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2 de Agosto del 2021
Historias
Lectura: 15 minutos
2 de Agosto del 2021
Brigette Mancheno
Pandemials: El desafío de nacer en tiempos de Covid
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María Mieles, enfermera experta en lactancia materna, guía y asesora a las madres de familia. Fotos: Cortesía.

 

La Semana Mundial de la Lactancia Materna se conmemora del 1 al 7 de agosto. En estos días se hace un especial énfasis en la importancia de brindar defensas a los más pequeños por medio de la leche materna. La pandemia presenta desafíos como la soledad, el desapego y la vulnerabilidad de las madres y niños nacidos en esta época.


Para nadie es un mito que nacer en países económicamente inestables, con escasas oportunidades laborales y un futuro incierto, es un reto. A esto se suma un colapso de todos los sistemas por una inesperada pandemia. Y aunque los escenarios han cambiado drásticamente, las lúgubres salas de parto y la afluencia de personal de salud no son los mismos, Fernanda, Andrea y Micaela, tres madres ‘pandemials’, coinciden en que el sentimiento de gratitud y nostalgia de traer una nueva vida no cambia. 


Aria Isabella tuvo su primera sesión fotográfica como parte de una campaña de lactancia. Fotos: Cortesía.

A cinco meses de que detectaran el ingreso del virus al Ecuador, Andrea Estrella de 20 años recibió a Aria, una pequeña de 48 cm y 3.300 gramos en la Maternidad Isidro Ayora, ubicada en el centro de la capital.  El 31 de agosto del 2020, Estrella tuvo que ingresar sola —a su primer parto— mientras su pareja y su madre la despedían en la entrada de la maternidad, al igual que las más de dos mil madres que han acudido a esta casa de salud en lo que va de 2021.

Mientras le tomaban los signos vitales en la sala de espera, las enfermeras se percataron de que Estrella presentaba un cuadro de taquicardia, lo que alarmó a los doctores y supusieron que tenía Covid, por lo que decidieron llevarla a una de las salas de contingencia que ha designado esta casa de salud para las pacientes con sospecha de contagio como parte de sus protocolos de bioseguridad. “Yo estaba muy nerviosa, me pusieron una cápsula y me llevaron a otra habitación para hacerme una prueba de sangre”, comenta Andrea. Minutos después, su prueba salió negativa, y la llevaron a una sala con aproximadamente 10 mujeres que estaban próximas a dar a luz por cesárea. “Era desesperante oír tantas mujeres quejándose por los dolores, en las que menos se demoraban era en las que entraban a dar a luz por parto normal”, comenta Estrella, sobre su experiencia en la maternidad.

Finalmente, a las 19:56, la pequeña había nacido sana pero los doctores la mantuvieron en observación —para descartar posibles fallas en su sistema respiratorio—debido a que no había llorado al nacer. Afortunadamente, Aria había salido de algún posible peligro, pero el personal de salud decidió mantenerla más días internada. Creían que Andrea aún no sabía cómo alimentar a su hija, lo que la llevó a permanecer casi cinco días en el hospital. “Me dijeron que si yo no hacía que mi hija lacte de mi pecho no me iban a mandar a casa, además, constantemente me preguntaban si vivía con alguien que pueda supervisarme”, afirma Estrella. Cuando dio a luz, tenía 19 años y los doctores pensaban que “aún era muy joven”, opinión que Estrella no solicitó. Paúl Ávalos, ginecólogo de la Maternidad Isidro Ayora, afirma que el alta depende de varios factores, por ejemplo, un buen estado físico y mental de la madre, así como el correcto manejo y cuidado del bebé.

Los días para Andrea y su pequeña no fueron fáciles en la soledad de esta casa de salud, donde ni siquiera podía tener acceso a una llamada, a un teléfono móvil o a algún mecanismo para contactarse con su familia.  A pesar de que pertenecía a un programa de ‘Atención a la Adolescencia’, Estrella cuenta su experiencia en la maternidad y la describe como “una privación a su libertad”.

