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30 de Junio del 2019
Historias
Lectura: 13 minutos
30 de Junio del 2019
Redacción Plan V
Las marchas a favor y en contra del matrimonio igualitario: la fiesta de colores versus el culto de blanco
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Foto: Luis Argüello

El día del Orgullo GLBT tuvo un ingrediente adicional, con la celebración del matrimonio igualitario en el país. 

 

Dos concentraciones divergentes tuvieron lugar en sendos parques de Quito: por un lado, la diversidad sexual celebrando su orgullo y el matrimonio igualitario. Por otro, grupos de creyentes que afirman defender la familia y la vida.

La una marcha fue una fiesta de colores. La otra, una oración colectiva. Quienes están a favor y en contra del matrimonio igualitario se manifestaron en Quito, en un día de verano de junio. El cielo despejado y el fuerte sol miraron a los unos, vestidos con camisetas blancas, cubiertos con paraguas, caminar por las calles del Centro Histórico hacia el parque del Arbolito.

Las luces del atardecer vieron a los otros, agitando banderas del arcoiris, recorrer el perímetro del Parque La Carolina, para confluir hacia una tarima ubicada, paradógicamente, al pie de una cruz de concreto que recuerda la visita de un papa.

La marcha de los creyentes 

Del Centro Histórico hacia El Arbolito marcharon grupos de creyentes cristianos. Llevaban carteles con citas bíblicas, y pancartas que identificaban a diversas iglesias protestantes. Muchos de ellos, en su mayoría pentecostales, habían puesto en su carteles citas del Antiguo Testamento en donde se condena la homosexualidad. Otros, en cambio, evitaban mensajes religiosos y sostenían que defendían la familia, y sobre todo, a sus hijos.

Un gran cartel sostenía que era necesaria la fe. Pequeños grupos de católicos, entre los que se veían algunas monjas con sus hábitos, y algunas personas con la efigie de un papa, se sumaron a la marcha que era, sin embargo, mayoritariamente protestante. Si alguna duda quedaba sobre de qué vertiente religiosa provenía el grueso de la manifestación, esta quedó aclarada cuando, al mediodía, llegaron al parque de El Arbolito. La hondonada, que en un época fue un estadio de fútbol, queda frente al edificio de la Corte Constitucional. Como el tribunal está por mudarse, ya no hay el letrero que la identifica. El edificio de la Corte está vacío y silencioso, pero los creyentes van llenando de a poco el espacio central del parque. Se ha colocado una tarima en el centro, mientras, en torno, se van ubicando quienes caminaron desde la Plaza de Santo Domingo. 


Cerca de tres mil personas se concentraron en el parque de El Arbolito. Foto: PlanV

En la tarima, varios predicadores se turnan para hablar en el micrófono. Mencionan varias veces a Dios, pero prefieren llamarlo Jehová, a la usanza de algunos cultos protestantes. "Han despertado un gigante dormido", asegura con aire de profeta hebrea una de las anfitrionas del evento, en donde se leen carteles con mensajes reiterativos: no van a permitir que nadie "toque" ni se "meta" -esos son los verbos preferidos- con sus familias y sus hijos. 

"Han despertado un gigante dormido", asegura con aire de profeta hebrea una de las anfitrionas del evento, en donde se leen carteles con mensajes reiterativos: no van a permitir que nadie "toque" ni se "meta" -esos son los verbos preferidos- con sus familias y sus hijos.


En la tarima, predicadores protestantes cuestionaron el matrimonio igualitario.  Foto: PlanV

El pequeño grupo de monjas católicas, con los paraguas abiertos, se cubre del sol, mientras uno de los predicadores hace una oración muy poco ecuménica. Algunos de los devotos levantan las manos, otros, de plano, caen de rodillas. A la cansada, otro de los predicadores hace rezar un Padre Nuestro, una oración más propia de los católicos. No hay ningún sacerdote católico en la tarima. Es una concentración de una minoría religiosa, las iglesias protestantes, pero reitera que no permitirá que otras "minorías" les ataquen sus familias. No se entiende bien en qué consiste el ataque, pero queda claro que los creyentes, ahí reunidos, con las manos levantadas la mayoría y de rodillas algunos, esperan que el Estado laico les garantice su fe, pues, aseguran, no es lo mismo laico que ateo. Los predicadores tienen otro eje en su argumentación: no es que no "respeten" la diversidad sexual, sino que la diversidad sexual amenaza a sus familias, razón suprema. 

