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15 de Abril del 2019
Historias
Lectura: 15 minutos
15 de Abril del 2019
Redacción Plan V
Mataje según Galo, Christian y Ricardo
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Foto: Periodistas sin cadenas

Los familiares del equipo de El Comercio encontraron paz tras su visita a Mataje. 

 

A un año de la muerte del equipo periodístico de El Comercio, sus familias volvieron a Mataje para rendirles un homenaje. Se los imaginaron recorriendo las calles del pueblo y hablaron con sus habitantes con quienes se comprometieron a volver con ayuda.

Los familiares de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra se reconciliaron con Mataje, el último pueblo donde fueron vistos los periodistas de El Comercio. Sucedió el pasado viernes, 12 de abril, a un día de que se cumpliera un año de la confirmación del asesinato del equipo periodístico que fue secuestrado por el grupo de alias Guacho. El colectivo Periodistas sin cadenas organizó la visita para conmemorar la memoria de los reporteros. También para dejar el mensaje que la prensa libre no abandonará la cobertura de la zona. En conversación con Plan V, los familiares reflexionan el significado que ahora tiene para ellos Mataje, un pequeño pueblo fronterizo acorralado por la violencia y el abandono.


En el retén de Mataje, familiares de los periodistas y sus colegas les rindieron un homenaje el pasado 12 de abril. Llevaron carteles y ramos florales. Foto: Edu León / Periodistas sin cadenas

En Mataje volvió a empezar mi historia

Christian Segarra, hijo de Efraín Segarra, conductor

No tenía claro qué esperar, ni sabía qué iba a sentir. Pero a lo largo del día había tenido un vacío en el estómago y una sensación de desesperación. En el viaje conversamos con los amigos periodistas y luchamos contra el cansancio. Encontramos un pueblo que se parece a cualquier otro. No me causó la impresión de que a través de él o en él se genere violencia por parte de los grupos narco delictivos. Sin embargo sentí la mirada de la gente al identificarme como una persona extraña para ellos. Los primeros minutos estuvieron llenos de nervios. Pensé en la foto que tomaron en el retén militar a mi papá.

En el pueblo estuve confuso, ansioso, con angustia. Primero hicimos un recorrido sin bajarnos de la camioneta (que dispusieron los militares para el ingreso). Paramos un momento frente a la casa de la mamá de Guacho. Lo único que pensé fue en el abandono del pueblo y en la falta de justicia. No tuve ni odio ni ira. Salimos hasta el redondel (del ingreso al pueblo) y ahí nos pudimos bajar de la camioneta a caminar. Al pisar Mataje sentí mucha tristeza. Me los imaginé a los tres caminando por el pueblo. Se me fueron las lágrimas.

Mataje es como muchos pueblos del Ecuador. Si las personas no supieran lo que acontece allí, Mataje pasaría desapercibido. Es un pueblo con gente humilde y de niños que están creciendo en un ambiente que no saben de qué se trata. En su mirada se podía ver enojo e ira, y en otras había mucha inocencia. Pudimos conversar con los guaguas de la escuela de fútbol. Un grupo de 12 niños con dos adultos empezaron a caminar hacia nosotros. Le dije al coronel (Milton Rodríguez) si podía acercarme a ellos y saludarlos. Luego se acercó don Galito. A los guaguas les dije mi nombre y que estaba allí porque mi papi y mis amigos desaparecieron aquí, así que hemos venido para compartir un momento íntimo y sobre todo a compartir un mensaje de paz. Extendí una bandera con la imagen de los tres y les presenté a mi papi, a Javier y a Paúl a los guaguas. Lo que quisiera es que ustedes nos ayuden a nosotros a cumplir esta misión de intentar cambiar el país para que podamos vivir en paz, les pedí.


Este es el fuerte testimonio de un joven de Mataje que dejó de jugar fútbol en Cali para regresar por su familia que fue violentada después del caso de los periodistas. Este es un pueblo muy abandonado, dice.

Creo que allí vive una parte de mi padre y de su corazón. También parte de mí y de mi historia está allí. Es lo que les voy a contar a mis hijos. 

Uno de los adultos nos dijo que nos entienden, que también son personas, que les afectó mucho lo que sucedió con los periodistas y que nos querían dar el pésame. Ahí Galito también habló y les dijo a los niños que sigan por el camino rectito y que no se unan a los grupos narcotraficantes. En esa conversación pudimos descargar. Personalmente significó hacer las paces con Mataje y su gente. Indirectamente en mi corazón estaba eso de que la gente de allí fue cómplice, pero al haber ido descargué mis emociones. 

