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19 de Abril del 2016
Historias
Lectura: 7 minutos
19 de Abril del 2016
Desirée Yépez

Periodista. Ha escrito para Revista Vanguardia, La Barra Espaciadora, Diario El Comercio y revista Plan V.

Manta: la muerte se tomó la ciudad del sol y el mar

Fotos: Desirée Yépez

Militares, policías, bomberos y rescatistas de países amigos buscan entre las ruinas de Manta  señales de sobrevivientes. 

 

Un recorrido de la enviada especial de este portal por las calles de Manta, una ciudad en donde la muerte y la destrucción se han tomado los barrios turísticos, y donde los médicos del IESS atienden en carpas ante los severos daños de la torre que albergaba su hospital.

La odisea empieza en Quito. Hasta la sala de protocolo de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE), en el aeropuerto Mariscal Sucre, llegan decenas de personas que buscan un espacio en los vuelos humanitarios que se dirigen hacia la zona del desastre. Son familiares de víctimas, voluntarios, rescatistas, médicos que quieren llegar a constatar la magnitud del terremoto que el pasado 16 de abril de 2016 devastó la zona costera de Manabí y Esmeraldas.

Los vuelos gestionados por la FAE,son realizados en los aviones de TAME. Se hacen, desde el domingo, aproximadamente cuatro viajes diarios gratuitos con aproximadamente 120 personas cada uno. Los aviones aterrizan en la Base Aérea Eloy Alfaro de Manta. El principal puerto pesquero de Ecuador es uno de los epicentros del desastre y desde se ahí se presencia la tragedia.


Este edificio residencial en la zona de Tarqui resultó con severos daños por el sismo de Pedernales. 


Muchos edificios se mantienen en pie pero con daños irreparables y tendrán que ser demolidos. 


Cientos de autómoviles quedaron aplastados entre las ruinas de garajes que desplomaron encima.

En la ciudad costera no hay tráfico vehicular, tampoco gente en la calle o en la playa. Al caminar, es posible ver como en donde hasta hace 72 horas se levantaban grandes e imponentes edificaciones hoy solo hay escombros. "Estamos mal", reconoce Dany Vera. Él es morador del barrio El Barbasquillo, uno de los más modernos de la ciudad.

Esa zona luce como un área fantasma. Los edificios están vacíos, sus habitantes, dicen, salieron hacia ciudades como Quito o Guayaquil. Los únicos que quedan en la zona son los guardias de seguridad, vigilando los vehículos o pertenencias de los propietarios que ya abandonaron la zona. Las construcciones están devastadas. Hacia la calle quedaron expuestas todas sus estructuras internas. "Nadie ha bajado a la calle por miedo a un tsunami", dice Dany.

Esa zona luce como un área fantasma. Los edificios están vacíos, sus habitantes, dicen, salieron hacia ciudades como Quito o Guayaquil. Los únicos que quedan en la zona son los guardias de seguridad, vigilando los vehículos o pertenencias de los propietarios que ya abandonaron la zona.

Los efectos económicos del desastre en el puerto pesquero todavía resultan incuantificables. Pero da una idea el que departamentos valorados hasta en 300 000 dólares estén colapsados, abandonados e inservibles. La especulación de bebidas y alimentos también es otra de las problemáticas. Las cadenas de autoservicios limitan su atención y varias tiendas de barrio prefieren no atender. Por tal motivo, un galón de agua ha llegado a costar nueve dólares.

"No tenemos nada, ni un plato desechable. No hay comida, no hay agua", reclama Rosa Cedeño, habitante desde hace 12 años de la parroquia Tarqui.

Tarqui luce como un campo de guerra. De la popular zona hotelera solo quedan escombros, vigas y basura en el suelo. Los moradores que han optado por no evacuar intentan reparar sus viviendas, a pesar de que en cualquier momento pueden colapsar. En el sector, siete hoteles se desmoronaron y tres corren el mismo riesgo.


Un grupo de bomberos en la zona hotelera de Manta, trabaja día y noche en búsqueda de personas atrapadas. 


Montañas de escombros hacen pensar en películas de ciudades bombardeadas como en la Segunda Guerra Mundial. 


Los médicos del IESS han improvisado consultorios en carpas al aire libre ante el colapso del edificio del hospital. 


Varias calles de la ciudad están intransitables como consecuencia de la catástrofe.


La dolorosa búsqueda de cadáveres continúa en los barrios más afectados de Manta. 

Caminar por Tarqui es enfrentarse a la muerte. El olor es una mezcla entre formol y podredumbre. Los fallecidos que se retiran de entre los escombros esperan en la vereda. Sin embargo, hay familias que hasta la tarde de este 18 de abril esperaban encontrar con vida a sus afectados. Incluso decían que habían recibido mensajes de texto solicitando su ayuda. Lastimosamente, hasta la noche del lunes se pudo rescatar cerca de siete personas con vida y 68 no sobrevivieron. Las labores de rescate de personal de Ecuador, Colombia, Venezuela, Bolivia y Perú se realizan permanentemente, no se detienen ni en la noche, cuando el panorama resulta aún más tenebroso. En total hasta el lunes, según las cifras oficiales, en Manta se registraron 105 víctimas mortales.

La zona de Tarqui sigue sin luz, entonces entre la tiniebla y la destrucción el ambiente se torna tétrico. Aún más, cuando entre los escombros aparecen maletas, fotos y hasta sobres que tenían como destinatario a una de las víctimas. Ese es el caso de Ximena Polanco, hija de la propietaria del Hotel Panorama que se desplomó. Entre los restos de la edificación reposaba un envío dirigido a ella...

La situación del Hospital del IESS se Manta complica la situación. Parte de su estructura se desplomó y no puede atender la demanda que requiere la tragedia. De hecho, uno de sus pacientes falleció el pasado 16 de abril al caerle encima parte del techo. El director administrativo de la institución, Julio Álvarez, explica que desde que ocurrió la tragedia han recibido cerca de 160 pacientes, 11 han fallecido. Para atender las emergencias, armaron un campamento en los exteriores de la casa de salud. Solo se reciben a las víctimas del terremoto y según su complejidad se las deriva a Quito. Para ello cuentan con siete ambulancias.

El hospital que colapsó tenía capacidad para 120 camas. Hoy en día solo está habilitado externamente, en carpas, y ofrece atención de primera necesidad, como la que requería la tarde del lunes Erick Intriago. El niño de 12 años sufrió un shock nervioso y no reconocía a sus familiares. No podía estar quieto y solo quería correr tras el terremoto. Las réplicas aumentan su angustia. "Está como en psicosis. Le pusieron un tranquilizante, pero solo quiero que mi hijo vuelva a ser normal", dice su madre Francisca Valarezo.

 

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