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10 de Febrero del 2017
Historias
Lectura: 17 minutos
10 de Febrero del 2017
Tania Laurini Pico
Operativo: silencio Shuar

Fotografías: Ókin

Una mujer Shuar protesta en Quito por la militarización de los territorios y la expulsión de familias en la zona minera que explota la empresa china Ecuacorriente.

 

Sólo enseñan su lanza y omiten su mensaje, sólo les permiten ser noticia cuando estallan: abono comunicacional para la militarización, del sur minero y el norte petrolero de la provincia. En ambos conflictos —diciembre en Nankintz y enero en Taisha— solo se pudo escuchar la explicación oficial, la de los Ministros de la Seguridad. Y el silencio de la provincia fue garantizado con la prohibición de todos los noticieros locales. En su remplazo se escuchó sólo Radio Pública, y en tiempo de elecciones.


“No son shuar” fue la última consigna magistral del repertorio oficial, para cerrar con broche de oro la construcción simbólica que inició en “violentos”, “criminales”, pasó por “grupos armados irregulares”, siguió por el “buen y mal” salvaje, la minimización: “es un solo líder”, hasta la desaparición absoluta: “no son Shuar”.


Una de las armas fundamentales de la invasión multinacional
(China-Ecuador) sobre el territorio Shuar de este Estado Plurinacional es la COMUNICACIÓN.
Agravado el tradicional desequilibrio informativo entre los cohabitantes de este territorio; la estigmatización, criminalización, silenciamiento y negación absoluta son los últimos pasos de la exitosa campaña comunicacional gubernamental/empresarial, una colección de irrespetos a los derechos de expresión de una nacionalidad y los derechos de  información de un país entero.


Dos meses de estado de excepción en toda la provincia de Morona Santiago se cumplen este 12 de febrero.
Para el Ecuador, una “noticia más de crónica roja” que viene y va cada vez que los Shuar “se violentan sin razón” (gigantes razones tienen…).
Para el mundo, una lucha más de miles por territorios indígenas (¿noticia de 1.492 o 2.017?).
Para la nacionalidad Shuar, una herida profunda en su historia y el ataque final a su territorio, que en 20 años será otro.
¡Feliz día de la Amazonía ecuatoriana!

Vivo hace catorce años en el territorio amazónico que los Shuar nos han cedido en poco más de cien años de colonización. En el borde “colono” que dibuja una serpiente que une Puyo con Macas, pasa por Sucúa, Méndez, Limón, Gualaquiza, y llega a Cuenca. Los Shuar son una nacionalidad binacional de más de 200.000 personas, que habita en propiedad colectiva su territorio miles de años más que los pocos 200 que tiene el Ecuador. A eso se llama pre-existencia y conlleva derechos colectivos internacionalmente reconocidos.

Al lado de esa serpiente (asfaltada recientemente como un paso más para la extracción de los recursos), surca otra serpiente de mineral (oro, cobre y petróleo), bajo dos maravillosas cordilleras amazónicas (Cutucú y Cóndor), territorio ancestral de la nacionalidad Shuar y punto caliente de biodiversidad (al nivel del Yasuní, pero sin una sola estación científica que dé números precisos de lo que van a destruir). Esto es la provincia de Morona Santiago, la única amazónica que queda sin extractivismo en el Ecuador.

Como periodista de investigación —que hago seguimiento de los medios locales— doy testimonio de la agresiva y desproporcionada campaña comunicacional que hace una década se ejecuta en este territorio invadido para la extracción de sus recursos; junto a la campaña económica, institucional, jurídica y finalmente militar para explotar los minerales sobre los que los Shuar están parados (no “sentados mendigos sobre saco de oro”, como repite el Presidente ecuatoriano).

El arrollador proyecto minero, petrolero e hidroeléctrico en la zona, es la estocada final en los acelerados cambios que esta fuerte nacionalidad ha sido obligada a vivir en los últimos cien años.

