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24 de Agosto del 2016
Historias
Lectura: 17 minutos
24 de Agosto del 2016
Redacción Plan V
"Tengo derecho a saber por qué murió mi hija"

Foto: Diario Extra

La madre de Valentina ha participado de diversos foros para denunciar la muerte, inexplicada aún, de su hija de 11 años y 8 meses de edad.

 

¿Y mi dolor, y el dolor que yo siento? Era una niña de once años y ocho meses, que tenía sueños, ilusiones, alegrías y se proyectaba a la vida con muchas expectativa, era la mejor estudiante de flauta traversa de la banda sinfónica juvenil, era atril de la banda, era una niña alegre, era la chispa de nuestra casa, esa alegría ya no está más y como madre me levanto todos los días y siento el dolor de que ya no está, que ya no puedo tenerla entre los brazos; el no saber cómo fueron sus ultimos momentos de vida, de no saber por qué, cómo murió. Exijo respuestas, por lo menos para saber por qué, qué pasó con mi pequeña niña, cómo fueron sus últimos minutos, y si hay un responsable, en caso de haberlo que asuma las consecuencias.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano está rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

Elegía, Miguel Hernández

 

"Son casi dos meses de la muerte de mi niña y aún no tenemos respuestas para estas preguntas y es justamente la demanda que estamos haciendo. Ha habido una serie de contradicciones desde los inicios de la investigación. Primero, un proceso lento, aletargado, con dudas y contradicciones.

"De parte de las autoridades de la institución no supieron dar información alguna. Simplemente, en mis términos, se lavaron las manos y no sumieron responsabilidad alguna frente al hecho. Dijeron no haber visto ni escuchado nada. Sin embargo cerraron las puertas del colegio con mi niña adentro, en el patio de la escuela.

"Las contradicciones se refieren a que luego de que el médico legista hace la primera diligencia con mi niña, determina que la causa fue agresión sexual y asesinato. Se presume que se pudo haber dado en la escuela. Y luego hay una contradicción al decir que simplemente fue un accidente. Pero no me dan mayores argumentos que sostengan esta información. Por eso estamos demandando que se haga un proceso de investigación serio, en el cual efectivamente llevemos a determinar lo que sucedió con mi niña. Si es posible violación y asesinato determinar con todos los elementos que nos puede aportar la investigación para saber quién o quiénes son los responsables. Y si es la segunda situación determinar la hora aproximada, las circunstancias. Porque hay otras circunstancias como el hecho de que mi niña jamás se comunicó conmigo en toda esa tarde.  Nunca llegó al lugar donde debía haber recibido sus clases en la banda sinfónica. Hay personas que entran y salen dentro de esa institución educativa y sin embargo nadie la vio. Hay más elementos dentro de la investigación que nos hacen presumir que efectivamente mi niña fue agredida y asesinada.

"Qué garantía  tenemos de la seguridad de nuestros hijos dentro de las escuelas. Valentina es mi niña pero no se trata solo de ella. Hay miles de niños y niñas que sufren violencia y agresión dentro de las instituciones educativas. Siento que es una vida que se ha perdido, ella ha muerto y se pretende dejar el caso en la impunidad, sin esclarecer qué pasó con ella, por qué, bajo qué circunstancias ella perdió su vida".

Ese día acudí a esperarla como todos los días a su salida a las 17H30. Pero no estaba ahí y no había razones para que no estuviera. Pero no salió...

Aquel día 23 de junio Sofía salió para la escuela con su flauta traversa, porque tenía práctica en el Conservatorio Nacional de Música. Ese día acudí a esperarla como todos los días a su salida a las 17H30. Pero no estaba ahí y no había razones para que no estuviera. Pero no salió, entonces empecé a buscarla dentro de la institución, dentro de las aulas y luego en una parte donde está un edificio abandonado. Busqué por todo lado y pregunté a todos por mi niña. Nadie me dio razón, entonces pensé que estaba en la escuela, pero no había motivos para que ella se quedara en su escuela. Pero fui, hablé con su papá para que empezara a buscarla. Diez para las ocho de la noche estuvo en la escuela y pero todo estaba absolutamente cerrado, las luces apagadas y el edificio a oscuras. Golpeó las puertas y llamó a gritos, esperado que le contestara. Su niña estaba adentro pero no lo sabía. Al ver que no estaba supuestamente en la escuela empezaron a buscarla a lo largo de la ecovía, por donde supuestamente ella habría transitado. Hicieron la denuncia de la desaparición y fue una mala experiencia. Ruth dice que la nueva ley dice que cuando hay una denuncia de desaparición debe actuarse de inmediato, sin embargo la policía no tomó procedimiento y mandaron a los padres a esperar 24 horas. Decidieron recorrer de nuevo el sector y pensaron incluso que se había dormido en el bus y avanzó  en algún carro. Pero Sofía nunca hacía eso, sabía que su madre siempre estaría esperándola fuera del Conservatorio, ella la acompañaba a  las prácticas de la sinfónica, a las clases. La esperaba afuera o en las prácticas, sentada en una butaca del teatro.

