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15 de Abril del 2020
Historias
Lectura: 16 minutos
15 de Abril del 2020
Redacción Plan V
¿Por qué los mercados de Quito son puntos críticos en la cuarentena?
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Junto a la entrada al mercado San Roque, la Policía ha puesto una tanqueta. En días anteriores, en este sector se registraron disturbios por el cierre de calles donde trabajaban vendedores. Fotos: Luis Argüello

Los mercados se han convertido en una preocupación porque las aglomeraciones se mantienen. Pero los comerciantes explican que no pueden dejar de trabajar y esta crisis los está afectando sin que las autoridades les den opciones para sobrevivir. Separar a los minoristas de los mayoristas es un dilema. Esto ocurre en una ciudad con los más altos índices de pobreza y desigualdad del país.

El pasado lunes, el Gobierno hizo pública una herramienta para que los ciudadanos puedan identificar los lugares con más aglomeraciones y disturbios en el país y así evitar acercarse a ellos por peligro de contagio de COVID-19. En el caso de Quito, hasta este 15 de abril, seis eran los lugares conflictivos de la ciudad. Cuatro de ellos corresponden a los mercados de Calderón, en el norte; Central y San Roque, en el Centro; y el Mayorista, en el sur. Los otros dos son los alrededores del Centro Comercial Chiriyacu y la Tribuna de los Shyris.

Desde el inicio de las restricciones a la movilidad, los mercados han sido la mayor preocupación para las autoridades y los ciudadanos. Han sido necesarios grandes contigentes de policías para controlar los ingresos y evitar las aglomeraciones. En San Roque, incluso se han producido enfrentamientos. “Somos comerciantes, somos padres de familia, necesitamos sobrevivir”, dijo el comerciante Luis Andino al borde de las lágrimas a Teleamazonas al inicio de las restricciones en marzo.  Alrededor de los mercados se mueven un sinnúmero de economía precarias, pues de un vendedor también dependen ayudantes y cargadores.


El mercado mayorista de Quito, al 24 de marzo, mostraba un movimiento de gente moderado.

Esto ocurre en una ciudad con altos índices de pobreza y desigualdad. Según la última encuesta nacional de empleo y desempleo del INEC de septiembre pasado, Quito es la ciudad con la mayor tasa de desempleo del país (8,2%), seguida de Machala (6,4%), Cuenca (6,3%), Ambato (4,5%) y Guayaquil (3,0%).  En cuanto a subempleo, Quito empeoró de forma significativa en el último año. Esta tasa pasó de 9,4% en septiembre de 2018 a 12,4% en septiembre de 2019. En este indicador, Quito se ubicó en el tercer lugar a escala nacional después de Guayaquil y Ambato. El subempleo se refiere a personas con empleo que percibieron ingresos inferiores al salario mínimo.


El 24 de marzo, en el Mercado Mayorista ya se empezaba a notar menos afluencia de gente. Los triciclos de transporte iban y venían cargados con compras para los minoristas. 


La otra cara del mercado. José Llivi trabaja desde el 2007 en este lugar.  Antes de la emergencia, en un día llegaba a ganar unos USD 25, hoy con suerte llega a los USD 15. 

Asimismo, a diciembre de 2019, la tasa de pobreza extrema más alta se registró en Quito y en Machala, ambas con 2,8%.  En pobreza, la capital se ubicó en cuarto lugar, con 8,2%, por debajo de Guayaquil (11,2%), Machala y Ambato. Se considera a una persona pobre si percibe un ingreso familiar per cápita menor a USD 84,82 mensuales y pobre extremo si percibe menos de USD 47,80.


María Pilataxi, viuda de 70 años, es oriunda de Zumbahua, Cotopaxi, vende al por menor en el Mercado Mayorista, pero la limitación de ingreso de personas ha afectado sus ventas. Sus productos se están pudriendo, según contó a Plan V. 

La capital también es una de las ciudades más desiguales. Según el coeficiente de Gini, que mide el grado de desigualdad en la distribución del ingreso, Quito fue la segunda ciudad con el mayor índice sólo superada por Ambato, en diciembre de 2019.

Otro indicador que nos puede ilustrar la informalidad y la falta de acceso a empleo pleno en la capital es la cantidad de afiliados a un seguro. Según los datos del censo del 2010, el 63% de los habitantes de Quito no tenía seguro, el 34% dijo sí tener y el 3% restante no sabía.


Los cargadores que desembarcan la fruta que llega en camiones se están quedando sin trabajo.

San Roque, la cara de una tragedia para el pequeño comerciante

El 24 de marzo pasado, San Roque amaneció sitiado. Las calles cercanas al mercado, en el Centro Histórico de Quito, fueron desalojadas de puestos informales. En horas de la madrugada, por lo menos 300 uniformados de la Policía Nacional, la Metropolitana y el Ejército acordonaron la zona y retiraron los puestos con maquinaria. Según la Intendencia de Policía de Pichincha, el operativo se realizó debido a la evidente insalubridad y acumulación de gente en el sector, que estaba violando la cuarentena dispuesta por las autoridades.


