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6 de Abril del 2021
Historias
Lectura: 13 minutos
6 de Abril del 2021
Redacción Plan V
Las tortugas ecuatorianas, las mayores víctimas del tráfico de especies
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Tortugas rescatadas en el aeropuerto Seymour de Galápagos. Fotos: Ministerio del Ambiente

 

En Ecuador, el tráfico de especies crece aceleradamente. Entre enero y marzo de 2020 hubo 986 especies rescatadas. Mientras que en el mismo lapso de este año ya son 1.730 especies incautadas, es decir hay un aumento del 75,5%. Un factor para el incremento del tráfico de especies es el desempleo y la pobreza.

 

Tortugas embaladas como alimentos

En una maleta roja, 185 tortugas iban para el mercado ilegal internacional de especies. El pasado 28 de marzo fueron halladas en el aeropuerto Seymour, de Galápagos. Estaban embaladas con plástico, similar al que se usa para alimentos. Cuando las autoridades las encontraron, 16 de ellas habían fallecido.

Las tortugas tenían entre dos y 12 meses de edad. Pertenecen al género Chelonoidis de fauna silvestre protegida y consta en la lista roja de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Los quelonios rescatados presentaban heridas en extremidades y cabeza, ausencia de uñas y bajo peso con relación a su tamaño.

Iban a ser transportadas hasta Guayaquil como una encomienda. Por eso, las primeras investigaciones apuntaron a hallar a la persona que las dejó en la empresa de carga aérea. Según los videos de cámaras de seguridad, el policía Nixon Alejandro P. D. –a bordo de un patrullero policial– trasladó las especies en dos maletas hacia el aeropuerto, dejándolas en la compañía. El policía fue aprehendido en los dormitorios de la Unidad Nacional Canina, ubicado en el interior de la Estación Charles Darwin, en Puerto Ayora, según el parte policial.

“Es un problema nacional, recurrente, no un caso aislado”, dice Diego Cisneros, director general del Hospital de Fauna Silvestre Tueri de la Universidad San Francisco de Quito. Este centro provee servicios de medicina especializada en fauna silvestre, incluido cirugía. Empezó en el 2012 como un programa dedicado a especies víctimas de cacería del Hospital Docente Veterinario de la misma universidad. Este hospital recibe animales afectados, principalmente, por dos situaciones: atropellamientos o ataques de perros y gatos, y animales -en peligro de extinción- víctimas de tráfico ilegal. Estos últimos pacientes se han vuelto los más recurrentes, dice el experto.

A este hospital, que ahora es independiente, han llegado tortugas todos los meses en el último año. No provienen de Galápagos, pero sí son tortugas que habitan en el continente. Incluso una tortuga marina bebé fue una de sus pacientes. Esto ocurrió después de que alguien recogió dos tortugas de una playa, donde había nidos y las trajo a Quito. Una llegó al hospital y la otra fue a un zoológico. El cambio de clima las afectó gravemente y por eso fueron enviadas de forma urgente a un centro de rescate en Machalilla. 

“Hemos visto un resurgimiento del tráfico de tortugas a escala nacional súper grande”, dice Cisneros y agrega que el tráfico interno de tortugas siempre ha sido alto. “Existen datos que, en los años 80 y 90, en la calle Amazonas se vendían tortugas. Así como hoy hay gente vendiendo caramelos, antes había gente que vendía tortugas”. Esto disminuyó cuando nació el Ministerio de Ambiente y normativas para su prohibición. Pero el tráfico ilegal se ha mantenido, asegura Cisneros.

“Existen datos que, en los años 80 y 90, en la calle Amazonas se vendían tortugas. Así como hoy hay gente vendiendo caramelos, antes había gente que vendía tortugas”.


Las tortugas recuperadas fueron pesadas y revidas. Fotos: Ministerio del Ambiente

Las tortugas son apetecidas por los traficantes por dos razones. Uno por su carne y huevos, pues en algunas partes del país son parte de la dieta de las comunidades. Y dos, para mascotas y esta es la razón más común. A escala internacional sí hay un mercado legal para mascotas, pero estas traen problemas porque no son domésticas sino silvestres. Por ejemplo, las tortugas pequeñas crecen y su dieta es complicada y específica. Al hospital Tueri han llegado tortugas con desnutrición y su caparazón dañado. También son reservorios de enfermedades como la salmonella. Cisneros explica que cuando están en su medio ambiente ese no es un problema, pues es parte de su ciclo natural.

En Ecuador se trafican varias especies de tortugas como mascotas y como comida. Como la motelo que es una versión pequeña de las tortugas de Galápagos. No son acuáticas, sino caminadoras de la Amazonía. También se trafican las llamadas tortugas taparrabo y mordedoras, que son de la Costa. Al menos cinco tortugas llegan al hospital Tueri cada mes. 

Al mercado externo, afirma Cisneros, se van las tortugas de especies más únicas. Por ejemplo, las 185 tortugas halladas en el aeropuerto iban para algún traficante internacional, sospecha el experto.

Las tortugas son apetecidas por los traficantes por dos razones. Uno por su carne y huevos, pues en algunas partes del país son parte de la dieta de las comunidades. Y dos, para mascotas y esta es la razón más común.

La pandemia aumentó el tráfico

El teniente coronel William Reyes, jefe de la Unidad de Protección del Medio Ambiente (UPMA), de la Policía Nacional, informó a PlanV sobre el aumento del tráfico de especies. En 2019, la UPMA retuvo 4.082 especies; en el 2020 fueron 4.645 especies. Entre enero y marzo de 2020 hubo 986 especies retenidas. Mientras que en el mismo lapso de este año ya son 1.730 especies retenidas, es decir un aumento del 75,5%. Los sectores más afectados son las áreas protegidas asentadas en Orellana, Napo, Pastaza, Imbabura, Pichincha, Carchi, Cotopaxi, Tungurahua, Manabí, Guayas y Galápagos.

