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3 de Agosto del 2021
Historias
Lectura: 13 minutos
3 de Agosto del 2021
Redacción Plan V
‘Raspar’ hoja de coca en Colombia porque no hay trabajo en Ecuador
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Los jóvenes entrevistados en la investigación de Rimisp hablan de la existencia de cultivos de coca en Ecuador. Empiezan en esta actividad ilícita a muy temprana edad. Fotos: Cortesía Rimisp

 

Desde los ocho años, los niños ecuatorianos que viven en la frontera norte trabajan en el cultivo y cosecha de la hoja de coca. Faltan a sus estudios para ayudar a sus padres, que también han heredado este oficio. En el mejor de los casos llegan a los primeros años de colegio. A falta de un Estado, la coca es su única opción para aspirar a una mejor vida. Una investigación regional lo revela.


“Esta planta es la que nos da de comer, por eso esta planta vale oro”. Lo dice Fernando, un joven de 25 años que vive en San Lorenzo y se dedica al cultivo o ‘raspar’ coca en la vecina Colombia. Cuenta que trabaja en ello desde hace años, es decir empezó desde niño. Pertenece a una familia humilde. Sin estudios ni profesión, su única oportunidad de sobrevivencia es el campo y de ese mundo, la coca.

Él es uno de los siete jóvenes, de entre 17 y 25 años, que participaron en el estudio “Jóvenes cultivadores de coca y amapola en Colombia, Ecuador, México y Perú. Experiencias biográficas de la actividad productiva y expectativas de futuro”, que el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, mejor conocido como Rimisp, publicó el pasado 14 de julio. Es el más reciente trabajo, elaborado entre septiembre de 2020 y febrero pasado, sobre la condiciones sociales y motivaciones que tiene este sector para involucrarse en este cultivo ilícito.

“Que le diré, es un poco complicado porque, así como yo hay muchos, hay muchos más compañeros”, dijo Fernando. El equipo investigador que levantó la información sobre Ecuador entrevistó a seis hombres y una mujer jóvenes, en su mayoría ecuatorianos, que se trasladan a territorio colombiano. Pero algunos fueron jóvenes colombianos que viven en Ecuador y laboran en los cultivos en su país. Este mismo trabajo lo hizo Rimisp con 31 jóvenes más en Colombia, Perú y México.

De todos, los entrevistados en Ecuador y México eran los que menos acceso a la educación habían tenido: solo educación primaria o secundaria incompleta. Mientras que en Colombia y Perú los jóvenes tenían enseñanza básica (primaria cinco grados y secundaria cuatro grados) en casi todos los casos y algunos incluso llegaron a tener estudios superiores. “Habemos jóvenes que no hemos terminado ni el colegio, entonces no hay posibilidades para nosotros”, dijo Marcos, de 17 años. En ese contexto, el cultivo de coca es su mejor fuente de ingresos incluso desde que son niños, dice la investigación.

Carlos Córdoba, director de Rimisp en Colombia y coordinador de la investigación en Ecuador, comentó que le llamó la atención es que para estos jóvenes parecería que no existe la frontera. “Van y vienen a un lado y otro sin ningún problema. La frontera parece ser una formalidad, las actividades ilegales como el cultivo y cosecha de hoja de coca están  a los dos lados. Muestra también una falta de legitimidad y gobernabilidad de los dos gobiernos, Ecuador y Colombia, en esta frontera”. 


La hoja de hoca es apreciada por los habitantes, pues gracias a ella han logrado mejorar su situación económica. La tratan con respeto.

“La frontera parece ser una formalidad, las actividades ilegales como el cultivo y cosecha de hoja de coca están  a los dos lados”, Carlos Córdoba, director de Rimisp en Colombia.

Otro punto que salió en las entrevistas es la familiaridad con la que se refieren a estas actividades, que se han desarrollado por generaciones. Afirma que los jóvenes se trasladaban al territorio colombiano en épocas específicas para cubrir gastos de educación y salud.

