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21 de Octubre del 2020
Historias
Lectura: 34 minutos
21 de Octubre del 2020
Redacción Plan V
Pueblos indígenas: solos, y con los remedios de los abuelos, combatieron al coronavirus
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La Fundación Raíz, que dirige Manuel Pallares,  entrega tanques de oxígeno a los secoyas.

 

La negligencia, desidia e irrespeto a la condición de Estado Pluricultural atentó contra la salud y la vida de los pueblos indígenas en esta pandemia. La investigación "La pandemia se ensañó con los pueblos indígenas", desnuda un sistema de salud colapsado en su atención primaria y la falta de gestión estatal para con los pueblos ancestrales. Pero también destaca las formas de organización y los recursos naturales de los pueblos que convirtieron a la naturaleza en su farmacia para enfrentar al coronavirus.


Milagros Aguirre, autora del informe.


El impacto de la pandemia de coronavirus entre las nacionalidades indígenas del Ecuador parece una lista de agravios, pero también un manual de buenas prácticas ancestrales.  

De acuerdo al informe de la Fundación Donum La pandemia se ensañó con las comunidades indígenas, investigado y escrito por la periodista Milagros Aguirre, el Estado ecuatoriano fue el cómplice directo de los sufrimientos que vivieron y viven las comunidades ancestrales; por su ineficiencia, su desidia y, sobre todo, su incapacidad de comprender y respetar la diversidad cultural de lo pueblos indígenas del Ecuador.

PDF del informe completo. Puede bajarse aquí.

La indagación constató la negligencia estatal de no tener dispensarios de salud con equipos adecuados para atender emergencias sanitarias. No se puede tener a un personal de salud sin herramientas para dar el servicio a sus pacientes. Es una aberración que el Estado dependa, por ejemplo, de un actor empresarial (las compañías petroleras) o de las organizaciones de la sociedad civil para el suministro de insumos médicos, medios de movilidad o logística, señaló el informe en sus conclusiones. 

El Estado también hizo protocolos sin pertinencia cultural, lo cual según las conclusiones "recae en una conducta racista, de dominio y asimilación de la sociedad mayoritaria, y eso limita y margina el acceso a la salud, que es un derecho básico de todas las personas. La pandemia deja claro, en el mundo y en el Ecuador, que la inversión en prevención y atención primaria es fundamental".

El informe también devela que, en la práctica, el Estado y sus instituciones vuelven papel mojado el mandato constitucional de la interculturalidad y la plurinacionalidad. Esta es un proceso que está por construirse y que no se puede construir sin la concurrencia de todos los actores. "El Ecuador debe reconocer su plurinacionalidad y, desde sus instancias de gobierno, pensar con pertinencia cultural. En temas como la salud y la educación eso es fundamental. Que haya representación indígena en el COE a los cinco meses de la pandemia, resulta inaudito. Que se obligue a los indígenas de las distintas nacionalidades a salir de sus entornos de vida y se los traslade a centros de salud distantes y ajenos a sus condiciones de vida, es atentatorio a sus derechos. Que no se disponga de medidas preventivas y de manejo de cadáveres, de modo que se respete el derecho que tienen sobre sus muertos, también es atentatorio", dice la autora del informe en las conclusiones.

También califica de "atentatorio" que los centros de salud para manejo de casos críticos en jurisdicciones cercanas no cuenten con salas adecuadas de cuidados intensivos y se les traslade a las grandes ciudades, enfrentando otros riesgos. Que ante la ausencia de albergues adecuados, o de centros de tratamiento y aislamiento en sus propias comunidades –al menos cerca de sus entornos–, les aboquen a permanecer varios días en entornos urbanos y adversos. Se han dado varios casos que muestran la dificultad para atender adecuadamente a estos pacientes por falta de empatía, paciencia y sensibilidad y que incluso han sido dados de alta sin haber superado la enfermedad.

Que se obligue a los indígenas de las distintas nacionalidades a salir de sus entornos de vida y se los traslade a centros de salud distantes y ajenos a sus condiciones de vida, es atentatorio a sus derechos.

Esta acción terminó con un fallo favorable y la disposición de medidas cautelares, así como la demanda de los shuar de Kumay, donde se determina la grave omisión del Estado frente a uno de sus derechos básicos: el de enterrar a sus muertos.

