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17 de Enero del 2015
Historias
Lectura: 30 minutos
17 de Enero del 2015
Redacción Plan V
Las diez cosas que debe saber sobre el libro del general Ernesto González

La versión del general Ernesto González sobre el rescate del presidente Correa del Hospital de la Policía el 30 de septiembre de 2010 provocó una polémica política.

 

Foto: Luis Argüello

El salón de la Asociación de Generales y Almirantes de las Fuerzas Armadas fue el escenario de la presentación del libro "Testimonio de un Comandante" el jueves 15 de enero de 2015.

 

La polémica por los sucesos del 30S fue revivida por el libro del general (r) Ernesto González, ex jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Triunfalismo de algunos opositores, por un lado, destempladas reacciones de ministros por el otro y, al final, la tibia venia presidencial sobre un texto que pretende ser de reflexión académica. ¿Pero, qué realmente dice la obra del militar retirado?

Los rumores sobre qué mismo decía el general (r) Ernesto González en un obra titulada Testimonio de un comandante se multiplicaron a lo largo de la semana del 12 de enero. Mientras un grupo de militares en retiro que actualmente se dedican a actividades académicas empezaron la promoción de la obra y le concertaron entrevistas al autor -escogiendo los medios, pues a los que consideraron "chicos" no los tomaron en cuenta- se regó como pólvora la interpretación, en los mentideros capitalinos, de que el ex jefe del Comando Conjunto practicamente "desbarataba las tesis del Gobierno correísta sobre los sucesos del 30S".

El general parecía disparar la tesis de que el presidente Rafael Correa no fue secuestrado por los policías del Regimiento Quito, sino que había sido apenas "retenido". Y, que en su criterio, dado que no recibió ningún parte en ese sentido de la Inteligencia militar, no hubo intento de golpe de Estado. 

Las declaraciones del general en retiro, en los medios a los que decidió dar entrevistas, como la Radio Visión de Diego Oquendo o Ecuavisa, ayudaron poco a desmentir esa lectura. El General parecía disparar la tesis de que el presidente Rafael Correa no fue secuestrado por los policías del Regimiento Quito, sino que había sido apenas "retenido". Y, que en su criterio, dado que no recibió ningún parte en ese sentido de la Inteligencia militar, no hubo intento de golpe de Estado. 

Las opiniones del General provocaron las airadas respuestas de los ministros del Presidente Correa. El ministro del Interior, José Serrano, dijo -sin saber mucho de géneros literarios, se entiende- que el ensayo de González era una "novela de ficción". El ex ministro de Defensa y ministro de varias carteras de Correa, actualmente en Agricultura, Xavier Ponce Cevallos, aseguró que se sentía molesto por lo que consideró "una infamia".

Al final, el propio Presidente terminó calificando el libro como "objetivo" y, tras asegurar que el General no sabe manejar ni el idioma ni las leyes -pues es militar, no filólogo o jurista- se limitó a decir que el ex jefe del Comando Conjunto simplemente se confundió en el significado de las palabras y en las definiciones de las leyes, pero "no tuvo mala intención". Las mismas ideas las remarcó en su enlace ciudadano del sábado 17 de enero, cuando los temores de que el libro de González corriera la suerte de otros censurados por acciones de la justicia se habían disipado. En el Enlace calificó la postura del General como "cavernaria y retrógada" y defendió su política con relación a las Fuerzas Armadas, asi como insistió en la tesis del "golpe de Estado blando". 

El libro se pudo presentar, tras recibir la tibia venia presidencial en una entrevista con los medios gobiernistas el miércoles 14 por la noche, en un evento el jueves 15 de enero.


El ex coronel de Policía César Carrión mostró satisfacción porque, en su criterio, el libro le da la razón. 


Militares retirados en primera fila en la presentación del libro del general González. 


El ex vicepresidente Blasco Peñaherrera Padilla estuvo entre los invitados al evento. 


El general  González, en el podio, prefirió evitar referirse al tema del 30S. 

 

En lo que es la sede social de los generales y almirantes retirados al norte de Quito, en medio de un público compuesto por ex militares, sus familias en traje de gala, -pues el evento fue revestido de absoluta solemnidad- y algunos politicos de oposición, el general González casi ni mencionó sus apreciaciones sobre el 30S y se portó arisco con los periodistas.

