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25 de Marzo del 2015
Historias
Lectura: 33 minutos
25 de Marzo del 2015
Alex Ron
Trol

Las redes sociales convierten al Dr. Jekyl en Mr. Hyde. A diario sufro una metamorfosis, el ser taciturno y nómada se transforma en un supertuitero que no mide riesgo alguno desde su burbuja cibernética.

 

A @librepensador le agradecí por la foto y acepté su invitación para tomar café. Me esperaba tomando un frappelatte en la parte externa de Sweett and Coffee. La luz agonizante de la tarde y el barullo de la plaza se conjugaban con su aire melancólico, ahí estaba el poeta maldito que se dejó comprar por el sistema... Un cuento de Alex Ron

@librepensador

El autor, Alex Ron, escritor.

La gente pelea, se ofende, grita. El conflicto es parte de la condición humana. A mí me pagan por insultar en internet, dos líneas, menos de 140 caracteres, sin piedad y total convicción. No es bueno ni malo, no me hace un tipo amoral, simplemente soy un trol, un provocador profesional del tuiter.

Tengo una nube de datos contradictorios, hay mucha cafeína en la sangre y deseos irrefrenables por  atacar al enemigo. Mi filosofía de vida es trolear hasta  desquiciar al otro, acabar con su credibilidad y destruir su ego.

Trabajo en el área de redes sociales de la secretaría de comunicación de un gobierno que paga bien por insultar. El edificio de esta institución es algo vetusto, desangelado, sin ningún criterio arquitectónico. Un olor apolillado de archivo se confunde con efluvios de perfume barato, día a día lo inhalo, mientras avanzo por las diferentes dependencias, es un elixir que alimenta la intriga de todos los empleados. En el subsuelo han adaptado una sala dividiéndola en varios compartimentos de dos metros cuadrados que fungen como  oficinas. Trabajo en uno de esos cubículos, desde allí tecleo en mi computadora portátil decenas de tuits que viajan como pequeños proyectiles hacia diferentes objetivos políticos.

Al inicio de cada jornada, coloco el dedo índice en un lector electrónico de luz azulada que capta mis huellas digitales registrando mi entrada al edificio. Camino a mi oficina saludo con decenas de funcionarios, todos ensayan algún tipo de sonrisa, yo tengo la mía, he aprendido a fingir admiración por lo trivial.

Paradójicamente, me asignaron la cuenta @librepensador; mientras más retuits tengas, estás al otro lado, esa fue la consigna de Mario Espín, mi jefe, un tipo maltratado por el acné.

Llego temprano a mi curul, abro la computadora portátil que junto a mi iPhone se han convertido en mis ballestas, amuletos, adicciones. Ingreso a mi cuenta de correo electrónico y ubico las cuentas que debo  trolear. Las temáticas varían: desde Ecología hasta Religión, pasando por temas como aborto o libertad de prensa. La mayoría de veces tengo que irme en contra de mis creencias, de una u otra forma he asumido que la vida es una constante contradicción.

Paradójicamente, me asignaron la cuenta @librepensador, mientras más retuits tengas, estás al otro lado, esa fue la consigna de Mario Espín, mi jefe, un tipo maltratado por el acné que alardea mucho sobre sus logros profesionales y tiene varios comodines que repite todo el tiempo: necesito una propuesta potente; sigue las líneas de discurso del número uno; revisa todos sus discursos; él marca la cancha. Viste traje Armani, en su despacho ha colocado varias fotos en las que aparece abrazado al presidente de la república, el número uno. Para él, la palabra del presidente es la palabra de Dios, no existe manera de contradecirlo.

Espín es una persona insegura, demasiado variable, fácilmente pasa de la euforia a la ira, afortunadamente me considera su trol estrella, por quien metería las manos en el fuego. No le creo, en la burocracia las muestras de afecto son tan efímeras como el mismo poder.

Las redes sociales convierten al Dr. Jekyl en Mr. Hyde. A diario sufro una metamorfosis, el ser taciturno y nómada se transforma en un supertuitero que no mide riesgo alguno desde su burbuja cibernética. En la cuenta @librepensador tengo 12314 seguidores, ahí soy un chacal despiadado con los heraldos de la oligarquía, tecleo sin pausa poseído por una adicción bizarra hasta humillar a los enemigos de la revolución.

