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1 de Febrero del 2016
Historias
Lectura: 19 minutos
1 de Febrero del 2016
Fermín Vaca
Periodista político. Es editor de PLANV. Ha trabajado en los principales periódicos de Ecuador en la cobertura de política y actualidad. 
La expiación de Fidel Araujo

Fotos: Luis Argüello

Acusado de ser uno de los instigadores del 30S, Fidel Araujo, ex oficial del Ejército y ex militante del PSP, fue condenado a tres años de cárcel. 

 

El militar retirado, indultado de oficio por el presidente Rafael Correa, pasa revista a su odisea durante más de cinco años, cuando fue declarado culpable de haber llamado a la discordia durante el 30S. Araujo fue liberado por orden del Gobierno y ahora busca su rehabilitación judicial en la Corte Constitucional.

Esta historia empieza por el final. La tarde del 25 de enero de 2016, el mayor (r) Fidel Araujo López supo que habían venido por él. La batalla legal para demostrar su inocencia del delito del que le acusó el Ejecutivo, en relación con los sucesos del 30 de septiembre de 2010, la había perdido en todas las instancias. El ex oficial, que combatió en la Batalla del Cenepa contra el Ejército peruano en 1995, fue declarado culpable por la justicia ecuatoriana, que en primera instancia lo procesó por llamar a la insubordinación de la Fuerza Pública y luego, cuando el delito desapareció con el nuevo Código Orgánico Integral Penal, por llamar a la discordia a los ciudadanos. La sentencia de tres años debía, inexorablemente, ser cumplida.

Esa tarde, Araujo paseaba despreocupadamente por un centro comercial del Valle de Los Chillos, zona en la que vive. Esa mañana había estado en su habitual búsqueda de oportunidades de empleo, y tuvo una entrevista para hacer una consultoría comunicacional. Su único ingreso fijo es su pensión de retiro militar, que alcanza los USD 1300.

Almorzó en el patio de comidas del mall. Acababa de entrar a un almacén de zapatos, se había probado un par de botas. No las compró, porque no tenía dinero. Y cuando salió, cuatro agentes vestidos de civil, a los que luego se sumaron cuatro más, se le acercaron para informarle que estaba preso, por orden del Tribunal Quinto de Garantías Penales de Pichincha. 

El mayor retirado miró a quién le aprehendía. Le informó -era evidente que el joven policía no sabía- que no era un delincuente común, sino un oficial del Ejército. Exigió que, en consecuencia, se presentara ante él el más antiguo, el jefe del operativo. Un capitán de Policía apareció entonces, le reclamó el debido respeto a su rango militar y Fidel Araujo se entregó.

El mayor retirado miró a quién le aprehendía. Le informó -era evidente que el joven policía no sabía- que no era un delincuente común, sino un oficial del Ejército. Exigió que, en consecuencia, se presentara ante él el más antiguo, el jefe del operativo. Un capitán de Policía apareció entonces, le reclamó el debido respeto a su rango militar y Fidel Araujo se entregó. La primera vez que lo detuvieron, una pelotón del GIR con fusiles de asalto lo retuvo, pero lo habían hecho con más respeto, recuerda Araujo. 

El seguimiento a Araujo había empezado el viernes anterior, con una misteriosa llamada a la casa de su madre, en donde un supuesto periodista de Radio Quito pedía sus teléfonos para entrevistarlo. La madre de Araujo le dió su teléfono, y a los pocos días el supuesto periodista se presentó en su departamento indagando sobre él. Araujo llamó a la radio a verificar el nombre, pero no había tal reportero. 

El ex militar lleva tres años viviendo solo. Aunque tenía una compañera sentimental, prefirió la soledad ante el temor de un allanamiento a su vivienda. No quiso involucrar a nadie en un hecho como ese. Hasta el pasado mes de octubre, concurría todos los lunes a presentarse ante la justicia, en cumplimiento de las medidas cautelares que le fueron dictadas. Aprovechaba para averiguar el estado del proceso y para revisar personalmente los documentos del juicio. Esa fue su rutina durante los últimos tres años. 

Fidel Araujo está divorciado y tiene dos hijas. Ambas se solidarizaron con su padre durante todo el proceso en su contra. Luego ambas viajaron al Brasil, en donde realizaron estudios universitarios. Su hija mayor vive en Sao Paulo, Brasil, y su hija menor vive con su ex esposa, Soraya Ponce. Su divorcio ocurrió en 2007, antes de que tuvieran lugar el juicio en su contra.