El informe plantea la neceidad de fortalecer la atención primaria de salud, capacitar promotores culturales en las comunidades, aprovechar la fortaleza organizativa de las nacionalidades, en algunos casos, y fortalecerla, en otros, deberán ser parte de las líneas básicas de salud y salud intercultural. Es necesario, señala el informe, salir del esquema de lo curativo y fortalecer el esquema de lo preventivo debe ser una de las principales lecciones que deja la pandemia en el Ecuador.

  ALGUNOS TESTIMONIOS  

Suritiak Naichiap, mujer de la comunidad shuar:

«Durante este tiempo critico que hemos vivido, nosotros hemos estado sin ayuda. No hay medicinas; entonces hemos enfrentado el Covid 19 con nuestros conocimientos y nuestras plantas. Yo personalmente he tenido que ayudar a mi familia. En las comunidades más lejanas, sin transporte para poder salir, hemos pensado: ¿de qué forma podemos nosotros protegernos? Solo con los conocimientos de medicina natural. Y con el apoyo entre nosotros: hemos hecho trueque de alimentación entre familias, aunque también ha faltado… es algo que debemos seguir haciendo. Hemos preparado medicinas. Las mujeres hemos sido pilar fundamental y principal, porque cumplimos con los conocimientos en este momento tan duro y difícil. Hemos tenido que hacer protocolos para cuidar a nuestros abuelitos. Si no tenemos ayuda del Estado tenemos que ayudarnos entre nosotros, proteger nosotros nuestros hogares y nuestros territorios. Hemos tomado jengibre, hierbas medicinales, vapores. Con eso nos hemos cuidado».


Las comunidades amazónicas hicieron trueque con su medicinas.

Nemonte Nenquimo, mujer waorani de Pastaza:

Nemonte Nemquimo, dirigente del pueblo wao. Es una de las cien personas más influyentes del mundo, según la clasificación anual que hace la revista estadounidense Time.

«Cuando en marzo se decidió la cuarentena en todo el país, nosotros nos reunimos y pedimos que nadie entre ni nadie salga de y hacia las comunidades. Nosotros los waorani estamos en tres provincias: Pastaza, Napo y Orellana. Hay comunidades de selva adentro y de carretera. El primer contagio fue en las comunidades donde hay carretera y donde trabajan las petroleras. Nos dijeron que tenían síntomas en la comunidad de Miguaguno (vía Auca) y pedimos, desde la dirigencia, que el Ministerio de Salud Pública intervenga en las comunidades, pero sin resultado. Los doctores no sabían qué mismo tenían en la comunidad: decían que era gripe y amigdalitis. Hasta eso, las comunidades waorani fueron contagiadas mayoritariamente, sobre todo en Orellana.

«Aunque sin pruebas, los waorani siguieron tomando las plantas medicinales que les alivian los síntomas y les curan: jengibre, uña de gato, vapores. Al hacer las pruebas en Pastaza, la mayor parte de la gente salió positivo y con la medicina natural se han curado. En Orellana es distinto, se afectó más y murieron un abuelo y un joven.

«También tiene que ver la alimentación: en las comunidades de carretera ya no se come tan sano como en las que están adentro en la selva. Tal vez por eso murieron dos personas de las comunidades que están más cerca de las carreteras.

«Los wao superaron la enfermedad solo con sus plantas, con la medicina de la selva. Sin el conocimiento de los abuelos hubiera muerto la mayoría de los pikenani (ancianos) de Pastaza. Como ellos comen sanamente y viven sanamente, se contagiaron, pero han sobrevivido.

«Por la desatención en las comunidades hicimos una demanda de medias cautelares y ganamos. La jueza nos reconoció nuestro derecho y ahora el Estado debe cumplir, porque han dejado que el Covid entre a las comunidades waorani y por la desatención que estamos viviendo. Pero deben cumplir bien.

«Han venido a las comunidades con kits de alimentos, con arroz, atún y leche en polvo, cosa que los waorani no están acostumbrados a consumir y más bien eso les puede enfermar. Lo que se necesita en las comunidades es sal, jabón para lavarse las manos. Por eso también han tenido que salir.

