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24 de Agosto del 2015
Historias
Lectura: 9 minutos
24 de Agosto del 2015
Juan Jacobo Velasco
“Levántate y anda” o cuando River Plate se convirtió en Lázaro

Los jugadores de River Plate  celebran con el trofeo de campeones de la Copa Libertadores tras vencer a Tigres de México. 

 

El proceso de caída libre al infierno fue doloroso y feroz. Ese drama provocó una reacción en cadena en sus hinchas, que vivieron por varios años en un valle de lágrimas. Esta es la historia del resurgir del emblemático equipo argentino, que se había rezagado en la liga profesional de su país.

El fútbol argentino está plagado de referencias religiosas. Tiene en Maradona a su “d10s”, con feligresía e Iglesia propia, porque cuenta con el halo de la divinidad que otorgan los Mundiales ganados. Tiene en Francisco a un Papa que es fanático acérrimo –como no podía ser de otra manera- de San Lorenzo.

Y cuenta con un Lázaro resucitado en River Plate, uno de los clubes más laureados de Argentina y del continente. Para el conjunto conocido como “millonario”, el triunfo del 5 de agosto fue más que ganar la Copa Libertadores por tercera vez en su historia. Fue, ante todo, revivir la idea de la muerte y resurrección, previo paso por el infierno, en su versión futbolística.

¿Qué es lo que diferencia a Lázaro de un zombi? Intuyo que es la poderosa imagen de la mano en alto de Jesús ordenándole “levántate y anda”. En ese avant-première de lo que le ocurriría en la primera Semana Santa, Jesús despertó a Lázaro de su sueño de muerte con su llamado divino. La imagen de la resurrección es muy potente porque inauguró una religión y el curso de la historia occidental con su AC/DC. Sugiere que se puede acceder al más allá si la gracia divina, previo ajuste de cuentas, concede el pasaporte a la gloria.

En el fútbol, la diferencia entre ser un zombi o un Lázaro la hacen las Copas. Ese fue el caso de River Plate con su cuarto trofeo internacional (si se suman la Sudamericana 2014, la Recopa 2015, y la reciente Copa Soruga) en los últimos doce meses. La del cuadro de la franja sangre era una resurrección futbolística impensable cuando en 2011-2012 descendió a la Segunda Categoría por primera vez en su atildada historia. Al sótano del infierno dantesco lo llevó la traición de sus propios dirigentes.

Con sus malos manejos gatillaron una  pauperización institucional profunda que decantó en el colapso deportivo.

La de los “millonarios” ha sido una historia de resurrección continua. El Lázaro riverplatense se empezó a levantar de la mano de un proyecto en el que participaron varios ex jugadores.

El proceso de caída libre al infierno fue doloroso y feroz. Ese drama provocó una reacción en cadena en sus hinchas, que vivieron por varios años en un valle de lágrimas. Ese tránsito por el dolor abisal quedó personificado por el tano Pasman, con su increíble agonía de puteadas, el día que el descenso se materializó. La degradación hundió a sus hinchas en una humillación  que a toda hora era atizada por la sorna de sus archirrivales de Boca Juniors, que rebautizaron al equipo como “RiBer”.

Desde entonces, la de los “millonarios” ha sido una historia de resurrección continua. El Lázaro riverplatense se empezó a levantar de la mano de un proyecto en el que participaron varios ex jugadores.

Ya sea desde la dirección técnica (Matías Almeyda, Ramón Díaz y Marcelo Gallardo), la gestión deportiva (Enzo Francescoli) o en el campo de juego (Fernando Cavenaghi y  Javier Saviola), el aporte mancomunado dio sus frutos. Con Almeyda volvieron a primera división a mediados de 2012 y con Díaz alcanzaron el campeonato nacional del primer semestre de 2014. Pero el factor clave para los logros internacionales ha sido la dirección técnica de Marcelo Gallardo desde mediados de 2014. El “muñeco” regresó al equipo en el que se formó y conquistó una Libertadores como jugador, después de un paso exitoso como DT del Nacional uruguayo.