En lo que es la sede social de los generales y almirantes retirados al norte de Quito, en medio de un público compuesto por ex militares, sus familias en traje de gala, -pues el evento fue revestido de absoluta solemnidad- y algunos politicos de oposición, como el ex vicepresidente Blasco Peñaherrera Padilla,  el general González casi ni mencionó sus apreciaciones sobre el 30S y se portó arisco con los periodistas. Inclusive, a algunos de ellos no se les permitió entrar, afirmando que la sala ya estaba llena. 

González no se daba abasto. 40 minutos antes de la presentación de su libro,una treintena de personas hacía fila para que les firmara el ensayo. Las cámaras disparaban cada vez que abrazaba a alguien. Los periodistas lo perseguían por el salón. Apretones de manos, abrazos, fotos. Pero el inicio del acto se acercaba y el General tuvo que excusarse. Una decena de asistentes se quedó en la fila sin la firma del militar. El General estaba por dar su discurso. Ahí estuvieron altos jefes militares, sus compañeros, sus exmaestros. También contradictores del Gobierno como el coronel (r) de la Policía César Carrión, quien fue acusado de intento de magnicidio contra Correa durante el 30S, pero absuelto por la justicia; y algunos críticos del actual como el ex ministro de Defensa de Jamil Mahuad, José Gallardo, y el dirigente indígena Pepe Acacho ex legislador sentenciado por "terrorismo y sabotaje".

Todos querían escuchar al General y comprar el libro. No faltó quien cargara una decena de textos por el lugar. Según el académico de la lengua  Hernán Rodríguez Castelo, los periodistas se “lanzaron como perros de caza” sobre lo referente al 30S. En su discurso de presentación, Rodríguez Castelo subrayó las páginas dedicadas al rol de las Fuerzas Armadas y al "desconocimiento de las autoridades políticas sobre los temas militares", y recibió aplausos sonoros de la audiencia -con una gran carga de defensa gremial- tras resumir la carrera militar del General para concluir que: “así se forman a los militares a los que ahora se los quiere reducir a guardias forestales, vigilantes aduaneros o auxiliares de la policía”.

El esperado discurso del General empezó entre aplausos. El militar agradeció a los ex generales que lo acompañaron durante su formación militar. Hizo reír al auditorio con sus travesuras de cadete. Luego, empezó sus análisis sobre el presupuesto que reciben las Fuerzas Armadas y lo que sostuvo ocurrió luego del ataque colombiano a las FARC en Angostura.

La obra del general González muestra en portada un uniforme militar. 

Fueron 22 minutos de discurso, pero al 30S le dedicó uno:

“El libro no tiene ni ha tenido ninguna intención política y tampoco creí que iba a tener una repercusión tan grande sobre todo por los hechos de 30S. Pero en todo caso es saludable para el país que estos hechos históricos se analicen. Como ya en el transcurso de esta semana se ha comentado bastante, me releva de hacerlo. Pero sí enfatizar determinantemente que las Fuerzas Armadas en ese aciago día defendieron la democracia, porque eso es lo que le conviene y lo que le interesa al país”.

Sin más para comentar sobre el 30S ese día, el General siguió hablando de los otros capítulos, sobre seguridad y defensa, que los presentó también como “interesantes”. Al final, en una breve rueda de prensa, el General buscó alejarse de la tormenta semántica que se había desatado por usar la palabra “retenido” y no “secuestrado” para referirse a la situación del Presidente durante el 30S. “Como ustedes lo quieren tomar”, dijo finalmente el General a los medios y se levantó después de aclarar que “en los hechos, el Presidente estuvo impedido de salir del Hospital de la Policía”. Tenía muchos libros que firmar.

Las escasas palabras de González sobre la polémica que había desatado, según dijo, sin proponérselo, provocaron la decepción de medios como Ecuavisa y El Comercio, que sostuvieron que "bajó el tono". El viernes 16 en la tarde, el ministro Ponce, quien de estar indignado el miércoles pasó a hablar con su voz más meliflua y condescendiente, compareció en Regresando con Andrés Carrión. Tras mantenerse en su postura del golpe y en su teoría de conspiración, el Ministro, más diplomático que el Presidente, se cuidó de decir que los militares no saben de semántica. 