«Yo también estuve contagiada. Estuve catorce días en la cama, con fiebre y dolores de cuerpo. Gente de la comunidad me dio plantas de la selva y compartí también con los vecinos que vivimos en Shell. Hemos hecho vaporear y hemos tomado tres veces al día la medicina y nos hemos curado. Sabemos que no hay tratamiento y que en los hospitales de las ciudades no hay camas y que ahí ponen oxígeno. Por eso hemos practicado nuestro conocimiento y hemos encontrado en la selva nuestra farmacia, que nos ha ayudado a superar la pandemia.

«Por eso hemos demandado a los ministerios de Salud y Medioambiente. El COE no ha cumplido con las disposiciones. Hemos pedido que cumplan de manera rápida, que hagan las pruebas rápidas para que tengan herramientas para tomar decisiones. Hemos pedido que paren las actividades, pero no se ha detenido ninguna actividad».


Pablo Omehuay, dirigente waorani, coordinando con la empresa petrolera Repsol, que aperaba el bloque 16, la entrega de insumos médicos al dispensario.

«Yo también estuve contagiada. Estuve catorce días en la cama, con fiebre y dolores de cuerpo. Gente de la comunidad me dio plantas de la selva y compartí también con los vecinos que vivimos en Shell. Hemos hecho vaporear y hemos tomado tres veces al día la medicina y nos hemos curado». Nemonte Nemquimo.

Abandonados por el Estado, han tenido que luchar solos

Este es un estracto del informe, en el cual se relata la forma en que las comunidades y pueblos indígenas enfrentaron la enfermedad:

Las comunidades indígenas, frente al abandono del Estado y frente a la desconfianza del sistema de salud, han echado mano de su propia medicina: matico, jengibre, miel de abeja, trago de caña, eucalipto, canela, membrillo, uña de gato, chugchuwaso. Han escuchado los consejos de sus viejos y han puesto en práctica sus saberes.

Han vuelto a su farmacopea, en la selva y en el campo, para combatir la fiebre y la infección. “Ahora vemos que la gente se ha ido recuperando”, dice Washington Huilca, promotor de la zona de Orellana.
Pero también han sido presa fácil de quienes les han ofrecido otras alternativas, como el dióxido de cloro, que las comunidades han aceptado sin cuestionamiento alguno. Con esto último se ha generado una polémica alrededor de la pseudociencia. Los indígenas lo han tomado e incluso han ayudado en su distribución y venta, como receta milagrosa para enfrentar al Covid 19. Por cierto, también han sido perseguidos por comercializar con ese tipo de medicamentos, considerados ilegales, sin registro sanitario ni autorización.

Las autoridades, en lugar de atenderlos y alertarles sobre sus peligros o toxicidad, se han dedicado a perseguir a quienes los venden en los mercados, particularmente en los mercados indígenas y, sobre todo, a las mujeres. “Cuando no hay nada, queda al menos la esperanza”, dice el padre José Miguel Goldáraz, misionero capuchino en la Amazonía. Incluso, es verdad que los pacientes se curan… pero no porque tomaron dióxido de cloro, sino porque la enfermedad tiene terribles consecuencias en un porcentaje bajo de pacientes y porque la gran mayoría tiene síntomas leves o moderados, que finalmente se resuelven solos.

Las comunidades indígenas, frente al abandono del Estado y frente a la desconfianza del sistema de salud, han echado mano de su propia medicina: matico, jengibre, miel de abeja, trago de caña, eucalipto, canela, membrillo, uña de gato, chugchuwaso. Han escuchado los consejos de sus viejos y han puesto en práctica sus saberes.

Los científicos han documentado lo que experimenta el enfermo promedio desde el inicio de la pandemia. Se infecta, a los pocos días desarrolla síntomas, tiene fiebre extremadamente elevada, tos seca, dificultad para respirar y, después de una o dos semanas, los síntomas ceden sin intervención alguna. Aproximadamente a los diez días ya no se detecta carga viral mediante la prueba de PCR.

Al inicio de la pandemia, cuando la gente más afectada estaba de la Costa, sobre todo en Guayaquil, indígenas de la Sierra se organizaron para llevar ramas de eucalipto, manzanilla y otras plantas que se recolectan en el páramo y que sirven para prevenir las enfermedades respiratorias. Desde inicios de abril las enviaron a Guayaquil. Simón Bolívar Gualán, alcalde de Colta, Chimborazo, gestionó la donación de plantas medicinales para los indígenas que viven en el puerto y para la ciudadanía en general.