El 24 de marzo, 300 efectivos tomaron el control del Mercado de San Roque. 

Los comerciantes que solían vender sus productos en la calle Loja protestaron por el desalojo y hasta hubo enfrentamientos. “Hemos tomado la decisión lamentable de hacer cumplir la norma”, dijo el alcalde de Quito, Jorge Yunda. Pero días después se siguieron registrando aglomeraciones.

San Roque reúne alrededor de 3.000 comerciantes solo dentro de sus intalaciones, pero desde las restricciones apenas laboran 500, según un boletín del Municipio. A este se grupo se suman decenas comerciantes que no tienen un puesto en el mercado y deben verder en las calles aledañas. Más de 2 000 compradores son los que acuden diariamente al mercado de San Roque.


Las vías que rodean al mercado de San Roque permancen cercadas. En la foto, la calle Cumandá que se une con la 24 de Mayo, en el Centro Histórico. 

Este mercado es un ecosistema de economías formales e informales, conformadas principalmente por trabajadores indígenas de la Sierra Centro, sobre todo de las provincias de Cotopaxi y de Chimborazo, pero también de Bolívar, Tungurahua, Pichincha e Imbabura. Así lo señala Raúl Moscoso en su estudio Mercado San Roque: Migración, trabajo y redes sociales. “Según datos del Censo de Población y Vivienda (INEC, 2010), de la provincia de Chimborazo proviene la mayor cantidad de población que ha migrado al área de influencia económica directa del mercado (conformada por los barrios Libertad bajo, La Victoria y San Roque)”.


Desde las 11:30, el mercado San Roque empieza a cerrar. Los vendedores se apresuran a salir. 

El analista también explica que el mercado San Roque funciona como un centro de comercialización mixto: “Es un mercado en el que se expenden productos tanto al por mayor cuanto al por menor. Los comerciantes mayoristas se desempeñan también como minoristas, con lo cual se desdibujan los límites de cada especialización. Además, en el mercado laboran comerciantes que son a la vez productores y también algunos comerciantes minoristas que esporádicamente ejercen la venta ambulante. En tal contexto, los intercambios de roles están definidos por factores económicos”.

El pasado lunes 13 de abril, el Municipio suspendió la venta al por menor en este mercado por las aglomeraciones registradas y puso más restricciones en otros mercados. Ahora atiende a distribuidores y comerciantes de otros mercados, y solo pueden entrar en camioneta o camión.

Pero el testimonio de Mónica Molina, presidenta de la Asociación La Unión, ilustra por qué esta medida es un fracaso anunciado: “San Roque jamás puede llegar a ser mayorista porque es economía mixta. Es al minoreo. En un supermercado, la gente pobre no va a conseguir 0,25 centavos de zanahoria, de culantro. Aquí el pollo lo vendemos a 0,80 centavos. La libra de carne aquí está a 2,80, en el Supermaxi está a 4,50 el medio kilo. Entonces la gente compra un dolarito de patas para hacer una sopita. O la librita de hueso de chancho a 0,25 centavos. El fondo de todo esto es que no ven el bienestar de los más pobres”.


San Roque es un mercado cubierto. Hay puestos de ventas incluso en el subsuelo.

Molina es madre soltera y comerciante de San Roque desde hace 30 años. Con esos ingresos ha educado a sus dos hijos. Vende frutas y su puesto, como los demás de su asociación, dan al acceso por la calle Loja. Contó que el mercado tiene alrededor de ocho accesos, pero en la actualidad todo el contorno ha sido cerrado. El único ingreso que está habilitado está en las avenidas Cumandá y 24 de Mayo y solo para mayoristas. Esta medida les ha dejado sin clientes. Sus ventas han bajado al 10%. Conoce que los cargadores, por ejemplo, ahora solo ganan lo básico para alimentarse: “se hacen unos 5 dolaritos para llevar alguna cosita a su casa”.

Los directivos del mercado San Roque pidieron a sus asociados un total de 2.500 dólares para el túnel de desinfección.

La mujer lo ilustra: “Los compañeros de mi asociación venden pollo, carne y no tenemos venta porque están cerradas las calles Mariscal y Loja. Nos estamos comiendo el producto. Se nos está pasando, los cárnicos no pueden estar mucho tiempo en congelación. Siempre hemos vendido al día, producto fresco. Pero ahora con las restricciones ni con el número de cédula dejan pasar. Nuestra situación económica está caótica. Vamos a llegar a un punto en que vamos a salir nuevamente y nos vamos a tomar las calles. Estamos cumpliendo con todas las normas: guantes, mascarillas, gel, alcohol, desinfección. No dejan ni entrar la carga”.


Un peluquero de la zona, al no poder abrir su local, ha trasladado su negocio al interior del mercado. "Hay que ser ingeniosos para no dejar de trabajar", comentó.

Los comerciantes sostienen que han ocurrido abusos de parte de los policías municipales. Esta semana, por ejemplo, un indigente en estado de ebriedad fue golpeado por no retirarse del mercado de San Roque.

