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30 de Abril del 2020
Historias
Lectura: 12 minutos
30 de Abril del 2020
Susana Morán
Santa Elena y sus comunas se resignaron a enterrar por sí mismas a sus muertos
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Con maquinaria pesada, los pobladores de la comuna de Pechiche, de Santa Elena, abren las tumbas para sus fallecidos. Foto: Cortesía Néstor Villón

Esta provincia aledaña a Guayas ha sentido el impacto de la pandemia. Pero a diferencia de Guayaquil, la facilidad de acceder a un cementerio ha permitido que las familias no tengan a sus fallecidos en las casas. Pero, en silencio, viven una tragedia por el aumento repentino de muertes hasta llegar a más de 1.000 en las últimas semanas, cuando el promedio mensual es de 120 decesos. El Prefecto dice que la provincia no vive una emergencia sino una situación de desastre.


Juanito Apolinario pidió dos minutos antes de comenzar la entrevista, por teléfono, con esta redacción. Debía coordinar los trabajos de un tractor que tenía la tarea de ir a las comunas para abrir más huecos en los cementerios. Él es el presidente del gobierno parroquial de Chanduy, una de las zonas de la provincia de Santa Elena más afectadas por la pandemia.

Solo en la familia de este dirigente han fallecido seis personas, entre sobrinos, primos y una hermana. Al teléfono sonó resignado, pero tranquilo. “Chanduy también pertenece al Ecuador”, dijo después de pedir mayor atención al Gobierno. En su foto de Whatsapp hay un listón negro.

Chanduy es un pueblo pesquero. Tiene 18.000 habitantes que han vivido su peor abril. “Comenzaron (a morir) a diario 3, 4, 5”, contó Apolinario. Antes de la crisis,  mensualmentetenían 20 muertes. Ahora han llegado a contar 154 decesos en esta parroquia desde marzo hasta el 29 de abril.

El levantamiento de información comenzó el 10 de abril pasado. Una secretaria de esta junta se dedica a levantar los registros, que incluyen el nombre, el número de cédula del fallecido y la comuna donde vivía.  Según Apolinario, están siendo prolijos con esos datos.

En Chanduy hay un subcentro de salud, que no atiende emergencias. No hay ambulancia. En toda la provincia hay tres hospitales públicos. El más grande es el Liborio Panchana Sotomayor con 120 camas. Los otros dos, La Libertad y Salinas, apenas tienen 15 camas cada uno. Pero las distancias son largas desde las comunas.

En el 171, los afectados que buscaban ayuda escuchaban solo una grabación y la gente dejó de llamar, relató la autoridad local. Apolinario explicó que la mayoría ha fallecido en sus casas. “Tal vez han muerto por el virus o por la impresión”.

Dijo que cada comuna, de las 64 que existen en la provincia, tiene su propio cementerio con amplios terrenos donde un tractor abre las tumbas.

En Santa Elena, las familias se han encargado de enterrar a sus muertos directamente. Lo hacen a las pocas horas del fallecimiento de su pariente por miedo a un contagio. Eso ha evitado que en esta provincia se repitan las escenas de Guayaquil, donde funerarias y cementerios colapsaron, y muchos ciudadanos se quedaron por días con sus fallecidos en las casas. 


El Hospital Liborio Panchana, de Santa Elena, trata pacientes con COVID-19. Es la casa de salud pública más importante de la provincia y sus camas están ocupadas en un 80%. Foto: Twitter Red Informativa

A Santa Elena llegó el virus con fuerza y nadie ha logrado establecer cómo inició la propagación. Hay bananeras y camaroneras con trabajadores de otras provincias. También está el puerto pesquero de Chanduy, la principal fuente de trabajo de Santa Elena Allí los barcos desembarcan y comerciantes de todo lado compran pescado. “Se llevan por carradas (vehículos llenos)”. Pero desde febrero están en veda.

