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22 de Junio del 2015
Historias
Lectura: 29 minutos
22 de Junio del 2015
Redacción Plan V
Retrato del embarazo adolescente

Foto tomada del informe Sexualidad y embarazo adolescente en el Ecuador: de la Enipla al Plan Familia 2015

La divulgación de las realidades y testimonios del embarazo adolescente es el plato fuerte de la investigación sobre el Enipla y el Plan Familia.

 

"Todo el mundo sabe que es fácil quedarse embarazada. Los jóvenes lo tomamos como chiste, hasta hablamos que se puede usar una funda de bolo como preservativo y eso se usa a veces, porque no sabes bien qué es eso de los preservativos y nos da vergüenza comprarlos. Creo que hay muchas chicas que se quedan embarazadas porque no conocen nada. Es normal que en nuestra edad se tenga relaciones sexuales; muchos lo hacen, por eso deben decirles que se cuiden, no que no lo hagan": Diana, 15 años de edad

Acceda al texto completo del informe de la investigación dirigida por Cristina Burneo.

La población total del Ecuador es de 15’687.033(49.56% hombres y 50,44% mujeres), y su tasa de crecimiento es de 1,95%. La población adolescente, comprendida entre los 10 y los 19 años, es de 19%. Las cifras para el 2010 muestran que 3’645.167 son madres; de ellas, 122.301 son
adolescentes.

Datos como estos abundan en el reciente informe "Sexualidad y embarazo adolescente en el Ecuador: de la Enipla al Plan Familia 2015", realizado por Cristina Burneo, Anaís Córdova Páez, María José Gutiérrez y Angélica Ordóñez. El documento ha sido editado por Juan Cuvi.

En su epígrafe, las autoras señalan que "El sábado 28 de febrero de 2015, en el enlace ciudadano número 413, el Presidente Correa anunció que sustituiría la Estrategia Nacional Intersectorial de Planificación Familiar (ENIPLA) por el Plan Nacional de Fortalecimiento de la Familia (PNFF). Esta investigación analiza las implicaciones que este viraje tienen para los derechos de los adolescentes en el Ecuador".

Plan V entrega un extracto de este informe, empezando por los testimonios de tres madres adolescentes que muestran de primera mano una realidad que el gobierno y su Plan Familia pretenden minimizar.

“Diana”, 15 años

Hace tres años que no veo a nadie de mi familia. A veces mi hermana me escribe por Facebook. Ella tuvo una niña a los quince años. Antes me decía que me cuide, pero yo no sabía qué significaba eso de cuidarse. Nadie me explicó nada. Cuando me vino la regla, la única que me explicó fue mi tía.

Con mi mamá nunca hablábamos. Solo mi tía fue al parto. Ella me cuidaba mucho, aunque me regañó cuando le conté que estaba embarazada; me dijo que para qué había abierto las piernas. Mis papás me dijeron que me iban a apoyar, pero no pudieron por falta de recursos. Me sacaron de la escuela; dijeron que embarazada no podía seguir estudiando, pero yo sí podía. De todas maneras, tampoco quería que nadie se entere que estaba embarazada. Luego les denuncié a mis padres a la Dinapen, porque me pegaban cuando estaba embarazada. Entonces vine a la Fundación Adole Isis.

El padre de mi hija no está aquí. Era un amigo de mi misma edad. Me acompañó hasta cuando mi hija tenía tres meses y después se fue. Para mí es menos estorbo. Él no me dijo nada cuando me quedé embarazada, solo que quería tener el bebé. Los varones no quieren aceptar el rol de padres, porque para ellos es fácil irse. Yo no me hubiera ido. No por una cuestión de obligación de las mujeres, sino que a uno le cuesta, porque los bebés salen de nuestro útero. Yo no quería embarazarme, fue un accidente. Primero pensé en abortar y luego me arrepentí. Me decía a mí misma: ¿por qué no voy a dejar nacer a la niña? Mi hermana me explicó que podía como. Ella no abortó porque mi cuñado quería tener el bebé. Me hablaba de clínicas y formas para hacerlo. Nunca le dije que sí, sólo lo pensaba, pero después quise tener el bebé. Además, dicen que es inseguro, que las chicas se mueren o que después no pueden tener nunca más. Eso me dio miedo. Yo conocía los lugares porque todo el mundo sabe dónde hacen abortos. Al principio no sabía que era ilegal, luego supe que sí. Creo que no se debería matar a una criatura que no tiene la culpa.

