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22 de Diciembre del 2020
Historias
Lectura: 12 minutos
22 de Diciembre del 2020
Redacción Plan V
Mujeres wao resisten a la pandemia con su chocolate y artesanías
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Las mujeres waorani deben caminar varios kilómetros para hallar los materiales natuales para sus artesanías.  Fotos: Cortesía AMWAE

 

Cientos de familias waorani son parte de dos proyectos sustentables galardonados, pero la pandemia ha afectado la venta de sus productos. Han empezado a usar el internet y las redes sociales para mejorar sus ingresos. Esta es la historia de tres mujeres wao que tratan de mantener estos emprendimientos.


Un día, Mencay Nenquiwi reunió a las mujeres waoranis del Yasuní. Estuvieron tanto las más jóvenes como las abuelas o pikenanes. Les preguntó qué tan lejos debían ir sus familias para cazar. Entonces las pikenanes contaron que cuando eran jóvenes lograban cazar apenas salían de su casa. Ahora deben caminar durante días enteros para encontrar algún animal. Y a veces regresan sin nada.

En esa reunión, Mencay preguntó también a las jóvenes: “¿qué van hacer cuando sean mayores?, ¿quieren ver en vivo a los animales o solo en dibujos?”. Las asistentes se impresionaron con la pregunta. Contestaron que ya no saldrían a cazar para mantener las especies, pero que iban a necesitar dinero. Mencay les dijo que dinero no había, pero que estaban ahí para crear proyectos y así conseguir recursos para las familias. Las mujeres contaron que habían visto que los colonos y los kichwas vendían cacao. Decidieron trabajar en lo mismo. Hicieron lluvias de ideas  y de ahí salió la propuesta de crear un chocolate waorani.

Mencay es una lideresa wao. Nació en Kiwaro, una comunidad waorani de Pastaza. Luego con su familia se trasladó a Nemompare, ubicada también en la misma provincia. Allí fue profesora de la escuela de niños. Pero ahora ella vive en la parroquia Shell, que está a 8 km del Puyo. Salió a la ciudad después de que su esposo sufriera un accidente. Se quedó para cuidarlo. Desde el 2005, trabajó como traductora waorani-español. Fue coordinadora comunitaria y ahora es presidenta de la Asociación de Mujeres Waorani de la Amazonía Ecuatoriana (AMWAE). Estará en ese cargo hasta el 2022.


Al menos 1.500 mujeres de 58 comunidades waorani de Pastaza, Orellana y Napo participan en la elaboración de chocolate  y de artesanías.

La AMWAE fue creada en respuesta a la caza furtiva incontrolada de la fauna silvestre en la Reserva del Yasuní, según su presentación oficial. Promueve el cultivo orgánico de cacao como medida de protección y camino hacia el desarrollo local sostenible. Además, la comercialización de artesanías de chambira como alternativa de sustento económico y medio para preservar su cultura. La asociación creó un plan de ordenación de la tierra que hace hincapié en la deforestación cero. Está legalmente constituida con 169 socias, pero 11 murieron durante la pandemia por diferentes enfermedades como picadura de culebra, accidentes vehiculares, tumor al útero, hepatitis. Estas últimas son enfermedades que llegaron con la colonización de sus territorios y el ingreso de las petroleras, dicen los waoranis. 


Las familias waoranis aprendieron a sembrar y cosechar el cacao para su chocolate. 


Madres waorani mientras hacen sus artesanías que van desde coronas hasta hamacas. 

La AMWAE fue creada en respuesta a la caza furtiva incontrolada de la fauna silvestre en la Reserva del Yasuní. Promueve el cultivo orgánico de cacao.

Mientras fue coordinadora, Mencay dio talleres de artesanía. Desde pequeña aprendió a hacer collares, redes de pescar y tintes. También aprendió a luchar por su territorio. Fue vocera en el caso Tagaeri Taromenane. Ha capacitado a las mujeres en la siembra de cacao.

