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20 de Febrero del 2024
Historias
Lectura: 18 minutos
20 de Febrero del 2024
Ugo Stornaiolo
Vladimir Putin, el zar soviético: ser como Pedro el Grande o Stalin
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Vladimir Putin fue escalando en el poder ruso hasta convertirse en una figura indispensable.  Foto: https://theobjective.com

Envenenamientos, tiros en la nuca, caídas desde ventanas. Algunos de los opositores a Putin han muerto en extrañas circunstancias. Son políticos y periodistas opuestos al régimen que se suman al líder opositor Alexander Navalni, muerto sin que se sepa las causas de su deceso en una cárcel de alta seguridad en el Círculo Polar Ártico.

La vida de Vladimir Putin, el joven espía de la KGB y la Stasi (la inteligencia de la República Democrática Alemana) cambió el 9 de noviembre de 1989. Casi tres décadas después de su construcción, el Muro de Berlín, un símbolo de la Guerra Fría llegaba a su fin. Esa misma mañana, el gobierno de la RDA (República Democrática de Alemania) hizo un anuncio que sorprendió a miles de personas.

Ante el asombro de los corresponsales extranjeros, un grupo de altos jerarcas autorizaba que cualquier ciudadano pueda realizar viajes al exterior. Por la noche, ante la pasividad de la otrora temida policía del régimen comunista, muchos alemanes del este empezaron a romper un muro que había sido levantado en la madrugada del 12 al 13 de agosto de 1961. No había nada que hacer: la Alemania comunista cayó sin disparar un solo tiro.

Dresde era una apacible ciudad de la Alemania Oriental, pero ese día todo cambió. Un irreconocible Vladimir Putin, quien había subido 12 kilos de peso por tomar mucha cerveza, estaba por cumplir su quinto año de servicio en esa localidad. El plan de retorno era inmediato. Su esposa y sus dos hijas (una de ellas nacida allí), además de una lavadora que les regaló un vecino, fueron las prioridades del agente B217590, alias Platov.

Mientras estuvo en la RDA, Putin tuvo mucha libertad para moverse entre los servicios secretos alemanes. No había mucho que informar a sus superiores en Moscú. En lo que es hoy la Wiener Platz estaba una gran estatua de Lenin (120 toneladas de granito) que vigilaba que el país no se apartase de la línea moscovita.

“Platov” era un joven agente del KGB, nacido en Leningrado (hoy San Petersburgo), cuna del zar Pedro el Grande, a quien Putin admiraba en secreto, por las implicaciones que hubiese tenido que un funcionario del espionaje sintiera simpatías por el tan denostado zarismo. Con gran dominio del alemán, Putin estaba feliz en su primer destino en el extranjero. La caída del muro de Berlín puso fin a su aventura.

El hallazgo de la tarjeta de identidad de la Stasi a nombre de aquel agente bajito y callado,  escrito en alemán era Wladimir Putin con la foto del actual presidente de Rusia en su época treintañera (más cabello). En ese viaje descubrió que le gustaban los Beatles y cuestionaba los problemas de la URSS. Ese carné habilitaba al joven espía a moverse a sus anchas en todo el país. Pasaron 33 años. Durante su estancia en Dresde fue ascendido al rango de teniente coronel. Gran parte de su trabajo era monótono: mantener contacto con residentes ilegales y canalizar su comunicación entre la oficina y la calle.

Putin siempre habla con cariño del tiempo que pasó en Alemania. Hablaba en alemán con la excanciller Angela Merkel, pese a que ésta hablaba bien ruso. Nunca se supo qué hacía en Dresde. Probablemente anticiparse a la llegada de algún cuadro a la máxima jerarquía de la RDA. Un país en el que ser espía no era como lo de las películas de James Bond. Sin embargo, Putin era listo y asimilaba.

El joven Putin vio lo que ocurría: más productos, menos colas y cierto pluralismo político, pero también divisó allí el colapso que llegaba. Era el 5 de diciembre en Dresde: el muro había caído días antes y en la RDA la gente accedía al poder y perdía fuerza el Estado.