En nuestra edad, todos dicen que es fácil abortar. Conozco chicas que sólo abortan y ya, y luego vienen a la escuela como si nada, pero para mí no era fácil. Eso sí, si fuera violación, no la hubiese tenido jamás. El trato durante mi embarazo fue violento, incluso con los médicos. Me trataban a la patada. Una vez me lastimaron durante un eco y les grité. Nos tratan mal por ser jóvenes. Decían: ¿por qué se embaraza, para qué abre las piernas? Me daba iras que se metan en una vida. Una vez hasta lastimaron a una chica. Yo sí les respondía y por eso me trataban bien, porque al resto les agredían.

Todo el mundo sabe que es fácil quedarse embarazada. Los jóvenes lo tomamos como chiste, hasta hablamos que se puede usar una funda de bolo como preservativo y eso se usa a veces, porque no sabes bien qué es eso de los preservativos y nos da vergüenza comprarlos. Creo que hay muchas chicas que se quedan embarazadas porque no conocen nada. Es normal que en nuestra edad se tenga relaciones sexuales; muchos lo hacen, por eso deben decirles que se cuiden, no que no lo hagan. Los chicos quieren experimentar y así aprenden. Mi primera pareja fue a los nueve años, un niño del barrio, y mi primera relación sexual también a los nueve, con una persona mayor con tres años. En total, he tenido unas cuatro parejas. Ahora pienso que Dios me ha dado la oportunidad de ser mamá. Hay gente que no puede tener hijos y creo que eso es lo que la vida quiso que yo haga. A veces me arrepiento por coraje, pero es bonito ser madre. Quiero salir adelante, estudiar y trabajar. No estudio ahorita porque no hay cupos a mi edad. Me gustaría ser abogada.

"Emilia", 17 años

Ella no quería que siga estudiando, me sacó de la escuela y solo llegué hasta sexto grado. No la he vuelto a ver y tampoco quiero hacerlo. A él lo conocí porque salía a jugar al barrio con sus hijas; una de ellas es de mi edad.

Viví con mi pareja cinco años, desde que tenía 12. Él era un hombre mayor, tenía 35 años y lo conocí en mi barrio, era mi vecino. Nunca nos casamos, mi mamá no quería. Supongo que me hubiera casado si me tocaba hacerlo; quizá me hubiese gustado saber qué era estar casada. Solo me fui a vivir con él porque mi mamá me pegaba mucho. Ella no quería que siga estudiando, me sacó de la escuela y solo llegué hasta sexto grado. No la he vuelto a ver y tampoco quiero hacerlo. A él lo conocí porque salía a jugar al barrio con sus hijas; una de ellas es de mi edad. Un día mi mamá me dejó siete días sola en la casa; no me dejó comida ni nada. Le pidió al vecino que me cuide. Él vino y me cuidó y así comenzamos a enamorarnos, también por sus hijas. Al principio todo estaba bien, era paciente y amable y nunca me afectó que fuese mayor. Luego todo se puso peor, comenzó a pegarme. Por eso estoy acá (Fundación Adole Isis), porque le denuncié a la Dinapen. Tuve tres abortos por su maltrato. No fueron los únicos. El primero lo tuve a los nueve años, porque me violó mi padrastro. Mi mamá quiso que aborte. Fue muy riesgoso. Por eso, nunca les recomendé a mis amigas que lo hagan. Además, tener un hijo es lo más bonito.

