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22 de Abril del 2019
Historias
Lectura: 15 minutos
22 de Abril del 2019
Texto: Susana Morán. Fotografías: Luis Argüello
Venezolanos llegan a Sucumbíos tras ser estafados
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Esta familia caminó desde La Hormiga, pueblo colombiano fronterizo, hasta el puente binacional San Miguel. Su destino era Rumichaca, pero fueron estafados y los acercaron hasta Lago Agrio.

 

Esta familia caminó desde La Hormiga, pueblo colombiano fronterizo, hasta el puente binacional San Miguel. Su destino era Rumichaca, pero fueron estafados y los acercaron hasta Lago Agrio.

 

Esta familia caminó desde La Hormiga, pueblo colombiano fronterizo, hasta el puente binacional San Miguel. Su destino era Rumichaca, pero fueron estafados y los acercaron hasta Lago Agrio.

 

Los migrantes venezolanos compran boletos para llegar a Rumichaca, pero en realidad los dejan en La Hormiga, un pueblo colombiano fronterizo con Ecuador. A inicios de abril, cientos de venezolanos colapsaron los servicios en el puesto migratorio de San Miguel. Las ONG han logrado responder a las urgencias. ¿Y el Estado? Un reportaje.

Aura Silva llegó al puente San Miguel, frontera entre Ecuador y Colombia, con los ojos desorbitados. Sin saber en qué parte del país se encontraba solo atinaba a decir que había sido estafada. Con ella viajaban sus dos hijos adolescentes, un sobrino y su madre y su hijo. La mujer entraba al Ecuador en incertidumbre. El grupo atravesó el puente a toda prisa, cargados de maletas y los rostros desencajados por el esfuerzo físico que hacían. Uno de los jóvenes traía una camiseta amarilla con la palabra “Venezuela” y una mochila tricolor. Solo querían llegar a las oficinas migratorias y completar lo más pronto posible su camino hasta Machala. La familia no había comido desde hace más de 20 horas y ya no tenían dinero.

Todo se lo habían gastado en la compra de los pasajes por 292.000 pesos desde Cúcuta (Colombia) hasta Rumichaca (Carchi, Ecuador). Niños y adultos pagan la misma tarifa que les ofrecen agencias de turismo o compañías de transporte colombiano para llegar a Ecuador. Los migrantes venezolanos usan estos servicios por considerarlos más económicos. A Aura, en Cúcuta, se le acercó un joven con la oferta y le mostró los buses. Pero desconocía que a medio camino sería abandonada. Pero le pasó. Cuando llegó a Bogotá le dijeron que el viaje había terminado. Con boleto en mano de la agencia de turismo Mundo Orión de Colombia reclamó y exigió que la llevaran hasta la frontera con Ecuador.


Recibo de la empresa Mundo Orión con el valor del pasaje hasta Rumichaca.
Pero ese trayecto nunca se cumplió. 

“Llamamos al señor, menos mal que traíamos el número. Peleé con ese señor porque tenía que ayudarnos. Cónchale no teníamos qué comer, no teníamos más dinero. Por allá un señor nos ayudó a localizarlo porque lo conocían y por fin depositaron el pasaje para venirnos para acá. Nos dijeron que para allá (Rumichaca) nos salía muy caro y que para acá (Lago Agrio) nos salía más económico. Nosotros le dijimos con tal que nos pongan en la frontera con Ecuador no importa. Nosotros veremos cómo irnos después para allá”.


Los hijos de Aura Silva observan el río San Miguel, límite natural entre Ecuador y Colombia. 

La familia venezolana permaneció una noche y dos días en la terminal de buses de Bogotá. Lo mismo le sucedió a una mujer y dos niños más que venían en el mismo bus de Aura. Ellos se quedaron en Bogotá y no sabe si llegaron a su destino. Para no ser sacada de la terminal terrestre de la capital colombiana, la familia tuvo que caminar toda la noche, no se le permitió sentarse para descansar ni cobijarse para el frío. “Cuando ellos (sus hijos) se me recostaban aquí porque les vencía el sueño, nos decían: ‘no, no, ¡párense!, ¡caminen, caminen!’. Era la única forma de estar en la terminal protegiéndonos del frío porque a dónde más nos íbamos a ir”.

Los choferes de las camionetas pedían además 5 dólares por un trayecto de apenas 5 minutos. En frontera todo es negocio y más cuando se tratan de migrantes.

