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13 de Julio del 2020
Historias
Lectura: 19 minutos
13 de Julio del 2020
Mateo Ordóñez
Las preguntas clave sobre el dióxido de cloro: ¿en verdad es una panacea?
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Pariente cercano del cloro con el que se limpian pisos y piscinas, hay quienes lo consideran una cura milagrosa. Foto: Latinoamérica Piensa

 

Un estudio hecho en Guayaquil parece recoger anécdotas sin rigor científico más que hechos que sean comprobables. La literatura científica sobre el dióxido de cloro evidencia que hay pocos indicios de que pueda servir más que como un desinfectante de superficies... y del agua de las piscinas.


¿Qué es el dióxido de cloro? Se trata de un gas que puede ser diluido en agua, es un potente desinfectante y oxidante usado usualmente como blanqueador y para la descontaminación de superficies industriales. El dióxido de cloro (ClO2) es capaz de inactivar patógenos transmitidos por agua, bactericida y virucida con alta efectividad al entrar en contacto con estos en superficies.

¿Cuál es el proceso de desarrollo y aprobación de un fármaco de manera general?

El primer paso es la identificación de un compuesto líder (que para este caso es el dióxido de cloro), lo que se conoce como fase de descubrimiento. Después viene la fase pre-clínica, en donde se hacen ensayos exhaustivos en el laboratorio para conocer la seguridad en humanos, su toxicología, la eficacia mediante ensayos in vitro e in vivo con células humanas, y la distribución y eliminación del medicamento, entre otros. La validación de esta fase se da mediante una revisión crítica por científicos afines para dar paso a los ensayos en animales y, pasada esta etapa en donde se registran los efectos secundarios, eficacia y lo anteriormente descrito, se da luz verde para los ensayos clínicos en humanos, los cuales cuentan con otras cuatro fases.

En cada una de estas fases se incrementa el número de participantes y se registra la respuesta que tienen los voluntarios a diferentes dosis, se obtiene de manera detallada el porcentaje de personas que tiene un determinado efecto secundario y la efectividad del fármaco. En cada fase, se compara con un grupo de control, es decir un grupo de personas a las cuales se les suministra una sustancia sin eficacia farmacológica (placebo). Tanto las personas a las cuales se les administra el fármaco como a las que se les administra el placebo no saben lo que tomaron, lo que vuelve al ensayo aleatorio y de esta manera se hace una comparación entre el grupo de control y el grupo al que le dieron realmente el fármaco para obtener datos estadísticos confiables. Esto es lo que se conoce como ensayos clínicos aleatorios doble ciego, los cuales son óptimos en medicina ya que son concluyentes. Todos los pasos mencionados son de vital importancia para evitar sesgos, evitar el efecto placebo (que explicaré posteriormente de que se trata) y también permiten conocer realmente la eficacia de un fármaco y su seguridad.


Según sus defensores, al ingresar en el cuerpo el dióxido de cloro combate solo los patógenos.

¿Qué dice el ensayo sobre el dióxido de cloro elaborado por AEMEMI?

El ensayo se lo hace en Guayaquil entre el 27 de marzo y el 10 de abril de 2020, por un grupo denominado Asociación Ecuatoriana de Médicos Expertos en Medicina Integrativa (AEMEMI), un grupo vinculado a la medicina alternativa, pseudoterapias y pseudociencias.

En el estudio se incluyó a 104 voluntarios de entre 18 y 80 años a quienes se les suministró dióxido de cloro diluido en agua. La dosis especificada es de 10 ml de dióxido de cloro en 500 ml de agua. Pero al analizarlo se encuentran varios errores metodológicos. El número de voluntarios es reducido, lo que genera datos estadísticos poco confiables. No se demuestra la positividad de las personas para la Covid-19 mediante pruebas por PCR confirmatorias que sería lo correcto y los más adecuado en una ensayo clínico, tampoco se explica si se les hace pruebas rápidas para determinar esta positividad sin olvidar que estas pruebas rápidas suelen generar muchos falsos positivos y falsos negativos, solo existe una guía mediante los síntomas de los voluntarios, lo que genera que los lectores tengan que confiar en el testimonio de los voluntarios donde se incluyen algunos especialistas y autores del ensayo de la AEMEMI lo que en ciencia es incorrecto y no es aceptable para un ensayo clínico.

