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4 de Febrero del 2020
Historias
Lectura: 15 minutos
4 de Febrero del 2020
Susana Morán
La violencia marca la vida de las mujeres que abandonan a sus hijos
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Imagen referencial. Fotomontaje: PlanV

 

El abandono de una bebé en Ambato puso en la vitrina mediática a su madre. Pero las mujeres que cometen estos actos, por lo general, han vivido agresiones sexuales y provienen de familias de escasos recursos. 30 personas han sido procesadas por abandono en los últimos tres años en Ecuador.

Alexandra tiene 23 años. Es de escasos recursos. Vivía sola en un cuarto en el sector de La Península, en Ambato. Trabajaba como costurera. Es madre de un menor y en enero pasado decidió abandonar a su última hija: una bebé de 15 días de nacida. La niña fue hallada en la quebrada de Lancón, en la subida a Quisapincha, en Ambato. Estaba cubierta de gusanos, sobre todo en sus ojos y vías respiratorias. Vivió pocas horas más después de haber sido encontrada. Le dio un paro respiratorio mientras era atendida en el hospital.

La Policía empezó a buscar a la madre que habría cometido el abandono, un delito que está penado en Ecuador. Un jefe policial dijo que la madre de la menor la botó en los matorrales para que, supuestamente, nadie la vea. Un médico contó en rueda de prensa que la situación de la niña consternó al personal médico del hospital por las larvas que hallaron en su cuerpo. Otras madres hablaron en los reportajes que hicieron los canales de TV: ‘abandonar a un niño es no tener sentimientos’, ‘si no quieren embarazos usen métodos anticonceptivos’. En redes sociales se exigió la máxima sanción contra la joven madre y hubo quien pidió hasta su decapitación.

Los uniformados detuvieron a Alexandra en un hospital de Ambato y llevada a prisión. Ella llegó a la casa de salud después de que su padre llamara al ECU 911. Su progenitor la vio desorientada y en estado de shock. La mujer habría abandonado a la bebé el viernes 17 de enero pasado. En su versión, Alexandra dijo que la dejó hacia las 18:00. Después de que empezara a circular la noticia de la bebé abandonada, el hermano de la joven mencionó a su madre que piensa que es la niña de Alexandra. Madre y padre empezaron a buscar, cada uno por su lado, a su hija.

Los padres de Alexandra están divorciados. Ella se separó de su familia hace un año y casi no tenía contacto con sus progenitores. Tras la noticia de la bebé, solo se lograron comunicar con Alexandra por un chat de Facebook. Su madre le exigió una fotografía de la bebé, pero la mujer no pudo enviársela. “Nunca quise que se muriera”, le dijo y le pidió perdón.


Momento en que fue rescatada la bebé de la quebrada de Lancón, en la subida a Quisapincha. Foto: El Heraldo

Alexandra es madre soltera. Su primer niño está bajo la responsabilidad de su abuela. Vivía sola y se dedicaba a la costura.  Fue detenida en el hospital donde era atendida por su estado de shock.

La imagen de la joven fue lo primero que se puso en duda. Según las versiones que tiene la Fiscalía, Alexandra aparece en unas fotografías tomadas ese fin de semana donde supuestamente estaba tomando alcohol tras dejar a la bebé en la quebrada. De ahí salió la noticia de que había sido drogada con escopolamina. Pero la fiscal Mabel Díaz dice que esas declaraciones están en investigación.

Alexandra dio a luz en el Hospital Docente Ambato. Su padre es guardia del lugar. Él se enteró del embarazo una semana antes del parto. Sus familiares consiguieron ropa para la recién nacida. Cuando ella salió del hospital, su padre la llevó a Mocha, donde él vivía, para cuidar a su nieta, según la declaración que dio a la Fiscalía. Un día Alexandra volvió a Ambato para una atención médica a la menor, pero no fue atendida. En ese momento, la joven dijo a su padre que prefería quedarse con la bebé en su cuarto en Ambato. El padre la vio por última vez el 13 de enero, cuatro días antes del abandono. Alexandra es madre soltera. Su primer niño está bajo la responsabilidad de su abuela.