Los comerciantes aseguran que desde las 05:00 hasta las 12:00, horario permitido por el Municipio, venden muy poco. Incluso deben salir hasta las vallas para ofrecer a los transeúntes el el producto, vuelven al puesto con el pedido y lo llevan al cliente. “Avisando, avisando, corriendo y corriendo, acabarán algo (de los productos)”, dijo Molina. La Policía informó que con los controles se ha reducido la presencia de ciudadanos en un 40%.

También se han registrado problemas para el ingreso. El comerciante Sergio Calo es presidente de otra asociación, de las 24 que existen en el mercado. Él y sus compañeros laboran en la planta baja. Coincide en que es un problema pedir a los compradores que solo accedan por la Av. 24 de Mayo, pues muchos comerciantes están por varios accesos.  “La gente viene a buscar para poder sobrevivir, hacer las compras para trabajar”.


Sergio Calo es presidente de una asociación del mercado. Muestra la tarjeta amarilla que le permitió el ingreso el miércoles 15 de abril. Pero dice que el sistema de tarjetas deja a muchos comerciantes sin la posibilidad de trabajar. 

Contó que las autoridades han impuesto un sistema de tickets para el ingreso de los comerciantes, que varían de color. Este miércoles estuvieron autorizados los que tenían el de color amarillo; al siguiente día ingresarán quienes tengan el color rosado; y el viernes, el verde. Han llegado a distribuir hasta 400 tickets, pero muchos comerciantes se quedaron sin ellos, dijo Calo a Plan V. “Han cogido hasta niños, que deben estar prohibidos de venir acá”. Pide volver a que los ingresos sean sólo con el número de cédula y dice que las personas que trabajan como cargadores no alcanzan a abastecer la demanda por esta limitación. “No dejan trabajar ni al uno, ni al otro. Es un caos”. Los comerciantes tienen familias entre 8 y 10 personas que van a buscar sus sustento. “No dejan trabajar”.

  TESTIMONIO  

“Somos pocos los beneficiados que podemos trabajar”

Patricio Cárdenas, comerciante del mercado Mayorista, en el sur de Quito

Tenemos una significativa baja de clientes. Un 80% ya no ingresa. La mayor parte era pasajera, es decir que va a comprar su diario vivir y sale. Ahora solo se permite el ingreso a las personas que son comerciantes. Pero para eso fue creado el Mayorista, para que las personas se favorezcan y sean atendidos por el productor y por el distribuidor, con precios de primera. Que si esto es necesario, es necesario. Sino nunca vamos a controlar esta situación. Como comerciantes nos ha afectado mucho porque no toda la gente dentro del mercado es distribuidor o productor. Mucha gente tenía su cliente, un padre o madre de familia, o el dueño de un restaurante. En el exterior tenemos la presencia de la Policía y el Ejército.

Yo vivo de la comercialización 30 años. Vendo arroz y azúcar por mayor, porque somos productores y distribuidores de una marca. Nos vemos afectados en el transporte. Los productores en la Costa, ya sea en arroz o en azúcar, están muy limitados en los tiempos de producción y en la presencia de sus empleados. La gente, aparte del miedo que tiene, también presentan algunos síntomas. Hay médicos que les toman dos o tres veces al día la temperatura y según como se vayan presentando los envían a sus casas.


Así se desinfecta a los usuarios en el Mercado Mayorista. 

“Vamos a implementar un túnel de desinfección para el ingreso de personas. Queremos hacerlo como sociedad, porque el rato que yo me estoy cuidando, en realidad cuido a mi familia, a mis vecinos”.


Camiones son desinfectados por dentro y por fuera en este mercado del sur de Quito.

Los transportistas no quieren viajar, sobre todo al Guayas. Todos tenemos que cuidar a nuestras familias. Y nosotros traemos producto de Guayaquil. En nuestro caso, tenemos vehículos propios.

Nosotros ingresamos a las 05:00 apenas abren el mercado para ganar el día para que no se desabastezca nuestro cliente, porque eso genera una problemática para su consumidor. Lo hacemos con gusto porque también necesitamos trabajar. Somos pocos los beneficiados que podemos trabajar. Hemos provisto a nuestros colaboradores de equipos de protección. Pero el cliente que no lleva su protección no es atendido.

Esto pasa en el sector de abastos, pero el mayor problema es el sector de las frutas donde aún hay acumulación de personas. La gente está acumulada afuera en demasía. No hay dónde parquear. Afuera nadie controla. Mucha gente entraba al mercado y se dedicaba a la venta diaria, en su desesperación por subsistir. Hay personas que ofertan desde mascarillas hasta el café con empanada. Los cocheros ahora son quienes sacan los productos afuera hasta los autos que no lograron ingresar. O como las vendedoras tienen sus clientes, entonces mandan los bultos a través de los coches.

¿Cómo mejorar esta situación? Qué difícil, si tuviéramos nosotros la respuesta correcta sería magnífico. El Gobierno y el Municipio están tomando medidas de acuerdo a los problemas que se van presentando. Hasta ahora acertadas y con valentía.

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