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28 de Octubre del 2019
Historias
Lectura: 26 minutos
28 de Octubre del 2019
Redacción Plan V
¿Quiénes son y en qué creen los "militantes radicales" en el Ecuador?
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Foto: Luis Argüello / PlanV

Muchos de los nuevos militantes provienen de las clases medias urbanas y de entornos marxistas. 

 

Un reciente análisis pone énfasis en cómo funcionan, qué pretenden y cómo operan los colectivos juveniles de la izquierda actual. Centrados sobre todo en feminismos y ambientalismos, los jóvenes de los colectivos actuales provienen de entornos familiares cercanos al marxismo latinoamericano del siglo pasado.

Un reciente estudio realizado por Pablo Ospina Peralta, Maritza Idrobo y Ana Tulia Ospina, titulado ¿Por qué luchar? motivaciones, organización y estrategias de la militancia juvenil radical en el siglo XXI pone la lupa en quiénes son los jóvenes de los colectivos alternativos y de izquierda en la actualidad, cuáles son sus orígenes, sus motivaciones y sus propuestas. 

El estudio, que fue publicado por Grupo Faro, Esquel y la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, recoge las experiencias de varias organizaciones juveniles, a las define como de militancia juvenil radical, inspiradas en el marxismo latinoamericano de fines del siglo XX y que ahora, sobre todo, se centran en causas ambientales, anticapitalistas y feministas. 

El informe, de 73 páginas, explica cómo funcionan los "colectivos", grupos de jóvenes que se diferencian de los partidos u organizaciones de izquierda del pasado en sus discursos, sus propuestas y sus intereses. 

Pero ¿quiénes son los "militantes radicales" contemporáneos? El estudio da algunas pistas al respecto sobre su origen y entorno, Provenientes sobre todo de las clases medias urbanas, quienes se sienten atraídos por estos colectivos tienen algunas características similares. "Aunque no es absoluto, predomina un entorno familiar, si no fuertemente politizado, al menos abierto al debate, promotor de las lecturas, preocupado por una educación más respetuosa de las personas, influenciado por la música latinoamericana de protesta o por las luchas sociales pasadas", destaca el estudio.

El militante, además de su entorno y orígenes familiares, se siente inconforme con alguna cuestión, por lo que se centra en determinadas causas: "Toda militancia política implica inconformidad con el orden social. Las militancias que analizamos suponen además que esa inconformidad busca una salida colectiva, grupal: las militantes asumen que el cambio social que buscan no se puede conseguir tan solo mediante un cambio de actitud individual. Pero de todo el enorme abanico de injusticias existentes a su alrededor, seleccionan unas y se enfocan menos en otras", explican los autores.

El estudio, que fue publicado por Grupo Faro, Esquel y la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, recoge las experiencias de varias organizaciones juveniles, a las define como de militancia juvenil radical, inspiradas en el marxismo latinoamericano de fines del siglo XX y que ahora, sobre todo, se centran en causas ambientales, anticapitalistas y feministas.

El estudio precisa la gran influencia de las militancias de los padres en las izquierdas marxistas de las décadas pasadas como un elemento que explica e identifica a muchos de los actuales integrantes de estos colectivos: "Muchas veces en la familia de procreación hay artistas o profesionales dedicados a las ciencias sociales o las humanidades. Una entrevistada nos sugirió una clasificación en dos grupos distintos: los que vienen de familias politizadas de militantes y los que vienen de familias hippies. Es probable que este rasgo de las militancias juveniles actuales que incuban en entornos familiares favorables a la militancia, se restrinja exclusivamente a las motivaciones propias de sectores medios y no sea aplicable en sectores populares, pero este tema requiere más investigaciones específicas".

Sobre por qué las actuales militancias han escogido determinados discursos, los autores explican que es porque  "hay oportunidades de ganar en un mundo que nos acostumbra a las derrotas. Son causas que gozan de reconocimiento y aceptación por parte de la cultura dominante. Las luchas ambientales y feministas cuentan con un sentido común creciente de su lado. Al menos, de labios para afuera. Nadie puede presentarse abiertamente como machista o destructor de la naturaleza sin altos costos políticos y culturales. Son causas que disfrutan de aceptación y proveen legitimidad; son un lenguaje de lucha aceptado universalmente aunque haya constantes críticas a los “extremismos”. Además, se ajustan a las posibilidades de una acción personal, a escala individual, donde los cambios de comportamiento privado y en la vida cotidiana adquieren rápidamente un significado político".

