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17 de Septiembre del 2018
Historias
Lectura: 16 minutos
17 de Septiembre del 2018
Redacción Plan V
La xenofobia en la memoria de los colombianos en Ecuador

Foto: PlanV

El año pasado, en un hotel del norte de Quito, hubo una jornada de atención que para víctimas del conflicto armado colombiano.

 

Una reciente publicación del Centro Nacional de Memoria Histórica de Bogotá recoge decenas de testimonios de refugiados en el país. En los relatos se evidencian episodios de discriminación, xenofobia, revictimización y estigmatización contra los colombianos que huyeron del conflicto armado. En Ecuador, de los 63.132 personas con estatus de refugio, el 98,19% es de Colombia.

“Hay ese estigma de que nosotras las mujeres colombianas venimos a prostituirnos y que no sabemos hacer nada, que venimos a quitarles maridos. Ese es el estigma que se tiene de las colombianas que venimos acá y a mí me ha pasado también. Por ejemplo, cuando se va arrendar casas te dicen: “No, a colombianas no”. O también la forma de discriminación que he sufrido es que te dicen: “Te ayudo, pero dame tu cuerpo”. A veces, si uno no tiene con qué pagar te dicen: “Dame tu cuerpo, igual está bien”. Es muy fuerte. Hay cosas que no se dicen, que se callan, pero creo que la mayoría de mujeres que llegan viven esa necesidad y más mujeres cabeza de familia les toca pasar por esa situación”.

El libro de 388 publicado en agosto pasado dedica un capítulo al exilio de los colombianos en Ecuador. 

El relato pertenece a una mujer adulta afrodescendiente colombiana que vive en San Lorenzo, frontera con Colombia. Su testimonio es uno más de las decenas de historias que existen en el libro “Exilio colombiano: Huellas del conflicto armado más allá de las fronteras”, publicado en agosto pasado por el Centro Nacional de Memoria Histórica de Bogotá.  Es un trabajo que busca documentar uno de los rostros más difíciles del conflicto armado: el éxodo de miles de colombianos que huyeron (y siguen huyendo) de un conflicto de décadas.

Ecuador acogió a las víctimas colombianas y se convirtió en el país con más refugiados reconocidos de América Latina y el Caribe. Así lo confirman recientes cifras publicadas por la Cancillería ecuatoriana. Ecuador ha dado refugio a 63.132 personas de más de 70 países, de las cuales el 98,19% es de Colombia. Según el reporte histórico, el año que Ecuador otorgó más refugios fue el 2009 cuando se registraron a 22.881 ciudadanos colombianos, lo que representa el 36% del total de registros desde 1989.

Los exiliados en el Ecuador provenían de casi toda la geografía colombiana, no solo de las regiones fronterizas. Abarcar sus memorias supone encontrar en sus relatos puntos comunes en la experiencia de llegar a una “casa ajena” llamada Ecuador.

Justamente el libro recuerda que entre 2009 y 2010 el Ecuador puso en marcha el denominado registro ampliado, que fue calificada por la Acnur en el 2010 como una “operación sin precedentes” y “pionero en América Latina”. Consistió en el desplazamiento de brigadas móviles de registro y documentación a las áreas de frontera norte con mayor concentración de población refugiada como fueron Esmeraldas. Sucumbíos, Orellana, Carchi e Imbabura. Se enfocó en la población exiliada que no podía volver a Colombia por el riesgo de perder su vida, su libertad o seguridad. Pero no todos los peticionarios obtuvieron el beneficio.

La llegada masiva de colombianos comenzó en el 2000 cuando el conflicto se recrudeció en el país vecino. El libro menciona una de las principales razones fueron las operaciones del Ejército colombiano contra el Bloque Sur de las FARC, que provocaron grandes repercusiones en territorio ecuatoriano. “Por un lado, las acciones militares desplegadas en las retaguardias históricas del grupo guerrillero, junto con las fumigaciones aéreas contra cultivos de uso ilícito en las zonas de frontera, llevaron a un aumento exponencial en los desplazamientos transfronterizos de población colombiana. Por otro lado, las acciones de la lucha contrainsurgente provocaron un aumento en la instalación de bases y campamentos clandestinos de la guerrilla en suelo ecuatoriano”.

Según Acnur, en el 2007, las personas en necesidad de protección internacional que había en el Ecuador llegaban a un estimado de 135.000 personas, de las cuales la gran mayoría carecían de una visa y que se “mantenían invisibles” por la falta de recursos y de confianza en los centros de registro.


Grupo Familiar Colombiano forzado a abandonar el país. Ilustración de Heidy González Suárez del libro Exilio Colombiano, huellas del conflicto armado más alla de las fronteras.

