enfrentar la pandemia fue el cambio de activos. Es decir, gastaron sus ahorros, redujeron gastos en educación o salud o vendieron sus activos. El 79% afirmó que gastó sus ahorros y esta práctica fue mayor en el área rural. También el 56% de los hogares solicitaron préstamos a proveedores de alimentos, amigos, familiares o empleadores, o a instituciones financieras. Solo el 9% de los hogares reportó la migración de alguno de sus miembros.

El 78% de los encuestados tenía un ingreso familiar menor o igual a 650 dólares al momento de la encuesta. Estos valores no permiten, dice el documento, cubrir el costo de la canasta básica familiar, que supera los 700 dólares, sino solo la canasta familiar vital (alrededor de 500 dólares), que deja poco excedente para las familias. “Aunque la situación se percibe crítica para toda la muestra, los pobladores que parecen estar en mayor desventaja son los del área urbana de Los Ríos, donde un poco más de la mitad de los encuestados cuenta con un ingreso familiar menor a 350 dólares, y el 88% con menos de 650 dólares”.

Más del 60% de la muestra, afirma la investigación, vio reducidos sus ingresos a raíz de la pandemia, siendo el área rural de Los Ríos donde se reportó una mayor disminución de ingresos. De igual manera, los hogares con jefaturas femeninas fueron los más afectados y más aún los que están en el área urbana. Otro hallazgo tiene que ver con los hogares donde había niños menores a 5 años. En esas familias, la reducción de sus ingresos fue mayor.

Otro hallazgo tiene que ver con los hogares con jefatura femenina. Los hogares más pobres, es decir los que se ubican en el quintil 1, están liderados por mujeres. Esto ocurre en un 51.92% en Los Ríos y en un 46.20% en Guayas. Además, en el área rural, hay mayor presencia de la jefatura femenina entre los hogares de los quintiles 1 y 2.

“Los resultados permiten conocer el tipo de hogares más afectados por la pandemia, así como las estrategias más utilizadas para enfrentarla y el alcance de las ayudas gubernamentales y de otro tipo de ayudas recibidas. La encuesta revela que los hogares más afectados fueron los de menores recursos en las áreas urbanas y los hogares con jefatura femenina”, dijo Castillo, en un comunicado de la organización.

La familia y la comunidad al rescate

Según el estudio, para enfrentar la crisis, 60% de los hogares encuestados recibió algún tipo de apoyo. Pero la del sector público fue escasa. La mayoría provino de la comunidad. Por ejemplo, el 51% de los hogares recibió ayuda de amigos o familiares; en segundo lugar, estuvieron las organizaciones comunitarias (la iglesia, organizaciones de productores, de crédito o ahorro, de vecinos, entre otras); y en tercer lugar el sector público.  “Los resultados respecto a las ayudas recibidas revelan también mayores niveles de capital social comunitario en las áreas rurales comparado a las urbanas, lo cual habría sido de gran utilidad para mantener la seguridad alimentaria ante la escasa participación de otros actores como el Estado, los gobiernos locales, empresas y ONG”.

GRAFICO. Fuentes de apoyo recibido para enfrentar la pandemia, a nivel global y por área

El estudio dice: “Estos resultados reflejan el escaso alcance de las políticas del gobierno central y los gobiernos locales, debido probablemente a aspectos como la crisis financiera que ya aquejaba al Estado previo a la pandemia, y las dificultades que enfrentaron los gobiernos locales para llegar directamente a potenciales beneficiarios debido a restricciones legales o regulatorias (...) En contraste con, o probablemente debido a la limitada cobertura del sector público, el capital social proveniente de amigos o familiares y de las organizaciones comunitarias dio sus frutos y entró con mucha más fuerza a asistir a los hogares con dificultades ante la crisis”.

Sin embargo, algo que destaca el informe es que las ayudas del gobierno central sí fueron en su mayoría a los hogares más vulnerables. Lo contrario sucedió con los gobiernos locales. La ayuda fue principalmente en alimentos seguida muy por debajo en dinero.

La concluyó que el 79% de los receptores de apoyo por parte del gobierno central manifestaron haber tenido preocupación o dificultades en el acceso a alimentos, y el 16% de los receptores tuvieron al menos un miembro del hogar sin comer todo un día. En el caso de la ayuda de los gobiernos locales, el porcentaje de los receptores con dificultades para acceder a alimentos fue 71% y el de los que pasaron hambre fue 15%.

Por jefatura de hogar, las ONGs ofrecieron ayuda con mayor frecuencia a hogares con jefatura masculina que a aquellos con jefe mujer, pero lo contrario ocurrió por parte de las organizaciones comunitarias: 16.6% de los hogares con jefa mujer recibió el apoyo vs. 11.5% de los hogares con jefe hombre.

 

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