¿Pero qué dice realmente el texto del General?  Estas son las diez cosas que usted debe saber sobre el Testimonio de un comandante.

1.-El libro no es sobre el 30S

En efecto, la obra del general en retiro si bien cuenta con 238 páginas, algunas de ellas escritas con gran emotividad y afán de trascender para la historia, trata de ser más bien una reflexión de carácter académico sobre la relación entre civiles y militares -un tópico común entre los militares de alto rango en retiro- y sobre cómo deben las Fuerzas Armadas y el poder político del país coordinar sus acciones y procesar sus desencuentros. La obra tiene ocho capítulos, y trata temas tan disímiles como "la adhesión del país a la Convemar", una "reflexión técnico militar sobre las competencias de (las) Fuerzas Armadas" un estudio sobre el gasto militar, entre otros. El texto, que tiene una edición poco cuidada, en ocasiones, cae en tecnicismos militares, omite con frecuencia el artículo antes de la frase "Fuerzas Armadas" y presenta algunos errores ortográficos y de sintaxis, lo que sorprende, en especial, porque el ensayo fue presentado y prologado por el académico de la lengua Hernán Rodríguez Castelo. 

2.- El libro tiene un solo capítulo de 29 páginas sobre el 30S

Aunque el general González pretende publicar sus memorias, su texto habla más bien poco de su larga carrera militar. Tras sus apreciones sobre el problema de las relaciones con el poder político por parte de los militares, y en las que consigna cómo se ha resuelto el problema en países como Chile, el ex militar, en el penúltimo capítulo de la obra, pasa a dar su versión sobre lo que ocurrió, en su criterio, el 30 de septiembre de 2010. El capítulo séptimo empieza en la página 185 y termina en la 214. Es decir, tiene 29 páginas. 

3.- González no se aparta, mayormente, de la versión oficial

Si para algunos medios el General "bajó el tono", no es menos cierto que los ministros, y en especial, Xavier Ponce, también lo hicieron. Y es que es poco lo que la versión de González difiere de la que informaron los medios del Gobierno durante el 30S.

Si para algunos medios el General "bajó el tono", no es menos cierto que los ministros, y en especial, Xavier Ponce, también lo hicieron. Y es que es poco lo que la versión de González difiere de la que informaron los medios del Gobierno durante el 30S. El General revela que, ese día, por casualidad estaba en Cuenca, en donde se enteró de la dimensión de la sublevación nacional de la Policía. Admite que, al igual que han afirmado en su momento, los funcionarios del Gobierno, no tuvo ninguna noticia previa de lo que iba a ocurrir ese día. Más bien, su primera reacción en Cuenca fue convocar una rueda de prensa -que en su criterio no fue lo suficientemente difundida por los medios de comunicación- para mostrar su apoyo al régimen. Y que de ahí tuvo que tomar su avión, aterrizar en la pista de Ibarra -hoy parque público- y volar en un helicóptero hacia la capital. Para cuando logró llegar al Ministerio de Defensa, se encontró conque sus colegas evaluaban la situación por medio de las transmisiones -que todavía no habían sido prohibidas por el Gobierno, que dispuso más tarde una cadena nacional obligatoria con el canal oficial que el General ni menciona ni comenta en lo más mínimo- de las televisoras privadas. El relato sigue, en resumen, los argumentos del régimen y así se mantendrá hasta la polémica semántica. 

4.- Los ministros de Correa tienden a perder los estribos

Más en tono anecdótico que otra cosa, el General recuerda sus impasses con dos figuras clave del Gabinete correísta. Luego del bombardeo colombiano al campamento de las FARC en territorio nacional, que produjo la muerte de Raúl Reyes, el ministro de Seguridad de ese entonces, Gustavo Larrea, habría desembarcado de mal humor en Lago Agrio. Junto con él, el General asegura llegó su viceministro, José Ignacio Chavín. Ambos exigieron que se les lleve al sitio del combate. El General, nuevamente en la línea oficial, reitera en su libro que la situación de las Fuerzas Armadas era tan mala en ese momento que no tenían ni un helicóptero para transportarlos.

Furioso, Gustavo Larrea le habría dicho: "¿Y por qué carajo no podemos llegar al área del ataque? ¿Qué le voy a informar al Presidente?".

