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20 de Abril del 2016
Historias
Lectura: 10 minutos
20 de Abril del 2016
Desirée Yépez

Periodista. Ha escrito para Revista Vanguardia, La Barra Espaciadora, Diario El Comercio y revista Plan V.

La "Zona Cero" de Portoviejo clama por ayuda

Fotos: Desiree Yépez

Miles de damnificados y desplazados por el terremoto hacen fila para obtener su ración alimenticia en Portoviejo.

 

En la capital de la provincia de Manabí hay varias manzanas en donde no ha sido posible realizar tareas de salvataje por falta de personal y maquinaria. Los principales edificios del centro están en ruinas y se producen saqueos en los almacenes. El Gobierno se instaló en el hotel Oro Verde de Manta.

Llegar desde Manta a Portoviejo, sin embargo de la tragedia, no es complicado. Los taxistas siguen haciendo recorridos normales entre Manta y la capital provincial, y cobran USD 20 por viaje. La gente trata de recuperar la normalidad en la provincia de Manabí, en especial, aquellos que no fueron afectados por el terremoto.


Dos residentes estudian la forma de pasar por un puente colapsado en la vía a Portoviejo: Reuters

Tras pasar la noche en un hotel cercano a la zona del hotel Oro Verde, en donde todavía es posible conseguir alojamiento y alimentación, PLANV viajó hacia Portoviejo, dejando atrás las zonas más dañadas de Manta.

En la torre del hotel Oro Verde hay intensa agitación, pues ahí se  ha instalado el Gobierno y se alojan el presidente Rafael Correa, el vicepresidente Jorge Glas y varios de sus ministros y también algunos rescatistas, en especial, extrajeros, a quienes el hotel de lujo, se dijo, hospeda gratuitamente.

Tras una hora de camino, se empieza a ver personas en las vías pidiendo víveres a quienes se acercan a Portoviejo.

Cuando ven camiones o transportes del Estado, se acercan en busca de agua y alimentos.  A pesar de que el Gobierno ha instalado un albergue en la pista del ex aeropuerto Reales Tamarindos, ahí están ubicadas solo las personas que estaban en zonas de riesgo en Portoviejo. El resto de habitantes sigue en sus casas, a la espera de ayuda oficial.

Zona cero

Pero las mayores muestras de destrucción están en el centro de la ciudad, que está cercado con vallas de la Policía y en donde hay control de la fuerza pública.


La zona cero de Portoviejo, capital provincial, está custodiada. Foto: Cortesía 

El aspecto del centro de Portoviejo  recueda al de la Zona Cero de Nueva York, el pasado 11S. Una nube de polvo flota todavía en las calles principales, por las que unos pocos curiosos se movilizan en bici o a pie.


La falta de maquinaria pesada hace que la recolección de escombros se demore


El proceso de reconstrucción tardará años y nadie se atreve aun a dar una cifra del costo. Fotos: Desireé Yépez

El centro de Portoviejo, donde se alojaba la vida comercial, cívica y hotelera de la ciudad, está en ruidas. Sus principales hoteles y edificios están demolidos. 72 horas después del sacudón de 7,8 grados Richter ya no había esperanza de sacar a nadie con vida. A pesar de ello, hay montones de escombros en donde aún no es posible realizar tareas de salvataje, por estar falta de voluntarios y maquinaria.


Potoviejo trata de recobrar la normalidad. Hay hasta el momento 118 muertos registrados por la Fiscalía General.

Alessandro Franke, voluntario quiteño, explica que en este punto ya solo se realiza remoción de escombros y cadáveres. Él vigilaba la actividad frente a las ruinas del hotel  Cabrera, ubicado en la avenida Pedro Gual, de donde hace pocos minutos habían sacado los restos de su propietario.

Alessandro Franke, voluntario quiteño, explica que en este punto ya solo se realiza remoción de escombros y cadáveres. Él vigilaba la actividad frente a las ruinas del hotel  Cabrera, ubicado en la avenida Pedro Gual, de donde hace pocos minutos habían sacado los restos de su propietario.

Sobre esa avenida también se levantaba el edificio de la administración provincial del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS). Según testigos, la construcción se desplomó en cuestión de segundos y enterró a aproximadamente 30 personas. Hasta la tarde del lunes todavía se escucharon voces suplicando ayuda. Pero para el martes las voces ya se apagaron.

Mucha gente abandona Portoviejo porque el olor a "muerto" ya es insoportable. La temperatura, que supera los 30 grados, también complica la situación y la descomposición de los cadáveres, muchos de los cuales siguen sin ser rescatados.

Las retroexcavadoras no se detienen en su afán de completar las labores de remoción. A pesar del panorama, los testigos que se instalan a observar el trabajo, se emocionan narrando historias que parecen sacadas de alguna película de supervivencia.