Fernando, uno de los entrevistados, contó que los niños empiezan a los ocho y diez años en ese trabajo. “Iniciamos en lo que es el campo, y allá hay plantaciones lo que es Llorente, Espriella, Guayacana, un sinnúmero de puntos donde hay cultivos de coca y abastecen de trabajo a la gente como yo, de escasos recursos. No tengo experiencia en otro tipo de trabajos, solo en lo que es coca”.

El cultivo de la coca es una actividad familiar. De acuerdo al estudio, los jóvenes se inician en ello por recomendaciones de sus parientes, porque estos tienen fincas para estas plantaciones o laboran como jornaleros en las fincas de terceros. Las familias compran las semillas, los químicos y ponen la mano de obra. Por ejemplo, Jeimy, de 18 años, se dedica a ello con su esposo; Enrique, de 25 años, con su mamá, papá y primos; y Marcos, 17 años, con su familia. Es decir, la coca se presenta como la opción de subsistencia de las familias en esa zona fronteriza.

Incluso quienes han logrado salir y abrir un negocio diferente, se han visto obligados a volver a esas plantaciones por la crisis que ha generado la pandemia.  Desde niños aprenden las diferentes actividades que involucran este cultivo, como la fumigación y el tratamiento de las tierras. Aunque las cosechas solo se realizan cada tres meses (a veces cada seis meses), esas otras tareas propias del cultivo permiten ofrecer trabajo a las familias durante casi todo el año. Estos jornaleros trabajan de lunes a sábado, ocho horas diarias.

Por eso, la coca -como dice Fernando- para ellos vale oro. Les permite adquirir un terreno, una vivienda y hasta un vehículo. Pero además de su valor económico, la planta tiene un aprecio cultural y ancestral que también está presente en la zona, según el estudio. Se refieren a ella con respeto y agradecimiento.


El cultivo de hoja de coca es una tarea heredada. Los padres llevan a sus hijos; o los tíos a sus sobrinos.

Los pupitres vacíos

Un niño que no va a la escuela es porque posiblemente ha ido a ‘raspar’. Lo saben los profesores, los padres y las autoridades. No es la primera vez que esta situación sale a la luz pública en Ecuador. En 2018, una periodista de Plan recogió el siguiente testimonio de un profesor de San Lorenzo y su experiencia en una escuela fronteriza:

Los padres solicitaban que se le diera permiso a sus hijos para que vayan a trabajar. O los mismos estudiantes decían ‘profesor hoy no vengo porque voy a trabajar’. ¿Qué trabajo vas a hacer? ‘Voy a raspar’, me decía. Yo no sabía que era ‘raspar’ porque en Campanita se decía  ‘conchar’ (ir a recoger conchas en el manglar. Pero acá ya era otra cosa. Raspar es la extracción de la hoja de la coca, que la llenan en sacos. Según la cantidad, les pagan a niños y niñas. Sus pagos eran cancelados en el mismo día o a veces en la semana. El mismo trabajo hacían algunos padres.

Muchos de los estudiantes tenían la piel marcada, con muchos granos e infectados por los químicos con el que se fumigan estas plantas. Cuando ellos se rozan va haciendo daño a la piel, las manos se les hacen gruesas y les decíamos ¿por qué vienes cansado a la escuela? Muchos se dormían, otros llegaban sin comer. ¿Qué está pasando con usted?, les decía.  Ellos explicaban ‘me toca trabajar, ayudar a nuestros padres’.

Esa faena se la ha estado viviendo unos 30 años acá en Ecuador. Un 5% o 10% de los estudiantes salían para poder ganarse el pan. Los profesores los ayudamos comprándoles sus recursos didácticos. Muchos iban a trabajar para comprárselos. Desde los 8 años empiezan a trabajar y ayudar a los padres en la comida diaria. Son sectores con una pobreza absoluta. Esto por la falta de trabajo. Es un estilo y una forma de explotar a estos niños.