Fue una noche muy larga. Les desesperaba no tener noticias a pesar de que Sofía sabía cómo llamar o localizarlos. Entre familiares y amigos especularon de que podría haber tenido un accidente en el edificio abandonado del Conservatorio, en la parte del espacio que espera por un ascensor. Tal vez se cayó por ahí, Ruth no la vio por lo oscuro del lugar… Su temor era que ella hubiese caído por ahí, pero su madre insistió en que la buscó detenidamente, pero tal vez en la oscuridad…

Al siguiente día reiniciaron la búsqueda, y cuando Ruth estaba en camino a la escuela, recibió una llamada. Le preguntaron si era la mamá de la niña Sofía Cosíos, y le pidieron que fuera a la escuela. En ese momento todo fue alegría; Dios mío, mi niña apareció se dijo. Tantas preguntas se quedaron sin respuestas al saber por fin de su hija. Llegó a la escuela, y al cruzar la entrada principal vio un cuerpo tendido sobre el patio y cubierto por una manta. Era Sofía. Su desesperación, el dolor de no entender, ¿qué pasó con ella? Gritó sus preguntas entre lágrimas, pero maestros, autoridades de la escuela dijeron no tener idea. Para ese momento había llegado personal del 911, al cual llamaron desde la escuela. 

Preguntas sin respuestas ¿por qué cerraron las puertas de la escuela con la niña dentro? Las autoridades dijeron que no tenían responsabilidad alguna. El ministro de Educación dijo que como era dentro de un colegio privado, tampoco tenían nada que ver. Entonces la madre, Ruth, se sigue haciendo las preguntas: si el colegio no tiene la responsabilidad del cuidado de los niños y niñas, dentro de la institución, ¿quién se hace responsable? ¿Quién debe garantizar sus cuidados? ¿El Estado tampoco?


Una escena desgarradora: los padres en el funeral de su hija. Foto: Diario Extra

Ella entiende que la tragedia que ella vive, la muerte de su niña, no es una situación aislada. No es de su familia, "es una situación que se viene repitiendo para muchas familias. Lamentablemente para nuestra justicia el nivel socioeconómico importa mucho. Mientras las personas, las víctimas, los padres sean de origen más humilde, son menos las posibilidades de que se pueda aclarar el hecho, se pueda determinar los responsables y se pueda hacer justicia".

Y las dudas se ahondan porque hay dos informes contradictorios de la causa de la muerte de Sofía Cosíos. Y tampoco responden a las preguntas de Ruth, preguntas que empezaron al ver el cuerpo de su hija tendido en el patio de su escuela. Con su uniforme. Tantas personas que habrían pasado por ahí, ¿no la vieron? ¿Era invisible? Cuando ella cruza la puerta principal mira el cuerpo de su hija expuesto a todo el mundo. ¿Tantos estudiantes, empleados y nadie vio algo?

Siente Ruth que esos maestros no vieron a su hija a una persona, humana, a una niña que merecía el cuidado y la garantía de su seguridad...

Por una serie de detalles, de circunstancias y de preguntas y de constataciones de la familia, asumen que efectivamente Sofía sufrió violencia, agresiones y que su muerte no fue accidental. Esa es su demanda al Estado, a la sociedad, "tengo derecho a saber qué pasó con mi niña, por qué su vida fue tomada, ¿por ser una niña, una mujer?".

Los maestros de la institución, dice Ruth, pecan de omisión de cuidado de su criatura, la vieron en un estado de vulnerabilidad, sola, y no tomaron medidas de precaución y cuidado. No asumieron su responsabilidad como maestros. ¿Qué clase de maestros son? ¿Son maestros y maestras por vocación o porque no les quedó más remedio? ¿Son maestros que asumen con sensibilidad, con amor y empatía las necesidades de sus alumnos, o son estos un número más? Siente Ruth que esos maestros no vieron a su hija a una persona, humana, a una niña que merecía el cuidado y la garantía de su seguridad, "y su grado de negligencia llegó hasta tal punto de cobrar su vida. Como padres deberíamos exigir que la ley debe proteger doblemente a nuestros niños, pero la ley queda en el papel".

Tal como están las cosas "hubo personas que vieron a mi niña, porque es imposible que tal como estaba, como la encontré, nadie haya hecho ni visto nada. No estaba en un cuarto, en el patio de atrás, estaba en el patio principal, en la entrada principal de la institución Global del Ecuador".