Un almacen con la mercaderá afuera, de lo poco que se ha podido rescatar de los miles de locales comerciales destruidos.

Por ejemplo, una de las más comentadas es la del recepcionista de el hotel El Gato, Pablo Córdova, que se salvó de milagro.

Según cuentan los portovejenses, el lunes se iniciaron las labores de limpieza en la infraestructura del hotel de seis pisos, cuando la esposa del recepcionista recibió una llamada desde los escombros.

Su esposo, el recepcionista de fin de semana del lugar, a quien ya habían dado por muerto, la llamó diciendo que necesitaba ayuda, que estaba vivo y escuchaba la intervención de la retroexcavadora. En ese momento se detuvieron los trabajos, se inició el rescate y lograron sacarlo de entre los escombros.

Es un milagro que haya un sobreviviente cuando empiezan las tareas de remoción pues las retroexcavadoras incrementan 20 toneladas de peso a los escombros. Los rescatistas explican que en un día no se terminan las tareas de limpieza de una infraestructura de, por ejemplo, tres pisos. El hierro y la loza que hay que retirar complican los trabajos.


Un edificio de una concesionaria automotriz quedó en escombros.

La situación es compleja para quienes viven en la zona céntrica y por ello  improvisan campamentos en las veredas.  Ahí tienen cocinas, fogones, colchones, en donde conviven en comunidad. También se protegen con plásticos del sol, pues apenas ayer martes llegaron representantes del Gobierno con carpas para “mejorar”, en algo, su situación. Según los afectados, al estar cerca de la zona de acceso restringido se limita la llegada de los donativos. Necesitan comida, agua y medicina para personas de la tercera edad.

Acampando en la pista

El ex aeropuerto de los Reales Tamarindos, cerrado hace algunos años,  funciona como albergue. Ahí hay una clínica móvil operada por la Alcaldía de Machala.

Allí también hay manabitas que  se han instalado afuera de sus viviendas y ruegan por alimentos al primer foráneo que observan. Esto difiere de lo que se vive al interior del albergue improvisado en las instalaciones del ex aeropuerto de los Reales Tamarindos.


Los damnificados fuero agrupados en carpas. Por orden del Presidente se evacuaron incluso a residentes en la zona de riesgo.

Según un rescatista del Cuerpo de Bomberos de Machala, quien trabaja en la zona, el pasado domingo 16 de abril el presidente Rafael Correa dispuso que se evacúe a los portovejenses que habiten en zonas de riesgo y se los reubique. Es así que se colocaron cerca de 30 carpas y colchones para atender a los posibles afectados por el terremoto.

Una de ellas es Cielo Menéndez, de 73 años. Ella abandonó su casa porque tiene cerca a un edificio que está a punto de desplomarse. A pesar del riesgo, dice que volverá pronto a su vivienda.

Cielo Menéndez de 73 años, abandonó su casa porque tiene cerca a un edificio que está a punto de desplomarse. A pesar del riesgo, dice que volverá pronto a su vivienda.

En el albergue ofrecen tres raciones de comida al día, hay baterías sanitarias, servicios de atención médica para emergencias y de tratamiento psicológico. Ahí se concentran también las donaciones que llegan desde otras provincias.

A pesar de los esfuerzos, la entrega de donativos no llega a todos los rincones. Según el vicepresidente Jorge Glas, hasta Manta han llegado 12 000 raciones alimenticias para distribuirse al resto del país. Pero al preguntarle sobre cómo gestionan la entrega a los sitios más afectadas no supo dar más detalles. Solo afirmó que hay puntos de acopio en Manta y en Portoviejo.

De hecho, en los exteriores del ex aeropuerto, cientos de personas hacen fila para recibir donativos. Ahí reciben fundas que incluyen arroz, atún, papel higiénico, galletas...

Quienes no se acercan hasta el punto de acopio, esperan en los exteriores de su casa a que alguien pase y entregue algo. Otros, más audaces, van hasta los escombros de los edificios que hasta hace cuatro días albergaban tiendas de ropa o calzado y de dedican a robar lo que queda de la mercadería.


Se han improvisado dormitorios en las veredas, donde superviven familias enteras.

Por ejemplo la tarde de este martes 19 de abril, un grupo de personas se acercó desesperada a sacar la mercadería que había en la que fuera la tienda del Calzado Muriel, en pleno centro de Portoviejo. Aprovechó el despiste de la Policía para realizar el saqueo. La fuerza pública no pudo detenerlos y ellos salieron corriendo con varios pares de zapatos.

Poco después del mediodía, el equipo de este portal logró volver a Manta, desde cuyo aeropuerto salen vuelos gratuitos de TAME transportando personas y mercancías.

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