En la audiencia de formulación de cargos, la Fiscalía presentó el parte de la Dinapen, la policía especializada en menores, y de la Dinased, la policía que se encarga de investigar muertes violentas. Los investigadores judiciales llevaron las historias clínicas de Alexandra y de la bebé y el estado clínico de la joven cuando llegó al hospital tras el abandono. Alexandra se enfrenta a penas entre 16 y 19 años, que es la sanción más grave por abandono porque en este caso hubo muerte.

La fiscal Díaz contó a Plan V que se ha dispuesto pericias sicológicas y de entorno social. Aún se desconoce si Alexandra sufrió algún tipo de violencia. Mientras tanto, la Fiscalía tiene la versión de quien presume era el padre de la bebé. Él dijo que no sabía nada del hecho, que con Alexandra tuvo una relación entre marzo y abril del año pasado. Y desde entonces, supuestamente, perdieron contacto.

Mujeres que abandonan, las más juzgadas

En el 2017 se registró el último proceso contra una persona por abandono con muerte. Sucedió en Guayas. Desde ese año hasta el 2019, hubo 36 causas ingresadas por abandono de personas, de las cuales 30 llegaron a un proceso judicial; 29 personas fueron acusadas por abandono, lo que implicó sanciones entre uno y tres años. Manabí fue la provincia donde hubo más de estas denuncias en los últimos tres años: 8 en total. Esas son cifras del Consejo de la Judicatura, cuya base no registra las causas por género ni por edad, lo que hace más difícil el análisis sobre el abandono de personas en Ecuador.

Pero a la organización Surkuna, que da asistencia legal, han llegado diversos casos donde mujeres han sido judicializadas por abandono, aborto o por muerte del recién nacido. Uno de esos casos fue el de Rosana*. Ocurrió en Riobamba, en 2019. Ella tuvo a su segundo hijo sola en una casa, sin asistencia médica. A los cinco días del nacimiento, la mujer de 20 años se quedó dormida dando de lactar al bebé. Al despertar, el niño estaba morado. Buscó reanimarlo dándole respiración de boca a boca, pero no lo logró. Pero nadie le creyó esa versión. Rosana salió de su casa con el niño muerto y lo dejó dentro de una bolsa en una tienda de abarrotes. El bebé estaba fajado. La señalaron por no llevar al bebé pronto al médico. La declararon culpable porque al ser un bebé y al ser ella la única en el lugar, ¿quién más le podía hacer daño?, fue la reflexión de la justicia. Lo de la faja también fue cuestionado. Su defensa llevó una perita antropológica que explicó que el uso de la faja era una expresión de amor y parte de una cosmovisión cultural indígena.

Una perito dijo en la audiencia que el tras el parto, Rosana presentó fiebre lo que pudo ser producto de una infección. “La fiebre puede llevar a delirios, desmayos, desorientación, taquicardia, sudoración excesiva e incluso pérdida de conciencia y desmayo”, dijo la perita. Pero los jueces reflexionaron así: “¿Cómo se determina si la procesada tuvo la intención de matar o solamente la intención de lesionar a su hijo? La respuesta es lógica ya que el sujeto pasivo a la fecha de los hechos tenía 4 días de nacido, es decir por su condición era indefenso, ante la acción ejecutada”. Rosana fue sentenciada a 14 años de cárcel. Pero ella había sido víctima de abuso sexual.

Ana Cristina Vera, de Surkuna, explica que en estos casos casi nunca se analiza el contexto de las procesadas. De su experiencia como abogada, las mujeres que cometen estos actos son pobres, con bajo nivel educativo o no están conscientes del embarazo. Ese fue el caso de Rosana, quien no se cuidó porque no sabía que estaba en esa condición. También son mujeres con nulas redes de apoyo familiar o de amigos. Están solas y tienen una salud física y mental compleja. A esto se suma que los operadores judiciales se basan en estereotipos para juzgarlas. Pero sobre todo estas mujeres han vivido episodios de violencia muy fuertes.

"Existe una exaltación de la maternidad como algo deseable para toda mujer y algo que hace feliz a toda mujer, incluso si ha sido violada debe agradecer por esa maternidad", Ana Cristina Vera, de Surkuna. 