El momento en que envío un tuit es de gran ansiedad; después de cinco minutos, si no hay retuits es que no hubo impacto en la red. Los retuits generan adrenalina, a  medida que aumentan en número una sensación de total ingravidez me invade liberándome de la sórdida oficina para instalarme en algún boulevard bebiendo una michelada bien helada. El efecto “retuit” se desvanece cuando llega un nuevo e-mail de Espín solicitándome enfrentar a otra cuenta sobre determinada coyuntura o pidiéndome que defienda alguna tesis del gobierno que está siendo troleada por la oposición.

Los tuiteros que atacan al gobierno tienen la ventaja de ser anti poder y desde esa vereda es mucho más fácil esgrimir argumentos y aparecer como  seres coherentes. Es difícil distinguir entre opositores asalariados y los que realmente lo hacen por defender sus ideales. La política, cada día, es más sucia y engendra profetas por todas partes.

Vivimos una época de polarización y nuevos jefes, me alimento del laberinto y la zozobra, el silencio es parte de este juego.

Uno de los enemigos políticos del régimen es un grupo de jóvenes ecologistas que se bautizaron como Cuyabenos, en honor al río de aguas cristalinas que recorre la selva amazónica. Cuyabenos organiza plantones, marchas y recolectan firmas para realizar una consulta popular sobre la explotación petrolera en la selva del Cuyabeno, uno de los lugares de más alta biodiversidad en el planeta.

Uno de los enemigos políticos del régimen es un grupo de jóvenes ecologistas que se bautizaron como Cuyabenos, en honor al río de aguas cristalinas que recorre la selva amazónica.

Cuyabenos han despertado simpatía en un considerable porcentaje de la población, por ello el gobierno, que necesita el dinero del petróleo, los califica como ecologistas infantiles. Lo cierto es que yo soy uno de los troles que tiene como misión desacreditarlos hasta convertirlos en personajes opuestos al progreso y a la equidad social. Me duele trolear a Cuyabenos  porque de pequeño conocí ese río, me bañé en sus aguas trasparentes, llegué a ver manatíes, escuché sus cánticos, nunca sentí tanta paz.

A veces lograba escapar de mi trabajo, sin salir de la oficina, leía tuits de gente que escribía a partir de una motivación literaria, abrí una cuenta con el nombre @casiopea. Desde allí creaba otro tipo de tuits, tuits que trascendían la coyuntura política, trataba de oxigenar mi mente con literatura 2.0, lapsus de mentes vagabundas y libres:

-Alguna vez fuimos poesía.
-El anarquista ha muerto, el mundo sigue vivo.
-La vida nos ha pasado a un lado…El país en que nos criamos se vino abajo y miles murieron. El viento frío sopló lejos del sol.
-Jamás estará solo el que encuentra maravillas donde nadie mira.
-Niños, no crezcan. Es una trampa.
-No soy matemático pero creo que vas a morir solo.

La cuenta @florecitarockera es mi favorita, su avatar o foto de perfil es el zoom de una nariz con arete, junto a la foto hay una frase: fluye el petróleo, sangra la selva.

Cuando la densidad política es más sofocante  y el resto de trols se despellejan tecleando cualquier incoherencia para hacer feliz a Mario Espín, en ese momento busco los tuits de @florecitarockera, la chica del arete en la nariz que escribe descarnadamente sobre la vida, el amor y la muerte. Sus ideas son el punto de fuga desde el que puedo proyectarme como yo quisiera ser: irresponsable y lúdico.

Alguna vez envió un tuit: espérame desnuda entre los alacranes. Le contesté: ahí estaré con el veneno en la sangre. Creo que la respuesta le gustó porque empezó a seguirme en tuiter.
Un jueves en la mañana escribió que iba al concierto de The Cure, yo le mande un mensaje algo osado: allí nos vemos, con el veneno en la sangre…

El concierto era en Itchimbía, un parque ubicado sobre una loma desde la que se divisaba la ciudad con todas sus cúpulas, parques, glorietas y edificios. El escenario se había montado sobre una imponente tarima con varias consolas, parlantes de alta definición y reflectores de diferentes colores. Más de diez mil jóvenes brincaban y tarareaban canciones de la legendaria banda inglesa.

