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2 de Septiembre del 2013
Historias
Lectura: 11 minutos
2 de Septiembre del 2013
Desirée Yépez
La pareja lésbica que lucha por una familia diversa

Fotos: Gianna Benalcázar

Gabriela Correa y Pamela Troya lideran la campaña Matrimonio igualitario, los mismos nombres, los mismos derechos.

 

La pareja está junta desde enero del 2009. Ambas esperan que su solicitud de matrimonio llegue hasta la Corte Constitucional.

 

Diana Troya, Pamela Troya y Gabriela Correa pasean por un centro comercial de la capital junto con Adén, de siete años.

 

Gabriela y Pamela conviven desde hace dos años. Inicialmente pensaron en casarse en Argentina, como una cuestión simbólica.

 

Dos lesbianas quiteñas luchan por el matrimonio igualitario en el Ecuador. Pero la Constitución prohíbe, tajantemente, tanto el matrimonio homosexual cuanto la adopción por parejas del mismo sexo. La batalla legal recién empieza.

Pamela Troya y Gabriela Correa se conocieron en Quito, en enero del 2009. En el 2008, ambas salieron del clóset. En febrero del 2009 ya eran novias. Hace dos años viven juntas y quieren casarse. El pasado 5 de agosto se acercaron hasta el Registro Civil para hacerlo, pero les fue negada dicha solicitud. En Ecuador, por el momento, no pueden hacerlo. Las coarta el artículo 67 de la Constitución, el cual señala que el matrimonio es la unión entre hombre y mujer. El artículo 81 del Código Civil también indica que el matrimonio es un contrato solemne por el cual un hombre y una mujer se unen con el fin de vivir juntos, procrear y auxiliarse mutuamente. Pero ellas impulsan la campaña del matrimonio igualitario, los mismos derechos con los mismos nombres para todos. Y lo hacen desde la práctica.

En un departamento, en el centro norte de Quito, conviven con la hermana y el sobrino de Pamela. Son un ejemplo de las denominadas familias diversas. Plan V tuvo la oportunidad de compartir una jornada junto a ellas y retratar su día a día.

De acuerdo con la Constitución una pareja del mismo sexo no puede contraer matrimonio civil. Pero –en palabras de la activista– la Carta Magna reza que todos los ciudadanos tienen los mismos derechos.

Pamela y Gabriela duermen juntas, como lo haría una pareja común. Para Adén, el niño de la casa, es normal que se traten de mi amor, que se besen, que se expresen su afecto… Ese 14 de agosto él cumplió siete años, por lo que la jornada salió de lo cotidiano. Diana Troya, la madre del pequeño, había preparado un pastel de chocolate para el desayuno. Las tres mujeres se reunieron alrededor de la mesa para cantarle el respectivo cumpleaños feliz.

Entre risas, recuerdan que Adén no había tenido la oportunidad de ver a su mamá con algún novio en casa, por lo cual estaba acostumbrado a la relación de su tía (Pamela) con Gabriela. “Un día vio una escena de telenovela donde un hombre besaba a una mujer, y le pareció extraño… Le expliqué y ahora él sabe de todas las categorías. Él dice ‘a mí me gustan las mujeres’. No tiene prejuicios y sabe que todas las formas de amor son válidas”, cuenta Diana.

Esa anécdota rompe la idea de que los niños que crecen entre parejas homosexuales tendrán tendencia a esa orientación sexual. En ese contexto, Pamela, activista de los derechos LGBTI, comenta que a esa edad, si su sobrino fuera gay, ya tendría manifestaciones. Y expone su experiencia personal. Ella a los cinco años ya sentía una atracción emocional por las mujeres. Pero sólo hasta pasados sus 25 años exploró ese lado de su sexualidad.

Troya tuvo una vida heterosexual, de relaciones estables. Mantuvo una relación durante cuatro años con un hombre. Con él se casó. No repara en afirmar, con el desenfado que la caracteriza, que vivió su lado heterosexual plenamente. Sin embargo, se divorció, no por su orientación sexual, sino porque como pareja ya no tenían nada en común. “Tenía 25 años, estaba divorciada, decidí aceptarme e investigarme. El trabajo me permitió conocer a Gaby”.

Mientras todo esto ocurre, Gabriela asiente y abraza a su novia. La mira como quien admira a la otra persona, no le quita los ojos de encima y corrobora lo dicho.

Pamela se involucró con los movimientos LGBTI cuando fue asesora de la entonces concejala Margarita Carranco. La exvicealcaldesa fue una de las promotoras de la aprobación de la Ordenanza 240, norma que declara a Quito libre de homofobia, además de manifestar que la ciudad debiera generar políticas públicas alrededor del tema de la protección sobre la homosexualidad. “Los activistas la frecuentaban, empecé a entender la dinámica de derechos humanos, invitaban a Carranco a las discotecas gay como muestra de agradecimiento, yo iba, la acompañaba como la asesora heterosexual, gay friendly. Descubrí que era el momento”, cuenta Troya.