En las comunas había la tradición de dar la bendición y regar agua bendita a sus muertos. Las comunidades salían masivamente a despedirlos en caravanas. La emergencia cambió esta costumbre y el presidente parroquial lo resume así: “Ahora lo cogen, lo ponen en la caja y va al hueco”.


Las comunas de Santa Elena están muy distanciadas unas de otras. Los caballos y las motos son los transportes de los pobladores. Foto: Cortesía Néstor Villón

***

Santa Elena no vive una emergencia, sino una situación de desastre. Lo aseguró el prefecto de Santa Elena, José Daniel Villao, quien sostiene su afirmación en el número de fallecidos que existen en su provincia. Desde el 16 de marzo hasta el 25 de abril, pasaban los 1.000. Entre las causas está la ubicación geográfica de Santa Elena: a solo dos horas de Guayaquil, el epicentro de la crisis. El nexo turístico y comercial con Guayas y Manabí ha tenido un efecto colateral grave para esta zona, según la autoridad.

Villao ha hecho el análisis de los años 2018 y 2019 de los registros del INEC. Según estos,  anualmente se han producido alrededor de 1450 muertes en la provincia, que dan un promedio de 120 fallecidos por mes. El 45% de esas muertas, según el Prefecto, se debe a accidentes de tránsito —que en la actualidad no se registran— y el 55% por diferentes enfermedades. De las cuatro personas diarias que fallecían en Santa Elena ahora se registran entre 26 y 30. “La cifra ha subido más del 500%”.

Estas cifras se alejan de la información del COE Nacional. Los datos oficiales aseguran que en esta provincia existen 362 casos positivos para COVID-19 y 605 sospechosos. Hasta el 30 de abril, 47 personas han muerto por esta enfermedad y otras 213 son probables. Es decir, esos 260 decesos distan de las 1.117 personas registradas por la Prefectura hasta el 30 de abril.

Para Villao, eso debe a las insuficientes pruebas que se toman en su población. Solo se han hecho 30 pruebas diarias en una población de 400.000 habitantes, según sus cálculos. 

Los santaelenenses no han mantenido el aislamiento, pero también han perdido confianza en el sistema de salud, manifestó la autoridad. Se quedan en casa para tratarse o morir. “No es que prefieren quedarse en sus hogares, no tienen a donde ir. Las clínicas cobran cifras impresionantemente altas con depósitos por anticipado de más de USD 2.000”. Hay un hospital habilitado para COVID-19 que es el Liborio Panchana Sotomayor. El 80% de su capacidad está ocupado y cuenta con 200 respiradores. “En este momento, hay código de guerra: se decide quién vive y quien muere”, afirmó Villao a Plan V. Dijo que han firmado un convenio con el Ministerio de Salud para crea un centro intermedio para pacientes leves, con 72 camas.


Un camión abastece de raciones a una de las comunas de Santa Elena. Foto: Cortesía Néstor Villón

200 respiradores tiene Santa Elena. Solo un hospital atiende los casos de COVID-19. Cientos han muerto en sus casas. 

Santa Elena es una provincia que vive del turismo pero, sobre todo, de la pesca. Esta actividad genera USD 1,2 millón diario. Tiene tres cantones: Salinas, La Libertad y Santa Elena. Esta última es la más afectada con 497 fallecidos en poco más de un mes. La Prefectura, las juntas parroquiales y los presidentes de comunas han recolectado estos datos directamente de los cementerios.

Villao explicó que estas muertes aún no han sido registradas en su totalidad en el Registro Civil, pues en las comunidades no hay internet y las distancias son grandes para ir a la entidad, en un país al que se la ha prohibido circular. Del 1 al 27 de abril, esa entidad inscribió 608 defunciones.

