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18 de Enero del 2016
Historias
Lectura: 9 minutos
18 de Enero del 2016
Desirée Yépez
En Nueva York, los sobrevivientes del 9/11 exhuman sus historias

Fotos: Desirée Yépez

Los nombres de las 2753 víctimas están inscritos en bronce en los bordes de las piscinas del Memorial.

 

Los neoyorquinos decidieron enfrentar al miedo y el dolor de los atentados ocurridos hace 15 años. Hoy, en el World Trade Center vuelven a transitar los sobrevivientes, pero esta vez para compartir su historia con los visitantes.

La escena es sobrecogedora. Frío, neblina, árboles desnudos, hojas secas en el piso y gente, mucha gente. Decenas de personas se apostan frente a lo que, desde lejos, no es más que un abismo en pleno Distrito Financiero neoyorquino. Basta acercarse un poco para que el escenario termine de estremecer. En realidad se trata del lugar en donde hasta hace 15 años se levantaban los edificios más altos de Estados Unidos: las Torres Gemelas, cada una de 110 pisos.


El One World Trade Center ahora reemplaza a las Torres Gemelas. Mide 541 metros.

El Memorial 9/11 ahora forma parte de las guías turísticas de Nueva York. Es un lugar ambiguo, en donde el recogimiento y los selfie-sticks de alguna manera se combinan. Los turistas se acercan a las piscinas diseñadas para recordar a las 2753 víctimas del 11 de septiembre del 2001. Son dos estructuras que guardan la huella de lo que fueran el World Trade Center 1 y 2. En los bordes de ambas plataformas, cada una de más 4000 metros cuadrados, se inscribieron en bronce los nombres de cada una de las víctimas.


El Memorial 9/11 atrae a cientos de turistas diariamente en el distrito financiero de Manhattan, New York.

15 años después de que dos Boeing 767 se estrellaran contra los rascacielos y luego estos se derrumbaran, las respuestas a los porqué no están claras. Sin embargo, la comunidad de Nueva York apostó por hacer de la tragedia un vínculo entre pasado, presente y futuro. Así nació el 9/11 Tribute Center, un proyecto de la Asociación de las familias del 11 de Septiembre, que comparte la experiencia de quienes sobrevivieron y sobrellevaron la catástrofe.

A pocos metros del Memorial, una puerta pequeña indica que existe el Tribute Center. El lugar, por lo sencillo de su fachada, pasa, aparentemente, desapercibido.  Pero allí se han entrenado más de 600 guías turísticos. Lo paradójico es que son personas que están directamente involucradas con lo ocurrido aquel 11 de septiembre. Son sobrevivientes, rescatistas o familiares de las víctimas que decidieron compartir su experiencia.

Ese es el caso de Earlyne Alexander, una mujer que el día del atentado se encontraba en el piso 65 de la torre norte. Muchos de sus colegas murieron. Como sobreviviente, ella es una de las que ahora guía a los visitantes en los alrededores de donde sucedió la tragedia. Tracy Gazzani también es guía. La exdocente escolar decidió convertirse en voluntaria luego de perder a su único hijo, Terry. Él fue una de las víctimas de la torre norte. El centro de tributo también es un espacio para los familiares de quienes estaban a bordo de los aviones que se estrellaron en manos de pilotos aparentemente de Al Qaeda. Por ejemplo, Julie Sweeney perdió a su esposo, Brian. Él iba en el vuelo 175 que colisionó contra la torre sur.  


Dos piscinas de aproximadamente 4000 metros cuadrados se instalaron en el lugar donde se alzaban las Torres Gemelas.

La iniciativa ha acogido, desde 2005, a más de 250 000 visitantes provenientes de Estados Unidos y del resto del mundo. De hecho, se realizan cerca de 40 tours semanales a través de los cuales es posible acercarse a más de 400 relatos orales que forman parte de la muestra. Es decir, además de la visita al espacio donde antes se alzaban las Torres Gemelas, el Tribute Center es una suerte de museo en donde se revive y recuerda a quienes perdieron la vida.

