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9 de Noviembre del 2021
Historias
Lectura: 15 minutos
9 de Noviembre del 2021
Redacción Plan V
¿Se viene una crisis alimenticia para el 2022?
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En julio pasado, los arroceros iniciarion protestas por los bajos precios del arroz y el alto costo de los insumos. Foto: Ecuavisa

Productores y estudiosos del campo ecuatoriano plantean un difícil escenario para el próximo año. Los altos costos de los insumos, en especial de la urea, están desmotivando a los productores a seguir con los cultivos. El Ministerio de Agricultura no respondió ante la consulta sobre sus acciones para enfrentar este problema.


Trabajar a pérdida. Esa es la situación de arroceros, maiceros, cañicultores, cafeteros y más pequeños y medianos productores. Y una de las causas es el alto costo de los insumos y fertilizantes como la urea.

¿Qué nos queda para nosotros?, se pregunta Alexandra Plúas, líder de los arroceros de Santa Lucía en Guayas. Ella hace las cuentas y explica que el costo de producción por hectárea de la gramínea era de 1.700 a 1.800 dólares, pero ahora se ha incrementado a 2.200 dólares. En julio, este insumo costaba 27 dólares. A finales de octubre llegó a 46 dólares, según esta agricultora.

Carol Chehab, directora del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural En Ecuador (Rimisp), cuenta que esta situación es consecuencia del aumento del precio del gas natural, materia prima para la elaboración de este fertilizante. Es usado por los agricultores como fuente adicional de nitrógeno para los cultivos. Los arroceros ecuatorianos salieron a protestar desde julio pasado por los bajos precios del arroz y los altos costos de los insumos para la producción, entre ellos la urea.

También existe un incremento del precio de los fletes navieros que ha encareciendo a su vez el costo de los insumos, pero también de los alimentos.

Las decisiones de China, por ejemplo, también han tenido un alto impacto. El gigante asiático vive una escasez de energía, la más grave de su historia reciente. Por eso, pidió a sus empresas de gas y electricidad que acumulen reservas para el invierno, e incluso que aumente las importaciones de gas natural licuado. Esa crisis ha afectado a sus industrias de fertilizantes que han debido cerrar. Algunas empresas chinas decidieron detener las exportaciones para garantizar el consumo interno.

Este contexto, dice la experta, tiene dos efectos significativos: un encarecimiento de los insumos, pero también de los productos. “Lo que se prevé es que para el 2022 podría haber una especie de crisis alimentaria a nivel internacional”, afirma.

Ecuador depende de los insumos agrícolas internacionales, sobre todo de la urea, muriato de potasio y fosfato diamónico, sostiene. Menciona que entre septiembre de 2020 y septiembre de 2021, la urea se comercializaba a 21.36 dólares y en la actualidad cuesta a 31.40 dólares. El muriato pasó de 21 a 30 dólares y el fosfato de 29 a 42 dólares. Eso significa incrementos mayores al 45% en esos insumos agrícolas. En los últimos tres años, en el caso de la urea, el margen entre el precio internacional y el precio de venta del saco en las casas comerciales era del 79%. En 2021, la brecha se redujo al 33%. Es decir, el precio internacional ha subido de manera significativa, añade.


La urea es el fertelizante más usado, pero sus precios se han disparado por el aumento del precio del gas natural.

32% se ha incrementado el precio de los alimentos a escala mundial en el último año, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Según Chehab, la mayoría de agricultores son tradicionales, es decir utilizan estos insumos como parte de la fertilización y otros para el control de plagas. Eso hace que su impacto sea directo en el en el costo de producción y de los alimentos. La FAO, que tiene un índice de precios internacionales de los alimentos, difundió que en octubre de 2020 el índice era de 101.4 y en octubre llegó a 133. Esto implica un incremento de un 18%.

Martin Ávila es cañicultor y vive en el sector El Achiote, en el Triunfo, Guayas. Nació y creció en el campo. Hoy tiene 46 años y es parte de la Unión Nacional de Cañicultores del Ecuador. “Estamos quebrados”, es lo primero que dice y agrega: “hemos pasado de la pobreza a la miseria”.

Una urea por encima de los 40 dólares les deja un camino, dice este agricultor: bajar el rendimiento de la producción por hectárea. Asegura que eso sería caótico para el 2022 y lo explica de la siguiente manera: “nosotros vemos los resultados en cada cosecha. Pero la del 2021 está bastante afectada, más de un 40%, por iliquidez económica y por los insumos demasiado caros”.