Las probabilidades de hallar a @florecitarockera en medio de ese mar de gente eran mínimas, aunque su arete en la nariz lo tenía grabado en la mente, era mi consigna, mi último recurso.
Los chicos bailaban  haciendo un mosh algo light, no entendían del todo la cultura punk de los ochenta, apenas conocían algunas letras, los menos jóvenes que crecieron con canciones como Close to me o Friday, tarareaban hipnotizados por la voz de Robert Smith que ya no era el punk felino de los noventa. Treinta años después se lo veía algo lento y maquillado en exceso. En el concierto cohabitaban viejas y nuevas tribus del rock, unas aferrándose a los recuerdos más plácidos de su juventud, otras aprovechando la velocidad de la ola que los impulsaba a descubrir nuevos mundos a través del sexo y las drogas.

La alegría fue insuperable al encontrar el leve brillo de un arete de oro en una pequeña nariz. Definitivamente era @florecitarockera, el embrujo continuaba...

Yo no me había tatuado, tenía 34 años y pasaba por un tipo circunspecto y distante. Jugueteaba con la multitud de lado a lado, esquivando la euforia, tratando de encontrar a mi musa. La música de la banda inglesa ya no provocaba en mí la misma fascinación que me hizo delirar cuando escuché por primera vez un C.D de Smith en quinto curso.

Ahora buscaba en medio de la multitud real a una ecologista con arete en la nariz que escribía frases conmovedoras. Ella le había dotado de sentido al tuiter: el último eslabón de la incomunicación humana.

Piensa rápido, dónde puede estar, chequea su cuenta, hay varios fans subiendo fotos del concierto. Ahí está la foto de @florecitarockera, tampoco pudo contener la emoción de subir una foto de la banda punk. Era una imagen que captaba con claridad la mirada juguetona de Smith en medio del humo turquesa del escenario. La calidad expresiva del rostro del vocalista delataba que el fotógrafo se encontraba en las primeras filas.

Tuve que utilizar todas mis argucias para avanzar en medio de la multitud, después de esquivar toletazos, empujones y gritos llegué a una zona en la que se situaban periodistas, algunos de medios públicos me reconocieron y me ayudaron a pasar.

Ya en primera fila no miraba el concierto sino al público, casi todos tomaban fotos desde sus celulares de última generación, nuevamente la maldición del siglo 21: no lo has vivido si no lo subes a la web. Me deslicé con dificultad mirando diferentes rostros, concentrado en apreciar narices: perfiladas, chatas, aguileñas, delgadas… por un momento pensé que había enloquecido.

La alegría fue insuperable al encontrar el leve brillo de un arete de oro en una pequeña nariz. Definitivamente era @florecitarockera, el embrujo continuaba, rompí todas mis inhibiciones para acercarme y tomarle una foto el momento en que saltaba eufórica al inicio de Why can´t I be you.

La foto reflejaba su extraña belleza: delgada, ojerosa, labios finos y ojos glaucos.Había captado su esencia en un segundo, ya no necesitaba seducirla, todo vendría por añadidura. Coloqué la foto en mi cuenta de tuiter y después de treinta minutos recibí un mensaje de @florecitarockera que decía gracias. Misión cumplida me dije, me alejé antes de que termine el concierto cuando The Cure tocaba Close to me y el público desfallecía por tanta emoción.

@florecitarockera

Viste un abrigo gris largo con bufanda celeste y botines de gamuza. Transmite un aura misteriosa, porta un iPhone  que no deja de revisar cada treinta segundos, me mira de reojo y me fotografía. Estoy segura de que es él, tengo claro que es @casiopea pero que también escribe desde la cuenta @librepensador, vive una de las peores contradicciones: sentirse poeta y ser burócrata. Lo traiciona su exceso de metáforas y su cierta elegancia para escribir, ha troleado a Cuyabenos, mi espacio de libertad, mi tribu, un grupo de soñadores que escuchamos los latidos de la selva.