Gallardo ha sabido construir a pulso ese envión redentor. Cada logro ha sido una tarea titánica digna de una ascensión. Pero, en lugar de ángeles o nubecitas, este camino vertical ha estado lleno de obreros y andamios. Al equipo del “muñeco” no le ha sobrado el talento que tuvieron los campeones continentales de 1986 -con Alzamendi, el “Beto” Alonso, el “búfalo” Funes y Pumpido- o la inolvidable “banda” de 1996, liderada por Francescoli y secundada por Crespo, Almeyda, Ortega y el mismísimo Gallardo.  Esta versión 2015 es un homenaje al esfuerzo y la mística como hace rato no se había visto en el monumental de Núñez.

La edición de la Libertadores de 2015 retrata la capacidad resiliente de River. En la etapa de grupos, el cuadro “millonario” estuvo a punto de ser eliminado producto de cuatro empates y una derrota que lo tenían compartiendo el último lugar a falta de una fecha. Su clasificación a la siguiente instancia no solo dependía de ganar como local el último partido al San José de Oruro. También tenía que esperar que Tigres (el mismo rival de la final) ya clasificado venciera a Juan Aurich en Perú.

Solo un milagro iba a evitar que River Plate no sufriera nuevamente las burlas de los hinchas de Boca Juniors, cómodamente clasificados en el primer lugar de su grupo.

La tarea era complicada y las probabilidades escasas, amén de que el juego del conjunto de Gallardo había sido mediocre. Solo un milagro iba a evitar que River Plate no sufriera nuevamente las burlas de los hinchas de Boca Juniors, cómodamente clasificados en el primer lugar de su grupo.

El destino se encargó de escribir el guion perfecto. River Plate logró hilar tres tantos contra cero a lo largo de un partido en el que el público y el equipo estaban pendientes de lo que ocurría al mismo tiempo en Perú. El 5-4 con que Tigres finalmente derrotara a Juan Aurich fue una montaña rusa que tuvo a mexicanos y a peruanos alternándose en un marcador que acumuló nueve goles y muchas cardiopatías. Ese resultado también aseguró una edición más de la que es considerada como la experiencia futbolística más intensa del orbe: el clásico River-Boca.

El cruce en octavos de final del superclásico argentino fue una experiencia intensa pero por lo criminal. Luego del 1-0 con que River Plate venciera en el partido de ida como local, mantuvo el cero en el primer tiempo del encuentro de vuelta en la Bombonera. En el reingreso a cancha tras el descanso, varios jugadores de River fueron rociados con gas picante por barras bravas boquenses.

Los jugadores afectados no pudieron seguir jugando por las quemaduras y la visión borrosa que les provocó el gas. El incidente llegó a proporciones bochornosas cuando los jugadores, cuerpo técnico y la hinchada de Boca, durante 4 horas impidieron a sus rivales salir de la cancha. Una vez más, el crimen organizado de las barras bravas goleó al fútbol. Pero esta vez los fanáticos  y los jugadores aplaudieron el espectáculo.

La suspensión del partido y la clasificación posterior revitalizó a River. Como Lázaro tras el hálito divino, en cuartos de final dejó atrás a Cruzeiro (0-1 y 3-0) y en semifinales a Guaraní (2-0 y 1-1).

Todas las llaves eliminatorias fueron jugadas a dentelladas, en una constatación futbolera de que el camino al cielo está lleno de espinas. La final contra Tigres no fue la excepción. Hubo momentos de inspiración individual, varios desaciertos en la definición del contrario, fallos arbitrales que lo favorecieron y, sobre todo, orden en el equipo de Gallardo. La versión 2015 no fue la fuerza técnicamente dominante que enamoró en 1986 y 1996, pero consiguió la misma Copa por el compromiso con su esquema ordenado de juego.

River Plate personificó la promesa de salvación con exactamente el mismo itinerario de viaje con escala infernal y destino celestial.

River Plate personificó la promesa de salvación con exactamente el mismo itinerario de viaje con escala infernal y destino celestial. En 2015 logró revertir un mal inicio para pavimentar un ascenso a la gloria copera del torneo regional más importante. De paso, se aseguró jugar el Mundial de clubes de este año, amén de llevar a millones de sus hinchas a alcanzar el cielo de la redención. Algo mucho más dulce cuando se regresó de la muerte. Pregúntenles a Lázaro y a Jesús. Y, obvio, a los fanáticos de River.

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