Sobre por qué las actuales militancias han escogido determinados discursos, los autores explican que es porque  "hay oportunidades de ganar en un mundo que nos acostumbra a las derrotas. Son causas que gozan de reconocimiento y aceptación por parte de la cultura dominante. Las luchas ambientales y feministas cuentan con un sentido común creciente de su lado. Al menos, de labios para afuera.

Las estrategias de los colectivos

El estudio, que analiza casos de colectivos juveniles de izquierda conocidos en el país, como Yasunidos, movimientos feministas y otros, asegura que los colectivos en el país "ha tendido a privilegiar la estrategia intersticial de transformación. Esta estrategia, tal como estos colectivos la impulsan, pone el acento en el plano de las relaciones interpersonales, de las pautas de consumo alimentario y de formas de vida cotidiana que, en general, buscan prefigurar un orden alternativo que sea experimentado en el presente, en el seno del orden social que se pretende cambiar. Predomina una tendencia a ignorar o dejar de lado el problema del Estado, aunque pueden entrar en diálogo con quienes privilegiaron la estrategia simbiótica para presionar por ciertos cambios legales o institucionales, y con las formas de movilización social propias de quienes están animados por la estrategia rupturista", explican los autores. Las militancias, ante todo, parecen incubar en las clases medias urbanas en el país. Al respecto, el estudio apunta que: "la sugerencia de este trabajo es que los problemas generales de desprestigio de la política, de los partidos y de las reglas que comandan el sistema social en que vivimos (algo que se viene discutiendo en muchas partes del mundo y no solo en Ecuador ni solo en América latina) se ven reforzadas entre los jóvenes de clase media por el sentimiento de injusticia, restricción y clausura que se les impone por efecto de estas tensiones en sus condiciones de vida. De manera más específica, el crecimiento de la demanda de autonomía personal, la intolerancia ante el autoritarismo y en general, ante cualquier presión política heterónoma, se expresan en la forma de un reclamo por formas de actividad más ajustadas al respeto de la individualidad autónoma".


Plaformas como Yasunidos han tenido gran impacto con un discurso conservacionista.

Varios casos de estudio

En el informe se analizan algunos casos particulares, sobre todo de colectivos enfocados en el discurso ambientalista, feminista y anticapitalista, todos ellos resultantes de un replanteo del discurso marxista tradicional latinoamericano.

Por ejemplo, estudiaron el caso de "Luna Roja  que quizá no debería clasificarse dentro de la forma colectivo. Se parece mucho más al clásico frente de masas de un partido político de izquierda marxista. Sin embargo, algunos rasgos la acercan a la forma colectivo y decidimos mantenerla en el estudio por su importante atractivo para un sector importante de la militancia juvenil de clases medias quiteñas. Luna Roja no se considera una organización feminista sino, un grupo de mujeres comunistas Para ser parte de la organización pasan por un proceso de formación, de confianza y una mínima formación marxista".

Otros casos analizados son los de los colectivos Minka Urbana, Red de Guardianes de Semillas y Geografía Crítica,  que para los autores "tienen rasgos que los acercan a la forma ONG. La diferencia crucial es que no se trata de funcionarios con perfil activista rentados por la organización sino fundamentalmente militantes voluntarios".

Otros casos analizados son los de los colectivos Minka Urbana, Red de Guardianes de Semillas y Geografía Crítica,  que para los autores "tienen rasgos que los acercan a la forma ONG. La diferencia crucial es que no se trata de funcionarios con perfil activista rentados por la organización sino fundamentalmente militantes voluntarios. Son dos grupos de profesionales que asesoran y brindan apoyo a organizaciones en lucha, por lo general, contra el modelo extractivista. Hacen estudios, tienen reuniones de debate teórico o metodológico, aprenden de la lectura de experiencias de otros países".

Sobre el colectivo Red de Guardianes de Semillas, el estudio apunta que "quizás la característica distintiva más peculiar del colectivo que lo vuelve vecino tanto a la forma ONG como a la forma partido, es la existencia de reglas mucho más estrictas para el acceso al núcleo de la organización. Actualmente forman parte la red de intercambio de semillas y productos agroecológicos alrededor de 100 familias en quince provincias del Ecuador: su cálculo es que hay entre tres mil y cuatro mil usuarios de la red.