En el Ecuador en el año 2020, se registraron 43.260 nacidos vivos, hijos de adolescentes de 15 a 19 años de edad.  Fuente: Registro Estadístico de nacidos vivos 1990 – 2020

Luego de recibir guías sobre la maternidad y un curso de lactancia —por el que Andrea está muy agradecida— los doctores decidieron que era momento de dar el alta a la paciente y su hija. Según Estrella, las políticas del hospital incluían la obligatoriedad de colocarse un implante anticonceptivo, aun cuando las pacientes no querían y no solicitaban el mismo. “Colocarse los palillos en el brazo era un requisito para el alta”, afirma Estrella. Ella se negó rotundamente a colocarse un método anticonceptivo que no iba en conformidad con su planificación familiar. Por esta razón, aún cuando el alta no estaba firmada, Andrea decidió abandonar esta casa de salud. Al respecto, Ávalos comenta que “en ninguna parte del mundo la anticoncepción es obligatoria”. La casa de salud —según menciona el ginecólogo— brinda solamente una asesoría en anticoncepción para las mujeres. “Platicamos con la paciente sobre sus opciones anticonceptivas. Una mujer que está dando de amamantar no puede tomar cualquier método. La paciente escoge”, afirma.

El Acuerdo Ministerial No. 108, de 2016, indica en su artículo 17: “El establecimiento de salud (…) debe: a) Asesorar a la madre sobre métodos de planificación familiar y proveer o garantizar el acceso al método escogido, de acuerdo a su solicitud.”

Mediante un comunicado emitido por la Coordinación Zonal 9, a cargo de la Maternidad Isidro Ayora, sobre las declaraciones que Estrella ha hecho a este medio, afirman que parte de sus obligaciones como establecimiento de salud es el “asesorar sobre métodos de planificación familiar y promover o garantizar su acceso de acuerdo a la solicitud de la madre”. Sin embargo, Estrella condenó los actos de obligatoriedad que según ella son promovidos en este hospital.

El personal de salud como parte esencial

Al contrario de lo que sucedía en esta casa de salud en Quito, en el Hospital Matilde Hidalgo de Procel, ubicado en el suburbio al sur de Guayaquil, se han creado protocolos para brindar el acompañamiento oportuno a las madres que ingresan —en soledad— a recibir a sus bebés. En el caso de los pequeños que requerían hospitalización, María Mieles, enfermera líder del área de neonatología y consultora internacional de lactancia materna, comenta que en los primeros meses de pandemia crearon “un grupo de apoyo para los papás en WhatsApp para mantenerlos informados sobre el estado de sus hijos”. Estos grupos, también servían para dar seguimiento a los bebés prematuros que tenían que ir a casa para estar más seguros, así, el personal médico podía asesorar en temas de lactancia y cuidados especiales.


María Mieles acompaña a las mujeres en su proceso de extracción de leche. Foto: Cortesía de María Mieles.

Por otro lado, como parte de un plan pensado en las madres y su estado mental de salud, desde febrero de 2021, este hospital decidió adquirir dispositivos móviles para que las madres puedan llamar a sus familiares y en algunos casos —presentarles el bebé a su familia— por videollamada. Antes de esto y frente a la situación tan difícil que veían, Mieles cuenta que el personal de salud “prestaba sus teléfonos personales a las mamitas para que puedan comunicarse con sus familiares. Nosotros éramos ese nexo”, afirma María.


Una paciente videollama a sus familiares para presentarles al nuevo integrante de la familia. Foto: Cortesía de María Mieles.

El hospital se ha encargado de brindar cursos de lactancia personalizados a las madres, así como la atención por vías alternas como WhatsApp para responder las inquietudes de las madres lactantes. Además, son actores principales para mantener a flote el banco de leche de la ciudad y así permitir que la leche materna —alimento indispensable e irremplazable—, llegue a las madres que por algún motivo no han podido brindarles esta fuente de nutrientes a sus hijos.


Isabella Enriquez celebró su cumpleaños número 1 el 22 de marzo del 2020 solamente con sus padres y abuelos por la emergencia sanitaria. Foto: Cortesía Micaela Recalde

Así es como el personal de salud se convierte en una parte indispensable en procesos como el embarazo, el parto y la lactancia.  Este es el caso de Micaela Recalde de 23 años, quien dio a luz en la Maternidad del Sur en Quito el 22 de marzo del 2019, un año antes de que la pandemia cambiara por completo el panorama. Recalde recibió a Isabella por parto normal a las 23:50. Según cuenta, más de 10 personas entre doctores, enfermeras e internos presenciaron el nacimiento de su pequeña, situación que sin duda ha cambiado para dar cumplimiento a los protocolos de bioseguridad que se exige la nueva normalidad.