Sube mi foto desde su cuenta de tuiter, las redes sociales son los heraldos negros de los que hablaba César Vallejo. Conversa con periodistas de medios públicos, ahí está @librepensador el trol que no ha cesado de burlarse de nuestra lucha.  Sus argumentos son nimios, dice que somos noveleros y que no aguantaríamos una semana seguida en la selva sin servicios básicos. Yo lo he hecho, he vivido en Cuyabeno por varias semanas con algunos amigos. Llevamos carpa, agua, repelente para insectos, lo demás nos lo brindó el río Cuyabeno.

Pobres burócratas, cómo se atreven a hablar de algo tan sagrado como la selva amazónica. No conocen el silencio, ni la oscuridad más profunda de la noche que te brinda la selva. Solo desde allí puedes concebir el valor único de la megadiversidad, solo respirando el oxígeno más puro del mundo puedes entender nuestra lucha. Cuyabeno te convierte en otro ser.

Alto, paliducho, ojos color de miel, labios rosados, sonrisa dulce y ese mood de vampiro que proyecta una belleza andrógina

A @librepensador le agradecí por la foto y acepté su invitación para tomar café. Me esperaba tomando un frappelatte en la parte externa de Sweett and Coffee. La luz agonizante de la tarde y el barullo de la plaza se conjugaban con su aire melancólico, ahí estaba el poeta maldito que se dejó comprar por el sistema. Alto, paliducho, ojos color de miel, labios rosados, sonrisa dulce y ese mood de vampiro que proyecta una belleza andrógina. Es un tipo que ha viajado, admira el buen cine y escribe. Por un momento dudo de que sea trol, pero hay frases tan cargadas de esa fina ironía para burlarse de él mismo y de los demás que coinciden perfectamente con el perfil del tuitero enemigo. Casi no hablamos de política, solo rock, películas, literatura y redes sociales. La musicalidad de su voz me acaricia pero sé hasta qué punto puedo dejarme tocar el corazón, y tengo muy claro el daño que nos ha hecho.

El barullo de los jóvenes disminuye mientras nos alejamos de la plaza, a media cuadra, dos adolescentes compran cocaína a un pusher. Me embarco en su Vitara, coloca un CD de Calamaro, suena “Hace calor”, tarareamos la canción que nos da una inyección de complicidad y euforia, su timidez empieza a evaporarse mientras fumamos Marlboro rojo.

Le invito a un bar a tomar mojitos, se deja llevar, su mirada se ilumina al verme tan interesada por sus lecturas y proyectos literarios, está a punto de publicar un libro de poemas. Admira a Vallejo, Cioran y Pizarnick. Le sorprendo con una frase de Cioran: Cada vez que nace un profeta hay más maldad en el mundo. Sonríe entre maravillado y asustado.

Sé que alimenta sus contradicciones con la belleza creada por escritores desligados del poder, es el típico intelectual cómodo, incapaz de renunciar a sus pequeños lujos por defender una causa perdida. Reímos, es un buen conversador, está enganchado, me mira como bobo. Le propongo ir a una salsoteca, algo admirado por mi audacia y su suerte dice que sería genial.

Llegamos a un local de salsa decorado rústicamente, el piso está recubierto de bambú y en las paredes hay afiches de Hendrix, Willy Colón, Héctor Lavoe y Celia Cruz. Se acerca a la barra, pide dos mojitos mientras saluda con el barman. Nos sentamos en una mesa alejada de la pista, un par de sorbos y una frase suelta, le digo que la digresión es la base de nuestro encuentro.

Coincidimos en que Pizarnick es una verdadera diva de la poesía, me recita uno de sus poemas que se lo sabe de memoria. El chico tiene su artillería pero ya conozco a estos poetillas malditos. Son malditos mientras no tienen trabajo, pero cuando el sistema les da un guiño caen a sus pies.

