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6 de Julio del 2015
Historias
Lectura: 8 minutos
6 de Julio del 2015
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

“Me ha citado demasiado”

Foto: Reuters/Gary Granja 

El papa Francisco pronunció palabras que, para algunos, son un espaldarazo al Gobierno, y, para otros, a los manifestantes anticorreístas. 

 

El discurso de Correa fue desde todo punto de vista excesivo, por su duración y su carácter teológico. En este artículo se escudriñan muchas cosas que sucedieron a la llegada del papa, incluida su frase de que “el pueblo ecuatoriano se ha puesto de pie con dignidad”.

Tal vez sin quererlo realmente, porque transparentaba bondad cuando lo dijo, el papa Francisco tuvo una frase muy decidora en su discurso en el que agradeció la bienvenida del presidente Rafael Correa a su llegada este domingo a tierras equinocciales: “Me ha citado demasiado”.

Demasiado. Es que el discurso de Correa fue desde todo punto de vista excesivo. Primero, por su duración. El protocolo acordado con el Vaticano era que cada uno hablara cinco minutos, pero Correa habló 12, mientras el papa se ciñó al tiempo acordado. Y, segundo, en el carácter teológico que desplegó, pues Correa citó por activa y por pasiva palabras del papa sobre la distribución injusta de la riqueza.

Lo hizo entresacando frases de su última encíclica y del mensaje papal a la Cumbre de las Américas, pero citó también al papa Juan Pablo II y a las conferencias episcopales latinoamericanas de Puebla y Medellín.

Todo un tratado. Aparte de eso estuvo el repetido chiste presidencial, impropio para una ocasión solemne, de que el papa es argentino, Dios es brasileño pero el paraíso es ecuatoriano, que a Correa le encanta porque cree que es una demostración de su ingenio.

Correa en su discurso no estaba hablando para el papa, o no solo para el papa. Estaba mandando un mensaje político al Ecuador en la misma línea del abrumador despliegue de vallas blancas con la imagen del papa con el halo de la campaña “Ecuador ama la vida” y las frases sobre la justicia social y la redistribución de la riqueza. El papa le agradeció tanta cita y la consonancia de pensamiento.

El presidente lo que quiere es vender el sofisma de que porque la Iglesia católica y el actual papa hablan contra la injusta distribución de la riqueza, la Iglesia y el papa aprueban sus proyectos de leyes de impuestos a la herencia y a la plusvalía.

Pero claro, esa no es toda la historia: el presidente lo que quiere es vender el sofisma de que porque la Iglesia católica y el actual papa hablan contra la injusta distribución de la riqueza, la Iglesia y el papa aprueban sus proyectos de leyes de impuestos a la herencia y a la plusvalía.

Ese salto dialéctico es imposible de hacerlo de buena fe, porque la Doctrina Social de la Iglesia defiende el trabajo individual, la dignidad de la familia, el derecho de propiedad y aunque habla, en efecto, de una hipoteca social sobre los bienes privados para que estos sirvan al destino general que Dios quiere para ellos, la Iglesia no propugna leyes confiscatorias y menos estos delirantes proyectos de ley.

No lo hace mal Correa cuando lee. Sofista y todo, lo hace bien. Cuando improvisa es que hay que temerle, como en el Enlace Presidencial 431, 24 horas antes de que llegue el papa. Algunos ingenuos esperábamos que el lenguaje de esa sabatina fuera calmado, pacífico,  teniendo en cuenta la visita del papa. Pero Correa es Correa, el incorregible. Y en la sabatina le sale su genio. Así que volvió a la insultadera, a la descalificación, contra los políticos, contra las cámaras, contra la prensa. Y mostró sus prioridades, por ejemplo volver a instruir a la policía a que meta presos y responda con dureza a los supuestos ataques de que es objeto, lo que viene repitiendo desde las manifestaciones del 19 de marzo.

Entonces como ahora, quiere convencer al país de que son manifestaciones violentas, “de una violencia irracional”, cuando todos sabemos que han sido pacíficas, aunque, por supuesto, siempre van a haber (aquí y en todo el mundo) gente que busque bronca a la policía, la provoque y la ataque. Pero son pocos y aislados, y el carácter de las manifestaciones ha sido de una paz verdaderamente… franciscana.

Pero volvamos a la visita del papa. Unas pocas observaciones más. La primera, que Correa “robó cámara” de lo lindo cuando se puso delante del papa a recibir los saludos de los niños indígenas, afros y montubios que formaban la calle de honor. El papa les llamó y quiso saludarlos a todos, pero el presidente se adelantó y la cámara captó su saludo a cada uno de los niños antes de que saludaran al papa. ¿Cuál era el mensaje?

Primero Correa, luego el papa. No solo eso, sino que Correa distraía a los jóvenes con preguntas, por lo que hubo chicos a los que el papa abrazaba pero ellos todavía estaban viendo al presidente.

La otra observación: el clamor de rechazo y de gritos de “Fuera, Correa, fuera” que se levantó a lo largo de toda la avenida 6 de diciembre cuando, después de haber pasado el papa, pasó la rauda una caravana de vehículos con vidrios negros que la gente interpretó como gubernamental. Lo comprueban cientos de mensajes en redes sociales (pasó en El Ciclista, en la Granados, en el Estadio Olímpico, en la esquina con Eloy Alfaro, en la plaza Argentina) que el sistema gubernamental de interceptación de comunicaciones debe haber registrado con rubor.

¿Y del papa? Su discurso fue hermoso. Lleno de pasajes memorables; el mejor, su párrafo sobre el Chimborazo como el lugar más cercano al sol y la posterior comparación de Jesucristo con el sol y la Iglesia con la luna. Pero a todos nos sorprendió su frase: “Señor Presidente: podrá contar siempre con el compromiso y la colaboración de la Iglesia para servir a este pueblo ecuatoriano que se ha puesto de pie con dignidad”. No puede dejar de oírse esta frase en el contexto ecuatoriano actual, que el papa lo conoce bien según ya sabíamos y lo reconfirmó el vocero del Vaticano, P. Federico Lombardi. Lo que el papa le ofreció a Correa fue apoyo de la Iglesia para servir al pueblo. Incluso hay quienes quieren ver en esto una oferta de mediación. Pero ¿y la segunda parte?, ¿la de que el pueblo ecuatoriano “se ha puesto de pie con dignidad”? Mi convencimiento, y lo he consultado con personas cuyo criterio me es muy respetable, es que se trata de una admonición.

Esto se refuerza con lo que vimos por la televisión: el papa volteó a ver a Correa y pronunció la frase especialmente despacio y con énfasis. Lo que le estaba diciendo es que ahora, con estas luchas de junio, el pueblo ecuatoriano se ha puesto de pie con dignidad.

Esto se refuerza con lo que vimos por la televisión: el papa volteó a ver a Correa y pronunció la frase especialmente despacio y con énfasis. Lo que le estaba diciendo es que ahora, con estas luchas de junio, el pueblo ecuatoriano se ha puesto de pie con dignidad.

Si es cierto lo que Correa confesó, que su tesoro no es el poder sino el servicio, debería escuchar al pueblo y al papa y rectificar.

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“Me ha citado demasiado”
 


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