En medio de la concentración un gran cartel reclama: "Fé (sic) y moral". Otro dice en cambio: "estoy a favor del diseño original, la familia como Dios la creó" y una pancarta remarca: "Ecuador, libre y soberano, sin la dictadura de género". Más allá se puede ver uno más rotundo: "Tus derechos terminan donde comienzan los míos. ¡Con la integridad de mis hijos no te metas carajo!". Cerca de tres mil personas se pueden ver en la concentración, en donde nadie ha mencionado siquiera al diablo, pero no cabe duda que en la mente de algunos, Lucifer ha metido sus pezuñas en la propia Corte Constitucional. Hay personas de todas las edades y los sexos, pero predomina la gente de mediana edad, que se protege del sol con gorras, sombreros y paraguas. 

Pero aunque haya oraciones y rezos, la concentración no tiene por qué ser aburrida. Los creyentes tienen sus propios grupos de música, y se anuncia que el "Family Fest", como le han puesto a su festival, tendrá cantantes de rap religioso. Ningún político, ni siquiera los de la derecha serrana, se sumó a la concentración, al menos en la capital. 


En el Centro de Guayaquil, una concentración similar recorrió la 9 de Octubre.  Foto: El Universo

En sus redes sociales, como por ejemplo varias cuentas de Twitter con pocas decenas de seguidores, los organizadores del evento reivindicaron concentraciones en Quito, Loja, Manta, Puyo, Pueblo Viejo, Santa Elena, La Troncal, Portoviejo, Santo Domingo, Coca, Guayaquil, Zamora, Ambato, Latacunga, Milagro, Riobamba, Cuenca, Tulcán, Tena, Lago Agrio, El Carmen, Esmeraldas, Machala y otras ciudades del país. 

La marcha del Orgullo

La historia cuenta que, un 28 de junio, hace 50 años, en un bar gay de Nueva York, la policía irrumpió con violencia para vejar y detener a los presentes. Con el pretexto de que no tenían licencia para vender alcohol, los policías abusaron de la fuerza contra la clientela del Stonewall Inn. Ante el abuso, se produjeron disturbios, en los que miembros de la comunidad LGBT se enfrentaron con la policía. El incidente es reconocido como un hito: marcó el inicio de la organización y la lucha de la diversidad sexual por sus derechos en todo el mundo. 

Mientras tanto, en Quito, empezaba la tarde cuando los miembros de la comunidad GLBT de Quito y de otras partes del país se concentraba en la avenida Amazonas, en sentido sur norte. Se había convocado la marcha del Orgullo, como todos los años, pero, en esta ocasión, con una connotación especial: el Ecuador ha aprobado el matrimonio igualitario. 


En la avenidas Amazonas y República inició la marcha recorriendo la zona de Iñaquito.  Fotos: Luis Argüello

La concurrencia está conformada por hombres gais jóvenes en su mayoría, aunque también se puede ver a mujeres lesbianas y a transexuales. Se han colocado en orden, sin mezclarse, en grupos diferenciados. Una parte importante enarbola la bandera del arcoiris de seis colores, correctamente representada. Otros lucen huipalas andinas, que son similares. Hay parejas de homosexuales de ambos sexos que caminan tomados de la mano. La marcha la encabeza una chiva, y en todo el desfile hay un aire festivo. A esa hora el sol es menos fuerte que al mediodía y nadie usa sombreros o gorras. Un joven travesti lleva una peluca de bucles castaños, mientras otros se cobijan bajo una bandera gigante del arcoiris, que sigue a la chiva que encabeza. 