En el libro se recoge testimonios que dibujan esos días cuando la llegada masiva de refugiados desbordaba la capacidad de respuestas de las instituciones nacionales e internacionales. “Ante este escenario, tomaron conciencia de la compleja realidad que tuvieron que afrontar al llegar a aquellos lugares que, por encontrarse en zonas fronterizas, han estado históricamente abandonados por el Estado ecuatoriano”.

Aunque este proceso de registro ampliado fue alabado por organizaciones internacionales, casa adentro los refugiados colombianos sufrieron traspasos, entre ellos la xenofobia, el racismo, los imaginarios sobre los inmigrantes, el sexismo y la discriminación de género, entre otros, como reseña el documento.

“Yo muchas veces decía, nosotros aquí no vinimos porque queríamos, ni por asistencialismo, ni para que nos dieran un alimento. Somos personas que de donde veníamos éramos muy productivas”, mujer adulta afrocolombiana, exiliada en el Ecuador.

La discriminación existe. Es algo que también marca porque es ya doble victimización: las mujeres negras, las mujeres indígenas son muy marcadas en el Ecuador. Entonces hay discriminación, tanto con hombres y con mujeres. Las mujeres son prostitutas, los hombres son bandidos o ladrones”, dijo una mujer adulta afrodescendiente en uno de los talleres de memoria realizados para esta investigación.

Uno de los puntos que destaca el libro es que en los momentos de tensiones diplomáticas entre Ecuador y Colombia como (uno de los momentos más graves fue el ataque a Angostura el 1 de marzo de 2008) algunas declaraciones polémicas que se difundían por los medios de comunicación revivían estereotipos contra este grupo: “narcotraficantes”, “paramilitares”, “guerrilleros” o “sicarios” para los hombres y “prostitutas” o “quita maridos” para las mujeres. El libro señala que estos estereotipos los afectó en su vida cotidiana, en sus espacios laborales y educativos.

La publicación además recoge testimonios de ciudadanos afrodescendientes del vecino país que han sido víctimas de discriminación en zonas fronterizas donde la población ecuatoriana también es predominantemente afrodescendiente, aunque comparten historia y muchas veces los mismos apellidos. Simplemente por su nacionalidad. “A pesar de que tú los ves y a primera vista son idénticos, al saber la nacionalidad comienza el problema”, dijo a los investigadores un miembro del equipo de Asistencia Legal del Consejo Noruego para Refugiados.

Pero además hubo revictimización. En el documento se narra que en un contexto adverso de discriminación, población colombiana exiliada afrontó “situaciones que los obligaban a recordar los hechos de violencia que muchos creían se habían quedado en Colombia (...) Ser estigmatizadas y creer que hacían parte de los grupos armados, eran experiencias traumatizantes, porque las confundían con los victimarios que las llevaron al exilio”.


Combatiente de un grupo armado ilegal en la frontera colombo-ecuatoriana. Ilustración del libro Exilio Colombiano, huellas del conflicto armado más alla de las fronteras. Ilustración: Heidy González Suárez

Otro de los problemas que señalan fue la falta de oportunidades laborales. Al llegar al país con pocos recursos y en un proceso de rehacer su vida, muchas mujeres colombianas recurrieron a las ventas ambulantes, al cuidado de menores de edad o personas de tercera edad, labores domésticas y en algunos casos, a ejercer la prostitución para sobrevivir. “Es triste que tú vengas corriendo y huyendo de un conflicto armado y ahora también tenerle que huir a la policía porque no permiten vendedores ambulantes. Uno piensa, venimos de la guerra y ahora nos toca enfrentar esto para darle el pan de cada día a nuestros hijos”,  fue uno de los testimonios. Los exiliados colombianos consideran al Ecuador como un país tranquilo en comparación a Colombia, pero la falta de trabaja ha marcado su proceso de integración.


El 2,54% de los refugiados colombianos se encuentra en San Lorenzo, según la Cancillería.  Foto: Archivo Plan V

“Yo soy una refugiada más en el país de Ecuador. Yo soy una de las que digo, dios bendiga a ese país a pesar de los errores. Cuando yo salí corriendo de Colombia este país fue él que me abrió las puertas para entrar”, mujer adulta mayor afrocolombiana.

El libro es un documento testimonial de la crudeza que significa salir de un país por miedo. “La única opción que nos tocó, o que nos quedó, fue salir del país. Nosotros estábamos tan ciegos y con tanto susto. A nosotros lo único que nos interesaba era resguardar nuestras vidas y ya. No tuvimos tiempo de mirar qué pasaba allá”, contró otra mujer en un taller de memorias en Ibarra. Según la investigación, muchos refugiados no tuvieron tiempo para procesar lo que ocurría. Además para la gran mayoría, Ecuador fue su última alternativa para un exilio pues nunca estuvo en sus planes.

