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27 de Enero del 2020
Historias
Lectura: 24 minutos
27 de Enero del 2020
Andrés Quishpe

Presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador. 

Ser Bachiller: ¿y ahora qué hacemos?
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Foto: Gerd Altmann

 

Más de dos millones de estudiantes han pasado por el Ser Bachiller, de los cuales la mitad no han obtenido un cupo para la universidad pública. El rezago en la educación superior sigue en aumento, mientras que entre los funcionarios que mantienen el sistema de ingreso no hay evaluación y menos autocrítica.

Padres de familia y estudiantes de varios colegios han desarrollado en estos días plantones y movilizaciones en varias ciudades del país, mientras en redes sociales el hashtag #NoMasSerbachiller fue tendencia. La Federación de Estudiantes Secundarios (FESE) ha sido la convocante de estas acciones de protesta. En Guayaquil se realizó el jueves 23 de enero de 2020, una movilización en los bajos de las instalaciones regionales de la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt). Padres y estudiantes exigían la eliminación de la prueba Ser Bachiller que, desde el lunes 20 de enero, fue aplicada a 169.347 estudiantes de tercero de bachillerato del ciclo Costa. Los padres de familia denunciaban una supuesta filtración de las preguntas de la evaluación que sirve para graduarse en el colegio y postular para estudiar una carrera en el sistema público de educación superior.

No hay nada nuevo en estas denuncias,  la diferencia radica en que esta vez las movilizaciones se desarrollaron al siguiente día de rendir la prueba. Miles de jóvenes están fuera de la educación superior una realidad difícil de negar para el Estado. Datos oficiales de la Senescyt presentados a la Comisión de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la Asamblea Nacional, señalan que desde el II semestre del 2012 hasta el II semestre 2019, 2'241.732 jóvenes bachilleres demandaron un cupo para el acceso a la educación superior, a nivel nacional. De esta cantidad de postulantes, se asignó un cupo a 1'197.451 durante el periodo 2012-2019, lo que implica que 5 de cada 10 postulantes obtuvieron un cupo. Mientras 1'044,281 no accedió a la educación superior.

El debate una vez más está abierto. Estudiantes, maestros, colegios particulares, gremios, algunos académicos han señalado su postura y propuestas frente a esta problemática. Sin embargo, es menester que la sociedad ecuatoriana y el conjunto del sistema educativo, entre otros sectores se sumen a este debate en miras de encontrar alternativas y analizar si contar con un examen único, para juzgar y calificar a todos nuestros bachilleres por igual, es justo y/o discriminatorio.

Lo que dice la norma

La Constitución de la República del Ecuador, CRE, aprobada en octubre del 2008; determinó una nueva estructura del Estado, derechos y normativa. Respecto al ingreso a la educación superior en el ART. 38 señala que: “… el ingreso a las instituciones públicas de educación superior se regulará a través de un sistema de nivelación y admisión, definido en la ley...”.

Siguiendo el mandato constitucional en noviembre del 2011, surge el Sistema Nacional de Nivelación y Admisión a las universidades públicas, SNNA. La Ley Orgánica de Educación Superior, LOES, lo sustenta en el Art. 81: De la Admisión y Nivelación. - El ingreso a las instituciones de educación superior públicas se regula a través del Sistema de Nivelación y Admisión, para todos los y las aspirantes. El sistema se rige por los principios de méritos, igualdad de oportunidades y libertad de elección de carrera o carreras e institución (…).

En sus inicios (2011-2016), este sistema desarrolló como instrumento principal la aplicación de un examen de ingreso denominado Examen Nacional para la Educación Superior, ENES. A finales de noviembre del 2015 las autoridades del Ministerio de Educación y de la Secretaria de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación, (Senescyt), anunciaron cambios en el examen y lo unificaron a partir de 2017 con el examen Ser Bachiller, creado para la obtención del bachillerato.
A continuación, analizamos algunos de los principios que regentan la prueba Ser Bachiller.


El examen Ser Bachiller se ha convertido en una pesadilla para miles de estudiantes. Foto: Ecuavisa

El debate una vez más está abierto. Estudiantes, maestros, colegios particulares, gremios, algunos académicos han señalado su postura y propuestas frente a esta problemática.