El relato lo hizo Aura bajo una de las carpas que se encuentran en el Centro Binacional de Atención en Frontera (CEBAF) de San Miguel, ubicado a tres kilómetros del puente o media hora de caminata. La familia tuvo la suerte de que un defensor de derechos humanos les pagara una camioneta para que los llevara hasta el CEBAF. Pero ningún chofer los quería trasladar porque eran demasiadas personas. Con ellos venía también una joven con un bebé en brazos. La mujer había conocido a la familia de Aura apenas unos kilómetros antes, en La Hormiga, un pueblo colombiano fronterizo con Ecuador. Temía pasar sola y por eso se unió al grupo. Los choferes de las camionetas pedían además 5 dólares por un trayecto de apenas 5 minutos. En frontera todo es negocio y más cuando se tratan de migrantes. Ningún taxi puede tomar un pasajero en el puente porque es territorio de la única cooperativa de camionetas que existe allí. Aunque al frente de esa parada, un señor ofertaba motos como otra alternativa de transporte. Sin dinero, muchos venezolanos caminan hasta el CEBAF bajo temperaturas que pueden llegar hasta los 35 grados.


Las camionetas que están en el puente de San Miguel piden hasta 5 dólares por un trayecto de apenas 5 minutos hasta el puesto migratorio.  La familia de Aura Silva recibió una donación para ser trasladada. 


La llegada al Centro Binacional de Atención en Frontera. Uno de los jóvenes llevaba los colores de la bandera venezolana en su camiseta y en su mochila. 

Folleto con información para un trayecto seguro y con el paso a paso para la regularización en Ecuador.

Desde abril de 2018, el puente San Miguel se convirtió en otro paso frecuente para los migrantes venezolanos. Pero no a gran escala como lo es por Rumichaca, según Jorge Acero, abogado defensor de DDHH y exdelegado de la Defensoría del Pueblo en Sucumbíos. Una de las razones de esta llegada, dice el experto, se debe a engaños de las empresas colombianas que aseguran a los venezolanos llevarlos a Rumichaca, pero terminan en este otro punto de la frontera. También porque en algún momento de 2018 se corrió el rumor que Rumichaca estaba colapsado y por eso la gente se desvía en el camino. Rosana Torres, asistente humanitaria de la fundación Tarabita, confirma que la mayor queja de los recién llegados tiene que ver con estafas en el transporte.  

Luis Fernando Calderón, coordinador zonal de la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA) en Sucumbíos, refiere otros casos. Dice conocer testimonios de personas a quienes se les intentó reclutar para grupos armados. Putumayo, departamento colombiano fronterizo con Sucumbíos, ha sido territorio sobre todo del Frente 48 de las FARC y ahora de sus disidencias. Al circular por esa zona, personas en camiones ofrecen dar un aventón a los caminantes. Pero luego el vehículo toma un rumbo incierto y hay quienes se han botado del transporte ante el miedo de ser reclutados.


Luis Fernando Calderón, de ADRA, facilita información a los migrantes venezolanos. ADRA da kits alimenticios.

Es una zona donde no se descarta la operación de redes de trata y tráfico de migrantes. “Hemos visto que llegan personas que no hacen su trámite migratorio, se bajan con el acompañamiento de personas que ejercen poder sobre ellos, solicitan los kits de alimentos que brindamos acá y se suben inmediatamente al bus. Son actividades que nosotros observamos extrañas”, agrega Calderón. Un reporte de febrero pasado del Grupo de Trabajo sobre Personas Refugiadas y Migrantes, alertó “un aumento de la presencia de coyotes o traficantes, proponiendo facilitar el viaje a Ecuador a refugiados y migrantes, ha sido observados en el área fronteriza del lado colombiano, así como reportes de personas pasando la frontera por trochas. La escasez de información sobre los nuevos requerimientos para acceder a Ecuador ha generado confusión para los refugiados y migrantes venezolanos y ha facilitado el trabajo de las redes de trata y Tráfico”.  Las mujeres y hombres jóvenes que viajan solas y adolescentes no acompañados son los principales grupos en riesgo. En la Fiscalía de Sucumbíos existen dos investigaciones por presunto tráfico de migrantes, una está en instrucción fiscal y otra en investigación previa.

a inicios de este mes en un solo día se llegÓ a registrar aproximadamente 1.200 venezolanos que esperaban hacer sus trámites para pasar al Ecuador. Eso cuando la media es de 80 a 150 personas por día.