Creo que todas las mujeres tienen que sentirse bien de ser madres, así sea por violación; tienes que considerar que lo que está en tu vientre es tuyo, es tu propia sangre. Tenía amigas que se iban de sus casas a vivir con sus novios; muchas terminaron embarazadas, pero aun así, no creo que sea la solución. En la escuela sí nos daban educación sexual, pero eran clases optativas. A mí no me gustaba ir, prefería irme a jugar fútbol, porque me parecía feo hablar de ese tema, me sentía incómoda. Para mí, sexualidad sigue siendo una palabra vulgar, lo mismo que sexo. Sexualidad es vender tu cuerpo a un hombre. Creo que sí es necesario que nos den educación sexual porque todavía hay hombres que te piden “la prueba de amor”. Pienso que se tienen que dar los métodos anticonceptivos y también pedir abstinencia. A él no lo he vuelto a ver. Me dijeron que le ponga una denuncia por alimentos, pero no quiero. Si él le va a dar algo a mi hija que sea porque quiere; si no ya me arreglaré trabajando y estudiando.

"Lucía", 22 años

A los 17 años, cuando me quedé embarazada, era líder estudiantil de mi colegio. Me daba vergüenza que mis compañeros supieran que iba a tener un bebé y además no estaba en mis planes ni en los de mi pareja. A él lo conocí a los quince años. Yo no había tenido enamorados. Alguna vez se me insinuó y le dije que no. Hasta que un día que estuvimos de viaje juntos, sucedió. No me gustó, me sentía sucia, que había fallado a mi familia y a mí misma. No usamos preservativo, porque a mí me daba vergüenza pedirle que lo hiciera, no le tenía la suficiente confianza. Era irónico, porque justamente yo promovía una campaña en el colegio de uso de preservativos y ese día, aunque sabía de las consecuencias, no le dije nada. Ahora me doy cuenta que a él nunca le gustó usarlo. Muchos varones decían que no es lo mismo tener relaciones sexuales con preservativo. Mientras que nosotras, las mujeres, debíamos ser las que se cuiden; es la mujer la que debe decir cuándo y con quien tener relaciones sexuales y cuidar que el embarazo no suceda; es nuestra responsabilidad, decía todo el mundo.

Cuando las compañeras de mi pareja se enteraron de mi embarazo, andaban diciendo que lo había hecho a propósito para “atraparlo”. Me hice varios exámenes sola antes de saber que estaba embarazada. Mi familia no lo supo sino hasta cuando estaba de cuatro meses. Me daba miedo la reacción de mi papá. Él era un hombre muy violento con mi madre y mi hermana. A ella la golpeó algunas veces por salir de casa y yo sabía que si le decía, él iba a culparle a mi mamá por no haberme cuidado. Decidí informarme sobre cómo abortar. No quería tener al bebé, pero nunca se lo dije a mi pareja, porque me daba vergüenza. Averigüé en Internet que el Alka-seltzer o la Sal de Andrews eran riesgosos para embarazadas. Comencé a tomarlos en altas dosis, pero no funcionó. Luego que me animé a contarle a mi pareja, me dijo que debía ser mi decisión y que me iba a ayudar a buscar un lugar. Fuimos a unas clínicas, pero nos querían cobrar entre 300 y 400 dólares y no teníamos el dinero. Luego supe que había unas pastillas. Fui a la maternidad y mentí diciendo que estaba haciendo un proyecto de grado y que necesitaba tener muestras de esas pastillas; no me las dieron.

La familia de mi pareja no lo supo hasta cuando nació mi hijo. Su madre le echó de la casa porque su hermana ya era madre adolescente y le había dejado a cargo del niño; su padre era igual un hombre violento.

Estaba desesperada, porque nunca había pensado ser madre a esta edad; sí quería, pero cuando tuviese unos 23 o 25 años. Además, iba a ser madre soltera. No quería tener problemas con un hombre violento como había sido el caso de mi familia. Un amigo de la facultad de medicina me explicaba sobre sexualidad y sobre aborto pensando que era para mi proyecto. Después me enteré de que había otros métodos, como introducirte un armador de ropa o rodar por las gradas. No era un tema que lo conversabas abiertamente, ni siquiera entre jóvenes o amigos, quizá por una cuestión religiosa. Incluso cuando recibíamos educación sexual nos daba vergüenza. En esas clases no nos explicaban nada; ni siquiera sabíamos cómo era un preservativo. Solo hablábamos de anatomía femenina y relaciones sexuales sin mayor detalle. A la final decidimos tener al bebé. No aborté por un tema económico; no tenía el dinero para hacerlo y los otros métodos eran peligrosos. Comencé a ir a la maternidad, donde me ayudaba una psicóloga. Ella me dijo que debía contarles a mis padres y que si mi papá me quería pegar me ponga cerca de una puerta para salir corriendo.