Pero hay otras militancias, en especial, inspiradas por el discurso feminista. Es el caso de "Vivas nos Queremos que nació en 2016 como parte de una o la expansiva latinoamericana y mundial en la lucha contra la violencia a las mujeres. En la primera convocatoria a reunión abierta confluyeron distintas organizaciones que venían de una militancia anterior, unas 60 personas. Como todos los colectivos, funciona de manera asamblearia: hay una asamblea general y asambleas de comisiones, que son quienes se han quedado estos años sosteniendo el trabajo y están permanentemente en las convocatorias y la organización. Las comisiones (de acciones, de comunicación y de logística) deben encargarse de la comunicación en redes, de convocar, de hacer relaciones públicas y también de la formación en vocería y tener así una agenda de medios para mover a la opinión pública. Cada comisión se reúne semanalmente, mientras la asamblea general es cada 15 días".

En el caso de Aborto Libre, también enfocado en derechos de las mujeres, el estudio destaca la  "estructura de colectivo de colectivos una confluencia destinada a luchar por la despenalización del aborto, creada en 2018.

En el caso de Aborto Libre, también enfocado en derechos de las mujeres, el estudio destaca la  "estructura de colectivo de colectivos una confluencia destinada a luchar por la despenalización del aborto, creada en 2018. En la primera convocatoria abierta (hecha por redes) fueron alrededor de 200 personas. En esta reunión se establece la línea argumentativa y se divide el trabajo en comisiones. La comisión de comunicación se encarga de sacar los posts, el material audiovisual y manejar la página WEB. La comisión de acciones organiza las marchas, salidas a hacer pintas, entre otras. Finalmente hay una comisión de política y una comisión de investigación. La asamblea de comisiones se reúne sin día fijo (se trata de hacerla cada dos meses) dependiendo de lo que haya que tratar en la agenda y la coyuntura. Cada comisión tiene un chat; una o dos personas de cada comisión forman parte de un chat general intercomisiones donde se consultan y a su vez estas representantes consultan con su comisión para tomar decisiones generales entre las asambleas".

Un colectivo de militancia radical que tuvo una gran repercusión mediática es Yasunidos. Sobre esta organización, el estudio apunta que "es el ejemplo paradigmático de los desafíos que implica el funcionamiento de las plataformas. A diferencia de Vivas nos queremos y de Aborto libre, cuyo tránsito no ha concluido, Yasunidos se creó en 2013, y por lo tanto tuvo tiempo de transitar entre plataforma y colectivo. La conversión en colectivos proviene de que la estructura de plataforma solo se mantiene en los tiempos intermitentes de mucha efervescencia, cuando la amplia convocatoria a grandes cantidades de personas y colectivos funciona. En los tiempos de calma, solo queda la militancia permanente y cotidiana, mucho más pequeña, que garantiza continuidad y cierta estabilidad".

Las conclusiones del estudio

Tras realizar un análisis de sus orígenes, motivaciones, entornos e influencias, los autores resumen su trabajo en cuatro proposiciones. Según la primera, "la nueva generación de militantes vive como rupturas incluso las continuidades. Los jóvenes radicales que forman el núcleo de los procesos organizativos ecologistas y ambientalistas reconocen plenamente sus herencias en las organizaciones de izquierda radical de las que muchas veces sus madres y padres fueron parte. Pero en su recuento de lo que hacen, enfatizan ante todo la ruptura con una tradición autoritaria manchada de prácticas propias de un sistema político que exige demasiadas maniobras que desmienten los principios que se proclaman".

Al respecto del legado de militancias pasadas, los autores creen que "las izquierdas políticas de donde provienen lucharon por causas similares, creyeron en valores parecidos, apostaron por opciones de vida equivalentes, pero se perdieron en el camino. Lucharon por el poder en lugar de luchar contra el poder. Las organizaciones que crearon eran centralizadas y verticales, cuando se trata de crear organizaciones de nuevo tipo que aseguren la descentralización, la autonomía, la afectividad y la horizontalidad".

Al respecto del legado de militancias pasadas, los autores creen que "las izquierdas políticas de donde provienen lucharon por causas similares, creyeron en valores parecidos, apostaron por opciones de vida equivalentes, pero se perdieron en el camino. Lucharon por el poder en lugar de luchar contra el poder.