El joven galeno invita a los presentes a las pruebas rápidas de VIH que el Ministerio ofrece, gratis, en una carpa junto a la tarima. Las denuncias sobre la cuestionada efectividad de las pruebas parecen haber rebotado en el Ministerio, preocupado de la salud de los asistentes a esa marcha mientras no estuvieron en la del Arbolito ni para controlar glucosa y prevenir diabetes.

Luego de la bandera van más personas, y cierra el desfile una delegación de transexuales, que luce sus propios colores. Algunos hombres y mujeres se han quitado las camisetas, pero la mayoría visten con ropa causal. Los activistas y voceros también se han hecho presentes, y los carteles llaman a la tolerancia y a la diversidad. A falta de otra consigna mejor, algunos gritan una inspirada en la del chavismo venezolano y el socialismo del siglo XXI: "alerta, alerta que camina, la comunidad LGBT por América Latina".

Miembros de la diversidad sexual llenaron el bulevar de las Naciones Unidas entre Amazonas y Shyris. 

La marcha recorre el perímetro del gran parque central del hipercentro quiteño y luego se interna en él. Una tarima -cortesía del Municipio de Quito- se ha colocado en el centro del parque, a espaldas de la Cruz del Papa, y de la santa sonrisa de Juan Pablo II, visible en un mosaico. Entre tres y cuatro mil personas han caminado en la marcha, mientras otras tantas se concentraron ante la tarima. Antes de que llegue el grupo más numeroso, un médico del Ministerio de Salud pide el micrófono. El joven galeno invita a los presentes a las pruebas rápidas de VIH que el Ministerio ofrece, gratis, en una carpa junto a la tarima. Las denuncias sobre la cuestionada efectividad de las pruebas parecen haber rebotado en el Ministerio, preocupado de la salud de los asistentes a esa marcha mientras no estuvieron en la del Arbolito ni para controlar glucosa y prevenir diabetes. 

Muy activos en el control de la concentración están también policías y agentes metropolitanos. Más de diez rodean a la mala a un muchacho que tenía alcohol en una botella de plástico y se la quitan. 

Cuando la marcha ingresa al parque, estalla la fiesta. En los parlantes empieza a sonar música electrónica. Si los devotos llevaron su culto al parque de El Arbolito, la diversidad sexual llevó su fiesta a La Carolina. Algunos de los organizadores, con camisetas blancas, se suben en la tarima. Dos pantallas gigantes y un drone son visibles en el sitio, mientras la gente saluda al aparato que sobrevuela la concentración. Hay personas de todas las clases sociales y todos los aspectos. Desde quienes fueron a lucir su ropa más cara hasta quienes se han vestido modestamente. Desde gais y lesbianas que han venido de ciudades cercanas, como Riobamba, Ambato, Santo Domingo, Ibarra y otras hasta venezolanos -que son numerosos- que han llegado de más lejos. 

Dos asambleístas asistieron a la marcha: Sebastián Palacios de SUMA (quien fue con su esposa y sus hijas) y Wilma Andrade de la Izquierda Democrática. No se hicieron presentes más políticos. 


Activistas como Danilo Manzano (con la bandera), Efrían Soria y Javier Benalcázar (abajo)  participaron en la marcha en el centro norte de Quito.

En Guayaquil, entre tanto, una marcha llegó al Malecón Simón Bolívar. En esa concentración estuvieron presentes Pamela Troya y Gabriela Correa, así como activistas del Puerto Principal. También estuvo Walter Gómez, consejero del Consejo de Participación Social, quien es activista de la diversidad sexual desde hace varios años. 

Oscurece cuando en la tarima, activistas, militantes y varias de las reinas de la comunidad trans -que lucen coronas y bandas, como reinas de belleza- dan inicio al evento. Alguien lanza sobre los presentes pulseras de plástico de muchos colores, mientras suena la canción, considerada un himno, de Thalía que dice: "¿A quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga?, yo soy así, así seguiré, nunca cambiaré...".

 

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