Ahora @librepensador pide otra ronda de mojitos, Rubén Blades crea un fondo musical excepcional, tomo la iniciativa y lo invito a bailar. Llegamos a la pista, nuestros cuerpos se encuentran con algo de dificultad, las partituras van llevándonos a los lugares exactos. Sonríe, rozó su entrepierna con mi rodilla, toma mis manos, aproximo mis senos a su pecho, nos apretamos más con cierta cadenciosidad. El punto es excitarlo, dejar que el aroma de mi cabello lo trastorne. Después de cuatro canciones, cuando suena algo de Carlos Vives siento su respiración en mi oreja, cada vez está más cerca. Nos miramos con cierta furia, dejo que me bese, sabe besar, su lengua es una exploradora audaz, la química es interesante, el beso traspasa la contradicción. Floto en su saliva y por un segundo quisiera decirle que soy una militante activa de Cuyabenos con la misión de desenmascarar la red de troles del gobierno.

Cerati decía que la poesía era la única verdad. Un tipo que para sobrevivir tiene como oficio mentir no puede ser un buen poeta.

Me brinda otro mojito, mientras @librepensador va al baño, yo derramo el licor en una maceta, no debo embriagarme, tengo que recuperar el control de mí misma. Bebe confiado, fumamos, hacemos volutas con el humo, reímos. Por un instante me siento algo cruel, intuyo que este trol es una criatura solitaria, tal vez demasiado confundida pero sin malos sentimientos.

Me invita a su apartamento, en su mirada hay más determinación, definitivamente sabe mirar. Aceptó la invitación. Afuera las estrellas se derraman como un carrusel ebrio sobre el cielo límpido

Su apartamento está ubicado en una zona residencial, es pequeño, tiene un cuadro de caballos pintado con acuarela en la sala, un afiche de Kurt Cobain, varios estantes de libros, una mesa redonda y un sofá mediano de cuerina. Enciende el equipo de música, coloca un CD de Caetano Veloso y regresa a su principal recurso: leer poemas de su autoría. Los escoge al azar desde su laptop, algunos me gustan, sé que en el fondo miente. Cerati decía que la poesía era la única verdad. Un tipo que para sobrevivir tiene como oficio mentir no puede ser un buen poeta.

Cruzamos un par de miradas flamígeras, la señal está dada, desabotona con algo de torpeza la blusa, nos mordemos con alevosía, viaja de mi cuello a los senos, los acaricia hasta erguirlos. Está claro que no ha hecho el amor en algunas semanas, succiona mis pezones con la avidez de un lactante, sé que el alcohol está de mi lado, yo he tomado la mitad de lo que él ha bebido. Me levanta con una fuerza ciclópea que me sorprende, mis piernas se aferran a sus glúteos mientras acaricio su pelo, a ratos me siento deslumbrada, algo confundida, nunca perdida.

Me dejo someter, la excitación aumenta, mi lengua recorre los pliegues de su falo que se convierte en un cincel. Coloco el preservativo, mi vagina lubrica con dificultad mientras siento su pinga latiendo con fuerza. Está demasiado acelerado, dejo que me desintegre, me posea y se sienta un guerrero.

Eyacula demasiado rápido antes de que yo pueda alcanzar el orgasmo, siento algo de tristeza, pero regreso a mi misión. Le digo que abramos la botella de ron que compramos camino al apartamento. Seguimos bebiendo esta vez solo ron con limón y algunos cubitos de hielo. No paramos de bromear.  La caña es de buena calidad, bebo a tragos cortos, mientras mi compañero de jarana se trastorna el alcohol. Entre eufórica y adormecida, entre Mata Hari y Rosa Luxemburgo sigo arengando al bardo. @librepensador quiere saber mi nombre real, le digo que mientras estemos juntos no habrá nombres, igual que en “El último tango en París”, que es mejor así.

@librepensador recita poemas, algo tambaleante busca libros al azar de su biblioteca para leérmelos, está demasiado emocionado, cada vez más ebrio y vulnerable. Por cada vaso de ron que yo tomo @librepensador bebe tres, y la botella está casi vacía. Habla de Cortázar, luego me recita un poema de Vallejo, simulo emoción. Empiezo la parte más complicada de mi trabajo, le digo que nunca seré una buena escritora porque no tengo disciplina, él trata de consolarme. Trabajo con su ego, le digo que me encanta su estilo y que ya es mi poeta favorito. Le pregunto si tiene trabajo, responde que desgraciadamente sí, lo miro con curiosidad.