Según los yachak de Chimborazo, la manzanilla y el eucalipto son plantas anti-bacteriales y antimicrobianas que pueden ser muy útiles para prevenir el contagio de enfermedades respiratorias. En los huertos de las comunidades y en los cerros de Colta esas plantas crecen abundantemente. Las donaciones fueron distribuidas por la asociación de migrantes de Chimborazo. Pero ese gesto de solidaridad, aplaudido en las redes, no terminó muy bien: Guayaquil estaba en una fase crítica y muchos indígenas regresaron de ese viaje contagiados con el virus y los transmitieron a sus familias y comunidades en silencio. Los contagios en Colta también se debieron al intercambio de mano de obra itinerante y a la venta y compra de productos entre Chimborazo y Guayas.


El alcalde de Arajuno, César Grefa, exhibe plantas con las que tratan la COVID-19: matico, jengibre, miel de abeja, trago de caña, eucalipto, canela, membrillo, uña de gato, chugchuwaso... Foto: EFE

En el Ecuador, solo el 1% de las pruebas para diagnosticar coronavirus se ha aplicado en la Amazonía y existe subregistro en cuanto al impacto real del Covid 19 en los pueblos indígenas.

Todos los ciudadanos tenemos derecho a la salud, y eso debe reflejarse en las políticas públicas presentes en los territorios, situación que no sucede con las comunidades indígenas del Ecuador. La pandemia desnudó un sistema que no funciona, que no tiene pertinencia cultural y que ha dejado en la orfandad a los pueblos indígenas.

Ellos han debido resolver la crisis solos y con las ayudas de ONG, empresas y fondos solidarios. Pero también pone en evidencia unas fortalezas que tienen que ver con la organización comunitaria y con los sistemas de prevención. La manera en la que algunas comunidades han enfrentado la pandemia resulta ejemplar, así como la potencia de sus conocimientos herbolarios y su farmacopea propia, que ha aliviado en algo el alto nivel de contagio. En el foro de la Red Waponi, instancia organizada para sumar esfuerzos para ayudar a los waorani, se escucharon algunas intervenciones que ilustran lo que ha pasado en las comunidades:

Entramos a la pandemia con un país quebrado, un sistema de salud debilitado, sin recursos económicos ni humanos. Un modelo de salud a medio hacer y que quedó a media asta. Los sistemas se subdividen en tres niveles de salud. Un nivel: salud básica, familiar, que es una bisagra entre las comunidades y el centro de salud. Un segundo nivel, los centros de salud, y un tercer nivel, los hospitales.

El primer nivel de salud, que se ha enfrentado a la pandemia con mística, está desabastecido, olvidado, con falta de medicamentos no solo para la pandemia sino para cualquier otra enfermedad. El tercer nivel, el de los hospitales, no funciona, porque hay un temor generalizado a ingresar al sistema de salud hospitalario porque todos tenemos miedo de ir a un hospital. Está muy enraizada la idea, en muchos de los indígenas a quienes he podido acompañar, de que ir al hospital es ir a morir. Por otro lado, cuando las condiciones son más graves y cuando se ha agotado la medicina tradicional, se acude a los hospitales, pero ahí vienen otros problemas: no hay transporte, no hay logística, no hay ambulancias. Entonces, deben buscar esa atención emergente en otros actores: compañías petroleras, ONG, en el entorno familiar a quien buenamente quiera acompañar. Luego, además, tendrán que arreglárselas para buscar comida, alojamiento, agua, ropa, medicinas que les pidan en el hospital. En estas condiciones, quién va a querer acompañar…

Está prevista la visita a las comunidades con distintos programas pensados por el MSP: odontología, atención primaria. Difícilmente hay un epidemiólogo en cada área de salud. Y no es solo asunto de atender el Covid, sino el dengue, la malaria, la tuberculosis. Estamos desbordados.

La respuesta de la gente ha sido regresar a sus comunidades. Pero en este regreso, en algunas ha habido cambios de carácter interesante: de la noche a la mañana, comuneros que vivían en las ciudades regresan a sus comunidades y ahí aumenta la población, con las dificultades de salir a proveerse… no hay comida, no hay adecuado abastecimiento. Entonces, ya son problemas de hambre. En las comunidades más lejanas, donde felizmente hay selva en buen estado, el abastecimiento es más adecuado, más posible. Pero en las otras no.

