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14 de Mayo del 2016
Historias
Lectura: 8 minutos
14 de Mayo del 2016
Alexis Oviedo

PhD en Educación por la Universidad Católica de Lovaina, Maestro en Estudios Culturales y Desarrollo, Graduado en Economía. Ex gerente del Proyecto de Pensamiento Político de la SNGP. Docente universitario.

Sin licor, la vida es más sabrosa

Una de las explicaciones del desmentido del Gobierno a su anuncio de liberalizar el consumo de alcohol en el país es el retorno de la agenda más conservadora. 

 

En el Ecuador hay una limitación innecesaria de libertades que van desde esas ilógicas y risibles como el horario de diversión, hasta restricciones profundas como el derecho al aborto. El libre ejercicio de las mismas posibilitaría un crecimiento cualitativo de la sociedad, cuya implementación ya se ha probado con éxito en otras sociedades.

La ciudadanía manifestó su beneplácito - y en las redes sociales lo hizo con humor-  ante las recientes medidas tomadas por el gobierno, no las del incremento del IVA, sino las que dejaban sin efecto un par de prohibiciones. Según esa derogatoria, los centros de diversión podrían atender hasta las 4 de la mañana y se podría comprar licor los días domingos. Sin duda eliminar una de las proscripciones más ilógicas de estos  últimos años, era un avance. Aunque el Ministro del Interior y el de turismo dieron cándidas declaraciones para la derogatoria, era claramente otra disposición que apuntaba a la reactivación económica, surgiendo justo cuando faltan siete meses para las elecciones presidenciales.

Tres días le duró la algarabía al pueblo. Un comunicado del Ministerio de Turismo, el jueves 12 de mayo, dijo que “fue un error de interpretación” y que el acuerdo firmado entre los ministros “no se perfeccionó, ni se publicó en el Registro Oficial”, por lo cual todo queda sin efecto. Se impuso el conservadurismo al pragmatismo.

Estas medidas tienen antecedentes tan risibles como la del ex alcalde de Guayaquil Abdalá Bucaram, tratando de “normar el partido de la falda de la mujer porteña” y la “hora zanahoria”, que sí logró establecerla el entonces alcalde de Quito Jamil Mahuad, obligando a los ecuatorianos a dormir temprano, como si todos fuéramos niños que deben ir a la escuela al día siguiente...

El lector que no conoce nuestra  realidad debe saber que en el Ecuador los bares y sitios de diversión se cierran por ley a las 12 pm (imagino que para que Cenicienta vuelva a casa antes de que su carroza se transforme de nuevo en calabaza), y pueden permanecer abiertos un par de horas más los viernes y sábados, teniendo prohibido vender licor a partir de la 1am. Esta original medida, que hemos venido “disfrutando” por años, tuvo como antecedente propuestas represivas locales, tan risibles como la del ex alcalde de Guayaquil Abdalá Bucaram, tratando de “normar el partido de la falda de la mujer porteña” y la “hora zanahoria”, que sí logró establecerla el entonces alcalde de Quito Jamil Mahuad, y fue replicada por otras alcaldías, obligando a los ecuatorianos a dormir temprano, como si todos fuéramos niños que deben ir a la escuela al día siguiente...  Sin embargo, la disposición que impide expender licor los días domingo, es una idea original y exclusiva de la revolución ciudadana.
¿Por qué se crearon dichas medidas? ¿La imposición de las convicciones del gobernante a toda la sociedad?

Las posibles causas para tomarlas, no tienen justificativos sólidos. Si se las hizo para reducir  el consumo de alcohol, debe saberse que los índices de reducción de consumo alcohólico no han decaído significativamente. Con la derogatoria, más bien se incentivaba al consumo de estas las bebidas, razón por la que recularon. Si fueron pensadas desde la correlación alcohol/violencia, debe saberse que hay sociedades alcohólicas como la inglesa, con bajos índices de violencia y otras bastante abstemias, como la guatemalteca, donde la misma campea. Si se tomó para evitar la caída de la productividad laboral, es un tema que compete a las instituciones y sus directivos, quienes tienen la potestad de sancionar al improductivo. Si se adoptaron para evitar accidentes de tránsito, esta intención se contradijo con la reducción de penas y multas a este tipo de infractores. Entonces, en lugar de dar un tratamiento específico a los problemas y los contraventores, se generaron medidas que coartan las libertades de todos, desde una lógica conservadora donde el gobierno es el padre que guía nuestros horarios.