Estas tendencias coinciden con los datos que tiene el Hospital Tueri. Entre 2016 y 2019, Cisneros estimó que este centro atendió en promedio 500 animales por año. Pero esta cifra se duplicó en la pandemia y llegó hasta casi 1.000 atenciones en 2020. Prevé que esta cifra se incrementará en el 2021 porque han recibido animales todos los días.

Según Reyes, las rutas que toman los traficantes dependerán del destino al que enviarán las especies. Para el mercado interno, los traficantes usan vehículos de avance para verificar si hay algún tipo de control policial en carretera. Cuando son sacadas del país, sus captores usan vías alternas. Para llevarlos a otros continentes, usan transporte aéreo pues las especies no sobrevivirían a meses de viaje por el mar. Usan diversos métodos para evitar los controles en los aeropuertos. Por ejemplo, hay personas que embalan los animales a su cuerpo, dice Reyes. Otra forma es a través de encomiendas y correos, como ocurrió con las tortugas.

Cisneros afirma que para un animal de fauna silvestre llegue a ser comercializado, otros nueve morirán en el proceso. Es decir, uno de cada 10 llega vivo. Cisneros ha conocido casos de animales empacados dentro de las llantas del auto, loros y monos empacados con plástico y con cinta en falsos tubos de desodorante. Pasan calor y hambre. Pero si solo uno llega, está bien para los traficantes.

En el país, las tortugas bebés de Galápagos podrían costar entre 300 y 400 dólares, pero en el mercado internacional llegan a valer miles de dólares que pagarán coleccionistas para tener sus zoológicos personales, según Reyes.


Monito ardilla. Foto cortesía: Hospital de Fauna Silvestre Tueri

Los monos es otra especie que es muy traficada. A Tueri ha llegado ocho especies distintas de monos: chorongos, arañas, aulladores, ardillas. Entre julio y octubre de 2020, les llegó más monos que en todo un año de trabajo. Uno de esos casos fue el de una mona que estuvo ocho años encadenada, que pertenece a una especie en grave peligro de extinción y solo existe en Ecuador. Tenía desnutrición. También les llegó un grupo de tres monos, cada uno con una dieta específica, que no es posible mantenerla en cautiverio.

El proceso de tráfico de esta especie es cruel. Cuando una mono llega a un mercado de especies, lo más probable es que madre muera por defender a su cría. También en esa confrontación, el macho dominante puede ser otra víctima por evitar la captura de un mono bebé o juvenil.


Perico de cachetes grises. Foto cortesía: Hospital de Fauna Silvestre Tueri

Los loros y guacamayos también están en riesgo. Al Hospital llegó en junio de 2020, un grupo grande de loros y guacamayos incautados en la provincia de Bolívar. En ese grupo había loros en peligro de extinción como el careta roja y el periquito de cachetes grises, que solo viven en ciertos bosques secos de la Costa ecuatoriana. También las tangaras son traficadas. Esta es una especie de pájaros muy coloridos. Un guacamayo rojo puede valer en el mercado internacional entre 5.000 y 10.000 dólares.


Tortugas marinas. Foto: Cortesía: Hospital de Fauna Silvestre Tueri

Al mercado internacional también llegan serpientes, sobre todo boas. A través de redes sociales se conoció el caso de la venta de piel de la boa constrictor de la Costa. 

El tráfico de especies, después del de drogas, armas y personas, es el que más dinero mueve a escala mundial. Ecuador es parte de la red internacional de tráfico. Hay especies endémicas del país que se ven en chats o redes sociales de vendedores de fauna en Alemania, Estados Unidos o en Europa general, explica Cisneros. 

Pero también hay tráfico interno. Reyes cuenta que UPMA conoció sobre la comercialización de tigrillos por redes sociales. Hubo el caso de un minero, en el cantón azuayo Camilo Ponce Enríquez, que buscaba cambiar un tigrillo por un perro de raza. La UPMA rescató al tigrillo, pero no encontró a su captor.

Internamente hay un mercado para el consumo, por ejemplo, de armadillos y tortugas. Incluso de sus huevos. El año pasado, la UPMA rescató 50 huevos de tortugas charapa, una especie protegida en el país.

El jefe policial también apunta que la pesca ilegal, por ejemplo, de tiburones cuyas aletas van al mercado ilegal. Reyes explica que la pesca incidental afecta gravemente a esta especie. Este tipo de pesca está permitida en el país. “Pero a veces no es justo que exista en esa pesca más de 100 tiburones y 40 atunes. Ese es uno de los grandes problemas de nuestro país”. Lo mismo sucede con el pepino de mar y las iguanas. 

Cisneros dice que el hospital trabaja en alianza con el Ministerio de Ambiente y con la UPMA. Pero estas tienen limitaciones de personal, financieras y en la pandemia hasta limitaciones para su movilización, dice el experto. Pero otro factor para el incremento del tráfico de especies es el aumento del desempleo y de la pobreza. “El tráfico de fauna silvestre se ha transformado en algo atractivo para personas desesperadas”.

También hay limitaciones en el Estado. Durante la pandemia, al menos 200 guardaparques y 300 funcionarios técnicos y trabajadores de las áreas Naturales Protegidas del Ecuador fueron despedidos, según la Federación Internacional de Guardaparques. Organizaciones y activistas denunciaron que esa desvinculación “generaría consecuencias para el cuidado y mantenimiento de las áreas naturales de nuestro país y que están al cuidado de los guardaparques”.

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