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5 de Octubre del 2015
Historias
Lectura: 11 minutos
5 de Octubre del 2015
Cristina Burneo Salazar

Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar. Trabaja en Letras, género y traducción.

Salomé no es Gaspard

La disputa por Salomé es una de las historias comunes en nuestro país, pero que no deja de conmover e indignar por la indefensión de la madre y de su hija.

 

La infertilidad de las parejas es un estigma social. La infertilidad de las mujeres lo es aún más. Estamos hechas para ser madres, nos dicen la Iglesia, el Estado, las sociedades. Históricamente hemos sido responsables de parir varones, reyes, súbditos, fieles. Por otro lado, las relaciones extramaritales pueden ser violaciones a los contratos sociales o religiosos del matrimonio o a los acuerdos de monogamia que tienen la mayoría de parejas. En esos cruces, pueden darse casos tan perversos como el de secuestrar a una niña como botín de una infidelidad a partir de una situación de infertilidad. Eso es lo que nos hacen las instituciones.

Hace dos años en Quito, Fernanda G.B. sostuvo una relación con Segundo T., casado con Victoria A. Fernanda y Segundo concibieron una niña, Salomé, ahora en manos de Victoria y Segundo. Si bien es cierto que la Biblia propone estas estrategias como solución a la infertilidad, no vivimos ya en estos tiempos, pero casos como éste nos arrojan a la oscuridad del pasado.

Dice el Génesis: “Saraí, mujer de Abraham, no le había dado hijos; pero tenía una esclava egipcia de nombre Agar: Ya ves que Yahvé me ha hecho estéril. Llégate, pues, a mi esclava, quizás yo obtenga hijos de ella. Tomó Saraí, mujer de Abraham, a la egipcia Agar, su esclava, y se la dio por mujer a su marido, Abraham. Se llegó él a Agar, que concibió”. Según estas leyes, el hijo o la hija de una esclava son considerados hijos de la esposa infértil. 

5 de abril del 2014, del Génesis a Quito

Para dar a luz, Fernanda G.B. ingresa a una clínica de fertilidad situada en el sector del barrio Jipijapa, en Quito. Tiene 37 semanas de embarazo. Ese día se convierte en madre de Salomé. Curiosamente, el personal de la clínica de fertilidad del sector Jipijapa en donde da a luz no le permite ver a su hija.

10 de abril del 2014

El nacimiento de Salomé es inscrito en el Registro Oficial por su padre, Segundo T., y la esposa de este, Victoria A. en la provincia de Pichincha, parroquia Centro histórico. Solicita la inscripción Segundo T. “Padres casados entre sí presentes solicitan y firman la inscripción”. Dos mujeres acuden como testigos. La abogada firmante es Marjorie Íñiguez.

Fernanda no está presente en la inscripción de su hija. Es entonces cuando inicia la pesadilla del secuestro parental de Salomé. La niña es inscrita con el primer apellido del padre y el primer apellido de su esposa, quien no es su madre biológica ni ha adoptado a Salomé, pues la niña no estaba en adopción ni su madre había fallecido ni había renunciado a su cuidado.

La niña se halla en total estado de indefensión, inerme, sin conocimiento de que su identidad está siendo deliberadamente falseada por su padre y su esposa, quien se convertirá en su madre a la fuerza.

Ese día, cuando Segundo y Victoria inscriben a Salomé como la hija biológica de ambos, Salomé deja de ser la hija de Fernanda en términos legales y contra la voluntad de ésta última. La niña se halla en total estado de indefensión, inerme, sin conocimiento de que su identidad está siendo deliberadamente falseada por su padre y su esposa, quien se convertirá en su madre a la fuerza. Fernanda es separada de su hija y castigada por haber tenido una relación y luego una hija biológica con Segundo y no ser su esposa.

A la semana, Fernanda y Salomé son dadas de alta. Segundo y Victoria las llevan a su casa en un acto de “compasión”, para que se recuperen. Todo está calculado. En adelante, será la esposa de Segundo, Victoria, quien se ocupe de Fernada y de Salomé. Según lo narra Fernanda: Segundo ha sido infiel, Fernanda ha quedado embarazada. Victoria quiere un bebé. Salomé será el botín a pagar por la infidelidad.

“Abraham dijo a Saraí: mira, tu sierva está bajo tu poder; haz con ella lo que mejor te parezca. Y Saraí la trató muy mal y ella huyó de su presencia”, continúa el Génesis en un relato paralelo a lo que sucede entre Fernanda y Victoria. Sólo que Fernanda no se resigna, no es sierva de nadie. 

Victoria resuelve su necesidad de maternidad con la hija de otra mujer. También habrán caído sobre ella los estigmas de la infertilidad, la “incapacidad” de hacer padre a su esposo. Esto, claro está, no se resuelve con el hurto de una recién nacida. Así lo han hecho a lo largo y ancho del mundo mujeres y hombres que han traficado con recién nacidos y con niños: secuestro, compra, asesinato de los padres y “herencia” de bebés.

El Cono Sur sigue viviendo las consecuencias de las identidades falseadas de miles de niños porque hubo un aparato que legitimó estos raptos. Esto, que no debería repetirse en ningún lugar del mundo, sigue pasando en distintos contextos.

