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12 de Julio del 2021
Historias
Lectura: 9 minutos
12 de Julio del 2021
Manuel Novik
En lo alto del Ungüí: Andrea Raza y un hito en la educación popular al sur de Quito
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Andrea Raza es docente del Instituto de Investigación, Educación y Promoción Popular del Ecuador a 3100 MSNM . Fotos: Luis Argüello / PlanV

 

Para esta docente en el sector de Chilibulo, la educación no se trata solo sobre dictar un taller. Se trata sobre preocuparse de las vidas de los estudiantes y cultivar su sensibilidad. Su convicción es la de educar en los sectores populares, donde quizás no exista un lucro económico, pero si el convencimiento de que transformar la sociedad por medio de la educación es posible. Un perfil.

Andrea Raza, una quiteña nacida en 1985, lleva la educación en todos los aspectos de su vida. Fue parte de la primera generación de graduados del Instituto de Investigación, Educación y Promoción Popular del Ecuador (INEPE) y hoy es docente en la institución. Sus padres fueron parte del equipo fundador del colegio del sector de Chilibulo, al sur de Quito, en el año en que ella nació.

El cerro Ungüí tiene fiestas tradicionales como la Madre de las Cruces, un encuentro andino-católico. En sus faldas está el INEPE en el barrio La Dolorosa del sector Chilibulo al sur de Quito. 

Cuenta que los inicios del INEPE se dieron en “la casita de chocolate”, un cuarto de adobe prestado en una planta de agua que usaban para alfabetizar a las personas del barrio La Dolorosa. La experiencia de alfabetización en el barrio fue exitosa y así la primera escuela abrió sus puertas. Se asentaron en las faldas del cerro Ungüi, a 3100 metros de altura y con los barrios del sur de Quito a la vista. 

En el inicio no tenían agua potable, luz, alcantarillado, ni baños y para llegar había que recorrer un chaquiñán. Con la llegada del instituto, llegaron también los primeros bachilleres del barrio. Con el tiempo fueron consiguiendo una mayor infraestructura producto de donaciones y de proyectos ganados.


Andrea Raza en la primera escuelita que construyeron en el INEPE, ahí funciona la biblioteca infantil del instituto.

En el inicio no tenían agua potable, luz, alcantarillado, ni baños y para llegar había que recorrer un chaquiñán. Con la llegada del instituto, llegaron también los primeros bachilleres del barrio.

Paulo Freire y la filosofía Suzuki

Con solo 14 años, Andrea formó el primer coro de la escuela. A la par estudiaba música en el Conservatorio Jaime Mola, donde luego obtuvo una tecnología en Música con especialización en piano. Recuerda que los alumnos preferían estudiar música en el instituto que en el conservatorio por la forma en que eran tratados. El coro se amplió y hoy enseñan guitarra, piano, violín e integran a los estudiantes a ensambles y orquestas.

Gracias a organizaciones patrocinadoras extranjeras han tenido la oportunidad de hacer giras en Lima y París con el ensamble. Andrea dice que sus mejores embajadores son donantes de países extranjeros que confían en el proyecto que ella y otros docentes están llevando a cabo.

A la par del desarrollo musical, Andrea se licenció en lingüística aplicada a la enseñanza. Ha sido conferencista en eventos de la Asociación Suzuki, traductora e interprete y es magister en enseñanza de inglés. Sus conocimientos los ha integrado con la convicción en la enseñanza popular.

Actualmente es la coordinadora del Programa de Educación del Talento Musical. También es miembro de la Asociación Suzuki. Esta metodología japonesa se basa en el principio de que, así como los niños aprenden su lengua materna con facilidad, pueden desarrollar talentos musicales. Para eso se aplican principios equivalentes como la participación de los padres, el comienzo temprano y el aprendizaje con otros niños.

La pedagogía del brasileño Paulo Freire también está muy presente en el INEPE. Andrea lo cita con frecuencia, “como decía Freire hay que vivir procesos que tomen en cuenta las realidades de los educandos, sus preguntas y sus inquietudes”. El colegio planifica los talleres cada año y nunca repite los pénsum de sus alumnos. Da igual si es con alumnos de primaria o secundaria, cada año los contenidos varían de acuerdo al contexto.