Fue el caso de Jenny*, quien fue condenada a 34 años y seis meses de cárcel por asesinato en 2015, en Riobamba. La versión de la Fiscalía fue la siguiente: “llevó a su hijo (...), hasta el canal de riego de los Álamos y estando despierto procedió a arrojarle al canal, viendo cómo su hijo se estaba hundiendo sin que haga acto alguno para sacarlo, lo que es peor no dio aviso a ninguna persona, para posterior irse a Guamote con su novio, es más la procesada se inventó otros hechos para ocultar el terrible acto cometido (sic)”. El niño tenía dos años y seis meses

Jenny había sido víctima de violencia sexual y el niño fue producto de esos abusos. Ella en un momento de rabia botó al menor. “Lo que tú miras es cómo este acto final de una mujer es la consecuencia de una serie de negligencias alrededor de su vida”, afirma Vera. Es decir, no tuvo apoyo sicológico para trabajar la violencia que sufrió. Además vivió con su agresor y su madre en la misma casa. Jenny es una joven indígena, que fue abusada y golpeada por su padrastro desde los 12 años. La adolescente cuidó a sus tres hermanos menores y asumió desde pequeña la responsabilidad de mantenerlos. En una frase, Jenny explicó al tribunal la razón por la que abandonó a su niño: “Yo le hice así a mi hijo, yo no quería que sufra como yo he sufrido y si él seguía sufriendo hasta el día que yo entré presa (sic)”.  La defensa dijo en el juicio que tuvo que pedir en tres ocasiones que se le realice una valoración psiquiátrica a Jenny, pero la Fiscalía no lo hizo. Con la apelación se logró disminuir la sentencia a 14 años.

Todo lo que rompe el destino materno está condenado, opina Vera. “Por eso en esta sociedad es muy fuerte la postura contra el aborto, por ejemplo. Existe una exaltación de la maternidad como algo deseable para toda mujer y algo que hace feliz a toda mujer, incluso si ha sido violada debe agradecer por esa maternidad. La maternidad es concebida como la máximo en la vida de las mujeres y además lo cura todo. Siempre que rompe una mujer el mandato materno existe un montón de críticas sobre ella. Esto se ve en diversos contextos. Por ejemplo, el odio a lo lésbico tiene que ver con la ruptura del mandato heterosexual y la ruptura del mandato materno reproductivo. En ese caso están también las mujeres que no quieren ser mamás, quienes siempre son cuestionadas o puestas en duda. Las mujeres que deciden hacerse un aborto llevan una gran carga social de culpa”.

A la madre la hacen culpable de las muertes, incluso cuando ellas no ha hecho nada. Por ejemplo, Surkuna ha tenido casos de muertes fetales sin que la mujer lo haya provocado. Se las denuncia por no haber ido a los controles prenatales y aunque sus casos no han avanzado en la justicia, Surkuna ha registrado la intención de la Fiscalía y hasta de las familias de procesarlas. Otro caso fue el de una adolescente de 18 años que tuvo un parto temprano en el baño de su casa. Todas las pruebas confirmaban que ella no hizo nada. Pero le abrieron una investigación previa por homicidio culposo en el 2015. En Ambato, se acusó a una partera y a una madre por la muerte del bebé en el parto. Fueron procesadas también por homicidio culposo. Uno de los argumentos de Fiscalía contra la madre fue que ella no hizo lo suficiente para cuidar al niño y que fue su negligencia que el parto salga mal.

En otro caso, Vera recuerda que la Fiscalía insistió fuertemente a la Defensoría Pública para que designara un abogado para un no nacido. También las mujeres han sido denunciados por médicos cuando éstas han acudido a un centro para practicarse un aborto porque su vida estaba en riesgo. Pese a que ese tipo de aborto es legal en Ecuador. Esto tiene un explicación para la experta: la sociedad, sin analizar los contextos por lo general violentos, siempre señalará a las mujeres que no se sacrifican lo suficiente para cuidar a sus niños.

*Nombres ficticios para mantener en el anonimato la identidad de las mujeres. 

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