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6 de Marzo del 2016
Historias
Lectura: 11 minutos
6 de Marzo del 2016
Pacho Escobar / minuto30.com
Las vacas suicidas de Cuba

Foto: Prensa Latina

En los años sesenta Estados Unidos genéticamente produjo una vaca que producía 80 litros de leche. Fidel para no quedarse atrás mandó modificar un espécimen al que denominó Ubre Blanca.

A los cubanos sacrificar una res de su propia finca les da más cárcel que atracar un banco. Esta es la historia de todo cuanto hacen para comer carne. El hambre.

Luna está esperando el golpe certero del tren. Ese que la dejará sin vida, tirándola a un lado de la línea férrea que pasa por la Provincia de Pinar del Río. Sus dueños le pusieron Luna porque tenía una mancha en la barriga parecida al satélite que ilumina todas las noches a Cuba. Es hora de morir. Cuando el primer vagón entra en la curva, el conductor ya no tiene chance de frenar. ¡PLA! Suena el golpe seco. No pasa un minuto y de entre los ramales salen los dueños de la vaca y comienzan a echar en costales solo la parte trasera del animal; corren, el resto lo dejan tirado. Luna se ha suicidado.

Este pedazo de historia se la acaban de contar a un reportero que cubre el proceso de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Farc. El periodista incrédulo comienza en silencio y voz baja a recoger datos sobre: “Ese bendito cuento que no lo deja dormir”. Entonces empieza a mandar la información, sabe que si escribe sobre esto lo expulsan de la isla y también del medio donde trabaja porque solo está autorizado a reproducir lo que digan los comandantes de la guerrilla o los voceros del Estado colombiano. Adentrarse en las calamidades de Cuba está pro-hi-bi-do.

Ahora las vacas “ya no se le tiraban al tren” sino que comenzaron a morir sospechosamente a las cinco en punto de la tarde después de que las fulminara un rayo. La trampa, el truco, la malicia.

También es un delito, clasificado entre los mas graves, sacrificar una vaca por hambre. En Cuba hay poco más de cuatro millones de estos animales, todos del gobierno y puestos al cuidado de entidades estatales, algunas cooperativas y de unos 200 mil campesinos que tienen que reportar mes a mes cómo están los semovientes. Si son para producir leche deben informar la cantidad de litros que generan y si son para alimentación entregarlas al ente encargado del sacrificio y del manejo de la carne. Carne que si fuera por el Estado cubano, jamás comerían.

La gente de Candelaria, Matanzas, Cárdenas, Cienfuegos, Morón, Nuevitas, Marti, Manzanillo y Boquerón, cientos de personas con hambre como aquellos campesinos de Pinar del Río, comenzaron a ser vigilados de manera estricta ante tanto “suicidio de vacas”. En la curva donde el tren mató a Luna pusieron a un par de militares durante un buen tiempo para que no volviera a suceder lo mismo. Ahora las vacas “ya no se le tiraban al tren” sino que comenzaron a morir sospechosamente a las cinco en punto de la tarde después de que las fulminara un rayo. La trampa, el truco, la malicia. Los animales eran electrocutados por los campesinos. Con el dolor del alma, debían avisar a los inspectores quienes tenían –o tienen la norma- de confirmar la muerte del animal, hacer el proceso burocrático de llenar el formulario y dar la orden de quemar los restos.

Sí, de quemar a la vaca que haya muerto, los campesinos no pueden quedarse ni con un solo hueso. Pero como ya van siendo las seis de la tarde, a los inspectores los aguardan en casa, el trayecto es largo y va a oscurecer, al ver que la vaca ya está prendida en llamas los funcionarios públicos se van. De modo que la gente sale rampante a traer agua, como si se le estuviera quemando una hija, apagan a la vaca, la tasajean, reparten la carne y esconden los trozos tres metros bajo tierra alrededor de sus humildes casas.

“Mira, chico, en Cuba da más cárcel matar una vaca que matar a una persona. Salte del hotel donde está hospedado y vete a comer a una casa cubana de verdad, si te brindan carne de res te doy el permiso a que me denuncies por traición a la Revolución”, le dice una de las fuentes al periodista colombiano. El mito ha llegado al punto de intimidar al más hambriento. Mucha gente en Cuba piensa que matar una vaca da 60 años de cárcel, pero lo cierto es que la pena va hasta los ocho años de encierro. Además, lo que todos sí saben es como son de terribles las condiciones en las prisiones de ese país. Si hasta alias Rasguño, el temido capo de la mafia colombiana, hace un par de años cuando estuvo detenido en Cuba lloraba implorando que mejor se lo llevaran a una celda de los Estados Unidos.