Esta zona ha tenido al menos cuatro momentos en los que el número de venezolanos ha aumentado significativamente. El último fue a inicios de este mes cuando en un solo día se llegó a registrar aproximadamente 1.200 venezolanos que esperaban hacer sus trámites para pasar al Ecuador, según Acero. Eso cuando la media es de 80 a 150 personas por día. Una de las razones de ese súbito incremento fue el paro indígena de finales de marzo pasado en el departamento del Cauca, que obligó a los viajeros a tomar la ruta hacia Sucumbíos. Los servicios migratorios en el CEBAF colapsaron, pues hay poco personal en Migración, asegura el abogado. El pasado jueves, 18 de abril, Plan V constató que había una persona en la ventanilla de Colombia y dos en las de Ecuador. Esta frontera además se cierra desde las 18:00 y abre a las 06:00. Durante 12 horas se prohíbe el paso vehicular. En esas semanas de crisis, los venezolanos que no alcanzaron a hacer sus trámites durmieron allí en carpas porque el CEBAF está en medio de la nada. Niños, mujeres embarazadas y personas de las tercera edad estuvieron entre los atendidos. Pero otros, ante la incertidumbre de estar dos o tres días esperando el trámite, prefirieron seguir su camino de manera irregular.


El abogado Jorge Acero ha sido por seis años coordinador de la Oficina de DDHH de Sucumbios.

En una de esas carpas, Aura y su familia descansaron a su llegada el pasado jueves. Se sentaron por un rato en la sombra hasta tomar una decisión sobre qué hacer. En Barquisimeto, ella y su madre tenían un taller de costura. Hacían ropa deportiva, pero la empresa cerró y se fue para Colombia. “Tenemos unas máquinas de coser pero se quedaron encerradas. Estuvimos a punto de venderlas, pero con la esperanza de que algún día podamos volver no lo hicimos”. Emprendieron el viaje con maletas que unos familiares les prestaron. En el camino solo comieron pan y gaseosa, pero cuando se les terminó el dinero solo compraban pan y tomaban agua de la llave. En el comedor del puesto migratorio les fue donado un almuerzo a cada uno. Ese día hubo sopa de pollo y arroz con menestra. “Ya no recuerdo cuándo fue la última vez que comí pollo”, dijo Aura.

Las ONG, las más activas por el paso de San Miguel

Consejo Noruego para refugiados
Miembros del Consejo Noruego para Refugiados orientan también a los recién llegados. 

En el CEBAF de San Miguel los mejoras han ido de a poco. Para el abogado Jorge Acero en los últimos meses se ha solucionado problemas como la falta de agua, luz e internet gracias a la colaboración de ONG y agencias internacionales. Al ingreso de este punto de control, la Cruz Roja Ecuatoriana ofrece tomacorrientes para cargar la batería de los celulares, también Wifi gratuito por una hora y llamadas gratuitas por dos minutos al país que necesiten hacerlo. En esa zona no hay señal para teléfonos móviles ni ecuatorianos ni colombianos. Hay baños y duchas tanto para hombres como para mujeres.

Acero afirma que hace un año las únicas instituciones presentes eran Migración, Aduanas y la Agencia de Tránsito porque por allí ingresaban pocas personas. Personal del Ministerio de Salud también ya se encuentra en este control migratorio, pero a las 17:00 se va.

Por otro lado es notoria la presencia de ONG que han logrado responder ante las urgencias. ADRA, en Sucumbíos, brinda alojamiento temporal hasta por tres días en cuatro carpas de plástico y en dos contenedores más reforzados. Gracias a un convenio con el Programa Mundial de Alimentos entregan kits para niños y adolescentes, madres lactantes y mujeres embarazadas. Estos kits incluyen tres manzanas, tres galletas, un atún, agua y avena. La Fundación Tarabita, en cambio, lleva a los grupos vulnerables a su albergue en Lago Agrio cuya capacidad es de 45 personas. Otro ejemplo: en el ingreso masivo de inicios de abril, la Iglesia Católica y la Fundación Tarabita ayudaron con la alimentación de cientos de migrantes. Pero eso es algo que queda a la buena voluntad de organizaciones civiles.


A inicios de abril, cientos de venezolanos llegaron al control de San Miguel. Ese incremento colapsó los servicios migratorios. Foto: Cortesía


La Fundación Tarabita entregó comida a los migrantes a inicios de abril durante la llegada masiva de venezolanos. Foto: Cortesía

El miércoles 10 de abril se reunió la Mesa de Movilidad, que incluye a las instituciones del Estado, ONG y a la Defensoría del Pueblo. Acero como exdelegado de esa última entidad recuerda que se discutió la necesidad de ampliar la declaratoria de emergencia humanitaria de Carchi, Pichincha y El Oro a Sucumbíos. “Eso permitiría que las instituciones pudieran destinar recursos económicos para atender mejor a las necesidades que pueda haber sobre todo en momentos de alta afluencia”.

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