 
Fidel Araujo, quien tiene una maestría en Comunicación, aspira a retomar sus actividades profesionales. 

Los ocho policías lo llevaron a la Unidad de Policía Comunitaria más cercana, en San Rafael, en donde iniciaron el largo trámite para legalizar su detención. Luego, lo subieron en un auto no oficial -operativo encubierto del principio al final- hacia el centro de la ciudad, a la Unidad de Flagrancia de la Fiscalía de Pichincha. Fue ahí en donde le permitieron hacer su llamada telefónica. Timbró a su abogado, Reinaldo Zambrano, pero este no le atendió. Se pudo comunicar con su madre, Martha López Carpio viuda de Araujo, a quién le informó del tema y le pidió calma y que proceda a hacer una serie de llamadas para difundir lo ocurrido. Supuso que lo llevarían a la Cárcel Cuatro, y alcanzó a mandar dos mensajes de texto de su teléfono antes de que se lo quitaran. Luego lo sometieron a un examen médico, se procedió a elaborar el parte policial, y como los policías se olvidaron de llevar el parte, les tocó regresarse a medio camino. Ahí, una cámara de televisión privada le hizo unas tomas. 

La sorpresa de la detención

Aunque era la segunda vez que le detenían por este caso, a Fidel Araujo lo tomaron de sorpresa. Al principio había preparado sus asuntos para una eventual detención, pero como la boleta de captura no llegaba, no llevaba consigo ni sus medicamentos diarios.

Recordaba que su padre, el político velasquista Manuel Araujo Hidalgo, ministro de Gobierno del presidente José María Velasco Ibarra, fue perseguido por razones políticas y siempre dio la cara. No quería ser arrogante, dice Fidel Araujo, pero debía respetar el legado del político que se enfrentó siempre a sus contradictores.

La detención llegó cuatro meses después de que la sentencia fue declarada ejecutoriada por la justicia. Mientras el auto policial avanzaba hacia el Centro de Detención Provisional, Fidel Araujo repasaba mentalmente cuánto tiempo debía cumplir en prisión.

Fue condenado a tres años: pensaba presentar el recurso del dos por uno vigente con el Código Penal anterior, lo que reduciría la pena a 18 meses. De estos, esperaba que le descuenten los seis meses que ya estuvo preso por este mismo caso. En resumen, esperaba estar en prisión no más de un año. 

Araujo siempre pensó que no lo iban a detener. Tenía esa esperanza y se aferraba a ella en "un 90%". A pesar de ello, pensaba ir a entregarse tan pronto le llegara la notificación a su abogado. Siempre descartó salir del Ecuador o pedir asilo político a otro país. Recordaba que su padre, el político velasquista Manuel Araujo Hidalgo, ministro de Gobierno del presidente José María Velasco Ibarra, fue perseguido por razones políticas y siempre dio la cara. No quería ser arrogante, dice Fidel Araujo, pero debía respetar el legado del político que se enfrentó siempre a sus contradictores. Su padre siempre le había dicho que debía afrontar y defenderse frente a cualquier acusación. Araujo Hidalgo fue inclusive envenenado por sus enemigos políticos. 

El combatiente del Cenepa

El ex ministro velasquista, amigo y admirador de Fidel Castro, le había puesto ese nombre en honor al comandante cubano, a quien Fidel Araujo recuerda cariñosamente como "el papá". Cuando joven, Fidel también simpatizó con el castrismo cubano, pero por pedido de su madre optó por la carrera de las armas. 

Para 1995, cuando tenía el rango de capitán, le tocó servir en la Brigada Cóndor, y ahí le sorprendió la Batalla del Cenepa, en donde por ser el oficial a cargo de las "operaciones sicológicas" fue encargado de la coordinación de medios. Estuvo a punto de combatir en Base Norte, pero recibió una contraorden del Alto Mando Militar, que consideró que era preferible que se quedara en Patuca en la coordinación de los medios. 

Fidel Araujo se precia se haber logrado un control mediático de los aspectos más crueles de la guerra con el Perú sin haber recurrido nunca a la censura ni a la intimidación de los periodistas presentes en la zona. Aunque no niega que hubo algunos roces, estos más se debían al interés de los periodistas por ir hacia las zonas de combate. 