Luego salimos y esperamos al resto de compañeros para el homenaje en el retén de Mataje. Hasta que llegaran me senté en una de las veredas con Galito. Él me dijo: ‘me siento tranquilo’. Yo compartí sus palabras, para mí fue bueno cerrar esta etapa. Tuvimos después un segundo ingreso pero no volví a conversar con nadie más. Me sentí agotado y me quedé sentado en la camioneta observando lo que pasaba. El resto de periodistas estaban haciendo su reportería.

Mataje para mí siempre será un lugar simbólico. Creo que allí vive una parte de mi padre y de su corazón. También parte de mí y de mi historia está allí. Es lo que les voy a contar a mis hijos. Tuve un sentimiento tan bonito de pertenecer. Allí volvió a empezar mi historia.


Los famiiares entraron dos veces a Mataje. La primera vez fue a bordo de un vehículo militar y pasaron por la casa de la madre de alias Guacho. Les llamo la atención la construcción de concreto (de color naranja) que resalta por encima de las pequeñas casas aledañas. Fotos: Edu León / Periodistas sin cadenas


En las calles de Mataje. Los visitantes comparon en la tienda del sector y conversaron con los niños. 

‘Si antes me sentía orgulloso de mi hijo ahora me siento mucho más’

Galo Ortega, padre de Javier Ortega, periodista

Estaba indeciso en ir porque para mí es muy doloroso. Pero tuve coraje, ese que heredó mi hijo. Pero mi hijo me dejó la herencia de estar en todos los lugares que sean necesarios y que hagan falta. Me decidí y viajé. Nos fuimos juntos en la camioneta de Christian Segarra. Ir sentado en el puesto que sabía ir mi hijo pensé que me iba a dar dolor, pero lo superé. Cuando estuve allí tuve tranquilidad y paz. Pude conocer el lugar donde fue la explosión contra los militares, la calle donde fue encontrada la camioneta. El coronel  (Milton Rodríguez) me dio el pésame y me dio fuerzas. Un soldado nos dijo: ‘aquí estuvo la camioneta y aquí en este lugar posiblemente los invitaron a comer’. Quizá ese fue el engaño. Me imaginé cómo ellos se ilusionaron por hacer el reportaje. Y de allí no faltaba ni 100 metros para llegar al río, que es la frontera. Solo se ve vegetación, ramas, árboles. Me imaginé sus últimos pasos y que eran embarcados en una canoa para no volver más. En ese momento lloré mucho. Pero eso me ha servido y me ha dado mucha paz. Ya puedo por lo menos defenderme, porque me quebraba demasiado y lloraba mucho.

Me imaginé sus últimos pasos y que eran embarcados en una canoa para no volver más. En ese momento lloré mucho. Pero eso me ha servido y me ha dado mucha paz.


Galo Ortega luce su infaltable camiseta con el mensaje "nuestros héroes". Esto fue cerca al retén de Mataje. 

Mataje es un poblado muy pequeño con mucha pobreza. Destaca un estadio con protección y la casa de la madre de Guacho, que está hecha de hormigón y tiene unas bonitas puertas con perfil de aluminio, tiene una cubierta en la terraza y eso ve desde lejos. La gente vive en la pobreza. Después de que sucedió el caso se volvió muy peligroso y la gente se fue de allí. Regresaron después de seis meses. El jefe político está incentivando para los niños al deporte. Pero ante eso espero que el Gobierno se preocupe de esa gente, que también es pueblo ecuatoriano. Hay gente analfabeta y eso no es justo. Primero Colombia debería erradicar esa planta (se refiere a la coca) porque los jóvenes son conquistados para que se vayan con los narcotraficantes.

Si antes me sentía orgulloso ahora me siento mucho más. Porque todo lo que ha dejado mi hijo es bien bonito. Mataje significa el lugar donde perdió la vida mi hijo. Me imaginé cómo irían en busca de la noticia, yo estaba muy afectado. Yo llevé los carteles que tenemos. Las tres familias que ahora somos una sola familia tenemos el interés de ayudar a esa población.

Da pena ver a los niños. Les dije que si tienen el interés de ser deportistas que sigan adelante con eso. Y que no estén haciendo caso a los narcotraficantes cuando los buscan para explotarlos porque eso no lleva para buen camino. Hay que ir derechitos y así no pasa nada. Ellos solo escucharon. Si no tienen trabajo quién sabe por dónde irán. Sí me gustaría ir de nuevo a Mataje.