Meritocracia

El correísmo aprobó —y el actual Gobierno lo mantiene— que toda su política respecto a la designación de cargos, derechos, entre otros aspectos está basada en la meritocracia. Según esta concepción, esto garantizaría que las personas "más aptas" accedan a puestos de trabajo o estudio. Si recurrimos a la historia y a la modernidad vamos a encontrar que la palabra meritocracia fue usada por primera vez hace cincuenta y tres años, en un texto de Michael Young titulado: El ascenso de la meritocracia. En esta obra se analiza cómo una sociedad determina el futuro de una persona según su posición social, la cual era determinada por su coeficiente intelectual y esfuerzo. Young cuestionó a esa sociedad obsesionada en el talento. Fue un golpe inicial de una guerra exitosa contra los denominados “11-plus”, un examen del sistema escolar británico que dividía a los niños entre una élite talentosa destinada a instituciones de educación secundaria especiales y aquellos enviados a escuelas secundarias comunes.

Etimológicamente meritocracia proviene del latín “mereo”, que significa merecer, obtener, y de “cracia”, que significa gobierno. Es decir, es el Gobierno del mérito. Desde esta perspectiva se piensa a la sociedad como un escenario en el que los más aptos sobreviven (por eso se relaciona mucho con el darwinismo social). Aquellos que están en capacidad de someterse y “superar” exigentes pruebas de selección son los que tienen éxito y son reconocidos como ciudadanos modernos, becados o premiado. Para el resto no hay razón alguna para garantizar sus derechos básicos como sucede en la actualidad.

Por más de una década, este concepto de meritocracia ha guiado los exámenes de ingreso a la Universidad Ecuatoriana. Es hora de evaluar para qué ha servido este principio en el ejercicio del derecho a la educación superior. No olvidemos que en nombre de este principio el correísmo encubrió grandes actos de corrupción académicos y económicos que han circulado en las altas esferas de este y el anterior Gobierno. Un claro ejemplo es el plagio de la tesis de titulación del ex vicepresidente, Jorge Glas.

Un derecho sujeto a un examen estandarizado

W. James Popham, académico norteamericano, informa que las pruebas estandarizadas son exámenes que se administran y califican siguiendo un procedimiento estándar predeterminado. Hay dos tipos principales de pruebas estandarizadas: las pruebas de aptitud y las pruebas de logros. Las pruebas estandarizadas de aptitud “predicen” cuán bien es probable que los estudiantes se desempeñen en algún espacio o nivel educativo subsiguiente. Popham recuerda que las pruebas estandarizadas llevan consigo todo un historial negativo antes que positivo. Las primeras pruebas estandarizadas se utilizaron en Norteamérica con el fin de segregar de la educación a los negros.

Al iniciar este proceso de evaluación, varios medios de comunicación realizaron reportajes sobre este tipo de exámenes y llegaron a colegir que: “Por primera vez el Ecuador implementó una prueba que incluye ejercicios similares a los del SAT (Scholastic Aptitude Test) o el PAA (Prueba de Aptitud Académica) que se toma en Estados Unidos, México y otros países desde hace varias décadas y que son la medida que usan las mejores universidades para admitir alumnos”. (Revista Vistazo, No 1071, abril 2012).

el aprendizaje y conocimiento no están uniformemente repartidos en esta sociedad. Aprender bien implica haber contado con tecnología, libros y profesores de calidad. todo eso demanda recursos económicos.

El sistema de ingreso y nivelación a la universidad ecuatoriana es, desde su origen y hasta la actualidad, un examen estandarizado aplicado cada cierto periodo. Es hora de reconocer que las novedosas pruebas de ingreso a la universidad no son más que exámenes estandarizados.
Vale preguntarnos ¿Quiénes o qué instituciones diseñaron las primeras pruebas estandarizadas de ingreso a la universidad ecuatoriana? ¿Son estas el único camino que tenemos para garantizar una educación superior de calidad? ¿Las pruebas de admisión eliminaron la deserción estudiantil en la universidad pública? ¿Son una garantía para seleccionar una carrera profesional adecuada y formar buenos profesionales en el futuro?