En el estudio de Guayaquil se incluyó a 104 voluntarios de entre 18 y 80 años a quienes se les suministró dióxido de cloro diluido en agua. La dosis especificada es de 10 ml de dióxido de cloro en 500 ml de agua. Pero al analizarlo se encuentran varios errores metodológicos.

El experimento no incluye un grupo de control que permita obtener conclusiones, lo cual es clave en todo ensayo clínico porque lo vuelve aleatorio y se puede hacer comparaciones entre quienes toman realmente este químico y quienes no lo hacen. La mayoría de personas involucradas tienen menos de 50 años donde la mortalidad es mucho menor y por ende genera otro sesgo. La bibliografía citada es antigua, de hace más de 30 años en la mayoría de casos, donde se presentan estudios sobre su toxicidad hechos en animales y sobre su capacidad de desinfección de superficies, pero ningún ensayo clínico para tratar una enfermedad vírica mediante el uso de esta sustancia.

Siempre es aconsejable usar referencias actualizadas y 30 años para el progreso científico es un tiempo extenso, sin embargo, los estudios citados en la bibliografía los analizaré posteriormente. Por último, el estudio no ha sido publicado en ninguna revista científica, por lo tanto, no ha tenido la suerte de ser revisado por pares, es decir por otros científicos para su validación. Por último, el estudio ha sido certificado ante un notario, lo cual en la ciencia no tiene ninguna importancia ni validez.

¿Qué nos dice la literatura científica acerca del dióxido de cloro?

En la actualidad existen estudios acerca de este compuesto con distintos objetivos, analicemos los más importantes:

El estudio donde se involucraron monos fue publicado en la revista Environmental Health Perspectives en 1982, en el cual se suministró dióxido de cloro por 30-60 días. El efecto más notable fue que, a una dosis de 9 mg/kg/día, se produjo una fuerte inhibición de la síntesis de la tiroides y concluye que no se puede explicar de manera certera la razón de este efecto y que es necesario que se hagan nuevos estudios sobre los efectos adversos en la salud con una exposición larga a bajos niveles de dióxido de cloro.

En 1995 se publicó un estudio sobre la toxicidad de este compuesto en ratas en el Journal of The American College of Toxicology, el cual tuvo una duración de 90 días con un total de 60 ratas, donde se registraron mediante autopsias los efectos producidos por el dióxido de cloro. A dosis de 200 mg/kg/día la mortalidad fue tan alta que tuvieron que matar a las ratas sobrevivientes, con 80 mg/kg/día se registraron varias muertes relacionadas al tratamiento con cambios morfológicos en los glóbulos rojos y una dramática disminución de los mismos en ambos sexos. En dosis de 10mg/kg/día durante los 90 días no se registraron efectos secundarios graves. Este estudio tiene una duración muy corta como para saber los efectos secundarios a largo plazo en la dosis más baja y concluye que la toxicidad de este compuesto a altas dosis puede ser fatal debido a su potencial oxidante. Además, este estudio no involucra el control de ningún virus, solo busca conocer la toxicidad del compuesto.

Por último, el estudio publicado en 1982 en la revista Environmental Health Perspectives donde se involucra a humanos que ingirieron agua con una dosis baja de dióxido de cloro de 5 ppm, tuvo una duración de 12 semanas.  El estudio concluye que se producen cambios en ciertos parámetros bioquímicos y fisiológicos con significancia estadística relacionada con el tratamiento, pero que durante el tiempo del estudio no se presenta ningún peligro para la salud. Sin embargo hace énfasis en que no se puede saber el efecto a largo plazo de que la ingesta pueda generar proporciones de importancia clínica. Estos estudios analizados y resumidos se encuentran como parte de la bibliografía del estudio hecho en Ecuador y es posible comprobarlo al leerlo. De la misma manera estos estudios se encuentran en internet y se puede comprobar esta información para toda persona que busque informarse sobre este tema.