En mayo del 2014, Segundo ya ha devuelto a Fernada a su ciudad natal. Ella demanda ver a su hija. Victoria cede por una vez y se la lleva al terminal terrestre de Quito, en donde Fernanda puede verla por unos minutos. Segundo ha dejado que las dos mujeres resuelvan el problema de Salomé. Él ya ha cumplido con pagar el precio de su infidelidad dándole una bebé a su esposa. Que ellas se entiendan. Agar y Saraí.

13 de octubre del 2014

Fernanda busca ayuda en la Defensoría Pública. Contactan a Segundo. La Defensoría, a decir de Fernada, se inclina por el padre. “Si se prueba que vendiste a tu hija vas presa”. “¿Qué prefieres, estar presa por vender a tu hija o irte a tu casa para estar con tus otros hijos?”, le dicen las funcionarias de la Defensoría Pública, lanzando sobre Fernanda todo el estigma social de la madre soltera. Las mismas funcionarias que deberían proteger a la demandante o por lo menos analizar inteligentemente el caso, la amenazan como lo haría cualquier misógino.

Segundo se ha acercado a la Defensoría con unos recibos. El daba 50 dólares mensuales a Fernanda para cubrir gastos médicos del embarazo y paga los gastos de la clínica. Eso probaría que Fernada vendió a su hija, dicen. Todo el aparato legal cae encima de Fernanda, quien es acusada de vender a su hija por acercarse a denunciar que Salomé ha sido secuestrada por su padre, quien a la vez la amenaza por iniciar la demanda legal para recuperar a su hija.

Obtener los documentos del nacimiento de Salomé, ahorrar dinero para venir a Quito a dar la lucha, se vuelven un infierno para Fernanda. La justicia la acusa y pone obstáculos en lugar de asistirla. En un momento dado, logra hablar con la fiscal Cecilia G., quien le recomienda dejarlo todo así. Para qué seguir si la niña está bien con su padre. Esto, que es una barbaridad, sale de la boca de una fiscal. 

Hay una jueza ecuatoriana sentada en su silla que ha permitido tener a Salomé y a Fernanda separadas por un año y cinco meses. Esa jueza y esos administradores de justicia han sido pasivos, negligentes y terriblemente inoperantes.

Es inaceptable la injusticia que se ha cometido con Fernanda. La justicia ecuatoriana no sólo ha sido cómplice de este rapto con su inoperancia. El caso no avanza. ¿Qué se puede pensar? Hay una jueza ecuatoriana sentada en su silla que ha permitido tener a Salomé y a Fernanda separadas por un año y cinco meses. Esa jueza y esos administradores de justicia han sido pasivos, negligentes y terriblemente inoperantes en el caso del presunto robo de una menor y falsificación de su identidad. 

Hace apenas unos meses, otra madre, Arianais A., también vivía la terrible tragedia del secuestro de su hijo Gaspard por parte de su padre biológico. Ella también vivió el estigma de ser madre soltera, de haber sostenido una relación. El caso se volvió mediático y el Ministro del Interior, José Serrano, movilizó todos sus recursos para encontrar a Gaspard y devolverlo a su madre, como ella lo demandaba y merecía. ¿Por qué no se hace lo mismo con Fernanda? ¿De qué depende la justicia? ¿De los réditos mediáticos y políticos de los funcionarios de turno? ¿De las posibilidades económicas de quien demanda? ¿A quién le sirve la justicia en este país?

Salomé es una bebé secuestrada hace un año y medio. Fernada no tiene los recursos para agilizar el proceso y la justicia no le ha demostrado ninguna eficiencia ni solidaridad. ¿Qué hay que hacer para que se trate este caso como se trató el de Gaspard?

13 de octubre del 2015

Se cumple un año desde que Fernanda iniciara una demanda legal por el secuestro de su bebé, Salomé. Aquí hay criminalización de la pobreza porque dos funcionarias públicas amenazaron a Fernanda con cárcel por querer recuperar a su hija. La acusaron de venta. Aquí ha estigmatización contra una mujer que sostuvo una relación con un hombre casado y parece que toda la sociedad quiere hacerla pagar, empezando por las servidoras de la defensoría pública y de Fiscalía. Sus presunciones han sido discriminatorias, ha habido violencia judicial.

Parece que así nos gusta ejercer el poder en este país. La justicia es capaz de ver cómo se usa a Salomé como botín de infidelidad, cómo su propio padre y la esposa de éste la raptan y alteran su identidad, y no pasa nada.

Salomé no es Gaspard. No hay despliegues mediáticos ni protagonismo del Ministro del Interior. Aquí no hay superhéroes. Arianais, mujer valiente y firme, sí es como Fernanda. Ambas mujeres vieron a sus bebés raptados por sus respectivos padres. En ambos casos, hay cálculo, engaño y venganza contra las dos mujeres. ¿Entonces por qué el Ministerio del Interior, Fiscalía y la administración de justicia no se escandalizan?

¿Qué van a hacer con el caso #SaloméConSuMamá, señores administradores de la justicia, señor ministro?

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