Además de que era, evidentemente, peligroso. Furioso, Larrea le habría dicho: "¿Y por qué carajo no podemos llegar al área del ataque? ¿Qué le voy a informar al Presidente?". Tras el incidente con el Ministro iracundo, él y su Subsecretario llegaron a Angostura caminando mucho trecho. Al General le sorprende que el Chauvín "se quedó en el área, no entendí qué buscaba o por qué lo hacía, pero salió en el último vuelo". Más allá de la anécdota, el ex militar no aporta ningún dato sobre las actividades de Chauvín.

Otro ministro iracundo, según el General, es Xavier Ponce. El ex editor del desaparecido diario Hoy tendía, en sus tiempos de periodista, a alzar la voz a sus subalternos de cuando en cuando. Pero al parecer, en el Palacio de la Exposición no ha perdido la costumbre. Cuando los jefes militares discutían sobre qué hacer ante la situación en el Regimiento Quito, Ponce se salió del "Cuarto de Guerra" de Defensa abruptamente. "En ese momento noté que el ministro de Defensa salió molesto de la reunión y sin despedirse, por lo que preocupado salí tras él y lo alcancé en las gradas. Al preguntarle qué le pasaba, en un tono muy molesto manifestó: den no más el golpe de Estado General, para qué tantas vueltas". Ponce ha negado haber dicho eso, asegurando que salió porque otros dos ministros del Gabinete -no precisó cuáles- fueron a querer hablar con los militares lo que le molestó, pero ni Larrea ni Chauvín han comentado el impasse en el Oriente.

5.- El libro no dice si hubo o no un intento de golpe de Estado

Es poco, realmente, lo que aporta el general González sobre la información que ya se conocía. Por ejemplo, cita los documentos "desclasificados" sobre el 30S que las Fuerzas Armadas remitieron a los ex asambleístas César Montúfar y Cléver Jiménez, y publicados también por el periodista Fernando Villavicencio, en donde se da cuenta del número de hombres y material que se requirió para el operativo para rescatar al presidente.

Reitera, por ejemplo, que se dispuso el envío de blindados hacia Quito y Guayaquil para hacer frente a la rebelión policial. Pero ninguno de los carros de guerra pudo llegar a las principales ciudades. Estos se encuentran en sus bases de Riobamba e Ibarra precisa el General. Los de Ibarra nunca salieron de ahí porque sus choferes estaban de patrullaje en la frontera norte. Los de Riobamba, en cambio, fueron detenidos en Ambato por una barricada de gente armada, que el General presume eran familiares de policías. Cuando le consultaron si se abrían paso a tiros, él habría dispuesto que no. Es es por ello que los blindados nunca llegaron a las calles de Quito. En lugar de eso, reitera que el Alto Mando se decidió por un operativo con 900 soldados, "aplicando el principio de masa" de los que solo una pequeña parte iban armados, que se expusieron al fuego de los policías, lo que, explica, se evidencia en que la totalidad de  de muertos y heridos en la refriega son militares y policías leales y no sublevados. Cuenta que inclusive ha viajado a Estados Unidos a visitar y condecorar al capitán de Infantería Álex Guerra, gravemente herido en la balacera.

Aunque desde fines de la Primera Guerra Mundial se sabe que la mejor forma de no exponer a la infantería al fuego enemigo es con blindados -"el tanque es un arma que ahorra sangre", dijo el general alemán Heinz Guderian- el grueso de los militares, desarmados, fueron presa fácil de los francotiradores, y el propio Presidente tuvo que salir en un carro sin blindaje que fuerzas leales protegían con el cuerpo.

Sobre si hubo o no un intento de golpe de Estado -el General no entra a discutir si duro o blando- el ex jefe militar no aportada nada en su libro. Sus opiniones al respecto las expresó en declaraciones a Radio Visión.

El diálogo con Diego Oquendo fue así:

-Oquendo:“¿El 30 de septiembre hubo un intento de golpe de Estado?”

-González: “No conozco”. “El servicio de Inteligencia nunca tuvo conocimiento de que se hubiera planificado con anterioridad o en ese momento tal acción", aseguró. 