La segunda proposición del estudio destaca que "la nueva generación de militantes tiende a eludir el problema del papel del Estado en el proceso de transformación social. Desconfían especialmente de las capacidades de cooptación y anulación de las luchas sociales que el Estado ha tenido la habilidad de inventar. Algunos reconocen que es necesario cambiar leyes, instituciones y políticas públicas; luchan por esos cambios en el Estado, pero siempre presionando desde fuera. La crítica a la institucionalización y la estrategia de lobby de las organizaciones feministas de los años 1990, es parte de las explicaciones de esta opción". En esa medida, "la mayor parte del esfuerzo de la militancia juvenil actual se concentra por lo tanto en cambiar la opinión pública, construir en la práctica formas de vida alternativas más próximas al ideal proclamado, influir mediante la movilización y la acción directa en el espacio público y en la transformación cultural. La política fuera del Estado que presiona al Estado, no lo transforma ni lo coloniza". 

La tercera proposición destaca que "las militancias juveniles recientes están condicionadas por una socialización marcada por un contexto internacional que alienta los movimientos feministas y ambientalistas. Casi todos los jóvenes que entrevistamos emprendieron en la adolescencia una búsqueda individual para dar cauce al impulso de luchar contra las injusticias del mundo. Debían seleccionar, entre el interminable menú de injusticias existentes, cuáles los motivaban más como para dedicar su tiempo, sus esfuerzos y su vocación. Montaron muchos Rocinantes antes de recalar en los colectivos feministas y ambientalistas", aseguran. "Lo que parece determinante es que en la actualidad el ambientalismo y el feminismo tienen más oportunidades de producir avances y algunas victorias, aunque sean parciales".


Colectivos como Vivas nos Queremos y Luna Roja se han centrado en la defensa de los derechos de las mujeres. Foto: El Comercio

Finalmante, la cuarta proposición es que "la asociación entre clases populares y clases medias sigue siendo una tensión irresuelta en la militancia juvenil radical como lo era entre las izquierdas radicales del pasado. La gran mayoría de militantes proviene de clases medias, acomodadas o emergentes. La conexión con clases populares movilizadas sigue considerándose un problema crucial para cualquier estrategia viable de transformación. Hay un conjunto de grupos que mantiene la convicción propia de las izquierdas del pasado de que es necesaria la entrega individual para volcarse a un trabajo prioritario de promoción de la organización y lucha en sectores populares y empobrecidos, como Luna Roja, Luna Creciente, el Frente Guevarista o Mujeres por el Cambio". 

"Algunas militantes viven esta condición clasemediera como una limitación y como una crítica dirigida a quienes no abandonan los privilegios propios ni son capaces de cuestionarlos. Pero la condición de clase de la militancia sigue considerándose un condicionante para la transformación social, para su sentido y para su viabilidad. Otra continuidad que se vive como ruptura", finaliza el informe.

Carta del Dr. Pablo Ospina a Plan V

Este portal ha recibido una carta del investigador principal de este estudio, que transcribimos en su integridad a continuación:

He leído con atención y preocupación la reseña aparecida en su medio de comunicación sobre la investigación que coordiné recientemente sobre la militancia juvenil en Quito (“¿Quiénes son y en qué creen los "militantes radicales" en el Ecuador?”, Plan V, 28 de octubre de 2019, disponible en ¿Quiénes son y en qué creen los "militantes radicales" en el Ecuador?).

En condiciones normales, una reseña periodística en un medio como el suyo, de alta exposición pública, podría ser beneficiosa para la difusión de una investigación como ésta. Pero no estamos en condiciones normales y el enfoque de la reseña se aleja del sentido de la investigación realizada. ¿Cuál es el problema? La reseña centra la atención de sus lectores en preguntarse “quiénes son estos los jóvenes radicales y qué pretenden”.

En el contexto actual de persecución, criminalización y amedrentamiento a quienes participamos y nos solidarizamos con el levantamiento indígena y popular de octubre, la reseña, tal como ha sido elaborada, conecta automáticamente con el discurso oficial de acoso a los “extremistas”, “violentos” e incluso “terroristas” que supuestamente son los responsables del “caos” y la “destrucción” de la ciudad. Esto ocurre, en primer lugar, por el título y los primeros párrafos, que perfilan el sentido de la reseña: se sitúa la investigación en un plano detectivesco que trata de “develar” a unas personas, formas de operar y grupos como si estuvieran ocultos, actuando en la sombra y en la clandestinidad.  También ocurre, en segundo lugar, porque el término “radical” se vacía del contenido que tiene tanto para los autores como para los sujetos de la investigación. Radical no significa “extremista” ni es sinónimo de “violento”. Radical es quien centra su lucha en las “raíces” profundas de la injusticia (y de la violencia); sus condiciones estructurales y sus causas subyacentes.