Sin embargo, no pueden decir su palabra, no pueden dar a entender su relevante posición. La campaña comunicacional en contra tiene fines y eficacia más aniquiladoras que las armas de la militarización. La parafernalia militar es más una escenografía montada para las cámaras del monólogo oficial; aunque sí crea el pánico esperado en las comunidades.

El poder militar desproporcionado ante campesinos indígenas ejerce el poder simbólico necesario para seguir ganando batallas sobre los Shuar. La campaña de estigmatización y silenciamiento Shuar taladra más profundo que los cowboys militares, deja huellas de racismo exacerbado en la zona, oficializa verdades falsas, hereda los consabidos procesos judiciales de escarmiento -a quienes protestan por ser invadidos en su casa- y siembra una peligrosa rabia en el guerrero invadido.

Descabezar la presidencia Shuar

Casi nadie en Quito sabe que el presidente de los Shuar está preso cerca de dos meses, ni que en la última década tres ciudadanos Shuar fueron asesinados en situaciones relacionadas a la extracción de los recursos.

Pero todos saben que los shuar “mataron a un policía” (no está comprobado, como no lo está aún el caso de la muerte del profesor shuar Bosco Wisum, del que también son acusados). Con el escenario de “verdades” no confirmadas, podría pensarse también que este fuera un operativo para justificar la militarización de la zona e imponer finalmente la mina a cielo abierto que ya se la deben a China.

Peor, ¡qué van a saber que está preso por una publicación en Facebook! Todos en Morona —incluidas las instancias de gobierno encargadas de “amansar” esta zona—  saben que el presidente Shuar, Agustín Wachapá, estuvo muy distante, geográfica e ideológicamente, de las posiciones que llevaron al alzamiento Shuar en contra del campamento minero en diciembre. Sin embargo, convenía descabezar a la organización, para el amedrentamiento y silencio de todos.

En la Federación Shuar desfilan vicepresidentes encargados como presidentes encargados. Muy pocos dirigentes asoman la cabeza porque todos temen estar en la lista de los 60 “delincuentes” mencionada por el presidente Correa.

El amedrentamiento fue logrado. En la Federación Shuar desfilan vicepresidentes encargados como presidentes encargados. Muy pocos dirigentes asoman la cabeza porque todos temen estar en la lista de los 60 “delincuentes” mencionada por el presidente Correa. Después de mucho, en enero algunos dirigentes lograron salir a la capital, para intentar aclarar la posición de su organización y, en febrero, lo hicieron algunas mujeres que narraron la situación de militarización de las comunidades. Sin embargo, estos intentos de difusión son una gota en el tsunami  de la comunicación oficial.

Ante la impotencia, devino el intento desesperado de las comunidades de Taisha que retuvieron a dos militares, con la inocente creencia de que podrían devolverles a su Presidente. Curiosamente se produjo un día antes de la reunión del Comité Interfederacional (shuar/achuar/shiwiar/), en Taisha. Que también quedó descabezado porque el encarcelado Presidente de la Federación estaba en turno de presidir el comité. Pero la retención de los militares fue la mayor muestra de monólogo oficial en los medios y derivó en más juicios contra comuneros y la excusa para militarizar una zona muy importante de la provincia, la vía Macuma-Taisha, la ruta del petróleo de Morona.

Por supuesto, este año —por primera vez en décadas— no pudo desarrollarse, Asamblea anual general de la Federación, máximo órgano de decisiones Shuar, que se realiza siempre los últimos días de enero. Esta histórica asamblea que se cumple desde 1964 —cuando se creó la Federación Shuar— reúne anualmente a los 700 presidentes de comunidades, 35 presidentes de asociaciones de comunidades, el directorio del Consejo de Gobierno y autoridades externas invitadas. Pero nada de esta compleja e interesante democracia Shuar, de abajo hacia arriba, puede nuestro país conocer para enriquecer su Estado Plurinacional.