La familia de mi pareja no lo supo hasta cuando nació mi hijo. Su madre le echó de la casa porque su hermana ya era madre adolescente y le había dejado a cargo del niño; su padre era igual un hombre violento. Mi familia tuvo una mejor reacción. Mi papá quería que me casara, pero le dije que no. A la final me apoyaron, pero solo hasta cuando viví con ellos. Cuando me fui a vivir con mi pareja dejaron de hacerlo, solo me ayudaron con los gastos del niño. Por suerte pude continuar estudiando y acabé la universidad. Hace dos meses me separé del padre de mi hijo.

Un análisis del Plan Familia, PNFF

(El siguiente análisis se basa en un documento en borrador que se filtró en las redes sociales y que no ha sido desmentido por las autoridades). Nota de las autoras.

Página 4: “… lograr un giro significativo en el patrón de comportamiento en adolescentes y jóvenes respecto a la vivencia de la afectividad y la sexualidad, a través del complemento de las políticas públicas en la temática y el fortalecimiento del rol protagó- nico de la familia para apoyar al desarrollo de dicho lineamiento”.

Afectividad en primer plano: lo primero que señala el borrador es que se pretende provocar un giro en la manera de sentir de los jóvenes. Si definimos la afectividad como un conjunto de emociones y reacciones ante la experiencia de la vida y los acontecimientos cotidianos, sabemos que los afectos son culturalmente aprendidos (aprendemos el odio a la homosexualidad, la hostilidad frente al racismo).

Recibimos una educación sentimental desde el día que nacemos. El PNFF toma al concepto de afectividad como si fuera algo homogéneo, natural e inmune al contexto. El antropólogo David Le Breton sostiene que los sentimientos y las emociones no son estados absolutos, sustancias susceptibles de transponerse de un individuo y un grupo a otro, de una sociedad humana a otra; los seres humanos experimentamos afectivamente los acontecimientos a través de repertorios culturales diferenciados que a veces se parecen, pero no son idénticos. La afectividad vinculada a la sexualidad implica que esta solo puede experimentarse a partir del amor. Una política pública que se sostenga en el vínculo afectividad-sexualidad no garantiza los derechos sexuales cuando el sexo practicado dentro de una relación consentida, consensuada y antecedida por el amor mutuo es solo una de las numerosas formas de la relación sexual. De inmediato quedan afuera  las relaciones sexuales no afectivas, casuales, no consentidas, el estupro o la violación. El PNFF resalta el rol protagónico de la familia; asume que esta institución es el lugar más seguro para crecer. No contempla familias en donde hay violencia sexual, física, simbólica, verbal, incesto o acoso sexual. Se atiene a una concepción de familia armónica, funcional y garante de la integridad de los hijos que cría. Así quedan en segundo plano otros canales de información, educación y protección de los adolescentes (institucionales, privados e incluso clandestinos), que son canales legítimos de acceso a la educación sexual: escuela, centros de salud, amistades, medios, internet, etc.

Una familia no es una entidad universal invariable, ni en su concepción ni como institución.

Para sostener estos argumentos, el PNFF se basa en estudios pseudocientíficos, como el de Fernando Pliego Carrasco, citado con frecuencia en páginas web católicas orientadas a mantener la idea de la familia tradicional. Este estudio se basa en principios morales para interpretar datos, hace afirmaciones exageradas y no presenta pruebas de su propia refutabilidad. El PNFF incluye varios argumentos de Pliego Carrasco para marcar la importancia de la familia.

Página 5: se señalan las tendencias generales de bienestar en sociedades democráticas de todo el mundo:

• El tipo de matrimonio o de relación que facilita el bienestar en las sociedades democráticas actuales es aquel donde se valora la estabilidad de la pareja.

