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2 de Marzo del 2020
Historias
Lectura: 11 minutos
2 de Marzo del 2020
Redacción Plan V
La prensa nicaragüense y el retrato de la lucha contra el régimen Ortega-Murillo
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El pueblo nicaragüense se levantó desde abril del 2018 en contra del gobierno sandinista. Foto: Confidencial

 

Más de 320 muertos, asesinados por las fuerza pública y paramilitar, miles de heridos y mutilados y cien mil exilados son las cifras que muestra la oposición de Nicaragua al régimen Ortega-Murillo. Plan V fue parte del jurado internacional en el premio nacional de periodismo Pedro Joaquín Chamorro, en Managua.

Laureano, el hijo de Daniel Ortega y Rosario Murillo, presidente y vicepresidente de Nicaragua, es cantante de ópera, director de la Fundación Incanto, que promociona sus actuaciones, y también es director de ProNicaragua, instituto estatal que financió sus presentaciones. Se podrá decir que Nicaragua es una hacienda de propiedad de la pareja presidencial, y el dinero público es plata para su propia promoción artística; la de Laureano Ortega Murillo, empeñado en convertirse en cantante de ópera internacional, pero con fondos públicos.  Esta historia fue investigada y publicada por periodistas nicaragüenses, del portal articulo66.com y ganó el premio nacional de periodismo Joaquín Chamorro Cardenal, 2020, en la categoría Gobernanza y Transparencia Pública. Una serie de tres entregas en las cuales los reporteros, en las peores condiciones de trabajo posibles, investigaron y demostraron lo dicho.


La pareja presidencial durante el matrimonio de uno de sus hijos.

No solo sucede eso en la Nicaragua de hoy, sino tambien se viven los impactos de las masacres del 2018, cuando una insurrección liderada por estudiantes, en abril, puso en jaque al gobierno Ortega-Murillo y a su fuerza pública. El resultado fue de más de 328 asesinados por el régimen, la mayoría de ellos estudiantes.  Las jornadas del 2019 y la impunidad del 2019 marcaron los mejores trabajos de investigación en la Categoría de Derechos Humanos. Jornadas sangrientas, una de las cuales, la del Día de las Madres, marcó la vida de muchas mujeres que nunca se esperaron que policías y militares dispararan en su contra durante una marcha. El trabajo de rigurosa recosntrucción de estos hechos fue realizado por el joven reportero Wilfredo Miranda, y presentado en el portal Confidencial, bajo el título: Las madres que se volvieron Madres de Abril. Su historia comienza así:

Josefa Esterlina Meza escogió un color de vestuario poco habitual para la celebración del día de las madres en Nicaragua: El negro. Cambió el tradicional rojo vivo de los 30 de mayo por esa impenetrable tonalidad asociada a la muerte y sus ritos. Decidió vestirse de luto por solidaridad con otras mujeres que, a esa fecha de 2018, acababan de conformar el movimiento “Madres de Abril’, con el fin de exigir justicia por los asesinatos de sus hijos a manos de policías y paramilitares obedientes al Gobierno de Daniel Ortega. Josefa sentía pena y alivio a la vez. A decir verdad, más alivio que pena por no ser una madre de abril.

La mujer, de cierta manera, se sentía afortunada de poder almorzar pescado frito ese día con sus dos hijos. Esa comida era la manera de celebrar con reservas el Día de las Madres, porque la represión desatada el 18 de abril signó la festividad de tristeza y desgracia en Nicaragua. La familia de Josefa estaba indignada y habían acordado participar en la “marcha de las madres”. Jonathan, el hijo mayor, no quiso comer. Prefería devorar el pescado rebosante en aceite al volver de la protesta.

Dos grandes reportajes que mostraron la situación que vive hoy el país de los poetas y volcanes. La muerte del cura poeta Ernesto Cardenal, primer ministro de Cultura del gobierno revolucionario sandinista, puso de nuevo al país a mirar de dónde viene. Días antes se había dado la ceremonia de la entrega de los premios nacionales de periodismo, Joaquín Chamorro. Este fue el fundador y director del diario La Prensa, torturado y asesinado por la dictadura de Somoza. Su viuda, Violeta Barrios, fue presidenta de Nicaragua, entre 1990 y 1994. La impensada victoria de la heredera del legado de Joaquín Chamorro, fue la expresión del cansancio del pueblo nicaragüense luego de tanta guerra civil, que no paró con la llegada al poder del Frente Sandinista y sus nueve comandantes, que gobernó por diez años desde 1979 y que perdieron en elecciones libres y democráticas. Luego se sucedieron dos gobiernos del lado liberal, todos ellos corruptos y Ortega y el FSLN recuparon el gobierno, desde el 2007 hasta la fecha; terminaría su tercer mandato en el 2022. Quince años en total.


Carlos Fernando Chamorro, director de Confidencial, diario de la prensa nicaragüense. Foto: Fundación Gabo

Carlos, que había sido periodista sandinista, director de Barricada, se convirtió en un incordio para la deriva autoritaria y corrupta del comandante Daniel Ortega.