Ahora estos proyectos, que nacieron en el 2010, reúnen a 1.500 mujeres de 58 comunidades waorani de Pastaza, Orellana y Napo. En el 2014, estas iniciativas ganaron el primer lugar del premio Equator Prize, del PNUD. En 2015, estas mujeres fueron reconocidas con el premio Latinoamérica Verde, en la categoría Biodiversidad y Bosques.

Sus productos estrellas son el chocolate wao que es orgánico y está elaborado con cacao fino de aroma, cultivado sin deforestar, por mujeres waorani en la Amazonía ecuatoriana que tuvieron que aprender su cultivo y cosecha. Sus barras tienen entre 50% y 70% de cacao en presentaciones de 30 gr, 50 gr y 100 gr. Promueven su consumo para proteger los bosques y a reducir el comercio ilegal de animales silvestres en el Yasuní, una de las áreas más biodiversas del planeta. El proyecto tiene estándares de comercio justo. En chocolate trabajan 400 familias entre mujeres, abuelos y jóvenes.


Sus barras de chocolate tienen entre 50% y 70% de cacao en presentaciones de 30 gr, 50 gr y 100 gr.

Asimismo, trabajan en artesanías que cumplen con el estándar internacional FairWild para la recolección silvestre sostenible y el comercio justo. Este emprendimiento además de reducir las amenazas sobre los ecosistemas, es fuente de ingresos que diversifica la economía en las comunidades y rescata la tradición cultural. En artesanías, 500 familias están involucradas y no solo las socias de la AMWAE. “Es para toda la familia waorani”, dice Mencay. En este proyecto trabajan con chambira, que es una palma cuyos frutos tienen un color amarillo verdoso con una forma ovoide. Hay mujeres que deben caminar hasta 7 kilómetros para recoger la chambira. Uno de sus objetivos es que estos materiales los puedan tener cerca de sus casa para hacer sus artesanías.


Las mujeres usan la chambira, que es una palma cuyos frutos tienen un color amarillo verdoso con una forma ovoide.


Los colores de las artesanias waoranis. 


Las comunidades prefieren hacer artesanías para cuidar el medioambiente y evitar la caza de animales. 

Ser emprendedora wao en la pandemia

Mencay cuenta que en la pandemia cayeron las ventas del chocolate y de las artesanías. Las solían comprar turistas nacionales e internacionales a través de negocios y clientes fijos que adquirían sus productos. Por ejemplo, un museo en la Mitad del Mundo, hoteles y hostales en zonas turísticas como Baños y en el aeropuerto de Coca. Pero con la cuarentena esos sectores se cerraron o decayeron por la falta de clientes. Eso fue un impacto directo para este grupo de mujeres, que distribuía el 70% de las ganancias para las artesanas y el 30% para gastos y movilización.

Ahora buscan recuperar esas ventas por internet. Pueden ser adquiridos a través del sitio web de Mega Organik, una tienda de comida orgánica de Quito. También trabajan en su propio portal (Amwae.org). Sus productos también están en las tiendas Superfoods en Quito y Cumbayá. También abrieron redes sociales para su campaña ‘Yo apoyo mujeres wao’, que busca visibilizar e impulsar sus emprendimientos. En Instagram se encuentran en @mujereswao y en Facebook en @yoapoyomujereswao. Mencay invita a los ciudadanos a ayudar a las mujeres del Yasuní, porque estos emprendimientos se han convertido en su único ingreso a la que más mujeres wao se quieren sumar.

Laura Enqueri, dirigenta de turismo de la organización, estaba en esa labor cuando llegó la pandemia. Narra que dio capacitaciones de turismo a las comunidades, pero esta actividad se estancó por la emergencia. Hace pocas semanas, las retomó y es ella quien va a las comunidades. Enseña desarrollo sustentable, emprendimiento, como mantener hoteles, cocinas, administración. Ahora su objetivo es hacer turismo sustentable y ofertar la cultura, el arte y el baile waorani. Se encuentran en la búsqueda de aliados internacionales para ese fin.