El jueves, 30 de abril, en la comuna de Valdivia se realizó la toma de muestras para pruebas rápidas de COVID-19. Foto: Cortesía Walter Yagual

Además, las familias hacen los trámites solo cuando necesitan los documentos, dijo el Prefecto. Espera que una brigada del Registro Civil pueda ir a las comunas para legalizar las muertes de Santa Elena. Las autoridades seccionales han pedido al Gobierno que declare a la provincia como sub zona especial de seguridad.

En un comunicado, el Comité Cívico de Salinas solicitó al Gobierno transparencia con las cifras. El empresario Otón Arboleda, miembro del Comité, afirmó que, en Salinas, tres de sus cinco parroquias son pesqueras. Allí está el mayor número de fallecidos. Por ejemplo, Santa Rosa registra 83 decesos. Arboleda ha pedido cercar a esa población. Mencionó un objetivo: “para que no salga la contaminación”. 

***

En Pechiche, una comuna ubicada al sur de la provincia de Santa Elena, las familias pudieron acceder a cajas mortuorias fácilmente, a diferencia de Guayas, donde este bien se convirtió en el más costoso de esta crisis. Un artesano del lugar construyó los cofres para sus vecinos. Así pudo ganar unos dólares.

Allí se han registrado 37 fallecidos en pocas semanas, cuatro por la COVID-19 y en el resto se desconocen las causas. Lo confirma Néstor Villón, presidente de la comuna con más fallecidos de la parroquia Chanduy.

En Pechiche, con 6.000 habitantes, hubo la disposición de enterrar a los muertos tres horas después de su deceso. Si esto ocurría en la noche, a primera hora de la siguiente mañana debía ser sepultado.


Jornaleros fumigan con bombas en Pechiche. En la imagen, el Infocentro de la comuna.  Foto: Cortesía Néstor Villón

Villón solicitó que no se entierren los cuerpos en bóvedas sino en la tierra. Al no tener una certeza de la enfermedad, las autoridades locales resolvieron cavar tumbas aunque las familias pidieran nichos.

Las primeras ocho fosas que se hicieron en Pechiche se ocuparon rápidamente. Billón pidió de nuevo al GAD Parroquial la maquinaria.

Recordó que su comuna ya estaba afectada por dengue. La fiebre cayó sobre esta población como una nube oscura. “Anochecían con fiebre y amanecían finados (término popular para referirse a un muerto)”.

“Nos resignamos a perder a nuestros compañeros. A las comunas no han llegado las ayudas”,

Néstor Villón, presidente de la comuna Pechiche.

Villón cree que el virus tomó vuelo porque los habitantes no se aislaron. En una moto, un enfermo llevaba a su esposa e hijos. Las motos son el principal medio de transporte para recorrer las largas distancias entre comunas. Luego regresaban a sus casas y contagiaban a sus abuelos, dijo este dirigente. Estimó que el 90% de los muertos corresponde a adultos mayores.


Ingreso al cementerio de la comuna de Pechiche. Foto: Cortesía Néstor Villón


Los fumigadores recorren las comunas en motos. Foto: Cortesía Néstor Villón

El único subcentro de salud de la comuna se quedó sin médicos porque fueron enviados a la emergencia en Guayaquil. También les quitaron doctores del Seguro Social Campesino, donde solo quedó uno y una auxiliar que no se dieron abasto para toda la comunidad. “Nos quedamos desamparados”.

Sin médicos ni centros de salud cercanos, el directorio de la comuna resolvió comprar medicinas con los USD 800 que tenía ahorrado para abastecer el botiquín comunitario. Las vendieron al mismo precio que entregó un proveedor, aseguró Villón. No regalaron la medicina porque la dirigencia no podía quedarse sin recursos, afirmó. El subcentro se reabrió hace dos semanas.

Pechiche también es un pueblo pesquero. En menor cantidad de dedican a la agricultura, sobre todo en una bananera aledaña que ha regalo algunas cajas de alimentos para los habitantes. Pero las autoridades locales han escuchado que la gente termina su día con una ‘agüita’ de hierva Luisa y nada más.

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