Sólo enseñan su lanza y omiten su mensaje, sólo les permiten ser noticia cuando estallan: abono comunicacional para la militarización, del sur minero y el norte petrolero de la provincia. En ambos conflictos —diciembre en Nankintz y enero en Taisha— solo se pudo escuchar la explicación oficial, la de los Ministros de la Seguridad. Y el silencio de la provincia fue garantizado con la prohibición de todos los noticieros locales. En su remplazo se escuchó sólo Radio Pública, y en tiempo de elecciones.

De cabezas cortadas a radio clausurada

Los únicos medios de difusión "más molestos" fueron eliminados después del primer muerto Shuar (30-S / 2009). Radio Canela y Telesangay (el primer medio público provincial que existió en la Amazonía). Radio Arutam, de la Federación Shuar, fue agobiada legalmente y sacada del aire cada vez que el clima provincial subía de tono; sin embargo, solo recién este mes de enero 2017 lograron desmantelarla totalmente. Pero nadie lo mencionó. En vez de esta noticia titularon que “los Shuar atacaron a los policías que realizaban una diligencia legal”.

Asimismo fue eliminada de Facebook la foto del presidente Shuar herido en la cara por los golpes. Los argumentos de sentido de común que sostiene el gobierno caerían fácilmente con información: “no hay heridos Shuar”. Los heridos Shuar no se reportan porque no se curan en los hospitales sino en la selva, pues de los hospitales irían a la cárcel, como ya pasó en el primer enfrentamiento del 2009, cuando llevaron a la cárcel a más de 20 Shuar que eran funcionarios de Estado los cuales, pensándose más inmunes, se acercaron al hospital a preguntar por los heridos.

Fue eliminada de Facebook la foto del presidente Shuar herido en la cara por los golpes. Los argumentos de sentido de común que sostiene el gobierno caerían fácilmente con información: “no hay heridos Shuar”..

Una prueba más para creer en los mitos Shuar: hay uno del siglo XX, que lo creen con verdadero horror las comunidades actuales: el “gringo cortacabeza”. Los Shuar ya no cortan cabezas, pero como su compleja costumbre cultural llamó a la avaricia occidental, y a mediados de siglo XX “los gringos comercializaban cabezas reducidas”, entonces para los Shuar, los gringos son los cortabezas…

Se cumplió el mito. Estos seres extraños que somos, este gringo alto de ojos verdes con espalda de armario, apresó a su Presidente Shuar y cortó la garganta de su Voz de Arutam, la legendaria y sexagenaria radio precursora de la comunicación comunitaria en el continente, e innovadora puntal de la Educación Intercultural Bilingüe —también descabezada, en la época ganada, cuando apenas cumplía su mayoría de edad—.

El presidente Shuar está en la cárcel por algo que dijo, no por algo que hizo. Lo que dijo el presidente es un error —por no decir horror— cultural. O simplemente una valentonada de líder (equivalente a cuando Correa dice  “'llamemos a la OEA, a la ONU', llamen a los extraterrestres, a los que se les dé la gana, primero capturar a los asesinos”). Y por eso está preso. Cualquier excusa hubiera bastado.

La Radio Arutam fue cerrada después de pasar un mensaje del presidente de la Federación desde la cárcel de máxima seguridad de Latacunga —presidio siglo XXI—. La voz Shuar también quedó apresada.

Comunicación de sitio para el estado de sitio

El desequilibrio informativo usual en el acceso de los Shuar a la difusión pública se agrava en la comunicación de sitio. A la par de la ofensiva militar operan las armas comunicacionales.

Además de acaparar absolutamente la vocería sobre el tema, con su agilidad acostumbrada, el gobierno reemplazó todos los noticieros locales por Radio Pública del Ecuador. Sólo un noticiero adicional podía salir al aire… sólo uno… (¿con escusa de ser regional sería?). Justamente el del periodista que lleva hace varios años un militante racismo y favoritismo por el gobierno y la campaña extractivista.