Lo que sí relata es que la Inteligencia militar había advertido de cierto descontento en las filas de las Fuerzas Armadas:

"(La) Inteligencia Militar desde mucho tiempo atrás venía monitoreando este malestar ya que también se dieron reuniones del personal de voluntarios, tripulantes y aerotécnicos en servicio pasivo, inclusive con algunos elementos en servicio activo, para analizar esta situación y también porque algún militar en servicio pasivo ya tenía intereses políticos y los miembros activos de acuerdo a la nueva Constitución ya tienen derecho a un voto facultativo, pero en ningún momento inteligencia militar (sic) informó qué es lo que ocurriría".

“El servicio de Inteligencia nunca tuvo conocimiento de que se hubiera planificado con anterioridad o en ese momento tal acción", dijo González en Radio Visión sobre si hubo o no una intentona golpista. 

6.- Correa insistió en ir y entró al segundo intento

Uno de los aportes más novedosos del General consiste en afirmar que fue el propio Presidente de la República quien, contra la recomendación de la Escolta presidencial, de su edecán y del Jefe de la Casa Militar del Palacio de Gobierno, insistió en ir al Regimiento Quito a hablar con los amotinados. Afirma que desde un primer momento los policías fueron agresivos con el Presidente, por lo que inclusive lograr entrar al Regimiento al segundo intento, pues en el primero ya le lanzaron gas lacrimógeno y ya se estaba regresando al Palacio de Gobierno. Y no solo eso: el General sostiene que el Presidente, quién hacía llamadas por teléfono desde el Hospital de la Policía y seguía "comandando la nación" -según frase grandilocuente del ministro Freddy Ehlers- llamó a decirles que sino llegaban en media hora a rescatarlo él iba a salir pasara lo que pasara. El General afirma que habló con un Correa descontrolado, que le exigía que lo rescaten, pues los francotiradores de la Policía asechaban en la oscuridad. Para el General, el Presidente estaba "retenido" y no "secuestrado", pero da a entender que él mismo fue a meterse en la boca del lobo, lo que sin duda no habían planificado los sublevados. En la línea del Gobierno, sin embargo, afirma que la intercepción de la radio de la Policía dio suficientes datos sobre que los policías querían matar a Correa. Por ello, le ordenó al oficial que estaba con Correa que no le permita salir como amenazaba, a pesar de su "carácter". Sobre si Correa salió del Hospital de la Policía, fue a la cercana Universidad Tecnológica Equinoccional a "planear su rescate" y luego se regresó -una de las teorías que Cléver Jiménez propuso investigar- el General no menciona absolutamente nada. 

7.- González rechaza la tesis del delito de lesa humanidad y se cura en salud

Aunque en la denuncia en contra del presidente Rafael Correa por un presunto delito de lesa humanidad al ordenar el asalto al Hospital de la Policía y que fue calificada como "maliciosa y temeraria" por la justicia, y que provocó luego la sentencia contra Cléver Jimévez, Fernando Villavicencio y Carlos Figueroa, no se lo menciona, el General parece querer curarse en salud, en caso de que algún día se pudiera retomar dicha denuncia.

Por ello, dedica algunos párrafos de su texto a explicar porqué razón el derecho internacional humanitario no aplica a lo que ocurrió esa noche al norte de Quito. Según González, no hubo conflicto armado (guerra) ni interna ni internacional, sino una sublevación de la Policía, asimilable a un "disturbio interno" que todo Estado está en obligación de reprimir.

"El Hospital de la Policía Nacional dejo (sic) de cumplir estrictamente su rol sanitario, porque albergo (sic) a quienes cometieron actos ilícitos, manteniendo rehenes dentro de la casa de salud".

Y dedica estos importantes párrafos a deslindar cualquier responsabilidad futura: "No hubo ataque indiscriminado al Hospital, sino fuego cruzado con los insurrectos, lo que se evidencia al establecerse que ningún enfermo, médico, enfermera o administrativo de esa casa de salud resultó muerto o herido de bala (...) no hubiera habido responsabilidad de los mandos militares por los daños colaterales producidos, porque el derecho Internacional Humanitario (sic), no sanciona los daños colaterales (...) el Hospital de la Policía Nacional dejo (sic) de cumplir estrictamente su rol sanitario, porque albergo (sic) a quienes cometieron actos ilícitos, manteniendo rehenes dentro de la casa de salud". Conclusiones con las que el General se aparta muy poco de las tesis esgrimidas, en su momento, por los abogados del Gobierno. 