"Tú te puedes imaginar encontrar así a mi niña, sin vida, y en ese momento no sabes, no entiendes qué sucede, no saber a dónde ir, por dónde ir. Pides respuestas a las personas llamadas a responder y lo que dicen es que no saben nada y no asumen su responsabilidad. La indignación y el dolor se apoderan de una. Y frente a las autoridades, llamadas a hacer su trabajo, tampoco. Porque quienes trabajan en la justicia deberían realizar su trabajo. El nivel socioeconómico influye. Es una relación de poder, porque quienes están detrás de su escritorio están arriba, y las víctimas, los que exigen respuestas y su derecho a saber qué pasó, están abajo. Es como pedir el favor, de suplicar que hagan su trabajo. Así me he encontrado yo, en un situación de ponerles las manos y pedirles, de favor, que realicen su trabajo. No debería ser así, debería haber empatía y sensibilidad, porque las personas están en ese puesto han llegado gracias a personas como nosotros, a mi, que soy una mujer del pueblo, soy una mamá, soy una trabajadora y me asiste mi derecho, estoy en mi derecho. A más del dolor de la pérdida, tenemos que asumir el dolor de la revictimización, porque como la justicia no da paso a nuestro pedido, no siente el dolor que sentimos, le es indiferente. Lo que les interesa es cerrar el caso lo más pronto posible, con la conclusión más rápida".

"En la Fiscalía está en investigación previa y a través de Surkuna y Justicia para Vanessa, hemos podido visibilizar el hecho y ejercer presión y poner la discusión ante la sociedad ecuatoriana. Mañana, si no se toman medidas, puede volver a pasar porque no hay ley, autoridad ni justicia que nos garantice que no suceda de nuevo. Hemos tenido tropiezos pero seguimos aquí, en nuestra posición de exigir la verdad, para que no quede en la oscuridad, porque la justicia y su lentitud hacen que una tenga cansancio, desidia y que no pueda sostener la parte económica, la familia, el trabajo, mis otros niños. Tengo cuatro niños más y por ellos tengo que sostener esta lucha. Estoy dedicada a esclarecer la muerte de mi pequeña Valentina. Es una justicia a la que hay que exigirle a gritos que cumplan con su deber, una justicia que te mira por abajo, que te hace de menos y que en muchas ocasiones llega a ponerse del lado del poder económico, de quien tiene más, porque entonces la que vale es la versión de quien tiene el poder económico".

La autoridades se han deslindado de la responsabilidad sobre la muerte de Valentina y no saben nada. No han dado respuesta alguna, solo un hermetismo total, un silencio total...

"La autoridades se han deslindado de la responsabilidad sobre la muerte de Valentina y no saben nada. No han dado respuesta alguna, solo un hermetismo total, un silencio total. Ni siquiera por solidaridad, porque tenía a mis otros niños dentro de esa institución, se ha dado un acercamiento, un lo siento, por lo menos por humanidad. El rector es el abogado Carlos de la Bastida, el vicerrector es Luis Aguas y el inspector es Christian Aguas. A ellos no les conviene que los hechos sucedidos con mi niña no salgan. Lo intentan por todos los medios. ¿Y mi dolor, y el dolor que yo siento? Era una niña de once años y ocho meses, que tenía sueños, ilusiones, alegrías y se proyectaba  a la vida con muchas expectativa, era la mejor estudiante de flauta traversa de la banda sinfónica juvenil, era atril de la banda, era una niña alegre, era la chispa de nuestra casa, esa alegría ya no está más y como madre me levanto todos los días y siento el dolor de que ya no está, que ya no puedo tenerla entre los brazos; el no saber cómo fueron sus últimos momentos de vida, de no saber por qué, cómo murió. Exijo respuestas, por lo menos para saber por qué, qué pasó con mi pequeña niña, cómo fueron sus últimos minutos, y si hay un responsable, en caso de haberlo que asuma las consecuencias.

"Basta ya como sociedad de tomar la vida y que no pase nada. Siento que eso nos pasa como sociedad. La violencia sobre nosotras está naturalizada, se ve como una situación normal, desde lo doméstico, nuestra pareja, nuestros compañeros, en la calle, en el transporte es tan natural la agresión, Y lo sucedido con mi Valentina es expresión de eso. Y basta ya, es lo que exijo a la sociedad, para que salgamos de la indiferencia en que vivimos. Nuestras hijas merecen crecer y vivir libres de la violencia, merecen ir a una institución educativa sin que corran el riesgo ya no solo de ser acosadas o agredidas por sus maestros o compañeros, sino hasta de perder la vida. Hasta cuándo vamos a permitir todo esto, hasta cuándo vamos a seguir guardando silencio ante tanta violencia, hasta cuando...".

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