• En las familias donde los hijos cuentan con la presencia de sus dos padres biológicos hay menos violencia contra mujeres y niños; los indicadores de salud física son mejores; los problemas de salud mental ocurren en menor medida; los ingresos son mayores y el empleo más frecuente; las condiciones de vivienda son más favorables; hay más cooperación en las relaciones de pareja; los vínculos entre padres e hijos son más positivos; el consumo de drogas, alcohol y tabaco se presenta en cantidades menores. Una familia no es una entidad universal invariable, ni en su concepción ni como institución. Este estudio afirma que las familias con padre y madre biológicos garantizan el bienestar de sus miembros per se, como si no fueran susceptible de violencia, falencias, carencias e incumplimiento de sus funciones.

Página 7-8: El PNFF establece una diferencia entre Estado laico y laicista. Este último supuestamente excluye todo tipo de religión y, en algunos casos, se opone a ella. Laicismo: En su Enciclopedia de la Política, Rodrigo Borja Cevallos precisa que, en su definición más simple, el laicismo es el régimen político que establece la independencia estatal frente a la influencia religiosa y eclesiástica. El Estado prescinde de todo credo religioso, no profesa religión alguna, observa absoluta neutralidad el fenómeno religioso y considera que todas las creencias son expresión de la íntima conciencia de las personas. El PNFF redefine “laico” y “laicista” en forma confusa y carente de sustento. Rodrigo Borja añade que el laicismo no es enemigo de la religión. Al contrario, garantiza el libre ejercicio de todos los cultos y además se empeña en rodearles de toda la respetabilidad posible.

Página 10: Se mencionan las causas del incremento en el porcentaje de embarazos adolescentes (de 0,69% a 0,77% de nacidos vivos de menores de 15 años en el periodo 2012-2013: “la carencia de un programa de educación de la afectividad y sexualidad con enfoque de familia, la falta de conciliación familia-trabajo, el acceso limitado a información completa, científica y veraz, la violencia sexual, ideologías reduccionistas en la visión de la sexualidad”. A continuación el texto que se centra en la educación en torno a la afectividad, ignorando las causas que acaba de listar, en donde aparece, de manera fugaz y mezclada con causas disímiles, la violencia sexual. El PNFF identifica como objetivo principal para la solución de estos problemas a la educación afectivo-sexual, es decir, al aprendizaje del “arte de amar”. La fuente para esta afirmación es la campaña de Ma. Judith Turriaga en favor de la castidad como sostén de la educación afectivo-sexual. “La castidad, al ser una virtud, perfecciona la libertad, no la impide”. Turriaga fue directora nacional del Programa Saber Amar y tiene su tesis pendiente por la Universidad de Navarra, una universidad de inspiración cristiana promovida por José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.

El placer es algo que denigra a la persona al estancarla cuando vive su sexualidad. El PNFF demoniza la relación entre sexualidad y placer.

Página 12: “Cuando el hecho sexual es reducido a la genitalidad, la sexualidad humana no puede ser entendida en todas sus dimensiones, se cae en un reduccionismo que se estanca en el placer. Las consecuencias a nivel fisiológico pueden ser las Enfermedades de Transmisión Sexual”.

Placer: Este término, como puede verse, está asociado directamente con la transmisión de enfermedades sexuales. El placer es algo que denigra a la persona al estancarla cuando vive su sexualidad. El PNFF demoniza la relación entre sexualidad y placer. Al priorizar la afectividad revela una concepción elemental, anacrónica y poco realista de la sexualidad, en especial de los jóvenes y de las adolescentes con riesgo de embarazo.

Página 16: Respecto de la población LGBTI, el PNFF afirma que la relación entre hombre y mujer pasa por la aceptación de su diversidad natural. Hombre o mujer “se es” y no solo “se construye socialmente”; por lo tanto una, legislación justa no puede apoyarse en una concepción antropológica atada a una ideología. Ideología: El PNFF descalifica la sexualidad si está fuera de la dualidad hombre-mujer y defiende dicha dualidad sexo-genérica desde lo biológico definitivo y no desde lo sociocultural, pues eso implicaría una comprensión “ideológica” de la sexualidad humana, aunque no precisa a qué ideología se refiere.