La tarde del 21 de abril de 2005, cuando Gutiérrez fue evacuado del Palacio presidencial en un helicóptero, Fidel Araujo se abrió paso en medio de la multitud, lanzando él mismo una bomba lacrimógena, y dejó Carondelet. Al día siguiente pediría la disponibilidad en las Fuerzas Armadas.

Araujo López siguió su carrera militar hasta los sucesos del 21 de enero de 2000. Se había sumado al movimiento de indígenas y militares que derrocó al presidente Jamil Mahuad. Por su colaboración en esos hechos sufrió un arresto de nueve días. Ahí empezó su vinculación con Lucio Gutiérrez y la Sociedad Patriótica, que, admite, sería uno de los elementos que pesaría en contra en el juicio que le siguó el Gobierno correísta. 

Invitado por el presidente Lucio Gutiérrez al gobierno luego del 2003, Fidel Araujo pasó a manejar los medios en el Palacio de Gobierno, no como asesor, sino con su mismo sueldo de oficial. Sirvió en la Casa Militar del Palacio de Carondelet, en donde vestía de civil y trabajaba en temas de la Secretaría de Comunicación. Recuerda que rechazó la posibilidad de ganar más como asesor civil y que se quedó con su sueldo de mayor del Ejército. 

Fidel Araujo acompañó a Gutiérrez hasta el último momento, cuando fue derrocado por el llamado movimiento de los "Forajidos" en donde aparecieron algunos personajes que, luego, serían claves en la génesis del correísmo, empezando por el propio presidente Rafael Correa y el entonces periodista Paco Velasco. 

La tarde del 21 de abril de 2005, cuando Gutiérrez fue evacuado del Palacio presidencial en un helicóptero, Fidel Araujo se abrió paso en medio de la multitud, lanzando él mismo una bomba lacrimógena, y dejó Carondelet. Al día siguiente pediría la disponibilidad en las Fuerzas Armadas. Consideraba que ya no podía seguir sirviendo en Ejército, pues había cumplido actividades políticas y pensaba que eso le había desviado de su vocación militar. Pensó que había perdido su calidad moral para seguir siendo militar. 

El político del PSP

Araujo, tras su salida del Ejército, se involucró en la lucha política de Sociedad Patriótica. En el partido de los hermanos Gutiérrez, golpeado por el derrocamiento primero, y por la emergencia de la hegemonía correísta después, fue director provincial de Pichincha. Ahí descubrió que no sabía de política: él era el que organizaba  y otros iban a las candidaturas. Cedió su puesto en una de las listas del PSP a Fausto Lupera, quien llegó al Congreso que luego fue cesado en una de las primeras medidas del correísmo. 

Lo primero que pensó al ver a la secretaria de Estado es que, probablemente, había sido enviada por el Gobierno para sugerirle que pida perdón o solicite la gracia presidencial, pues, hasta donde sabía, el Ejecutivo podía conceder un indulto a un reo previa una solicitud.

Admite una buena relación con Lucio Gutiérrez, aunque en los sucesos del 21 de enero estuvo junto a Jorge Brito en una misión de mediación. Hace dos meses vio al ex presidente, saludó con él, pero ya no tiene ninguna vinculación política en Sociedad Patriótica. En su opinión, el PSP fue solidario con su causa, e, inclusive, Gutiérrez le ofreció hacer una concentración para apoyarlo durante su detención. Araujo declinó ese apoyo, por no darles argumentos a sus acusadores. 

Mientras viajaba hacia la cárcel, Araujo recordaba los sucesos del 30S. Esa mañana había salido a pagar un préstamo en la Cooperativa 29 de Octubre, luego fue al ISSFA a hacer un trámite, y cerca de las 11:00, como estaba viviendo en La Granja, en el departamento de su madre, se acercó al Regimiento Quito a mirar qué pasaba. "Fue una imprudencia", dice el ex militar. Para ese día, ya se había distanciado del PSP, aunque fue nombrado vocal por ese partido en el Tribunal Provincial Electoral del Pichincha, por decisión de Jorge Acosta. Admite que, de haber estado en el supuesto complot, hubiera ido al Ministerio de Defensa, pues nadie lo conocía en la Policía. 