Además del noticiero de Radio Pública, las 12 radios de la provincia están obligadas a pasar, por orden de la Secretaria de Comunicación, un programa especial —comprobadamente insidioso, colección de todo lo que un entrevistador no debería hacer— de una hora diaria en horario estelar, en todas las radios de la provincia con la información del conflicto desde una sola óptica, la oficial.

El programa Infórmate Amazonía, que normalmente tenía una emisión semanal, en horario estelar, pasó a ser diario. El programa institucional de temas diversos se transformó en monotema: algo así como “antimineros ¡Qué buenos somos nosotros, qué malos son ellos!”…

En el desfile de entrevistados de un solo lado, por supuesto, tienen un lugar estelar “los Shuar buenos”, los que no reconocen a las organizaciones o son de organizaciones esbirras creadas en la época de Febres Cordero para dividir a los Shuar, práctica que sigue hasta ahora. En la sabatina 505, el presidente ecuatoriano critica a la Confeniae, pero presenta como testimonio a favor a “su presidente”. ¿Error?  No. Es que hay dos presidentes y directorios, la Confeniae del gobierno y la de los pueblos…

Un programa especial que, por ejemplo, en este mismo momento que escribo, está trasmitiendo adversidad frente al único medio nacional que logró cruzar el cerco informativo e informar algo de la voz de los Shuar en la crisis de los dos militares secuestrados (y una semana después del inicio de los hechos!). El único registro logrado desde el interior de la selva fue autocensurado por los principales medios nacionales, por miedo a cometer “un error” en este tiempo de asignación de frecuencias, que también coincide curiosamente con tiempo de elecciones...

Shuar linchados

En este territorio amazónico, como en el nacional e internacional, la comunicación oficial hace con perfección lo que a los demás prohíbe. Lo que sucede con los Shuar es un intenso caso del famoso “linchamiento mediático”.

“Ningún periodista ha llegado a Taisha” dice el rector del colegio, entrevistado por Infórmate Amazonía (una hora diaria de entrevista, que no expone el nombre del entrevistador),  intentando connotar que  miente el único periódico que publicó un discurso distinto al oficial. Más bien nos deberíamos preguntar cómo no llegan periodistas a una situación así.

Finalmente, el “cerco informativo provincial” fue roto por los propios comunicadores locales que reclamaron caballerosamente y lo lograron. No con el argumento de los derechos de expresión, información y difusión, sino porque la ausencia del noticiero les estaba provocando muchas pérdidas económicas pues no podían cumplir con el pautaje publicitario. Con total garantía de que ya no queda en las doce radios ningún ente molesto para el discurso oficial, el gobierno accedió y retornaron los noticieros. Si antes ya existía autocensura (con mucho gusto de la mayoría de comunicadores locales), luego de más de un mes sin noticieros, el escarmiento ha sido más que claro: nadie más habla del tema Shuar.

Las extensas precauciones de la Ley de Comunicación del Ecuador no funcionan en la provincia donde los Shuar son mayoría.  En este territorio amazónico, como en el nacional e internacional, la comunicación oficial hace con perfección lo que a los demás prohíbe. Lo que sucede con los Shuar es un intenso caso del famoso “linchamiento mediático”.

Termino este artículo mientras escucho a la directora de Radio Pública y del programa Inunke (nuestra tierra, en Shuar…) sorprenderse porque no sabía que el estado de excepción sigue en toda la provincia: “pensaba que era en tres cantones”, se excusa.  Y también porque no sabía que, por más de un mes, lo único que se escuchó, en todas las radios de la provincia de Morona Santiago, fue el noticiero de Radio Pública. Bueno, si ella no lo sabe, que dirige, habita y trasmite desde la provincia de al lado, quién va a saber lo que pasa en esta maravillosa y tentadora tierra… 

Operativo Silencio Shuar, cumplido.

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