Cristiana Chamorro, otra hija de Pedro Joaquín Chamorro, dirige la Fundación Violeta Barrios. Foto: E&N

Los organismos de derechos humanos y del Sistema Interamericano y de las Naciones Unidas, han denunciado al gobierno de Nicaragua como una brutal dictadura, sobre todo luego de la represión del 2018. No solo contra la vida de las personas, sino contra el ejercicio de la libertad de prensa y de expresión. La Fundación Violeta Barrios de Chamorro ha contabilizado desde el 18 de abril de 2018 hasta el 25 de febrero de 2020, al menos 2075 violaciones a la libertad de prensa. En lo que va del 2020 se han registrado 72 nuevos ataques a periodistas. Las agresiones incluyen el asesinato de un reportero y la incautación  de 100x100 noticias, un canal de noticias continuas en señal de cable, y la prisión por seis meses de su director Miguel Mora. También la incautación y destrucción del diario Confidencial, y la salida al exilio de su director Carlos Chamorro, quien retornó a su país luego de estar varios meses en Costa Rica, como otros 70 periodistas y miles de nicaragüenses. 

Chamorro, en un reciente artículo de Confidencial.com, donde articulaba la situación de la prensa nicaragüense y del pueblo nica, dijo que "el régimen que entró en crisis el 18 de abril de 2018 es el acumulado de más de doce años de poder autoritario, en que Ortega descarriló la transición democrática iniciada en 1990, y consolidó una dictadura que concentra todos los resortes del poder: el Parlamento, el Poder Judicial, el Consejo Supremo Electoral, la Contraloría, la Fiscalía, la Policía y el Ejército.

Como parte de su estrategia de control de la prensa, Ortega mantuvo una campaña permanente de intimidación contra medios y periodistas, bloqueando el acceso a la información pública, mientras creaba su propio aparato de propaganda.


Masacre en Nicaragua. Las madres llevaron los cadáveres de sus hijos en la insurrección de abril del 2018. Luego, en el Día de la Madre, el 30 de mayo, también fueron asesinadas. Foto: Confidencial

"Desde su retorno al gobierno en 2007, Ortega alternó la represión con la cooptación política y los fraudes electorales para someter a la oposición y debilitar a la sociedad civil democrática, y a partir de 2009 forjó una alianza corporativista con los grandes empresarios que brindó estabilidad económica y legitimidad política a su régimen autoritario, sin democracia ni transparencia. Con el soporte del flujo millonario de los petrodólares venezolanos y una política social asistencialista, consolidó su base de apoyo y se reeligió de forma inconstitucional, primero en 2011, y después en 2016, tras eliminar al último partido de oposición parlamentaria de la competencia política". 

"Como parte de su estrategia de control de la prensa, Ortega mantuvo una campaña permanente de intimidación contra medios y periodistas, bloqueando el acceso a la información pública, mientras creaba su propio aparato de propaganda, un consorcio privado de canales de televisión, radioemisoras y productoras audiovisuales, financiado con los recursos del Estado. Sin embargo, toleró la existencia de una prensa crítica de la corrupción y las violaciones a los derechos humanos, en la medida en que no enfrentaba una oposición que amenazara su poder.

"En Confidencial.com, por ejemplo, investigamos y documentamos la desviación millonaria de los fondos de la cooperación estatal venezolana hacia los negocios privados controlados por la familia presidencial, así como la megaestafa del proyecto del canal interoceánico. Pero ninguna instancia estatal se atrevió a realizar alguna investigación sobre estos actos de corrupción y las violaciones a la ley y los derechos humanos.

"Las investigaciones de la prensa independiente, por lo tanto, no tenían consecuencias inmediatas bajo un régimen autoritario".

De acuerdo al testimonio de Chamorro, en el 2017, Ortega inició su tercer período de Gobierno consecutivo, sin oposición y con su esposa Rosario Murillo como vicepresidenta, teniendo el camino despejado para entronizar una dictadura dinástica. Esta aparente fortaleza política se derrumbó el 18 de abril de 2018, cuando estalló sin aviso la insurrección cívica.

La chispa de la protesta fue el decreto de reformas a la Seguridad Social que aumentó las cotizaciones patronales y laborales, gravando las pensiones. El detonante que provocó una rebelión nacional en demanda de libertad, justicia, y elecciones libres, fue el rechazo a la brutalidad de la represión.

A través de marchas masivas, barricadas en las ciudades, y "tranques" en las carreteras, la insurrección cívica demandó la salida de Ortega y Murillo del poder y la convocatoria a nuevas elecciones libres. Pero en la primera semana de represión, se produjeron más de cincuenta muertos en una orgía de violencia represiva que no se detendría durante al menos 100 días, en el peor baño de sangre de la historia de Nicaragua en tiempos de paz.

A partir de la Rebelión de Abril, una dictadura institucional de corte familiar se convirtió en una dictadura sangrienta, señalada por organismos internacionales de derechos humanos por crímenes de lesa humanidad, el asesinato de más de 300 ciudadanos, miles de heridos y 100 000 exiliados. Un régimen diseñado para gobernar sin oposición, colapsó al perder el monopolio de las calles y se aferró a la violencia policial y paramilitar para mantenerse en el poder.

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