Procesado por acusación de la Fiscalía y del Ministerio de Justicia, Fidel Araujo fue enjuiciado por ser uno de los supuestos instigadores del motín policial. Por este caso fue detenido del 4 de octubre de 2010 al 4 de abril de 2011. En un primer juicio, que luego fue declarado nulo, fue declarado inocente. Pero tras esa resolución y sin que ni la Fiscalía ni el acusador particular, que fue el Ministerio de Justicia lo pidieran, ese juicio se anuló. Fue en un nuevo proceso que Araujo fue declarado culpable.

El abogado Reinaldo Zambrano detalla que no menos de 15 jueces se excusaron de tramitar la causa, y que se aplicó un curioso criterio: se puede incitar un delito que ya ha sido cometido, pues la prueba de cargo contra Araujo fueron unas declaraciones a un canal de televisión que fueron transmitidas tiempo después de que se iniciara, a primeras horas del 30S, el motín policial. Como si se pudiera incitar un homicidio cuando ya se ha verificado la muerte, afirma. Para el abogado, este caso fue, simplemente, "una condena en base a abuso de poder". 

El indulto

El abogado Reinaldo Zambrano precisa que en el caso de Fidel Araujo se aplicaron reciente reformas al reglamento de indultos.

Cuando finalmente el cortejo policial lo trasladó al CDP, le sorprendió que en el sitio se encontrara ya, a pasar de su avanzado embarazo, la ministra de Justicia, Ledy Zúñiga. Lo primero que pensó al ver a la secretaria de Estado es que, probablemente, había sido enviada por el Gobierno para sugerirle que pida perdón o solicite la gracia presidencial, pues, hasta donde sabía, el Ejecutivo podía conceder un indulto a un reo previa una solicitud. En sus adentros, se decidió a negarse a firmar cualquier solicitud de una merced de Jefe de Estado. No por arrogancia, sostiene, sino por convicción de su inocencia. No pensaba aceptar un delito que no ha cometido, a pesar de lo que diga la verdad procesal. 

La ministra le explicó que el presidente Rafael Correa, mediante decreto, había dispuesto su indulto. Le dijo brevemente que había habido una serie de reformas legales que le permitían al Ejecutivo otorgarle la gracia de oficio. Y, en efecto, para sorpresa de Fidel Araujo y de su abogado, en tiempo récord, una serie de reformas legales y un informe del propio Ministerio de Justicia, le permitían al presidente Rafael Correa darle el indulto de oficio. Durante todo el diálogo, Araujo no pudo consultar con su abogado, pero como toda persona involucrada en procesos legales, conocía de memoria las normas pertinentes. Le dijo a la ministra que iba a aclarar que nunca ha pedido el indulto al presidente Correa. La ministra se comprometió también a aclarar que no había pedido tal perdón. Y como todo era legal, Araujo aceptó el indulto, y salió esa misma noche de la cárcel, a la que finalmente había llegado su abogado, en cuyo carro volvió a casa. 

El futuro

Aunque el indulto significa que no debe cumplir la pena, Fidel Araujo, a los ojos de la justicia, es culpable. Por ello, insistirá en el trámite de una acción extraordinaria de protección ante la Corte Constitucional, para que lo considera un error judicial sea corregido y su nombre quede limpio. Araujo espera que la Corte Constitucional entienda el mensaje del Gobierno que, en su opinión, es claro: ha sido el propio Gobierno el que da un "paso fundamental" que debería llevar a que el trámite en la Corte Constitucional sea admitido. 

¿Cuál es el futuro del mayor Fidel Araujo? Por lo pronto, dice, se encuentra en una convalecencia. Espera que la justicia, que en su opinión, resolvió mal su caso, rectifique los errores cometidos. Su lectura política de este episodio es que el Gobierno ha tomado en cuenta que no es tarde para corregir. Tal vez, sostiene Araujo, Correa busca resarcir su imagen de radicalidad en el ejercicio del poder. "No es un ejercicio normal en la política pero es algo que puede impactar", sostiene.

Por lo pronto, Fidel Araujo busca reconstruir su vida, mientras reflexiona sobre los sucesos de su expiación. Cree que este episodio no puede ser un trampolín político. Su única aspiración, dice, es recuperarse emocional, económica y sicológicamente de esta batalla. 

 

 

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