Aunque Micaela pudo tener la visita de sus familiares más cercanos y de su esposo, nadie la había preparado para los momentos que le esperaban y que —como madre primeriza— iría descubriendo en el proceso. “En el hospital no me asesoraron sobre la lactancia, pero afortunadamente una enfermera hizo las veces de amiga o familiar porque toda una noche pasó junto a mí y mi hija enseñándome cómo darle de lactar correctamente”, afirma Micaela, quien recuerda aquellos momentos en los que la angustia sopesaba al no lograr alimentar a su pequeña con éxito.

En plena crisis sanitaria, el personal de salud ha jugado un rol fundamental. Ávalos,
especialista en ginecología, cree que la presión que han tenido ha provocado consecuencias
físicas y mentales.


Iñaki Martín tiene 10 meses y sus primeros controles médicos sucedieron en casa al igual que sus primeras vacunas. Fotos: Cortesía de Fernanda Tipán

‘Una nueva normalidad’

Tan solo un mes antes de la pandemia, Fernanda Tipán de 22 años, recibió la noticia de que iba a ser madre por segunda vez. Lo que no sabía, era que tendría que adaptar los chequeos, controles y el mismo parto a una emergencia sanitaria nunca antes vista. “El reto del embarazo en medio de la pandemia fue bastante grande, no nos contagiamos, aunque íbamos con mi esposo a controles regulares”, comenta Tipán, quien dio a luz a su hijo el 1 de octubre del 2020, a las 00:50 am. En su último control prenatal, le dijeron que estaba a tan solo horas de dar a luz a su pequeño. Fernanda estaba preocupada por su trabajo y con quién dejaría a su pequeña hija de cinco años. Además, le dijeron que, si su esposo no contaba con la prueba PCR negativa, no podría ingresar al parto con ella. “No quería entrar sola, yo estaba asustada”, afirma Tipán.

Finalmente, en menos de 24 horas tuvieron los resultados. Ambos negativos. Fernanda cuenta que para ella fue reconfortante poder ingresar con su esposo a recibir a Iñaki, su pequeño niño que nació a las 38 semanas, de 48 centímetros y con un peso de 3.170 gramos. Para su fortuna, al recibir a Iñaki en una clínica privada, gozó de ciertos beneficios. Realidad que no se repite en las madres que han tenido que asistir a hospitales públicos.

Durante las primeras 15 horas de vida, el único alimento de Iñaki Martín fue leche de fórmula, pues su madre no tenía la suficiente producción, situación que, según comenta Tipán, retrasó el proceso de adaptarse al pecho de su madre. Ahora, con 9 meses de edad, Iñaki disfruta de la combinación entre alimentos sólidos y la leche de su madre. Al respecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF sostienen que es esencial que los neonatos puedan disfrutar de “una lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida” y hasta los dos años se conviertan en un complemento de su alimentación.

Iñaki pudo conocer a su familia. Su abuela y bisabuela lo esperaban con los brazos abiertos pues, por medidas de bioseguridad, la clínica no permitía visitas ni en esta ni en ninguna área del hospital. En abril de 2020, Fernanda y su familia se contagiaron de covid-19. “Un miércoles mi esposo se empezó a sentir mal, al siguiente día empecé a perder el olfato, entré en pánico por mis hijos”, menciona Tipán, “al final, ellos también resultaron contagiados y se expresó por el síndrome de Kawasaki, en mis dos hijos”, comenta sobre su proceso infeccioso. Este ​​síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico se ha relacionado al SARS-CoV-2 en los niños, y se ha expresado en síntomas como: fiebre, dolor abdominal, irritación e inflamación de la boca, labios, garganta, entre otros. Afortunadamente, y gracias a los controles —a domicilio— de su pediatra de cabecera, Iñaki y toda su familia lograron recuperarse con éxito.

Y así, es como esta generación de ‘pandemials’ descubre el mundo en esta nueva normalidad. Una nueva normalidad en la que aún buscamos adaptarnos.

EN EL AÑO 2020 SE REGISTRARON 20.776 MENOS PARTOS QUE EN 2019


El artículo en su versión original aquí

Brigette Mancheno es estudiante de Periodismo de la Universidad San Francisco de Quito.

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