Los grupos que llegaron en esa condiciones fueron principalmente personas del campo, con baja escolaridad, muchas veces analfabetas y la gran mayoría mujeres que desconocían de sus derechos. “Venían muy marcados por la violencia, porque recordemos, si bien la violencia en Colombia se ha dado en todos los niveles y en todos los espacios, en todas las geografías, el campo principalmente ha sido el escenario de guerra”, manifestó un miembro del equipo de Asistencia Legal del Consejo Noruego para Refugiados a los autores.

El silencio es otra marca del exilio colombiano como lo relata una mujer adulta afrocolombiana: “En Colombia no contábamos nuestras historias por miedo, por recelos, por desconfianza. Entonces, todo esto dio paso para que las personas que veníamos huyendo, no habláramos. Debido a esto, en su gran mayoría, tenemos cosas adentro que todavía no han aflorado”. En el libro se menciona que los exiliados preferían pasar “inadvertidos y no revelar los detalles de los hechos violentos que forzaron su salida para evitar ser discriminados, rechazados o revictimizados”. Un hombre dijo a los investigadores el contar sus historias requiere de mucha confianza porque temían que esos datos lleguen a oídos de paramilitares, guerrilleros o informantes de la fuerza pública. Tenía miedo de todos. Enterrar su memoria del exilio fue su mecanismo de sobrevivencia, apunta el texto.

Los testimonios evidencia que los primeros días de su arribo a Ecuador, los exiliados colombianos se acercaron a organizaciones humanitarias y eclesiásticas en busca de apoyoen medio de la incertidumbre. “Me acuerdo que llegamos como un lunes y a las 7 de la mañana. Así, como los propios desplazados. Háganse la imagen de once personas con bolsas, con maletas de lo poco que pudimos sacar y de lo que nos regalaron. Éramos mi mamá, mi papá, los niños, todos ahí esperando porque uno no sabe qué hacer”, narró una mujer adulta, exiliada en el Ecuador, representante de las víctimas colombianas en Ibarra durante un taller de memoria.


Grupo de adultos afrocolombianos exiliados. San Lorenzo, Provincia de Esmeraldas, Ecuador 2017. Fotografía: Randolf Laverde Tamayo. Ilustración del libro Exilio Colombiano, huellas del conflicto armado más alla de las fronteras. Ilustración: Heidy González Suárez

Ahora, los refugiados colombianos en Ecuador dicen que la mejor manera de evitar la discriminación es hablar sobre su experiencia con el fin de que la comunidad ecuatoriana entiendan sus problemas. “Se llenan de sentimientos encontrados por el miedo y por lo que dicen los medios, pero realmente no saben nada de nosotros”, dijo un hombre adulto a los investigadores.

“Me negaron el refugio. Cuando me lo negaron me dijeron: “Usted no puede estar aquí. Tiene 15 días para que no esté más y abandone el país”. A mí se me vino un balde de agua fría, porque yo pensé todo lo que me había pasado en Colombia. Mejor dicho, si en ese momento me ponían una bandeja, ahí la llenaba de lágrimas de solo acordarme”, hombre adulto afrocolombiano.

Pero en sus memorias también está episodios positivos en Ecuador, que consideran al país como su segundo hogar, en busca de que se les recuerde como personas trabajadoras que están defendiendo sus derechos. Uno de esos momentos fue el registro ampliado de 2009-201. Sin embargo, el libro recuerda que organizaciones de la sociedad civil consideran que aún este grupo desconocen cómo acceder a sus derechos y los beneficios que les otorgan las leyes de ambos países. Un hombre relató lo siguiente:

“Llegaron en una patrulla un par de policías que parecían honrados y me dijeron: “Muestre su documento”. Yo les presenté mi documento colombiano, a lo que ellos me respondieron: “Su documento para poder permanecer en el Ecuador”. Les conté todo lo que me había pasado y uno de ellos me dijo: “A usted lo vamos a deportar para Colombia”. A lo que yo le respondí: “Amigo, ayúdeme que yo sinceramente no puedo estar en Colombia, si usted me manda a Colombia es como meterme en cuatro tablas”.

Otro hombre, representante de las víctimas colombianas en Pichincha, dijo durante un taller de memoria en Quito, el año pasado que “Nos tocó pasar muchas necesidades y también vimos la doble cara –por decirlo así– de la sociedad aquí; encontramos personas que nos discriminaron muchísimo y otras personas que nos abrieron el corazón, que se convirtieron ahora en parte de nuestra familia. Eso sí que ni lo esperábamos, pero así fue”.

En las decenas de testimonios que resumen la vida de los refugiados colombianos en Ecuador también se nota la decisión de este grupo no depender del Estado ecuatoriano o de tener una oportunidad para valerse por sí mismo. “La gente no quería comida, querían prepararse”, recordó una mujer afrocolombiana en un taller en San Lorenzo. El libro el  “Exilio colombiano: Huellas del conflicto armado más allá de las fronteras” tiene 388 páginas de la cuales alrededor de 30 páginas están dedicadas a las memorias de los colombianos en Ecuador.

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