Este año se graduará la 18ª promoción del instituto que fue fundado en 1985.

Raza es miembro de la Asociación Suzuki. Esta metodología japonesa se basa en el principio de que, así como los niños aprenden su lengua materna con facilidad, pueden desarrollar talentos musicales. Para eso se aplican principios equivalentes como la participación de los padres, el comienzo temprano y el aprendizaje con otros niños.

Esta metodología ha llevado a cierta tensión con el Ministerio de Educación, cuyos funcionarios fueron al principio escépticos sobre esa propuesta, pero luego, llegaron a pedir  asesoramiento a los docentes del colegio. Andrea ha sabido compaginar su propia metodología con las exigencias del Estado, “nuestros alumnos obtienen muy buenos puntajes en las pruebas estandarizadas” recalca la docente.

Integración comunitaria

La implicación de Andrea con el barrio va más allá de las aulas. La Dolorosa es un sector fuera del casco urbano. Aquí han conseguido que 320 hectáreas de bosque sean declaradas de protección ecológica. En los terrenos aledaños, los estudiantes tienen terrazas de cultivo y huertos donde siembran productos orgánicos.

Los productos que obtienen de la tierra los usan para el consumo de la comunidad. Andrea cuenta: “tenemos un comedor comunitario en donde hacemos almuerzos para los más necesitados”. Los alumnos también llevan los productos a sus hogares. Zanahoria, sukini, tomate o alverja son el resultado del trabajo en el metro cuadrado que cada estudiante debe cuidar con esmero.

La integración con los padres se hace presente a través de trabajos comunitarios. “Algunos papás que no pueden pagar la pensión han ayudado a construir o hacer limpieza en el colegio” recuerda Andrea. Sus estudiantes también desarrollan proyectos de panadería o costura con los vecinos, lo que refuerza un concepto de economía solidaria en el barrio.

Hoy el INEPE es un símbolo de superación. Andrea Raza comenta sobre algunos de los logros que han obtenido como ser los ganadores en concursos de fondos para la Asociación Partage de Francia, Comparte de Barcelona, One Action o el Fondo de Canadá.

“Algunos papás que no pueden pagar la pensión han ayudado a construir o hacer limpieza en el colegio” recuerda Andrea. Sus estudiantes también desarrollan proyectos de panadería o costura con los vecinos, lo que refuerza un concepto de economía solidaria en el barrio.

Por medio de estos proyectos, han logrado abastecer a sus 720 alumnos desde educación inicial hasta el bachillerato. Hoy tienen dos bibliotecas, salas de música, un centro de computación, canchas, baños y oficinas dentro de dos grandes edificios. Ya están por graduar a la 18º promoción. El tiempo se ve ilustrado en los inmensos arboles que fueron sembrados por esas mismas promociones en sus inicios. Andrea trabaja para que los impactos se reflejen en la comunidad y no solo en las aulas. Muchas mujeres del vecindario se han capacitado y ahora son docentes. Hay una ciclovía en construcción con la ayuda de otros vecinos.

El INEPE es una institución comunitaria que ya atrae incluso a alumnos de otras parroquias. Andrea recalca que no está de acuerdo con la categoría de colegio particular: “nosotros no tenemos fines de lucro, muchas de las actividades que hacemos son voluntarias”. Los alumnos tiene un esquema de pensión diferenciada, hay becas y, se destaca desde la institución, los valores son simbólicos. 

Un ejemplo es la plataforma educativa SEC desarrollada por la institución para el centro de capacitación docente de la Politécnica Nacional.

Andrea Raza cree que no importa si hay que dar clases debajo de un árbol, si se cuenta con la convicción se puede obtener resultados. “El INEPE no es su infraestructura”, dice la docente. Su filosofía es la de desarrollar mentes críticas y el uso de la razón. Un ejemplo de cómo desmarcarse del método de repetición memorístico que tanto se observa en el país y que tan pocos frutos ha traído al desarrollo de los estudiantes.

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