Estas son algunas de artesanías que hacen las comunidades waoranis ubicadas en el Yasuní. 

“Turismo significa conservar su territorio”, afirma Laura. “El territorio es nuestra madre, si lo acabamos ¿de qué vamos a vivir”, se pregunta Laura, líder waorani.

Laura dice que necesitan cabañas y hoteles para que los turistas vayan a las comunidades, pues todas hacen artesanías. Espera que se reabra la economía para que lleguen más visitantes y conozcan su cultura. “Turismo significa conservar su territorio”, afirma Laura. “El territorio es nuestra madre, si lo acabamos ¿de qué vamos a vivir”, se pregunta. Ella es otra defensora del Yasuní y de la lucha contra las petroleras y las mineras. El dinero que ganen con el turismo servirá a las mujeres para su casa, para comprar ollas, para los útiles de sus hijos, agrega Laura. En enero presentarán un paquete de turismo sustentable a diversas fundaciones para que las apoyen.

Laura tiene 39 años y también es de la comunidad de Kiwaro. En sus tareas como dirigenta de turismo ha incluido el apoyo a su gente que vive en la incertidumbre por la pandemia. Aún mantienen sus preocupaciones por sus abuelos y abuelas, que se han retirado hacia lo más profundo del campo. Dicen que para paliar los contagios usan medicamentos naturales como el ajo de monte, la uña de gato y el chuchuguaso, que los mezclan para recuperarse. “La organización va a las comunidades, han cuidado al territorio y son la fuerza de la comunidad”, manifiesta Laura.

La falta de comunicación es otro problema, pues no pueden saber quiénes están enfermos en las comunidades más alejadas que no tienen internet o telefonía. También faltan los médicos, que no llegan a esos sectores. Gomoke Omene, de 42 años, es otra mujer waorani que vive en Shell, cuyo tío falleció por el virus. Dice que temen por brotes en las comunidades donde están los abuelos o pikenanes. Ella también es artesana y sabe tejer shigras, hamacas, aretes, coronas.

Dicen que para paliar los contagios usan medicamentos naturales como el ajo de monte, la uña de gato y el chuchuguaso, que los mezclan para recuperarse.


Una mujer waorani mientras hace chicha de yuca. 

Gomoke, dirigenta de territorio, afirma que hay miedo de que la chicha sea un medio de contagio. Por eso ahora para ir a las comunidades se recomienda que cada persona lleve su plato, cuchara y vaso. Sugieren lavarlos con agua caliente. “Hacen chicha y toman todos y eso se cruza”, cuenta.

Gomoke explica que viven cerca de los Tagaeri Taromenane, que pueden ser más frágiles y un contagio puede causar la muerte de todos. Dice que están ingresando balseros, madereros a sus territorios y estos pueden dejar comida que luego pueden tomar los no contactados y contagiarse. También luchan por ellos porque es un solo territorio y un solo idioma.

A esto se suma que el río creció durante la pandemia y se llevó las chacras de yuca y plátano de las comunidades como Kiwaro. Afirma que los waoranis se han quedado sin víveres. “Pueden apoyarnos con arroz, azúcar, aceite, jabones, sal, fósforos, velas”, solicita. Solo las chacras que estaban en una loma se salvaron, los dejó sin comida y por eso les ha tocado ir a pedir a otras familias, pero el alimento no alcanza para todos.

Gomoke tiene 9 hijos. Tiene dos hijas que han perdido dos años de universidad porque no tiene los recursos para enviarlas porque deben pagar arriendo, matrícula, materiales, computador. Los niños waoranis que viven en Shell han logrado mantener sus estudios por internet. Pero los que viven en las comunidades no. “Los niños waoranis están botados, sin clases, sin teléfonos”.

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