Súbitamente, la multitud asaltó el cuartel de la Stasi sin mucha resistencia. Algunos de ellos intentaron un ataque a la KGB en un edificio vecino. El zar soviético Putin confesó que sintió temor, en una entrevista en el año 2000. Era necesario eliminar documentos. Desde Moscú nada se hizo por ellos, que estuvieron decididos a defenderse. Ante la advertencia de que estaban armados, la turba se dispersó. Esa noche, Putin y sus compañeros quemaron documentos: eran los contactos de informadores que habían reclutado. El horno se rompió. Esa experiencia marcó la vida del actual mandatario ruso.

Más tarde, pidieron información a la capital del entonces imperio soviético y recibieron como respuesta que "Moscú está callado". Para Putin y sus colegas esta fue una frase que lo sigue a todo lado y es clave para entender a este enigmático personaje, sostiene su biógrafo alemán, Boris Reitschuster.

Lecciones importantes

A Putin esta experiencia le enseñó lecciones que no olvida e ideas para su modelo de sociedad. Desde entonces fortaleció sus ambiciones de riqueza personal y una poderosa red de contactos. La facilidad con la que cayó el comunismo en la RDA hizo pensar a este graduado en ciencias políticas sobre la fragilidad de las elites políticas y la facilidad con la que los pueblos las pueden derrocar. Desde joven Putin siempre quiso ser parte de la KGB.

Sin embargo, los estándares más altos de vida de la RDA respecto a la URSS y otros elementos que no eran bien vistos en Moscú, así como la existencia de varios partidos políticos, pese a ser un régimen comunista, incitaron a Putin a crear una Rusia con el modelo de la RDA en la actual Rusia. Tras el colapso del muro, en las calles de Dresde Putin empezó a ver a la gente comportarse de formas incomprensibles para él.

A inicios de Octubre, por ejemplo, a cientos de ciudadanos alemanes orientales que habían solicitado asilo político en la embajada de la República Federal de Alemania en Praga se les permitió viajar a la RFA por tren. Muchos habitantes ya habían solicitado visas para viajar a la Alemania Federal. Los trenes estaban llenos de gente que escapaba. Aunque había tanques rusos listos para actuar, "Moscú estaba callado". Putin siempre creyó que iban a entrar en acción.

Pero el régimen, gobernado por Gorbachov, no hizo nada y nadie protegió a los espías de la KGB. Uno de los contactos claves de Putin en la Stasi, el Mayor General Horst Boehm, fue humillado por los manifestantes y terminó suicidándose poco después. A su regreso a casa, Putin reflexionaba sobre lo que puede ocurrir si el poder popular se vuelve contra un régimen.

Sin embargo, el país al que volvió también estaba al borde del colapso y había cambiado radicalmente con Mijaíl Gorbachov. Para Putin esto era inaceptable. En esos días pensó hasta en manejar un taxi, pero más que una lavadora Putin llevó a su ciudad natal una red de personas que serían claves en su llegada y consolidación del poder.

Muchos de ellos son ahora parte de su círculo íntimo y sus oligarcas: Sergei Chemezov, exportador de armas de Rusia y Nikolai Tokarev, de la compañía estatal Transneft. Había alemanes como Matthias Warnig -antiguo oficial de la Stasi, que se cree estuvo en Dresde en la misma época que Putin-, gerente general de Nordstream, el gasoducto que lleva gas ruso a Alemania por el mar Báltico.

Muchos analistas creen que eventos como el levantamiento popular de la plaza Maidan en Ucrania, en 2014, revivieron los malos recuerdos de Putin por lo que su reacción en este caso, como en las rebeliones en Chechenia y Georgia, marcaron a sangre y fuego sus actuaciones bélicas en las zonas de influencia de Moscú.

Putin se compara con Pedro el Grande

Pedro el Grande fue el zar que invadió Suecia y Polonia, y ha sido el ejemplo de Putin para su guerra en Ucrania. En junio de 2022, en una declaración inesperada, Putin se comparó con el zar y comparó las campañas militares de este despiadado conquistador con la actual invasión a Ucrania.