La otra medida disparatada es la prohibición de comprar alcohol los domingos, “pudiéndose beber únicamente vinos o cervezas en restaurantes, como acompañantes de comida”. Disposición surgida desde una óptica eurocéntrica, que no considera, por ejemplo, las festividades de octavas de corpus, donde ritualmente se compra y se bebe licor durante tres domingos seguidos. Norma hecha con discrecionalidad, pues los grandes y finos restaurantes sí pueden darse la libertad de vender licor, no así los pequeños comederos. ¿Qué propósito tiene? Si es posible comprar el trago el día anterior y emborracharse hasta el cansancio. Si es posible comprar a la vecina de la tienda en secreto ¿O es otro sesgado edicto “civilizatorio”? ¿Qué se gana con esta prohibición? Nada.

Derogar medidas innecesarias

Como dije en un artículo anterior, derogar medidas conservadoras y asumir otras de corte libertario  acercarán a segmentos, principalmente juveniles, de electores a los sectores políticos que las propongan. Aplaudí la derogatoria, que luego fue desmentida al recapacitar los conservadores. Disposiciones disciplinarias que deben derogarse quedan muchas.

Derogar medidas conservadoras y asumir otras de corte libertario  acercarán a segmentos, principalmente juveniles, de electores a los sectores políticos que las propongan. Aplaudí la derogatoria, que luego fue desmentida al recapacitar los conservadores. Disposiciones disciplinarias que deben derogarse quedan muchas.

Hay procesos emanados en códigos y decretos oficiales que coartan libertades copiando los discursos de “seguridad y el combate contra el terrorismo”, generados en los países industrializados, como pretexto de “combatir amenazas internas y externas”. Hay libertades que se han limitado por omisión, por el temor de los administradores del estado a interpelar a la sociedad y al individuo para que asuman sus responsabilidades, o por el anclaje consciente de los gobernantes en los valores más retrógrados de la sociedad, para garantizarse el apoyo político de los segmentos que los aúpan. Entre estos temas están la coartación de las libertades del cuerpo y al consumo de drogas. Así, la clase dirigente ha ido generando agendas, que por decir lo menos, justifican un status quo que impide el amplio ejercicio de derechos en esas materias. Hay coartación de libertades desde propuestas tecnocrácticas que se basan en la fría correlación de variables y su extrapolación o en el cómodo calco de procesos foráneos, e implementan medidas coercitivas o discriminatorias, sin considerar aspectos culturales propios.

En el Ecuador hay una limitación innecesaria de libertades que van desde esas ilógicas y risibles como el horario de diversión, hasta restricciones profundas como el derecho al aborto. El libre ejercicio de las mismas posibilitaría un crecimiento cualitativo de la sociedad, cuya implementación ya se ha probado con éxito en otras sociedades.

Una agenda libertaria

Es entonces necesario articular, no solo en miras al próximo proceso electoral, propuestas que garanticen hombres y mujeres verdaderamente libres, que no necesitan de un Estado que norme su privacidad. Sin embargo, una propuesta que no seguiría la óptica de los “libertarios” de derecha, que toman auge en los países del norte, sino una agenda libertaria socialista, que dé continuidad a los temas de política social y profundice aquellos que se quedaron en el discurso de Constitucional.

La izquierda, tradicionalmente dejó a la derecha la defensa de las libertades, desde una falsa dicotomía histórica, por la cual “los rojos” asumían la bandera de la justicia social. Ahora que en el Ecuador, la derecha se ha apropiado del discurso izquierdista, es el momento de que la izquierda y otros sectores no conservadores asuman y generen una agenda libertaria socialista.

[RELA CIONA DAS]

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El liberalismo “machetero”
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