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16 de Marzo del 2020
Historias
Lectura: 13 minutos
16 de Marzo del 2020
Susana Morán
Las mujeres amazónicas o las hormigas defensoras la selva
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Las Mujeres Amazónicas participaron en la marcha del #8M y se quedaron una semana más en Quito para exigir protección al Estado para las defensoras de la naturaleza.Fotos: Luis Argüello / PlanV

 

Líderes del colectivo Mujeres Amazónicas estuvieron en Quito para reclamar por sus derechos y exigir atención al Estado. La historia de una de ellas evidencia que la defensa de sus territorios está por encima de sus tragedias personales. Amnistía Internacional entregó a las autoridades 250.000 firmas para que se investiguen las amenazas contra cuatro líderes amazónicas.

Zoila Castilla ríe, a pesar de su dolor. Es una mujer sarayacu con una gran estrella pintada en su frente. Viste las artesanías que ella misma elabora. Le indigna la injusticia, pero le alienta la unión de las mujeres. Llegó a Quito para unirse a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el pasado 8 de marzo, junto a más líderes de todo el país. Porque la voz de las mujeres amazónicas no ha faltado en las movilizaciones populares y feministas más importantes de los últimos años.

Zoila es presidenta de la comunidad Teresa Mama, ubicada en la cuenca Bobonaza, en la provincia de Pastaza. En esa parte del país, Teresa Mama junto a Pakayaku, Sarayaku y Boberas son los pueblos que más han reclamado contra las petroleras y sus mujeres han sido los rostros visibles de esa lucha.


Zoila Castilla (con el megáfono) durante la marcha del #8M. 

En el 2013 un grupo de mujeres, principalmente de Sarayacu, se levantaron contra la Décima Primera Ronda Petrolera que se discutía en esa época. La marcha fue coordinada por Patricia Gualinaga, quien ahora es una de sus figuras más notables. Las mujeres pidieron que se detenga la Ronda y que termine el acoso político contra la líder huaorani Alicia Cahuilla, quien rechazó en la Asamblea la explotación petrolera en el Parque Yasuní.

Esa fue la semilla de las Mujeres Amazónicas, un colectivo que ahora tiene más de cien mujeres pertenecientes a las siete nacionalidades de la Amazonía: Kichwa, Shuar, Achuar, Waorani, Shiwiar, Andoas y Sápara. Están unidas por la defensa de sus territorios, de la naturaleza y de su cultura.

A ese grupo pertenece Zoila. En las crónicas periodísticas del 2013 aparece ya como una líder acompañada por un centenar de mujeres amazónicas. “El Gobierno no quiere hacer caso a los hombres, pero aquí estamos las mujeres luchando por nuestra selva. Son 40 años de explotación petrolera en Sucumbíos y... ¿dónde está la plata?”, dijo Zoila, citada por El Universo hace siete años.

La semana pasada en un restaurante de Quito, junto a más mujeres indígenas, periodistas, activistas, Zoila recordó esos primeros pasos en el colectivo. “Nosotros paramos como mujer amazónica. No pedimos permiso a la Confeniae, Confenaie, ni a nadie”, dijo.


ARRIBA Y ABAJO. Mujeres amazónicas, activistas, periodistas, biólogas y empresarias se reunieron para compartir experiencias y contactos para proyecto colectivos futuros. 

Las mujeres amazónicas -describió Zoila- son como las hormigas. Hacen cerámica, artesanías y tejidos. “De chacra en chacra, de yuca a hacer chicha. Del río, yo me alimento del bagre. De la selva, yo me alimento de mono”. Donde siembra, comen, dijo. Zoila está orgullosa de las yucas que da su tierra sin necesidad de abono.

Por eso la defensa de su territorio lo resume así: “Si entran las petroleras, dañarán el río y no podremos comer, dañan el río y no podemos bañar, dañan el río y no podemos tomar chicha, si dañamos la selva, ¿dónde vamos a sembrar?”. Eso lo explicó en un foro en una universidad de Quito. “La selva es nuestro alimento, nuestro producto, la medicina natural y no podemos matar eso”.