"Pedro el Grande libró la Gran Guerra del Norte durante 21 años. Parecería que estaba en guerra con Suecia, que les quitó algo. No les quitó nada, le devolvió (parte de Suecia a Rusia)", dijo Putin tras visitar una exposición por los 350 años del nacimiento del zar.


Vladimir Putin no teme evocar al zar Pedro El Grande. Foto: Ok Diario

Miembro de la dinastía Romanov, nacido en el siglo XVII, Pedro el Grande es conocido haber modernizado Rusia para transformarla en un imperio y arrebatar territorios a numerosos países, como Suecia y Polonia. La influencia de este zar en la vida de Putin es mucha. Ambos comparten el mismo lugar de nacimiento, San Petersburgo, construida por el Zar el territorios anexados a Suecia.

También el presidente ruso admira al zar porque “también nuestro es destino devolver -lo que es de Rusia- y fortalecerla. Y si partimos del hecho de que estos valores básicos forman la base de nuestra existencia, ciertamente lograremos resolver los retos que enfrentamos", dijo Putin recientemente.

Putin, que está 23 años en el poder -Pedro llegó a 43-, justifica con razones históricas que Ucrania no tiene bases para ser un país independiente, sin tradición como Estado y que es "centro de la vida espiritual y cultural de Rusia". Muchos analistas y políticos, especialmente en occidente temen que estas declaraciones preanuncian la posibilidad de la expansión rusa hacia países de occidente o los bálticos.

Poco después de la caída de la URSS, Leningrado recuperó su nombre de tiempos zaristas: San Petersburgo, la ciudad que fue uno de los mayores proyectos de Pedro el Grande, quien ordenó su construcción en una zona pantanosa invadida en las costas del Báltico y fue un esfuerzo tan faraónico. Se cree que muchos siervos explotados como esclavos para su edificación murieron en el proceso. Pedro I trasladó allá la capital desde Moscú y dispuso que se coloque su tumba. En la era soviética se borraron todos los vestigios de este zar. Con la ascensión de Putin, su imagen fue reivindicada.

Estilo poco ortodoxo para deshacerse de sus rivales

Envenenamientos, tiros en la nuca, caídas desde ventanas. Algunos de los opositores a Putin han muerto en extrañas circunstancias. Son políticos y periodistas opuestos al régimen que se suman al líder opositor Alexander Navalni, muerto sin que se sepa las causas de su deceso en una cárcel de alta seguridad en el Círculo Polar Ártico. Como en la época del sanguinario Josef Stalin, del que Putin no se queda atrás.

Desde la llegada al poder en el 2000 de Vladímir Putin, la lista de opositores eliminados va creciendo. El líder del Kremlin no perdona, ante las críticas por su autoritarismo y la represión policial a la oposición. Tiene una larga lista de enemigos: opositores políticos, periodistas y espías muertos de manera sospechosa o con un tiro en la nuca. Alexei Navalni es el último de la lista.

Ante la inminencia de las elecciones en Rusia (entre el 15 y 17 de marzo), sin opositores que le hagan calor, porque los aparentemente más opcionados fueron descalificados o eliminados -físicamente-, Putin tendrá rivales muy blandos, como los candidatos del Partido Comunista de la Federación de Rusia (KPRF en sus siglas en ruso), los ultranacionalistas del Partido Liberal Democrático de Rusia (LDPR) y los supuestamente socialdemócratas de Rusia Justa.

Entre los principales opositores fallecidos en los últimos años están el reformista Boris Nemtsov, ex viceprimer ministro y por un tiempo un posible sucesor de Yeltsin. Al haberse vuelto un crítico de Putin, participó en una marcha contra la participación rusa en Ucrania y a las pocas horas recibió cuatro tiros en la espalda. El régimen negó cualquier participación. Boris Berezovsky, otro crítico del presidente ruso fue hallado muerto en su casa del condado de Surrey en 2013, cerca de Londres. Antiguo hombre fuerte del Gobierno ruso hasta la llegada al poder de Putin cuestionaba al presidente y a sus aliados y se había asilado en el Reino Unido.