Sacrificar a una vaca sin permiso del Estado comenzó a dar cárcel en 1979. En la década de los ochenta metían más gente a prisión por muerte de semovientes que por otro tipo de delitos. Por aquellos años Cuba tenía más de 10 millones de cabezas de ganado, en su mayoría de raza Holstein, enviadas por la antigua Unión Soviética. Ellos también mandaban el concentrado para alimentarlas. Pero el patrocinio de los soviéticos finalizó, el hambre se comenzó a notar en las clavículas y el Estado no pudo mantener la alimentación y el cuidado adecuado de las Holstein. De suerte que apenas si quedó vivo el ganado criollo.

En octubre del año pasado (2015), justo cuando el Papa Francisco estaba por aterrizar en Cuba para bendecir al país y saludar a Fidel, visita que ayudaría a amnistiar a más de 3500 presos, los hermanos Castro emitieron una resolución donde se especificaba en pleno quienes no podían entrar en la lista para acceder a la libertad; entre ellos, los acusados de homicidio y los acusados del sacrificio ilegal de ganado mayor.

Antes de la Revolución Cuba sobrepasaba las 10 millones de cabezas de ganado. Casi una por habitante. Pero el mal manejo, según los cubanos, del sector agropecuario ha convertido a este animal en un tesoro.

Antes de la Revolución Cuba sobrepasaba las 10 millones de cabezas de ganado. Casi una por habitante. Pero el mal manejo, según los cubanos, del sector agropecuario ha convertido a este animal en un tesoro.
La pregunta del reportero entonces fue: ¿A dónde va a parar la carne de res que sacrifican en los mataderos legalmente?. La respuesta también fue tajante: “A los estómagos de ustedes, los turistas”. Según las fuentes cubanas, la carne de vaca tiene tres destinos principales: las mesas de los militares de altísimo rango, los restaurantes de los hoteles de extranjeros y una mínima parte a los supermercados autorizados. Sin embargo, la carne que llega a los frigoríficos de estos almacenes no está al alcance del cubano obrero. Esto teniendo en cuenta que los salarios en la isla por persona son de 471 pesos mensuales, poco menos de 20 dólares. Mientras que un kilo de carne, según la temporada, en los supermercados cuesta entre 20 y 25 Cucs; es decir, entre 20 y 25 dólares.

Pero la gente se ha dado sus mañas. El ingenio de los cubanos ha encontrado las más asombrosas formas de obtener aunque sea un pedazo de ubre de res. Dos familias durante un año burlaron a los inspectores del PLAN. Un día se reunieron y llegaron al acuerdo de matar a Sombra. Una vaca más negra que las barbas del Che en los sesentas. Era la más grande. Enterraron la carne con sal en varios huecos y el alimento les duró poco más de cuatro meses. Sabían que los funcionarios llegaban cada mes a hacer el conteo a la primera finca a la entrada de Ciego de Águila. De modo que un día antes los de la segunda finca prestaban una de sus vacas, la manchada, la cual era pintada de negro y pasaba como si fuera Sombra. Al día siguiente los vecinos mandaban lavada a la vaca y los inspectores contaban dos veces al mismo animal en dos fincas diferentes.

También se ha creado todo un mercado negro alrededor de la carne de res para ser vendida en los paladares de La Habana. Los paladares son los restaurantes caseros que el gobierno ha dejado montar en ciertos lugares para que los turistas puedan comer por fuera de los hoteles. Pero como la carne roja es tan cara deben comprarla en el mercado negro. En la capital de Cuba muy poco se habla de esto, pero todo indica que el alimento sale de las propias entidades encargadas del sacrificio de los animales. Esta carne se vende en las madrugadas a dos Cucs la libra, pero quienes la compran para negocio no saben de dónde sale y tampoco les interesa preguntar. Incluso, hasta esa carne entra por las puertas traseras de los propios supermercados a quienes también les interesa comprar tan barato y hacerse a unos billetes más.

Es posible que mucha de esa carne haya salido de la famosa “catapulta habanera” hasta antes que fuera descubierta. Unos funcionarios de una entidad de sacrificio se habían inventado un aparato rudimentario que ponían a funcionar hacia las cuatro de la tarde en el techo de la bodega. Hasta allá subían las caderas de las vacas y las lanzaban varios metros afuera de las mallas que rodeaban el lugar. Al salir del trabajo recogían el producto y se lo entregaban a un reducidor a cambio de unos cuantos Cucs o a cambio de ropa vieja traída de los Estados Unidos.

Es posible que otras vacas como Luna ya no se dejen amarrar de los rieles para suicidarse. Lo más probable es que ellas mismas se vayan caminando delante de los ojos de los funcionarios que las vigilan hacia el tren que las harán volar por los aires mientras ellas miran a sus verdaderos dueños correr por sus partes quienes les darán un buen provecho. Un buen descanso.

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