Dice que se prostituye haciendo tuits para el gobierno al que califica de populista y corrupto. Yo voy encausando sus respuestas mientras enciendo la grabadora del celular...

Dice que se prostituye haciendo tuits para el gobierno al que califica de populista y corrupto. Yo voy encausando sus respuestas mientras enciendo la grabadora del celular, le pregunto sobre Cuyabenos, por qué tanta persecución a ese grupo. Él mueve la cabeza, responde con la voz débil, los están destruyendo de la forma más turbia, tienen intervenidas las líneas de sus dirigentes y contrataron saboteadores para que falsifiquen las firmas de respaldo a su campaña contra la explotación del Cuyabeno. Quieren impugnar la recolección de firmas aduciendo que la mayoría de firmas son nulas. Es guerra sucia, y mi trabajo es defender al gobierno, se ríe con tristeza, florecita yo…no te merezco.

Minutos después vomita, lo acaricio, trato de calmarlo, siento lástima. Me mira repleto de gratitud, está temblando, le quito la camiseta sucia y le coloco una camiseta blanca que dice  I Love Central Park. Este chico es un amor, ama los bosques boreales del llamado “imperio” pero detesta la selva amazónica.  Me agradece entre balbuceos hasta que se duerme en su cama donde follamos. Rebusco papeles en su escritorio, no hallo nada comprometedor, simplemente apuesto por llevarme el computador, que lo había dejado abierto para mostrarme uno de sus poemas. Estoy segura que aquí hallaré las órdenes que recibió para destruirnos. Mi corazón late aceleradamente, guardo en una mochila la computadora, cierro la puerta del apartamento, tomo el ascensor, llego a la planta baja, un guardia cachetón me abre la puerta de vidrio. Me pierdo en la calle, respiro aliviada, algunos cánticos de gorriones anuncian el amanecer.

Ya en casa, escudriño entre todos los archivos de @librepensador, coloco Mario Espín en el buscador de la computadora, no se han encontrado archivos con ese nombre responde la máquina. Luego intento con varios nombres, sin tener suerte. Reviso la cuenta de tuiter del secretario de comunicación, el hombre duro de la propaganda y del troleo. Aparece en una foto surfeando, pongo en el buscador la palabra surfista hasta que asoman los archivos.  Ahí están todas las órdenes de uno de los más contumaces enemigos de la Ecología. Entre los diferentes correos existen varios con el nombre Cuyabenos, en uno de ellos consta el modus operandi de los falsificadores, la cantidad de firmas que tienen que ser impugnadas y los argumentos que deben ser utilizados desde las redes sociales para deslegitimar la consulta popular.

Hay un reglón que  dice: “no puede quedar la menor duda de que Cuyabenos violentaron los reglamentos de la recolección de firmas para la consulta popular, ellos deben aparecer como los falsificadores”. Esa frase, junto a la declaración de Andrés Medina, funcionario gubernamental, conocido en tuiter como @librepensador, bastarán para enfrentar a los depredadores. Misión cumplida.

@librepensador

Floto con dificultad en un mar de petróleo, no diviso la costa, la humedad es asfixiante y la tarde agoniza. No sé cómo llegué hasta aquí, siento los brazos cada vez más pesados, las piernas se van acalambrando del cansancio. Escucho una voz, regreso a ver y es una chica que  también ha naufragado. Una bandada de pájaros azules rompen la uniformidad del cielo con sus trinos exaltados, extiendo mi mano, le digo a la chica que se aferre a mi brazo, extrañamente su rostro no está manchado por el petróleo, tiene un piercing en la nariz, es lo último que alcanzo a ver porque empiezo a hundirme mientras escucho el trinar de los pájaros cada vez más más enfurecidos con el aire.