Un estudio más reciente que no se encuentra en la bibliografía del ensayo hecho en Ecuador es el siguiente:

En 2010 se estableció que es eficaz como agente desinfectante para diferentes superficies y para la desinfección de espacios cerrados donde se pueden generar aerosoles, pero no muestra ninguna relación en la administración de dióxido de cloro por vía oral o por otras vías para tratar la influenza.

En el año 2010 se publica un estudio en The Open Antimicrobial Agents Journal sobre la eficacia del dióxido de cloro contra el virus de la influenza (no es un ensayo clínico), el cual concluye que es eficaz como agente desinfectante para diferentes superficies y para la desinfección de espacios cerrados donde se pueden generar aerosoles, pero no muestra ninguna relación en la administración de dióxido de cloro por vía oral o por otras vías para tratar la influenza. Es decir, muestra la efectividad como agente desinfectante coincidiendo con las medidas recomendadas para prevenir la Covid-19, es decir el lavado de manos frecuente que puede ser simplemente con jabón, el uso de mascarilla y el distanciamiento social.

Una universidad "alternativa"

Hasta la fecha no existe ningún estudio clínico que pueda aportar sobre la eficacia de este químico contra la Covid-19. Andreas Kalcker la persona detrás de su promoción obtuvo su título de biofísico en una universidad que tiene el nombre de Open University Of Advanced Siences la cual hace pocos días aclaró que no aboga por el uso de este compuesto, universidad que enseña medicina alternativa y de la cual existen muchas denuncias por parte de médicos ya que entrega títulos universitarios tales como filosofía en medicina alternativa que no tiene ni pies ni cabeza en la ciencia.

En sus declaraciones, insiste en que no hay efectos secundarios en la ingesta del dióxido de cloro a bajas concentraciones y que la eficacia es del 100%, lo cual en medicina es cuestionable. En su libro titulado ¨Salud Prohibida¨, Andreas Kalcker escribe que esta sustancia al ser ingerida tiene la capacidad de curar enfermedades muy diferentes, tales como el VIH/SIDA, otras enfermedades víricas como la Covid-19, el cáncer, enfermedades bacterianas y por si fuera poco también promete "curar" el trastorno del espectro autista.

¿Efecto placebo?

Se conoce que aproximadamente el 85% de las personas infectadas por la Covid-19 tienen síntomas leves o son asintomáticas, alrededor del 15% va a necesitar hospitalización, un 5% necesita camas de cuidados intensivos y la mortalidad mejor estimada es de alrededor del 1%. Esta información se la puede obtener consultando revistas científicas de prestigio como Nature, Science, Cell, The Lancet y otros estudios serios hechos en distintos países. Con esta información podemos hacer la siguiente reflexión: la gran mayoría de las personas infectadas va a curarse sin necesidad de hospitalización, lo que implica que estas personas pueden no tomar nada, tomar agua con limón, agua con sal, agua con vinagre, jengibre o dióxido de cloro a bajas concentraciones que van a curarse.

Esta percepción que tiene una persona es lo que se conoce como efecto placebo, porque una persona puede pensar que lo que está tomando le está ayudando, aunque realmente esa no es la causa, es simplemente el curso natural de la infección.

Esta percepción que tiene una persona es lo que se conoce como efecto placebo, porque una persona puede pensar que lo que está tomando le está ayudando, aunque realmente esa no es la causa, es simplemente el curso natural de la infección. Lo importante detrás de esto es realmente saber si lo que una persona está consumiendo tiene un efecto positivo contra este virus. ¿Cuál es la mejor manera de saber que algo es efectivo en la medicina? La experimentación que incluya ensayos clínicos controlados. 


Estas son algunas de las presentaciones en las que se comercializa este polémico producto. 