Valentin Tsvetkov, gobernador de la región de Magadan, fue asesinado a tiros en el centro de Moscú, el 18 de octubre de 2002. La Policía rusa atribuyó el asesinato a las mafias. Era el dirigente de mayor rango asesinado en los doce años transcurridos tras la desintegración de la URSS.

Stanislav Markelov y Anastasia Baburova eran abogados y activistas de derechos humanos que defendieron a civiles chechenos contra el ejército ruso. También defendieron a periodistas críticos con Putin, como la reportera de 'Novaya Gazeta' Anna Politkovskaya, asesinada en 2006. Markelov recibió un disparo de un pistolero enmascarado cerca del Kremlin. Baburova, también periodista de 'Novaya Gazeta', murió a tiros cuando intentaba ayudarlo. Las autoridades dijeron que fue obra de un grupo neonazi.

Vladímir Golovliov era diputado de la Duma y copresidente del partido Rusia Liberal cuando fue asesinado el 21 de agosto de 2002 en la calle en Moscú con un tiro en la cabeza en un barrio residencial. Golovliov era uno de los cinco copresidentes de Rusia Liberal, con el objetivo de acabar con el régimen «totalitario» del Kremlin.

Sergei Magnitsky, , abogado y auditor ruso, murió bajo custodia policial en noviembre de 2009, tras ser presuntamente golpeado brutalmente y después de que se le negara atención médica. Denunció episodios de corrupción entre altos funcionarios rusos. Natalia Estemirova era una periodista que investigaba secuestros y asesinatos, algo habitual en Chechenia. En 2009 fue secuestrada y horas después fue hallada muerta en un bosque de la república norcaucásica de Ingushetia. Estemirova documentaba secuestros, ejecuciones sumarias, torturas y otros abusos contra civiles.

Alexander Litvinenko fue un oficial fugitivo del servicio secreto ruso, especializado en la investigación del crimen organizado. Murió en un hospital de Londres envenenado por los agentes rusos Andrei Lugovoi y Dmitry Kovtun, quienes seguían órdenes presuntamente aprobadas por Putin. En su lecho de muerte en un hospital en Londres en noviembre de 2006 dijo que no tenía dudas de quién era culpable y apuntó a Putin.

A Serguéi Yushenkov un pistolero le mató al lado del edificio en el que vivía en Moscú en abril de 2003. Era parte del partido Rusia Liberal. Un año después, cuatro personas fueron condenadas a prisión, uno de ellos el líder de una facción rival. Paul Klébnikov, editor de la edición rusa de la revista Forbes, fue asesinado a tiros en 2004 por varios pistoleros fuera de su oficina. Era el undécimo periodista muerto en la era de Putin, según el Comité para la Protección de los Periodistas.

Quizás la muerte más polémica fue la del líder del batallón de mercenarios Wagner, un fuerte aliado de Putin al inicio de la invasión a Ucrania. Prigozhin, conocido como el chef de Putin, murió en agosto de 2023, al estrellarse en Rusia el avión privado en el que viajaba. Protagonizó una intentona golpista con un espectacular despliegue de tropas en territorio ruso, en lo que se creyó que era una amenaza directa contra Moscú y el Kremlin.

El líder mercenario previamente dijo que el Ejército ruso había bombardeado uno de sus campamentos. Prigozhin despreciaba a los mandos militares y los acusaba de ser responsables del fracaso de la campaña en Ucrania. De vender hot dogs en las calles de San Petersburgo pasó a amasar una fortuna con sus restaurantes de lujo y tener una estrecha relación con Putin. Proveedor de alimentos del Kremlin. A partir de la anexión rusa del Dombás en Ucrania, Prigozhin creó el grupo de mercenarios Wagner que, por años, trabajó estrechamente con el régimen. Se conoce que eran los que hacían el trabajo sucio en algunos países vecinos y en Siria y África.

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