  TESTIMONIO  

David Suárez, de Land is Life

«Se cree que las comunidades indígenas son comunidades cerradas como en los tiempos de las haciendas, que los indígenas están en el páramo, refundidos, pero son comunidades que tienen movilidad impresionante… Se pudo ver, por ejemplo, cómo los comerciantes de Colta, que pasan seis meses en Guayaquil y seis meses en Colta, tuvieron que afrontar la pandemia solos. La movilidad es el vector principal del contagio. Las zonas más dinámicas son las más castigadas.

«No se tomaron en cuenta las dinámicas de retorno ni se garantizaron los retornos a las comunidades; es decir, no hubo ningún plan o protocolo para ello. En Perú, por ejemplo, se ayudó a retornar en camiones a la gente que iba a sus comunidades desde las ciudades. Supimos de casos de gente que se regresó caminando, sí, ¡a pie!, desde Guayaquil. No ha habido ninguna contingencia que tome en cuenta las actividades comerciales y productivas y el territorio donde viven.

«Lo primero que pasó es que la gente que retornaba tenía miedo de avisar que estaba enferma. Temor a ser estigmatizados por su propia comunidad, así que volvieron casi clandestinamente a sus territorios. El estigma no solo era para la persona sino para la familia, entonces permanecieron en sus casas sin contar que estaban enfermos. Hicimos pruebas rápidas en Salasaca y, de 80 personas, 60 dieron positivo. La clave de contagio de Pastaza es Tungurahua. De ahí salen los vendedores con productos hacia la Costa y hacia la Amazonía.

Lo primero que pasó es que la gente que retornaba tenía miedo de avisar que estaba enferma. Temor a ser estigmatizados por su propia comunidad, así que volvieron casi clandestinamente a sus territorios.

«Salasacas y Chibuleos son comunidades casi adscritas a Ambato, es decir, tenían más acceso a centros de salud y al hospital de Ambato, pero llegó un momento en que fue tan masivo el contagio que rebasó la capacidad de atención y colapsaron los hospitales. Tuvieron que hacer toque de queda en Salasaca por la cantidad de casos.

«En la zona de Cotopaxi, la sinergia entre pobreza y pandemia es desoladora. En Tigua habían ido los del MIES a repartir un bono. Hicieron formar a la comunidad con la orden de que para que reciban el bono tenían que entrar con mascarilla… como no tenían mascarilla, las gentes se prestaban las mascarillas.

«Como al principio la cuarentena fue estricta, la gente, apenas pudo, salió a vender sus productos. No les dieron condiciones materiales y cuando ya permitieron la movilidad, se convirtió en vector de contagio. La gente se cuidó mucho de decir que estaba enferma para que no le limiten la movilidad. Cuando la gente salió a vender a Quito, los que fueron por la Maná, los que fueron a la Costa, regresaron contagiados y no dijeron nada por temor a que se les restringa la movilidad. Entonces la pandemia formó parte de sus historias de silencio».

El caso Kumay

A los pueblos indígenas les ha tocado luchar
hasta por el derecho a enterrar a sus muertos


Kumay acudió a todas las instancias para recuperar el cuerpo del fallecido por Covid 19.

El 27 de mayo llegó hasta el Hospital del Día de Shell (antiguo Hospital Vozandes) un hombre de aproximadamente 51 años, acompañado de su hijo y su nuera. Ya en la casa de salud, los médicos procedieron a realizarle la prueba rápida de Covid 19 y el hombre dio positivo. Murió apenas le dieron la noticia. No pudo ser ingresado al hospital ni llegó a recibir atención alguna. Eso sí, apenas murió les informaron a los familiares los protocolos a seguir, entre ellos, que no les entregarían el cuerpo.

Los familiares se resistieron. Ellos esperaron fuera del hospital con un taxi, para embarcar el cuerpo del fallecido y trasladarlo hasta la comunidad de Kumay, que era donde iban a enterrarlo. La policía impidió el traslado y cercó la casa de salud, impidiendo que el taxi salga del estacionamiento de emergencia. Los familiares querían llevar a su muerto como un pasajero más, en el taxi, hasta la comunidad: sin ataúd ni traslado formal. Empezó el forcejeo y la discusión. Los familiares no tenían miedo al contagio. Las autoridades no querían dar su brazo a torcer. Nadie facilitaba un entendimiento. Hubo más de una hora de discusión, según registró un diario local (Ecoamazónico), hasta que las autoridades se decidieran a embalar el cuerpo y colocarlo en un féretro, desinfectar la zona y llevárselo hasta el cementerio de Shell para sepultarlo en una fosa común.