Ahora Zoila vive un momento de mayor dolor. La tragedia llegó a Sarayacu en febrero pasado. Cinco personas murieron al estrellarse la avioneta donde viajaban y un menor falleció días después por la gravedad de las heridas. El capitán de esa avioneta, Israel Viteri, era su sobrino y familliar de gran parte de las lideresas de Sarayacu.

“Él a veces me acompañaba y me decía: ‘usted mamita no gana nada, tú debes trabajar para ti’”. Pero ella le respondía: “no papito, estoy por defensa territorial”.

Pero en diciembre, ella tuvo otra tragedia. Su hijo fue atropellado durante sus vacaciones y murió. Él fue ayudante de un tío que también se accidentó en una avioneta. Estudió en Quito, pero su interés fue regresar a trabajar en su comunidad.

A pesar de todo eso, Zoila salió para unirse a las protestas del #8M. Dijo que ha logrado ‘bajar’ un poco el dolor y que su impulso fue su hijo, que siempre la vio en las calles. “Él a veces me acompañaba y me decía: ‘usted mamita no gana nada, tú debes trabajar para ti’”. Pero ella le respondía: “no papito, estoy por defensa territorial”. Zoila cuenta que su hijo terminó apoyándola y por eso ahora tienen una nueva lucha: buscar justicia para que la muerte de su hijo no quede impune.

“Y voy a caminar, no importa lo que pueda pasarme”, dijo esta mujer indígena, capaz de ir a pie desde el Puyo hasta Quito, al igual que sus compañeras amazónicas. No tener justicia, será otro gran dolor para ella. “Yo creo que mijo me está viendo desde el cielo, que estoy aquí con ustedes”. La lucha que compartió con él dice que tiene otra motivación: “yo quiero que mis nietos conozcan la selva”.


Las demandas de las mujeres amazónicas han estado marcadas por la defensa de su territorio y la salida de las compañías petroleras y mineras.

El riesgo de defender la selva en Ecuador

“Ningún avance significativo”. Con esas dos palabras se puede resumir las conclusiones de Amnistía Internacional (AI) respecto a las acciones del Estado ecuatoriano, específicamente de  la Fiscalía, para la protección de las defensoras de la naturaleza.

Es el caso de Patricia Gualinga, dirigente del pueblo Sarayacu, a quien el 5 de enero de 2018, le arrojaron piedras a su casa y estas rompieron varias ventanas. Ella estaba en su vivienda, en el Puyo, junto a sus padres, hermano, esposo e hija. El agresor gritó varias amenazas contra la dirigente. Algo similar le pasó a Salomé Aranda, lideresa kichwa de Moretecocha (que abarca 9 comunidades en el cantón Pastaza). A ella también le apedrearon su casa. También le llegaron amenazas de demandas por defender su territorio de las petroleras, que por sus reclamos cortaron los beneficios para la población.

A Margoth Escobar, defensora desde hace más de veinte años, en cambio le incendiaron su casa, el 29 de septiembre de 2018. Su casa era la sede de las reuniones de las mujeres amazónicas. Mientras que a Nema Grefa, presidenta el pueblo Sapara, fue amenazas de muerte. Una de ellas le llegó en un video a través de la página de comunicación del pueblo Sapara. Este decía: ‘Nema no tiene territorio, Nema no es sapara, a la Nema vamos a matar con esta lanza’. En 2018, Nema y Salomé contaron a Plan V el estado de desprotección en el que se encontraban.

AMNISTÍA PIDIÓ A LA FISCALÍA QUE SE INVESTIGUE LA POSIBILIDAD DE QUE LOS ATAQUES A LAS DEFENSORAS PUDIERON HABER SIDO MOTIVADOS POR EL TRABAJO DE DERECHOS HUMANOS DE ESTAS MUJERES.

Hace un año, AI publicó un informe llamado “No nos van a detener”, donde reveló las fallas en las investigaciones judiciales sobre los ataques y amenazas de muerte contra estas cuatro integrantes del colectivo Mujeres Amazónicas.