Las semillas que usan los agricultores son de alto rendimiento, pero también requieren un alto consumo de fertilizantes, según Ávila. Un cultivo de caña, por ejemplo, dura 12 meses. Durante los seis primeros meses, los cañicultores preparan la tierra y hacen el control de malezas. Por cada hectárea se necesitan 14 sacos de fertilizante: 10 de urea (costo promedio de 40 dólares) dos de potasio (35 dólares por saco) y dos de fósforo (65 dólares por saco). Es decir, su inversión por cosecha será de 600 dólares solo en fertilizantes. Entre 2020 y 2021, el incremento de la urea la sitúa en un 130%.

El precio oficial de la caña es de 31,70, pero los ingenios azucareros pagan 14 dólares, afirma. Ávila explica que, a diferencia del arroz o el maíz, la cosecha de la caña debe hacerla la industria, es decir el ingenio azucarero, porque una vez cortada no dura más de 24 horas. Las empresas les cobran el 15% del precio de una tonelada de caña por el corte y el transporte. A eso se suma un 1% adicional para mantener un centro de investigación llamado Cincae.

Este agricultor dice que el vuelto (sus ganancias menos los descuentos que cobran los ingenios) lo reciben entre 14 y 24 meses después de la cosecha. “La gente no sale a protestar por gusto. Los pequeños agricultores no queremos desestabilizar el gobierno. Quien está estabilizando son los mismos amigos del presidente que se sientan a la mesa con él”.

¿Cuáles son las acciones que ha tomado el Ministerio de Agricultura para atender la demanda de los agricultores de controlar el precio de los insumos y fertilizantes agrícolas, en especial de la urea?, fue la consulta que hizo PlanV a esa cartera de Estado. Lo único que se conoció fue la intención del Gobierno de intercambiar 50.000 toneladas de arroz por urea con Irán.

¿Es posible salir del círculo de los fertilizantes químicos?

La urea es un producto, por ahora, irremplazable para el cañicultor Ávila. “Nosotros nos dejamos invadir por las grandes transnacionales que son las grandes vendedoras de productos químicos y también de fertilizante”, afirma. Recuerda que el arroz nacional no necesitaba grandes cantidades de fertilizantes. El cambio de semilla de alto rendimiento llegó hace un par de décadas cuando el mercado empezó a demandar granos más largos y traslúcidos. Así que el otro arroz nadie lo quería comprar.  “Nosotros somos esclavos y consumidores de las grandes industrias químicas”, reconoce.

“Se estima que estos precios de los insumos van a mantenerse al alza”, afirma Chehab. Por eso coincide que es importante hacer cambios. Uno de ellos es la economía circular en la agricultura familiar campesina. Esto consiste en utilizar los mismos desperdicios de las fincas para crear insumos agroecológicos. Sin embargo, prevé que esta transformación pueda requerir entre 3 a 5 años para que el suelo vaya adaptándose a las nuevas condiciones. Pero esto es más viable para pequeños productores. Para el maíz, el banano y el arroz la transformación sería mayor y a mayor plazo.

Fabian Jaramillo, ingeniero agrónomo, asegura que los agricultores sí pueden dejar de ser dependientes de la fertilización química. Cree que hace falta capacitación para la producción de compost. Este ingeniero provee biodigestores a pequeños agricultores y ganaderos para que generen sus propios fertilizantes. “Nosotros como sociedad vemos la basura y al estiércol como un problema. Pero si aprendemos a utilizar la tecnología nosotros tenemos de ahí un gran potencial de generación de biofertilizantes orgánicos”.

Plantación de caña de azucar. Foto: Portal Agricultores

“Se estima que estos precios de los insumos van a mantenerse al alza”, afirma Chehab. Por eso coincide que es importante hacer cambios. Uno de ellos es la economía circular en la agricultura familiar campesina.

El experto recuerda que la fertilización química inició en la Segunda Guerra Mundial y las empresas de agroquímicos de pesticidas crecieron. “Ahora la crisis es la falta de alimento que existe a nivel mundial. Ya se escucha a China y a Estados Unidos que están pidiendo a gritos que se baje el consumo (de alimentos) porque va a haber un problema el siguiente año”, explica.

Jaramillo cree que es necesario un cambio que al principio costará porque el mundo se ha acostumbrado a la fertilización química. Sus costos obligarán a producir menos y por eso se une a las voces de que habrá faltante de alimento en el mundo.