El conductor del taxi y los familiares de Intiae Alberto Sarap fueron notificados de que debían cumplir el aislamiento obligatorio. Pero no se resignaron a que no les entregaran los restos de su pariente. En la comunidad hicieron una asamblea y decidieron recuperar el cuerpo. Enrique Ankuash, dirigente de la comunidad, dijo en una entrevista que la familia no estaría en paz hasta no recuperar el cuerpo.

Alberto Sarap había estado contagiado 15 días antes de su fallecimiento. Como no se recuperaba, el hijo mayor lo llevó al antiguo hospital Vozandez, donde falleció. La familia y la comunidad acudieron a las autoridades para pedir el cuerpo de Sarap quien, además, era considerado y respetado como uno de los líderes de la comunidad. Hablaron en la fiscalía, en la gobernación y en la dirección de salud. “El pueblo ya está contagiado. Respetamos las directrices, pero nosotros tenemos nuestra cultura, hemos resuelto que cualquier familiar de la nacionalidad shuar que enferme no irá al hospital, porque
en el hospital se va a morir. Por eso pedimos a las autoridades el traslado inmediato del cuerpo a la comunidad. Antes que se levante el pueblo”.

Ninguna autoridad parecía tener competencia para el trámite del traslado. Ni gobernación, ni fiscalía, ni MSP. Al cuerpo lo enterraron en Mera. Y la comunidad estaba dispuesta a desenterrar el cadáver y llevárselo a su comunidad a la fuerza.

Nuestras autoridades tienen que tomarnos en cuenta. Tienen que atender el pedido del pueblo. Somos respetuosos con las resoluciones del COE Nacional, pero también hay que entender que nosotros somos una nacionalidad y en nuestro territorio de la nacionalidad shuar hemos resuelto y normalizado lo que tenemos que hacer para vivir con esta pandemia. Si un shuar muere tenemos que velar y enterrar en nuestro territorio, así muera en hospital en Puyo o en Quito o donde sea, tenemos que cumplir. Esa es nuestra cultura y nuestra tradición. De ninguna forma vamos a dejar el cadáver.

Ninguna autoridad parecía tener competencia para el trámite del traslado. Ni gobernación, ni fiscalía, ni MSP. Al cuerpo lo enterraron en Mera. Y la comunidad estaba dispuesta a desenterrar el cadáver y llevárselo a su comunidad a la fuerza.

Las autoridades no se ponían de acuerdo en las respuestas a los indígenas. Que es disposición del COE, que hay que incinerar los cuerpos, que no saben dónde se lo llevaron... El Jefe Político del cantón Mera dijo a los medios de comunicación que el cuerpo de Sarap estaba enterrado en otra comunidad (Shuritayo).

Nos engañan y se inventan cosas. No es posible engañar a un pueblo. Eso es un delito. Nosotros también somos ecuatorianos con derechos. No vivimos en época de colonización. Todos sabemos ahora que tenemos derechos, rechazamos las actitudes de autoridades. Así damos 48 horas de tiempo para que la gobernadora, la fiscalía y el Ministerio de Salud Pública para que nos digan dónde está enterrado y hacer el trámite ante el juez para desenterrar y traer el cadáver y llevarlo al territorio. Caso contrario nos vamos a levantar en caso de no tener ningún resultado ni apoyo.

Los shuar de Kumay cumplieron y se levantaron. En la comunidad permanecieron en vigilia permanente. Insistieron ante todas las autoridades y de todas las formas posibles, contrataron un abogado que afirmó que Alberto Sarap no murió de Covid 19 y que las autoridades debían dar una respuesta y exhumar el cadáver. Pero no fueron escuchados. Hasta que tomaron una medida drástica: el día 3 de julio se difundió la noticia de que los shuar se llevaron retenidas a dos policías y a una funcionaria de la Gobernación de Pastaza hasta lograr una respuesta de las autoridades. El Ministerio de Gobierno difundió en redes sociales la foto de las tres personas retenidas sentadas frente a una mesa. Detrás de ellos, un grupo de indígenas de la comunidad aparecían protegidos con mascarillas.