“Muchos de los estudiantes tenían la piel marcada, con muchos granos e infectados por los químicos con el que se fumigan estas plantas. Cuando ellos se rozan va haciendo daño a la piel”, profesor en San Lorenzo.

Ecuador y su papel en la cadena

En el informe del Rimisp, los entrevistados mencionan la presencia de diversos grupos ilegales en la frontera y hablan de lucha de poderes por la comercialización de la coca. Están además conscientes de los riesgos. Uno de ellos, Hernando, de 35 años, dijo: “Cuando estaba allá, la situación era difícil, uno no podía ni dormir. Cuando estaba en mi tierra, eso era los paracos, los elenos, las FARC, los soldados, eso allá era plomo día y noche, uno tenía que botarse al monte, esconderse en un palo. Por eso fue que yo me vine de mi tierra de desplazado, porque no resistía la resistencia de la ley”.

Según esta investigación, “Ecuador se ha convertido en un país que ocupa un puesto privilegiado en la cadena de valor del narcotráfico, al incrementar exponencialmente su participación en la producción, el refinamiento, el almacenamiento y el transporte de drogas ilícitas”. Explica que “la presión de la concentración de cultivos en la frontera de países vecinos indicaría que el Ecuador pasó de ser un país libre de cultivos ilícitos, a evidenciar la presencia de este tipo de cultivos en su zona fronteriza desde el año 2015. El aumento en la presencia de cultivos ilícitos se localiza en las provincias de Esmeraldas, Carchi y Sucumbíos, donde se identifican por lo menos 700 hectáreas”. Córdoba afirmó que los jóvenes sí hablaron de cultivos ilícitos en el lado ecuatoriano.

Pese al adverso contexto, la investigación menciona que los mismos jóvenes saben qué es lo que necesitan para salir de esta actividad ilegal. Por ejemplo, acceder a la tierra. Los entrevistados sueñan con tener sus propios cultivos de plátano y cacao. Pero para que esos cultivos les sean rentables piden vías. El ejemplo que dio Baudilio, de 38 años, describe esa necesidad: “el hecho de que falten vías de comunicación hace difícil todo. Es muy diferente cuando usted siembra una hectárea de arroz y no tiene como sacarla al mercado. En cambio, si usted produce un kilo de coca procesado, pues se la puede llevar en una mochila y caminando”.

“si usted produce un kilo de coca procesado, pues se la puede llevar en una mochila y caminando”, Baudilio (38 años).

Todos los entrevistados dijeron que cambiarían de actividad si consiguieran un empleo o ayuda para abrir su propio negocio. Para eso necesitan acceder a préstamos. Mientras tanto, la investigación registró intentos de los jóvenes por cambiar su futuro. Jaider dijo que su pareja tiene “unas tierritas” en Ecuador y con lo que gana en el raspado de coca han sembrado una hectárea de cacao y guanábana. “Sin embargo, ellos ven en estas actividades, bajo las condiciones actuales del mercado, una opción de subsistencia y no de desarrollo económico con opciones de crecimiento en el tiempo. Esto se explica por las condiciones de los precios y la comercialización, que impiden contar con una sólida cadena productiva”, dice el informe.

En opinión de Córdoba, los Estados deben reconocer ese problema y entender que los cultivos ilícitos no se pueden ver solo con la lente de la seguridad y la criminalidad, y la lucha antidrogas que impulsa Estados Unidos. Estos jóvenes, agrega, son el eslabón más débil de toda la cadena de producción, comercialización y venta de narcóticos. “Ecuador comparado con Bolivia, Colombia y Perú tiene muy poca producción de cultivos ilícitos y no son tantos los jóvenes dedicados a este tema, podría resolverlo con un plan de choque que atienda de manera social y económica, y genere oportunidades de ingresos para estos jóvenes. Esa falta de opciones los empuja a las actividades ilícitas”.

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