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24 de Noviembre del 2014
Historias
Lectura: 8 minutos
24 de Noviembre del 2014
Redacción Plan V
Una tarde de toros sin ají
En un paraje ventoso de Machachi, una pequeña plaza portátil, de propiedad del matador guayaquileño Guillermo Albán, se ha convertido en el fortín de los taurinos quiteños, que han llegado al cantón vecino de la capital para rendir tributo a su afición. Policías y fiscales vigilan que no se cometan delitos ni se violen derechos...

Sopla el viento sobre Machachi, en donde se ha levantado la plaza portátil de propiedad del matador guayaquileño Guillermo Albán. Es un tipo de estructura común en España: son pequeños anfiteatros desarmables que se instalan para los festejos taurinos. Están hechos de madera, con un esqueleto de metal. Cuentan con graderíos y las puertas de cuadrillas y toriles. En lo alto, sujetadas de improvisadas astas, lucen las banderas de España, México, Ecuador y la ganadería de donde provendrán los seis toros de la tarde. 

Los taurinos de Quito, nuevamente, han peregrinado hacia los linderos de la ciudad capital para rendirle tributo a su afición. La tarde de toros cuenta con un cartel de interés: el propio Guillermo Albán, quien tendrá el mejor lote del ganado de la tarde, el veterano torero mexicano Rodolfo Rodríguez "El Pana" y el matador español Eugenio de Mora.

Poco a poco la gente va llegando al terreno que ocupa el Centro Agrícola del vecino cantón Mejía. Los autos se estacionan ante la plaza portátil. Los guardias privados de la organización del evento se alternan con un nutrido grupo de policías y representantes de la Fiscalía, con chalecos azules, que no se sabe qué delito contra la mujer, la niñez y/o la adolescencia puedan estar investigando. En la puerta principal, en todo caso, un cartel anuncia que se prohíbe el ingreso de menores de 16 años al evento. 

La vindicta pública no solo está presente con sus agentes: está, sentado discretamente en los tendidos, como un aficionado más, el fiscal general del Estado, Galo Chiriboga.

La vindicta pública no solo está presente con sus agentes: está, sentado discretamente en los tendidos, como un aficionado más, el fiscal general del Estado, Galo Chiriboga. El alto representante del Ministerio Público se ha sentado, en el tendido VIP, junto al coronel de la Policía que encabeza el operativo de seguridad en la plaza portátil. El Fiscal General y ex embajador en España, quien ha admitido que es aficionado desde hace tiempo, está acompañado de su seguridad personal. La corrida, anunciada para las 12:00, empieza un poco tarde porque la gente apenas ha llenado media plaza al mediodía. El Fiscal General, entonces, se acomoda en las tablas de los tendidos, y espera pacientemente mientras conversa con el alto jefe policial que le hace compañía. 

También han llegado hasta Machachi los periodistas taurinos: están Carmen Toledo y Gonzalo Ruiz Álvarez. 

Nadie sabe por qué, pero está prohibida la cerveza y el vino en el interior. Apenas un par de aficionados han llevado sus botas taurinas. Los vendedores en los tendidos tienen solo sánduches y colas que venden a precios dignos de la contrabarrera de la Monumental Plaza capitalina. 

-¿No tiene cerveza? le preguntan al señor de los sánduches. 

-No, no tengo, dice.

-¿Por qué?, replica el taurino

-Pregúntele al Correa, dice el vendedor y se aleja molesto. 

El festejo taurino descafeinado en los tendidos se remata cuando el señor de los sánduches tampoco tiene ají. Solo vende aguas, colas y sánduches. Ya no hubo empanadas, ni siquiera ají.

Sin embargo, para que ambiente taurino -"pelucón" dirían los "revolucionarios"- no falte, unas mujeres visiblemente adineradas lucen carteras y bolsos de Louis Vuitton y hasta han forrado sus celulares con artículos de esa marca.

Es poco más de las 12:30 cuando, finalmente, la autoridad comparece en el palco de la Presidencia y da inicio al festejo. Salen en el paseíllo los toreros. "El Pana" fuma un puro al estilo de Fidel Castro, usa una faja tricolor con los colores nacionales de México y un vistoso sarape sobre el traje de luces. A los costados desfilan Albán y Mora, con trajes de luces que coinciden en tonos de verde. 

La fuerte personalidad del torero mexicano, la coleta que luce a pesar de su avanzada edad, parecen conquistar al público y a la autoridad, que sin perjuicio de lo limitado de sus facultades, concede oreja y vuelta al ruedo a pesar de que el diestro casi no puede usar con propiedad el estoque. Y el toro que no logra matar "El Pana" sufre, lo que hace pensar en los consabidos argumentos de los antitaurinos que, satisfechos con haber liquidado la feria de la Plaza capitalina, ya no han llegado hasta Machachi para hacer un plantón.

Guillermo Albán se gana los aplausos de los asistentes, corta dos orejas y el rabo -simbólicos- de uno de sus dos toros, que indulta. Y el español Eugenio de Mora, que parecía estarse quedando atrás en los trofeos de la tarde nublada y ventosa de Machachi, clava una estocada perfecta en uno de sus dos bureles. 

En los tendidos, entre tanto, alguien se anima a gritar "libertad" y "Viva Quito". Hasta ahí llegan las protestas. El máximo representante de la vindicta pública está presente, pero hace como que no escucha. Total, no se ha cometido ningún delito ni ha gritado el entusiasta en los tendidos nada punible ni pesquisable de oficio. 

Los jóvenes toreros nacionales, que han perdido la vitrina que tenían en la Feria de Quito, parecen mirar con cierta nostalgia. Nadie sabe si no serán una generación perdida por la coyuntura política.

En el callejón, entre tanto, un grupo de jóvenes toreros nacionales, liderados por Martín Campuzano, miran con atención lo que ocurre en el ruedo. Campuzano y sus jóvenes colegas visten, como es costumbre de los toreros cuando no están toreando, pero sí viendo desde el callejón, con sobria elegancia. Aunque la faena de "El Pana" es, por decir lo menos, floja, aplauden sin duda por respeto a sus canas. Los jóvenes toreros nacionales, que han perdido la vitrina que tenían en la Feria de Quito, parecen mirar con cierta nostalgia. Nadie sabe si no serán una generación perdida por la coyuntura política. 

La tarde concluye sin lluvia, y los matadores salen en hombros por la puerta grande de la plaza portátil. Los aficionados se lanzan sobre ellos para tomarse fotos. El español es de los más solicitados. En un galpón vecino se ha organizado una cava, con bebidas alcohólicas y bocadillos. En el interior hay fiesta: una grupo de flamenco español zapatea. Los mujeres con carteras de Louis Vuitton se acomodan en las mesas para observar el espectáculo. Algún ex periodista, devenido en funcionario de la "restauración conservadora", saluda con el matador anfitrión cuando este vuelve de hacer las cuentas en la taquilla. 

Afuera, mientras los invitados VIP festejan, la gente del toro espera pacientemente para cobrar, en efectivo, por su participación en el evento. Los subalternos se han cambiado ya sus trajes y hacen cola para cobrar. Las pocas corridas que hay en el Ecuador actualmente son oportunidades para vivir de su oficio. Mientras sigue soplando el viento helado que baja de las montañas de Machachi, los peones de la tarde van cobrando, uno a uno, sus haberes. 

Al festejo en la cava no se ha quedado el Fiscal General, y terminado el evento se han retirado policías y miembros del Ministerio Público. Al parecer, esa tarde, no se ha cometido ningún delito ni violado ningún derecho. 

 

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