Para evitar una crisis, Chehab sugiere un consenso nacional que incluya a las importadoras/comercializadoras, el gobierno y a los productores para afrontar el incremento en el costo de los insumos y evitar una crisis alimentaria. “Es un sacrificio de las tres partes”.

Este consenso nacional, agrega, no solamente debería mirar el tema de costos sino de incentivar la producción agrícola frente a un escenario internacional que para el 2022 está guardando reservas. Ese es el caso del arroz, que es un producto estratégico.

En el caso ecuatoriano hace falta un análisis de suelos porque cada suelo tiene nutrientes diferenciados de otros. Considera que es un error creer que todos los suelos tienen los mismos nutrientes. Hacer esa identificación puede ayudar a evitar el uso excesivo de esos insumos.

Jaramillo recuerda que siempre se ha pedido hacer zonificación de suelo. Hace meses mucha gente se dedicó al sembrío de la pitajaya porque aumentó su demanda. La gente dejó de sembrar naranjilla, pero ahora existe un exceso. El Ministerio de Agricultura no ha establecido el número de hectáreas para que se mantenga estable el precio y se garantice la seguridad alimentaria, afirma el experto. 

Otro tema a discutir en ese consenso es el acceso al crédito para los agricultores que no tienen tierra y fomentar la asociatividad y el cooperativismo para que este sector pueda hacer negociaciones por estos insumos en grandes cantidades.

El Ministerio de Agricultura no ha establecido el número de hectáreas para que se mantenga estable el precio y se garantice la seguridad alimentaria, afirma el experto.

Los ‘agrotóxicos’, otra dependencia

Alexander Naranjo, director de la FIAN -organización dedicada a la vigilancia del derecho a la alimentación en Ecuador- cuenta que cada vez hay una mayor dependencia de los agricultores en el uso de químicos para combatir las plagas. Los agricultores usan plaguicidas altamente tóxicos para poder resolver eso y de alguna manera garantizar que su cosecha no se pierda. A ellos los llama como ‘agrotóxicos’ por ser perjudiciales para el ambiente y la salud de las personas.

Y una de las causas de esa dependencia, afirma, son las grandes deudas que adquieren para poder producir. Este experto recuerda las crisis del maíz entre 2016 y 2017 por una plaga que afectó a muchas familias, que perdieron sus tierras por las deudas.


Las fumigaciones con avionetas en varios cultivos en el país, en especial en la Costa, afectan las fuentes de agua y el suelo en las zonas cercanas. Foto: L. de Lapeyre Bellaire. CIRAD

Al igual que en los fertilizantes, cada vez es más necesario el uso de los plaguicidas. “El plaguicida genera una situación de resistencia en las plagas. Por ejemplo, en el primer cultivo cuando aplicas un químico tal vez es 100% efectivo, pero a partir de un tiempo ese químico ya no va a tener la misma reacción frente a las plagas”. Ante ello, los productores usan químicos más caros y más tóxicos, afirma.

La FIAN hizo una encuesta este año a 191 arroceros de las zonas de Balzar y Daule en Guayas y 190 encuestas más a maiceros en Mocache. El 27% de las personas dijo que dentro de los criterios de compra de estos insumos es el de mayor toxicidad.

Uno de los problemas que identifica este experto es el monocultivo. Al usarse una semilla certificada que no está tan adaptada como la semilla nativa, entonces es susceptible de plagas y el uso de plaguicidas afecta el control biológico natural y se produce un desequilibrio ambiental.

Entre 2018 y 2019, el gobierno de Lenín Moreno lanzó el Gran Acuerdo para la Prosperidad del Sector Agropecuario para reducir el precio de los plaguicidas entre un 8% y 69%. Este convenio garantizó más beneficios para las empresas. El imidacloprid fue uno de los productos que más bajó de precio, que se usa para curar la semilla antes de sembrarla. Este y otros químicos han sido prohibidos en la Unión Europea, según Naranjo.

Naranjo coincide en que el campo ecuatoriano pasa por momentos difíciles por el costo de los insumos, sino también por el modelo agrario que da ventajas a las empresas, pero no a los campesinos. Para sobrevivir, los productores siembran lo que el mercado exige. Es un modelo, agrega, que genera una producción campesina endeudada, débil y que no tiene protección. Cree que la crisis viene desde años atrás porque los productores han bajado su alcance o dejado la tierra.

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