El ingreso al lugar es una abstracción en espacio y tiempo. Mientras que afuera agobia el caos de la Gran Manzana, al interior del centro de tributo todo es paz. Música instrumental entonada por lo que parece un órgano, da un contexto lúgubre y de recogimiento.

En las paredes de un primer pasillo las imágenes disparan la sensibilidad de los caminantes. Del lado izquierdo están impresos los anuncios de las personas que desaparecieron, a quienes todavía no podían dar por muertas hasta terminar las obras de limpieza… Unos pasos más y una vitrina en donde reposa la ventana de uno de los aviones estrellados. Más allá, en otra urna, el traje de uno de los 343 bomberos que también perdieron la vida durante las tareas de rescate.


En una sala multimedia se exhibe información y relatos para reconstruir el 11 de septiembre de 2001.

Al terminar el pasillo, una sala se abre. Son tres paredes en donde están dispuestas miles de fotografías. 1776 víctimas están representadas en esos muros. Son imágenes, certificados, cartas, placas… Todo lo que sea posible para mantener con vida el recuerdo. En medio del salón hay un pilar, a su alrededor hay cuatro bancas de maderas y sobre cada uno de ellas pañuelos de papel. Es duro resistir las lágrimas ante ese escenario…


Un mural de fotografías recuerda a 1776 víctimas que perecieron en los atentados terroristas.

La visita transcurre por unas gradas que llevan hacia un subsuelo. Ahí se instaló una sala multimedia en donde es posible acceder a más testimonios a través de audio y video.      

Una de las historias que ahí se difunde es la de David Kravette, quien en aquel entonces trabajaba en el piso 105 de la torre norte. Minutos antes del impacto del primer avión, el hoy sobreviviente bajó al lobby del edificio para recibir a dos personas con quienes debía reunirse. “Escuché un sonido terrible proveniente de arriba y salí. Al poco tiempo observé una bola de fuego calcinante salir de las ventanas y pensé ‘soy hombre muerto’”, recuerda entre lágrimas. Cinco minutos después David fue testigo del impacto del segundo avión contra la torre sur.


Los familiares de las víctimas mantienen un mural en el Tribute Center con imágenes y recuerdos.

Paralelamente, Stanley Praimnath estaba en horas de trabajo en la torre sur del World Trade Center. Él salió de su oficina en el piso 81 del rascacielo al oír el estruendo en la torre norte. Estuvo en el lobby de su edificio y los guardias de seguridad le indicaron que vuelva a su trabajo, pues todo estaba controlado. Stanley subió nuevamente sin la menor idea de lo que estaba por ocurrir. Al llegar a su escritorio fue testigo de cómo el segundo Boeing estaba próximo a estrellarse contra su torre. Lo único que pensó fue en cubrirse bajo su escritorio y después todo fue terror. El avión colapsó en el piso superior al que él estaba y su mesa fue la única que seguía en pie cuando abrió los ojos. Hoy Stanley se dedica a difundir su historia en la iglesia, para él lo que ocurrió fue un milagro y no logra entender cómo sigue con vida. Su historia y la de otros sobrevivientes también está disponible en este sitio web.


Los visitantes reviven la tragedia a través de imágenes y testimonios en primera persona.

A pesar de las amenazas, Nueva York decidió desafiar el miedo. Luego de la tragedia, hoy presume de la reconstrucción del World Trade Center. La estrella del nuevo complejo es el One World Trade Center (Freedom Tower), que se levanta frente a las piscinas del Memorial 9/11.

El rascacielos fue diseñado por los arquitectos Daniel Libeskind y David Childs. El edificio que costó más de 3 000 millones de dólares es el más alto del World Trade Center, en reemplazo de las antiguas Torres Gemelas. Tiene una altura de 541 metros, el séptimo más alto del mundo, después del Burj Khalifa (Dubái), de 828 metros de altura.


Desde su apertura, en 2005, el Tribute Center ha recibido más de 250 000 visitantes nacionales y extranjeros.

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