"El término “radical” se vacía del contenido que tiene tanto para los autores como para los sujetos de la investigación. Radical no significa “extremista” ni es sinónimo de “violento”. Radical es quien centra su lucha en las “raíces” profundas de la injusticia (y de la violencia); sus condiciones estructurales y sus causas subyacentes", argumenta Pablo Ospina sobre esta nota. 

La reseña, con su título, su enfoque, y la libre asociación que establece implícitamente entre los jóvenes “radicales” de la investigación y los “vándalos extremistas” que el gobierno anda buscando con sus aparatos de inteligencia, con su característica superficialidad política, no hace ningún favor a la mejor comprensión de lo que pasó en octubre, ni de los desafíos de transformación profunda que nuestra sociedad tiene por delante.

No soy dueño de las interpretaciones ni de los usos que se hagan de la investigación que coordiné. Pero es mi responsabilidad señalar que discrepo radicalmente con los que Plan V propone en esta reseña, independientemente de que sea intencional o no. Ruego que cuando menos esta carta sea publicada conjuntamente con la reseña para conocimiento de las personas lectoras.

Atentamente

 

Pablo Ospina Peralta

Coordinador de la investigación

Nota de la Redacción:

La reseña a la que hace alusión el Dr. Pablo Ospina no tiene ninguna de las intenciones que el investigador le atribuye. El término "radical" ha sido tomado del propio título de la investigación reseñada. La nota destaca los que nos parecen los hallazgos más interesantes de la investigación, al señalar el origen sociocultural de los militantes de la izquierda contemporánea, sus influencias ideológicas, su conexión con el legado de militancias de décadas pasadas y, sobre todo, los motivos por los cuales algunos jóvenes en la actualidad militan en causas como el feminismo o en ciertos ambientalismos.

La Redacción no comparte la interpretación, a nuestro criterio injusta y gratuita, que el Dr. Ospina plantea, en el sentido de pretender asociar a un medio independiente y comprometido con la democracia, el pluralismo y los derechos humanos, como es Plan V, con el discurso arcaico sobre seguridad nacional y defensa que se propala desde el actual Gobierno y con su política represiva durante y después del levantamiento popular de octubre.

La Redacción no comparte la interpretación, a nuestro criterio injusta y gratuita, que el señor Ospina plantea, en el sentido de pretender asociar a un medio independiente y comprometido con la democracia, el pluralismo y los derechos humanos, como es Plan V, con el discurso arcaico sobre seguridad nacional y defensa que se propala desde el actual Gobierno y con su política represiva durante y después del levantamiento popular de octubre.

Plan V comparte las inquietudes del Dr. Ospina respecto a que no son tiempos "normales" y que existe un discurso oficial proclive a la criminalización y judicialización de la protesta; pero ese discurso no es promovido ni causado ni compartido por Plan V. Nuestra línea editorial también rechaza la violencia por parte de elementos y grupos que usaron tácticas de terror para fomentar la división y el odio entre ecuatorianos. Abogamos siempre por la profundización de la democracia y el respeto a las instituciones y a la lucha legítima y pacífica de los actores políticos y de los movimientos sociales, en el marco del respeto a la República y al Estado de Derecho.

El Dr. Ospina hace conjeturas y supuestas asociaciones de una reseña, que busca solamente mostrar a sus lectores una investigación que valoramos en su contenido y revelaciones. Las interpretaciones hechas a los términos usados en el artículo y las supuestas relaciones con otros hechos son figuraciones que están lejos de nuestras intenciones.

Plan V ha realizado una cobertura integral, plural y rigurosa con los hechos sucedidos en octubre. Esa es la muestra de nuestro trabajo de compromiso por la búsqueda de la verdad, no solo en los sucesos de octubre del 2019, sino a lo largo de estos seis años de existencia y se refleja también en la trayectoria honesta y comprometida de su equipo a lo largo de su carrera periodística. Al respecto, invitamos al doctor Ospina, a quien respetamos y consideramos en lo personal y profesional, a leer en su conjunto lo más destacado de nuestra cobertura de los sucesos de octubre, disponible en este enlace. De este modo se podrá formar un criterio más completo y objetivo  sobre la línea editorial de este portal.

Atentamente.

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