Para responder algunas de estas interrogantes, es menester señalar que el diseño del primer ENES que se aplicó en nuestro país por varios años fue diseñado por Harvey Spencer Sánchez, profesor de la Universidad Autónoma de México. De otra parte, los resultados que se obtuvieron de las diferentes aplicaciones del SNNA, y en la actualidad del denominado examen Ser Bachiller, según varios estudios como el de la Universidad Andina (Las Reformas Universitarias en Ecuador (2009 -2016): Extravíos, ilusiones y realidades) expresan que estas pruebas son una radiografía que permite identificar cuán enfermo está el sistema educativo ecuatoriano: les va mejor en la prueba a aquellos jóvenes que provienen de colegios de primera categoría o a quienes lograron cubrir el costo de un curso de nivelación.

También encontramos que el aprendizaje y conocimiento no están uniformemente repartidos en esta sociedad. Aprender bien implica haber contado con tecnología, libros y profesores de calidad, todo eso demanda recursos económicos. El SNNA, hoy Ser Bachiller, se ha configurado como lo que es: un sistema discriminatorio que impide a cientos de miles de estudiantes pobres —que tienen habilidades y talentos, pero no tuvieron acceso a conocimientos globales– continuar una carrera profesional que mejore en algo su calidad de vida. Nuestro sistema educativo sigue cometiendo un grave error al obviar que no hay instrumento o prueba alguna que mida cien por ciento el conocimiento y habilidad de una persona.

Igualdad de oportunidades 

¿Es posible alcanzar igualdad de oportunidades con la actual política que se viene aplicando en nuestro país? El Informe Regional sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe, divulgado en Quito por la ONU, el 10 de noviembre de 2011, y que coincide con el año que surge el examen de ingreso a la universidad en nuestro país, determinó que el Ecuador es el tercer país con mayor desigualdad en Latinoamérica, después de Bolivia y Haití, y comparte esta posición con Brasil con un 56%.

En estas condiciones, el sistema de educación no deja de ser un fiel reflejo de la sociedad inequitativa en la que vivimos, caracterizada por una profundad desigualdad, en la que luego de 10 años de la denominada “Revolución Ciudadana” y tres años de este Gobierno, siguen existiendo escuelas y colegios de primera, segunda y tercera categoría. Los primeros son unidades educativas particulares que cuentan con suficientes recursos humanos y materiales, aulas, laboratorios, espacios deportivos y de recreación, que garantizan mejores condiciones de aprendizaje a sus estudiantes.

En el segundo y tercer grupo encontramos a establecimientos públicos, existiendo diferencias entre aquellas instituciones tradicionales que, al estar ubicadas en las capitales de las principales provincias —polos de desarrollo—, han recibido una mayor atención económica del Estado, en relación a aquellas escuelas y colegios del tercer grupo, que al pertenecer a provincias y pueblos olvidados, no tienen la misma infraestructura para garantizar una buena educación.


El problema central de acceso a la universidad es la falta de infraestructura y maestros.

Este Gobierno y el anterior se han preocupado de encontrar políticas y mecanismos que limiten el acceso a la educación superior y no en construir nuevas aulas.

El proceso de ingreso a la universidad, aplicado de manera oficial desde el 2012, se han encargado de demostrar que las y los jóvenes provenientes de colegios públicos, en especial aquellos ubicados en la zonas rurales y en la periferia son los grandes excluidos. En su mayoría son muchachos y muchachas provenientes de estratos económicamente deprimidos, los cuales no pueden alcanzar un rendimiento satisfactorio debido a la crisis y a la  pobreza, puesto que no tienen  las condiciones mínimas materiales, alimentación, salud, vivienda. Muchos de ellos ni siquiera cuentan con la presencia física de sus padres, quienes se han visto obligados a migrar a otros países en busca de trabajo. En estas condiciones el rendimiento de los niños y jóvenes es deficiente, repiten el ciclo, se ven obligados a desertar de sus estudios o simplemente se educan en desventaja.