¿Cuál es la importancia de la revisión por pares?

En las revistas científicas de prestigio se rechazan más del 80% de los artículos que reciben, por ejemplo, la revista Nature rechaza según sus datos el 92% de los artículos que recibe. ¿Cuál es la razón? Todo estudio enviado a una revista científica de prestigio tiene que ser revisado por un editor correspondiente, si no es de suficiente calidad es rechazado o se aprueba para que sea revisado por pares, es decir por científicos anónimos quienes evalúan de manera muy crítica y exhaustiva el estudio, buscando debilidades y fortalezas y pueden solicitar aclaraciones o modificaciones. De esta manera los autores deben hacer las modificaciones correspondientes y contestar cada comentario de los revisores para su segundo envío, en donde suele darse una segunda revisión en la metodología y estadística y el proceso puede tardar hasta tres meses. De manera general, el tiempo entre la remisión y la aceptación que es definitiva es alrededor de tres meses, desde la aceptación hasta la publicación de cuatro a nueve meses.

De esta manera, cada científico contribuye con su granito de arena para continuar con nuevos descubrimientos, donde muchas veces se corrigen errores y permite que nos acerquemos más a la realidad. Al método científico le debemos la gran mayoría de los avances en medicina, ciencia y tecnología actual.

¿En la ciencia cuentan las anécdotas?

El fallecido filósofo Karl Popper, crítico de la pseudociencia, hace referencia en su libro titulado  Conjeturas y refutaciones: el desarrollo del conocimiento cientifico en que "No hay que fijarse en la evidencia que lo apoye sino en aquello que lo pone a prueba". Es decir, las anécdotas personales como el clásico "a mi tía le funcionó" o "yo lo estoy consumiendo" o  "me contaron que funciona"  no se pueden falsear, ya que no hay manera de poder examinar mediante experimentos esta información que es la clave para distinguir a la ciencia de la pseudociencia.

La situación en que se encuentra el Ecuador por la pandemia es grave y en casos de desesperación la gente busca cualquier alternativa, lo que les vuelve presa fácil de la pseudociencia.

La situación en que se encuentra el Ecuador por la pandemia es grave y en casos de desesperación la gente busca cualquier alternativa, lo que les vuelve presa fácil de la pseudociencia. Estas alternativas dan respuestas, por así decirlo, satisfactorias a necesidades que hasta la fecha la ciencia no ha podido ofrecer, que en este caso es la cura contra la Covid-19. Lo importante es ver el panorama completo, han pasado únicamente 7 meses desde que se descubrió este virus y la investigación en torno a este es enorme, ya se conoce su genoma, como infecta las células, por donde infecta, que daño provoca en el cuerpo.

Actualmente están en desarrollo vacunas que podrían estar listas en tiempo récord, recordando que suelen tardar más de 10 años en producirse. Se encuentran en proceso ensayos clínicos controlados para conocer la eficacia de distintos fármacos, entre otros y en el caso del dióxido de cloro no pasa por las etapas requeridas para su aprobación por las razones expuestas. Lastimosamente el Ecuador ha tenido uno de los peores manejos de la pandemia a nivel global, pero eso no quiere decir que no existan en el Ecuador personas brillantes, científicos con gran formación a quienes se les debería consultar sobre estos temas y que no termine en manos de los políticos que ya han demostrado su incompetencia.

Termino con una frase de Carl Sagan de su libro El mundo y sus demonios: "Para encontrar una brizna de verdad ocasional flotando en un gran océano de confusión y engaño se necesita atención, dedicación y valentía. Pero si no ejercitamos esos duros hábitos de pensamiento, no podemos esperar resolver los problemas realmente graves a los que nos enfrentamos…y corremos el riesgo de convertirnos en una nación de ingenuos, un mundo de niños a disposición del primer charlatán que nos pase por delante".

Mateo Ordóñez es ingeniero en Procesos Biotecnológicos por la Universidad San Francisco de Quito. 

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