Hay un martilleo largo que retumba en mis sienes, quisiera escuchar la voz de @florecitarockera pero solo escucho ulular de sirenas, no sé qué tan consciente estoy, oigo gritos, patadas en las puertas, estantes que caen. Dos tipos con pasamontañas me levantan mientras repiten: traidor hijueputa te vas a arrepentir. Me arrancan la ropa, soy arrastrado hasta la ducha, abren la llave de agua fría, el shock es fuerte.

Una hora después estoy vestido con un overol de tela jean, frente a mí, un tipo de ojos achinados, no deja de escrutarme: ¿desde cuándo trabajas para Cuyabenos? ¿Quiénes te pagaron? Alguna vez pensé que las redes sociales podían ser un agujero negro que absorbía el tiempo de las personas, la gente teclea su vida o la fotografía, se hace un selfie compulsivamente creyendo haber encontrado un antídoto para trascender. Si tuviera mi iPhone en mis manos me haría un selfie  junto a los barrotes…definitivamente estoy desvariando.

Luego recuerdo vagamente que me puse triste y empecé a contarle mi drama existencial, la paranoia del poeta atrapado en una oficina sirviendo a una idea fija, demoliendo enemigos que no conocía...

No sé cuántas noches llevo preso, no tiemblo por el frío de la celda, ni por la falta de cafeína ni de tabaco. No me afecta la mala comida ni estar incomunicado. Lo que me mata es la ausencia del celular en mis manos, no poder deslizar mi índice de derecha a izquierda o de abajo hacia arriba sobre la superficie totalmente lisa de mi iPhone.

La emoción de sentirme amado en las redes sociales se ha ido, @casiopea fue un buen intento, tengo tantos tuits en la mente, 140 caracteres…tiemblo al saber que se irán esfumando como la niebla de las calles mientras el sol despierta. No extraño a mis padres, deben estar desesperados buscándome, quiero saber dónde estará @florecitarockera. Dejé que su sexo me convierta en su experimento. Golpeo la pared con furia, la misma furia del jaguar que es exhibido en una pequeña jaula del zoológico municipal.

No hay duda, ella me delató, robó la información cuando quedé dormido después de hacer el amor hasta el cansancio mientras no paraba de beber. Luego recuerdo vagamente que me puse triste y empecé a contarle mi drama existencial, la paranoia del poeta atrapado en una oficina sirviendo a una idea fija, demoliendo enemigos que no conocía e intentando suplir mi falta de poesía con nuevos seguidores que sentían atracción por mi capacidad para ridiculizar a los opositores al gobierno. Claro, también le hablé de Cuyabenos y el sabotaje mediático para la recolección de firmas que realizábamos. La política es sucia, la poesía es la única verdad. El sexo de @florecitarockera me liberaría de esta tembladera pero extraño más a mi celular, eso me hace sentir más miserable todavía.

El Presidente de la República dijo que la fundación Cuyabenos realiza espionaje y quiere desestabilizar al gobierno. Comentó que la denuncia de Cuyabenos, respecto a la recolección de firmas, fue sobre la base de documentos  falsos y que el funcionario de la Secretaría de Comunicación es un infiltrado de alguna ONG. (La Razón, 15 de junio de 2014, página 1)

 

RÉPLICA

Este portal ha recibido el siguiente mensaje, de una persona que se identifica como @librepensador en Twitter, quien pide se haga la aclaración que transcibimos a continuación. En todo caso, al tratarse de un cuento, como claramente se indica, no de un reportaje, ni artículo de opinión, ni noticia, el texto de Álex Ron es una ficción literaria, por lo que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 

Desde enero del 2008, mantengo la cuenta @librepensador, que es abierta al público y no es para nada, ni tiene relación con la cuenta del supuesto "troll" que se menciona en el artículo. Mis opiniones son abiertas e incluso hay un enlace a un blog que mantengo desde algunos años. Ayer en un –retweet– conocí del reportaje, pues alguien me mencionó acusándome de troll.

Con el derecho que me asiste, ruego a ustedes aclarar este mal entendido, a fin de que mi cuenta y mis opiniones no se vean afectadas por un hecho que no se ajusta a la realidad. Agradezco desde ya su rectificación.

Un cordial saludo,

Roberto

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