La extrema pobreza se extiende a todo el norte de Esmeraldas. En San Lorenzo las personas viven del poco comercio de la concha y el pescado.  En la imagen, el puerto de San Lorenzo. Pobladores de islas aledañas llevan sus productos en canoas. Fotos: Edu León / Periodistas sin cadenas 


En el puerto de San Lorenzo, los niños y jóvenes aprovechan el mar para refrescarse de las altas temperaturas de ese sector fronterizo con Colombia. 


 


Las poblaciones se conectan a través de la lanchas a motor. Las distancias entre San Lorenzo y las islas cercanas van entre los 25 y 60 minutos. A Colombia el recorrido dura dos horas. 


El malecón de San Lorenzo es una de las pocas zonas de la ciudad que ha sido restaurada. 

La gente demanda que no sea estigmatizada

Ricardo Rivas, hermano de Paúl Rivas, fotoperiodista

Desde diciembre tenía la idea de visitar Mataje. Quería conocer cuál fue el último camino que ellos transitaron. Conocer la situación de la población y llegar con alguna ayuda. Cuando no conoces esos escenarios físicamente tienes muchas preguntas. Cuando llegué allá quise contestar esas preguntas y colocar las fichas en ese espacio. Entramos a la zona dos veces. La primera vez ingresamos cerca a las 09:30, a la misma hora que ellos (los periodistas) pasaron. Recorrimos el pueblo sin bajarnos del vehículo.  La gente nos veía con curiosidad. Cuando nos bajamos de la camioneta, pudimos caminar algo más. El resguardo fue muy grande. Luego se acercaron unos jóvenes de la escuela de fútbol. Les dijimos que cuenten con nosotros, que no estamos allí para juzgar sino para ayudarles.

En la segunda vez ingresamos fue en una caravana grande con más periodistas. La disposición fue solo caminar una cuadrita, pero ya nos regamos por el pueblo y ahí pudimos conversar con la gente. Nos encontramos con personas muy cálidas e inquietas. Fuimos a la tienda y compramos aguas. Conversamos con los niños. El profesor de la escuelita me dijo que tienen muchas necesidades, que no tienen computadores, ni internet. ‘Queremos que conozcan una computadora’, me dijo. Muchos chicos andan en sandalias o sin zapatos. Todo ese compromiso lo asumimos. La gente demanda que no sea estigmatizada. Hay mucha gente desplazada y que no quiere regresar a Mataje. Ellos contaban que cuando les preguntaban de dónde vienen ustedes y ellos decían de Mataje, la gente les decía que son delincuentes y narcotraficantes. Nosotros no somos delincuentes, queremos hacer las cosas bien, pero no hay presencia del Estado, nos dijeron. Deberían estar los ministerios de Educación, de Salud. No se sienten integrados al país. Los niños decían que querían ser como Guacho, pero ahora dicen que quieren ser futbolistas o militares. La escuela solo llega hasta séptimo de básica, no tienen bachillerato.

Ella se comprometió a dejarlo en la iglesia de Mataje para que toda la población lo pueda ver. No nos dejaron ir a la iglesia porque estaba cerca al río y era más inseguro.

Doña Bachita es una señora con la que conversamos, de mucha edad, que vive a la entrada de Mataje. Ella nos decía que son gente amable y que el gobierno no les da oportunidades. Estaba con dos adolescentes. Veo que los jóvenes son altos y delgados. Eso me llamó la atención porque uno piensa que pueden estar desnutridos. Ellos decían que somos bien recibidos y que quitemos de nuestra mente que son peligrosos. Incluso le dimos un ramo de flores con el botón de ‘Nos faltan tres’ a la Bachita como símbolo de amistad y cariño. Ella se comprometió a dejarlo en la iglesia de Mataje para que toda la población lo pueda ver. No nos dejaron ir a la iglesia porque estaba cerca al río y era más inseguro. Conversamos con la señora de la tienda y una jovencita de 14 años. Le hacíamos bromas y se reía.

Para mí Mataje significa un compromiso. Nosotros tenemos que hacer las gestiones para que ese Estado esté presente. El compromiso es que la ciudadanía haga presión para esa presencia con inversiones. Si el Estado no quiere estar, nosotros -la sociedad civil- va a estar. No hay odio ni rencor. Sino el compromiso por sacar adelante a esa población.

GALERÍA
Mataje según Galo, Christian y Ricardo
 

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