Frente a esta realidad inequitativa en el sistema educativo, es ilógico que la igualdad de oportunidades este atada a la rendición de una prueba estandarizada de ingreso. Igualdad de oportunidades sería garantizar en la diversidad y condiciones actuales el derecho que tiene toda persona a acceder al sistema de educación superior.

Cómo y en qué contexto surge el actual examen Ser Bachiller

A partir del primer semestre de 2017, el Ministerio de Educación y la Senescyt unificaron el examen de grado Ser Bachiller, que deben rendir los estudiantes de tercero de Bachillerato, con el Examen Nacional para la Educación Superior, ENES. El examen conjunto mantiene la denominación Ser Bachiller y es diseñado por el Instituto de Evaluación Educativa, INEVAL.

El examen Ser Bachiller permite a las y los estudiantes de tercero de Bachillerato graduarse y postular a las universidades públicas en un solo proceso (Escolares). Permite también a los bachilleres graduados en años anteriores que aspiran acceder a la Educación Superior regulada por la Ley Orgánica de Educación Superior, postular a una universidad pública e institutos tecnológicos públicos (No escolares).

El Ineval y la Senescyt comunicaron semanas atrás las nuevas disposiciones de ingreso a la universidad pública mediante la prueba Ser Bachiller. Dichas reformas han girado en lo referente al número de preguntas, tiempo establecido, entre otros aspectos de carácter logístico. Sin embargo, nada se ha dicho sobre qué va a hacer el Gobierno para garantizar el acceso de miles de jóvenes a la educación superior.

La prueba Ser Bachiller está basada en los parámetros de calidad educativa que el Ministerio de Educación exige y que datan del año 2012. El examen es de aplicación digital off line. Actualmente considera cinco dominios: Matemático, Lingüístico, Científico, Social y Física.

Es menester recordar que las universidades públicas vienen desde años atrás con presupuestos recortados y congelados. Este Gobierno y el anterior se han preocupado de encontrar políticas y mecanismos que limiten el acceso a la educación superior y no en construir nuevas aulas para que las universidades públicas puedan brindar más cupos. Su capacidad física no alcanza para satisfacer la demanda de los miles de bachilleres.

Los cambios que se han producido en lo que fue el Examen Nacional para la Educación Superior, ENES, hoy Ser Bachiller, es un reconocimiento de los errores cometidos en el acceso a la educación superior que, sin embargo, no son corregidos en lo más mínimo. Son una clara expresión de que la improvisación y desconocimiento de la realidad educativa del país por parte del Estado sigue presente. Valdría preguntamos: ¿han evaluado los distintos funcionarios las reformas realizadas en su política de acceso a la universidad durante 13 años de aplicación de evaluaciones estandarizadas? ¿Han hecho cruces de información entre SNNA y el Ser Bachiller? ¿Qué hacer cuando el examen Ser Bachiller tampoco resolvió los problemas de fondo y de acceso a las universidades públicas? ¿Acaso no es hora de evaluar a la evaluación?

un  millón de estudiantes no obtuvieron cupo en la universidad pública, tras dar el examen de ser bachiller.

Seguimos transgrediendo el derecho humano a la educación. Cuatro años atrás el correísmo señalo que la prueba no puede basarse en conocimientos, sino solo en aptitudes. Luego se afirmó todo lo contrario y hoy volvemos a una prueba de conocimientos, pero llamada Ser Bachiller.

Otros datos oficiales permiten conocer que desde la implementación del Examen Nacional de Acceso al Sistema de Educación Superior, ENES, y Ser Bachiller (II Semestre 2012 a II semestre 2019), a escala nacional, han postulado para acceder a un cupo a la educación superior 2'241.732 estudiantes, de los cuales el 3.32% (71.983) corresponde a postulantes de pueblos y nacionalidades indígenas. A escala nacional, al 53% (1'197.451) de los postulantes se le asignó un cupo; mientras que el 47% (1’044.281) restante no obtuvo un cupo. Para pueblos y nacionalidades indígenas, al 62% (44.273) de los postulantes se  asignó un cupo, mientras que al 38% (27.710) restante no se asignó un cupo. 