El organismo internacional observó, en abril de 2019, que tanto la Fiscalía General como la Fiscalía de Pastaza no habían investigado las amenazas de “manera adecuada y efectiva” contra las cuatro dirigentes. Ellas pusieron sus denuncias y se conoció que de algunos ataques había evidencia para “identificar a los perpetradores”. Pero hasta la actualidad no hay avances.

Otra conclusión de AI fue la “falta de voluntad política del Estado de investigar seriamente estos delitos y envía un claro mensaje a la sociedad: que los ataques contra personas defensoras son tolerados en Ecuador”. A eso se sumó que las medidas de protección ofrecidas a través del Sistema de Protección a Víctimas y Testigos han sido “ineficaces frente a las necesidades particulares y los riesgos excepcionales que enfrentan las Mujeres Amazónicas”. En definitiva, para AI Ecuador falló en su obligación de proteger a esas líderes y a los defensores de derechos humanos.

A un año de ese informe, AI y representantes de las Mujeres Amazónicas entregaron, el lunes 9 de marzo, a la Fiscalía 250.000 firmas recolectadas en 168 países para pedir acciones concretas a favor de este grupo en riesgo. La Fiscalía anunció que las direcciones de DDHH, de Control Jurídico y de Sistema de Protección de Víctimas irán a Pastaza para verificar las investigaciones.


Amnistía y las Mujeres Amazónicas entregaron 250.000 firmas exigiendo mayor investigación para dar con los autores de ataques y amenazas. Foto Twitter @AmericaLatinaAL

La Fiscalía además informó al grupo que trabaja en una directriz interna para la investigación de casos donde la víctima es un defensor de DDHH. AI expresó su preocupación por el hecho de que el impulso de las investigaciones y la realización de diligencias no pueden recaer en la víctima, sino que es una obligación del Estado.

Desde el sábado 7 de marzo, las cuatro defensoras llegaron a Quito para reunirse con María José Veramendi, investigadora para Sudamérica de AI, y prepararse para la visita a la Fiscalía. También se reunieron con la Secretaría de DDHH y la Defensoría del Pueblo.

“Para que cualquier política de protección de personas defensoras de derechos humanos pueda ser efectiva, las autoridades deben primero reconocer públicamente la legitimidad de la labor de las personas defensoras y con ello habilitar un entorno para que realicen su trabajo en espacios seguros”, dijo Veramendi al final de las reuniones.

Las mujeres amazónicas no paran


Patricia Gualinga, de Sarayacu, organizó la primera marcha de las Mujeres Amazónicas en 2013. 

Patricia Gualinga, histórica líder de Sarayacu, sembró la inquietud y lanzó una idea. “Rompamos el conflicto de octubre (se refiere a las manifestaciones que paralizaron al Ecuador). Las mujeres para sustentar sus hogares han elaborado sus cositas. Armemos algo grande, algo ambicioso, algo fuerte. En un año más hacemos algo que impacte”.

La propuesta salió durante un almuerzo organizado por Terra Mater para juntar a mujeres amazónicas con otras líderes de la ciudad para unir esfuerzos. Belén Páez, directora de la organización, consideró que las mujeres deben ser más ambiciosas y tener esfuerzos compartidos desde sus propias trincheras. En la reunión estuvieron mujeres empresarias, arquitectas, activistas, biólogas, periodistas, etc.

En esa cita estuvieron también las defensoras amazónicas, como Patricia y Salomé Aranda, quien insistió en que su familia estaba muriendo por cáncer, como secuela de la explotación petrolera durante 30 años en su territorio.

La iniciativa de Patricia fue apoyada por María Rosa Tapia, presidenta de Seminarium y responsable del Foro de Mujeres Empresarias, quien invitó a las asistentes para que presenten sus productos en esos espacios.

Unir esfuerzos es lo que también propuso Noemí Gualinga, de la comunidad de Sarayacu, quien admira a las mujeres waoranis por sus habilidades para tejer y vender. Ella propuso un intercambio de conocimientos en artesanía, cerámica y plantas entre mujeres Kichwa, Shuar, Achuar, Waorani, Shiwiar, Andoas y Sápara. “Solicitamos gasolina (para las lanchas) y nos movilizamos”.

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