Página 17: “El Ecuador (...) está inmerso en una cultura inmediatista que imparte un mensaje biologizado de la sexualidad, el cual se empeña en difundir el alcance del placer y la felicidad a través de la frase ‘sexo seguro’, proclamando un aparente respeto por el otro con el uso indiscriminado de anticonceptivos y preservativos a cualquier edad y con cualquier pareja”.

Sexo seguro: Los principios de libertad sexual, derecho de soberanía del cuerpo, educación sexual libre y sin sesgos morales se ven anulados en esta crítica del sexo seguro que promueve el PNFF. La garantía de la libre distribución de métodos anticonceptivos para menores no es compatible en absoluto con el  PNFF, pues considera que el uso responsable de anticoncepción genera riesgos.

Páginas 20-21: “La violencia sexual constituye tanto una causa como una consecuencia de la existencia de patrones de comportamiento que impiden la vivencia integral de la afectividad y la sexualidad. (…) La calidad que da la estabilidad de la vida familiar y el tipo de familia influye en la incidencia de violencia sexual”.

Gustavo Jalkh, “el miedo masculino es el origen de la violencia contra la mujer. (…) La violencia irrespeta la dignidad de la víctima, pero también destruye la dignidad del agresor”.

Familia: La violencia sexual sería el resultado de la ausencia de un modelo familiar formal. El PNFF afirma que debe prevalecer la estabilidad familiar para desactivar la violencia. Lo más preocupante es que, para fundamentar esta afirmación, recurre a un estudio realizado en Estados Unidos en donde se mide la violencia sexual intrafamiliar según el tipo de familia, según el cual solamente una familia en donde el padre y la madre son biológicos y están casados es una familia segura. Esto querría decir que la violencia se desactiva cuando se mantiene la familia tradicional como núcleo de la sociedad, o que el solo hecho de que ambos padres sean biológicos y heterosexuales erradicaría la violencia sexual dentro de la familia. Estas conclusiones insinúan que las segundas o terceras uniones para madres y padres viudos, divorciados o separados pondrían en situación de riesgo a sus hijos de uniones previas. De este modo se condena a todo matrimonio que no sea para toda la vida a partir de la primera unión. Esta visión conservadora y desactualizada del modelo de familia es incongruente con la dinámica social contemporánea.

Página 23: Respecto de lo perpetradores de la violencia sexual el PNFF sostiene que parte de tratar el problema de la violencia contra la mujer es brindar una educación dirigida al varón con una visión holística, pues como lo señala el Dr. Gustavo Jalkh, “el miedo masculino es el origen de la violencia contra la mujer. (…) La violencia irrespeta la dignidad de la víctima, pero también destruye la dignidad del agresor”. Por ello se precisa una educación que promueva el valor tanto del sexo masculino como femenino, reconociendo la riqueza en la complementariedad de sus diferencias y la igualdad en cuanto a la dignidad que los dos sexos poseen.

Miedo y complementariedad: El principio de complementariedad entre hombre y mujer, además de dejar fuera otras sexualidades como la transgénero, transexual y las homosexualidades, ignora las desigualdades históricas entre estos dos géneros. “El miedo masculino” deja fuera la responsabilidad legal y penal frente a la violencia. Es muy preocupante el tratamiento que se da aquí a una violencia sin actores, sin perpetradores y con un horizonte de comprensión del “miedo masculino” que justifica y perdona más que erradica.

Página 26: Se toma como línea base la ausencia de un programa de educación de la afectividad y la sexualidad con enfoque de familia. Se considera que la ENIPLA tuvo –a partir de análisis puntuales– un enfoque ideologizado y biologizado que no tomaba en cuenta la integralidad de la persona, sino que se limitaba a la genitalidad, exponiendo información incompleta sobre anticonceptivos y preservativos y dejando de lado a la familia y la formación de valores. Aquí caben algunas observaciones:
• El documento no especifica qué análisis puntuales se hizo.
• Al calificar a la ENIPLA de tener un enfoque “ideologizado” y “biologizado” ataca la perspectiva de género, calificándola como “ideología de género”.
• La “genitalidad” es confundida con información laica, científica y libre de sesgos morales.
• Hasta ahora no se ha especificado en qué consisten los “valores” que se sitúan como eje del PNFF.

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