8.- El correísmo también tiene "voluntarismo incompetente"

Es una de las categorías que el Presidente Correa repite con frecuencia en sus sabatinas. El "voluntarismo incompetente" que define como la costumbre nacional de hacer las cosas sin criterio, sin planificación, por simplemente hacerlas. El 30S, según relata González, el correísmo demostró que no es ajeno a ese defecto nacional. Mientras el Presidente fue al Regimiento Quito, donde terminó en manos de los sublevados, en el Gabinete correísta empezó a reinar el caos. El Consejo de Seguridad Pública y del Estado, conformado por los presidentes de las tres funciones principales del Estado, el mando militar y policial y miembros del Gabinete, nunca fue convocado. "Como se pudo observar, cada autoridad actuó según su criterio, de manera descoordinada, lo que afectó el desarrollo de los acontecimientos (...)  cada autoridad dio sus propias órdenes para sacar al primer mandatario del Hospital de la Policía, el GIR recibió órdenes del General de Policía Euclides Mantilla, el GOE recibió órdenes del Ministro del Interior que se encontraba junto al Presidente, el Comandante General de la Policía y el Jefe del Estado Mayor quisieron hacer lo propio, ya en horas de la tarde". A esto se sumó que el canciller Ricardo Patiño llamó a la población a cercar el Hospital de la Policía, por lo que gran cantidad de personas, según recuerda el general, aplaudieron a los militares cuando subieron la avenida Mariana de Jesús para el rescate. 

9.- El General defiende a los sindicados por crímenes de lesa humanidad

Muy coherentemente con la interpretación que brinda sobre el 30S, en el capítulo 6 titulado "Informe de la Comisión de la Verdad" González hace duras críticas al procesamiento de los ex militares que actualmente están siendo juzgados por presuntos crímenes de lesa humanidad que se habrían cometido durante la presidencia de León Febres Cordero. "Si es un crimen de Estado, como manifestó el Fiscal en la audiencia de formulación de cargos, ¿Dónde están las autoridades civiles del momento? se dirá que han fallecido, pero no todos; solamente aparecen y quedan al final del camino los miembros de (sic) Fuerzas Armadas (...) Los exmiembros de AVC fueron juzgados por delitos comunes y a los soldados de honor (sic) por crímenes de Lesa Humanidad; con esto se trastoca el honor institucional".

"Los exmiembros de AVC fueron juzgados por delitos comunes y a los soldados de honor (sic) por crímenes de Lesa Humanidad; con esto se trastoca el honor institucional".

10.- La relación de Correa con los militares no es fluida

Contrariamente a lo que parecen creer ciertos políticos de oposición, la relación entre los militares y el Presidente Correa no parece ser cercana o fluida. En los primeros capítulos de su libro, González no puede ocultar su sorpresa por las designaciones que Correa hace en el ministerio de Defensa, tradicionalmente reservado para algún general en servicio pasivo, como fue el caso del general (r) José Gallardo Román, ministro de Defensa de Jamil Mahuad, quien estuvo en primera fila en el acto de presentación del libro de González. Así, aunque no los adjetiva, enumera a los ministros, hombres y mujeres, que han pasado por la Cartera de Defensa durante la era correísta. Cita, inclusive, un texto de Xavier Ponce, en donde este admite que no conocía bien a los militares cuando "escribía en los periódicos".

Y luego menciona que, durante sus primeros meses de gestión, Correa estuvo más pendiente de la investigación del accidente aéreo en donde murió Guadalupe Larriva que de la situación operacional de las Fuerzas Armadas, hasta cuando el ataque colombiano a las FARC en Angostura atrajo la atención del Gobierno. Recuerda también el caso de un mando militar que tuvo que pedir audiencia por medio de un comunicado de prensa, y el incidente en que los comandantes de las tres ramas, en un vídeo, precisaron que las polémicas reformas a la Ley de Servicio Público que provocaron el motín policial se quejaron públicamente de que no habían sido "socializadas".  Así mismo, González se queja de que pocas veces el Alto Mando fue invitado al Palacio de Gobierno, lo que le sirve para cuestionar, también, la reforma del Instituto de Altos Estudios Nacionales, que en su criterio debería parecerse más a su similar de Chile y menos a la "universidad de posgrado del Estado" que ha creado el correísmo. 

 

 

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