La ministra Romo declaró:

Exigen la entrega del ciudadano fallecido por Covid 19 que fue enterrado –según protocolo– en Mera… Responsabilizamos a Wilson Shirian y Roberto Peas por la integridad de Claudia, Giovanny y Ramiro.

Los protocolos para el entierro de las víctimas del coronavirus existen para evitar nuevos riesgos de contagio en la población. Es una medida sanitaria aquí y en la mayoría de países del mundo. Los policías no pueden ser considerados moneda de intercambio ni en esta ni en ninguna circunstancia.

Devolveremos a los retenidos cuando nos entreguen el cuerpo de nuestro hermano, padre, abuelo, líder de la comunidad, insistieron los dirigentes que, durante más de un mes, reclamaron el cuerpo del comunero. “Ustedes nos entregan el cuerpo, nosotros devolvemos a los compañeros. No se preocupen, están bien atendidos”, dijo uno de los dirigentes.

El caso resultó una bomba a punto de explotar en manos de la ministra de Romo. Sus declaraciones sobre este tema fueron tajantes.

Señora ministra: hay unas directrices para pueblos indígenas… hay unos derechos que tienen los pueblos indígenas. Si no da su brazo a torcer, es muy probable que haya sanciones internacionales... le dijeron en el COE nacional.

Así aparece, en la resolución del COE del 29 de junio, el tema de Kumay:

Solicitar la revisión de los protocolos y lineamientos emitidos en el contexto de la emergencia sanitaria con el fin de fortalecer el criterio transversal de interculturalidad aplicado en los mismos, con el propósito de continuar garantizando el derecho de los pueblos a la autodeterminación y demás derechos colectivos. Para dicho fin se debe considerar la cosmovisión de los pueblos y nacionalidades indígenas de forma que, en el marco del Estado Plurinacional, se adopten medidas con pertinencia cultural en todo tiempo, las cuales contribuyan a evitar situaciones de riesgo de contagio. Así también, se debe incorporar al Protocolo para la Manipulación y Disposición Final de Cadáveres información destinada a estos pueblos y nacionalidades, que permita comprender de manera clara las medidas adoptadas por el Estado y los efectos de la pandemia (según se recomienda en la resolución 1/2020 de la CIDH). Para el caso particular que se vive el día de hoy en la comunidad de Kumay, se autoriza la exhumación del cuerpo del ciudadano Alberto Mashutak siempre que se cumplan los protocolos recomendados para este efecto. La comunidad deberá ser informada sobre los riesgos del contagio.

Así se programó el intercambio luego de tres días de muñequeo. A la exhumación del cadáver asistieron los hijos del fallecido, el abogado y los medios de comunicación. El 5 de julio llegó a Kumay el cuerpo de Alberto Sarap, en un vehículo de medicina legal, un mes y una semana después de su fallecimiento. Para el intercambio, del lado del Estado estaba el Grupo de Operaciones Especiales (GOE) de la Policía. Los policías estaban armados y cubiertos con pasamontañas y cascos. Del otro, chicos, niños y niñas, mujeres, jóvenes, todos desarmados, salvo por un par de jóvenes que portaban lanzas. A los retenidos los subieron en un carro. Los indígenas gritaron consignas, en una mezcla de dolor y alegría: ¡El pueblo, unido, jamás será vencido!

El evento fue liderado por el Comandante General de la Policía. Las autoridades no hablaron de intercambio sino de un esfuerzo mancomunado entre la Policía y la comunidad. Los retenidos fueron evaluados (triaje) y enviados a aislamiento en sus casas, a manera de prevención. Los shuar de Kumay dicen haberse contagiado todos, pero también dicen que han superado la enfermedad.

El tema no se cerró ni con la entrega del cuerpo ni con el retorno de los retenidos a sus hogares. La comunidad puso una demanda al Estado por atentar contra sus derechos. Finalmente, el 20 de julio, el juez de la causa declaró la omisión del Estado en aplicar el principio de interculturalidad en procedimientos realizados por la Presidencia de la República, la Secretaría de Gestión de Riesgos y el Ministerio de Gobierno (a través de la Gobernación de Pastaza y la Policía Nacional) en el caso del líder de la comunidad shuar de Kumay fallecido y enterrado en la ciudad de Puyo, sin haber respetado las costumbres funerarias del pueblo shuar.

A los pueblos indígenas les ha tocado luchar hasta por el derecho a enterrar a sus muertos. 

(Relato de Milagros Aguirre)

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