La realidad expresa que nuestra educación demanda un cambio global y no solo de forma. Necesitamos que todos los colegios y escuelas sean de primera categoría, solo así se podrá mejorar la calidad y tipo de estudiante. Junto a estos cambios, la universidad ecuatoriana necesita de mayor espacio físico; la demanda supera su capacidad. No hay aulas suficientes para la cantidad de jóvenes que desean ingresar a la universidad. Esta parte es la que el Gobierno no quiere tocar y es por eso que se insiste en seguir manteniendo filtros.

¿De qué ha servido a nuestros jóvenes rendir las pruebas y obtener buenos resultados? si al final no existen los cupos suficientes para todos. Los puntajes de ingreso que se mantienen en cada carrera son una cortina de humo que oculta la falta de infraestructura en la Universidad.

Además, la falta de docentes universitarios se junta con la infraestructura como otro de los inconvenientes a resolver. Por esta razón es menester que el Estado fortalezca la inversión para las universidades, que se destine un mayor presupuesto para contratar nuevos profesores y se construya nueva infraestructura en los centros de estudio de carácter superior. La mayor parte de la infraestructura universitaria pública no ha cambiado desde hace 40 años, mientras que, con el paso de los años la demanda de bachilleres va creciendo.

De otra parte, es urgente revisar el Bachillerato General Unificado y realizar los cambios que sean necesarios. No basta reducir el número de preguntas y tiempo, verlo así es pura formalidad. Nuestro sistema educativo necesita apostar por una evaluación formativa; buscar más opciones profesionales para descongestionar una universidad saturada.

Se vuelve imprescindible fortalecer la educación e infraestructura de los institutos técnicos y tecnológicos que fueron desbaratados en la década correísta.

Estudios indican que para este año 2020 se requieren analistas de datos, vendedores especializados. Estos profesionales deben contar con habilidades y conocimientos en el ámbito digital, tecnológico y estar dispuestos a realizar actividades automatizadas, con conocimientos en cuidado ambiental, responsabilidad social y nuevos idiomas. Varios expertos han señalado que el 2020, será la era de la digitalización y automatización informática, donde se demande profesiones vinculadas al desarrollo tecnológico. ¿Acaso esta realidad no obliga a cambiar el modelo educativo? Modelo que debería sobrepasar cualquier idea de formar mano de obra barata.

Si estos son los retos del país se vuelve imprescindible fortalecer la educación e infraestructura de los institutos técnicos y tecnológicos que fueron desbaratados en la década correísta. Se vuelve imprescindible que la Computación (herramientas informáticas), retorne al currículo del bachillerato, pues el correísmo la fijo como una asignatura facultativa, donde incluso varios docentes graduados en Informática se encuentran impartiendo asignaturas de otro tipo con el fin de completar su carga horaria.

Por otra parte, no todos deben ir a la Universidad y eso obliga a enfrentar algunas realidades. Más aún cuando más de un millón de jóvenes están sin universidad y donde el porcentaje de jóvenes que no estudian, ni trabajan (Nini), tiende a crecer. En 2007 los denominados Nini eran de 252.831 personas, entre 18 y 24 años: Si extendemos estos datos hasta los 34 años la cifra aumenta a 433.932 jóvenes. Doce años después, con cifras del Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos (INEC) y bajo el estudio de la Corporación Andina de Fomento (CAF), se estableció que, en el primer grupo, hasta los 24 años, el número de Ninis subió a 642.763 personas. Mientras que incluidos hasta 34 años se llegaba a 1'120.468 de ecuatorianos.

Necesitamos hacer todo lo que este a nuestro alcance para impedir que nuestros jóvenes, al no tener una opción de vida, recurran a probar cocaína, asaltos, discotecas o a decisiones más profundas como suicidios. Es urgente un debate social, académico, político, pedagógico, científico y sobre todo autocrítico entre todos los sectores educativos para colegir si debemos o no eliminar el examen Ser Bachiller o remplazarlo por otro mecanismo de evaluación.

Cientos de jóvenes se encuentran rezagados y miles están por culminar el bachillerato en la región Sierra y Amazonía. El Estado no puede ofrecer lo mismo que los bachilleres de la región Costa, con los cuales está obligado a subsanar el daño causado.

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Ser Bachiller: ¿y ahora qué hacemos?
 


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