De ese modo empezó a frecuentar los bares, el ambiente, y ahí conoció a quien sería su futura compañera.

Gaby toma la palabra y cuenta su parte de la historia. “Cuando nos conocimos con mi amor fue un enero 30 del 2009, fue mi primera pareja. Al comienzo existe recelo, miedo…”.

Y ese temor es parte de lo que ser homosexual significa en una sociedad que no termina de aceptarlo. La pareja hace énfasis en que el individuo no escoge ser homosexual, incluso se niega esa realidad porque la misma sociedad recalca todo el tiempo que está mal.

Eso sucedió con Gabriela cuando su madre se enteró de que era lesbiana. “Mi mamá empezó a sospechar y me preguntó si tenía una relación con Pamela, le dije que sí y ella casi se infarta. Decía que la había defraudado, que no tenía principios ni valores, que era un monstruo, que debía ir a un psicólogo, porque tenía una confusión. Salí de mi casa”.

Eso también se percibe cuando ambas pasean cogidas de las manos por un centro comercial de la Capital. Lo hacen junto a Diana y Adén, pues van en busca de un regalo para el cumpleañero. Las personas las miran con interés, quizá por el despliegue mediático que ya se ha generado en torno a su intento de matrimonio, también porque lucen una camiseta blanca donde está estampado un corazón con el lema Matrimonio igualitario. Las personas las miran de reojo y hay quienes comentan “ellas son las chicas que se quieren casar”. Precisamente parte de la estrategia de la campaña por la igualdad de derechos es la exposición mediática. “Ahora nos toca abrir las puertas de la casa para que sepan que no chupamos sangre, no guardamos niños escondidos, es horrible que se asocie la homosexualidad con la pedofilia…”, comenta Troya.

Todo este momento representa lo que ellas definen como un nuevo despertar en sus vidas, pues fue un aprendizaje en todo. “En el tema sexual era la primera vez para ambas, empezamos a experimentar porque era un tema integral, nuestra sexualidad se vivió con el amor. Mi amor me decía ‘paso a paso, primero la manito'”, confiesa Pamela entre risas.

“Mi mamá empezó a sospechar y me preguntó si tenía una relación con Pamela, le dije que sí y ella casi se infarta. Decía que la había defraudado, que no tenía principios ni valores, que era un monstruo, que debía ir a un psicólogo, porque tenía una confusión. Salí de mi casa”.

Y la decisión del matrimonio llegó cuando Gabriela insistía para que se casen en Argentina, como una cuestión simbólica. Además, optar en Ecuador por la unión de hecho no representaba los mismos beneficios que supone el matrimonio civil. Pamela lo ejemplifica con un caso particular: “sé de una pareja lésbica donde una de ellas tiene seguro. Si estuviera casada eso se extendería hasta su cónyuge, pero ellas tienen unión de hecho, lo cual según la Constitución garantizaría los mismos derechos, bajo esa lógica ella pensó en hacer extensivo su seguro, lo solicitó a su empleador y el sistema informático del IESS arrojó que no puede registrar una pareja del mismo género. Se acabó el derecho”.

De acuerdo con la Constitución una pareja del mismo sexo no puede contraer matrimonio civil. Pero –en palabras de la activista– la Carta Magna reza que todos los ciudadanos tienen los mismos derechos, que nadie puede ser discriminado; pero sí discriminan a los homosexuales, y ellas no pretenden reformarla; sino quieren–precisamente– que se cumpla lo que dicta la norma. Para eso las asesora el constitucionalista Ramiro García.

Luego de que el Registro Civil les negó la solicitud de matrimonio, el pasado 13 de agosto la pareja presentó en la sala de sorteos de la Función Judicial la acción de protección cuyo objetivo es solicitar que se interprete el artículo 67 de la Constitución que reconoce la familia en sus diversos tipos. El trámite recayó en la unidad 3ª de la Niñez y la Adolescencia de Pichincha. La meta es llegar hasta la Corte Constitucional y hacer efectiva su solicitud. “La acción pasará a un juez, nos la negará, pasará a la corte provincial, nos la negará, luego emprenderemos la acción extraordinaria de protección, dirigida directamente a la Corte Constitucional, ahí no se tiene que modificar, sino interpretar el artículo bajo la integralidad de la Constitución, documento que garantiza que nadie puede ser discriminado por razones de orientación sexual e identidad de género”, explica Pamela. Además, es crítica al manifestar que en el país la gente no te dice los homosexuales no tienen derecho: “cuando les conviene sí quieren abrir la Constitución, ahí sí es perfectible, pero cuando hablamos de prejuicios dicen que no”.

Adén escucha mientras su tía habla del tema. También lo hacen Diana y Gabriela. Cuando se les pregunta cómo imaginan su matrimonio dicen que será un acontecimiento mediático, aún no piensan en detalles, pero están seguras de que cuando firmen su acta de matrimonio las acompañarán los colectivos y los activistas que hicieron que eso fuera posible.

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