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26 de Enero del 2021
Historias
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26 de Enero del 2021
Redacción Plan V
Abandonar el Centro Histórico como sede administrativa: ¿avance o retroceso?
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El actual Gobierno blindó el perímetro del Palacio de Carondelet e impidió durante meses el acceso a la Plaza de la Independencia.  Foto: Luis Argüello. PlanV

 

Desde el gobierno de Rafael Correa se plantea una idea retomada recientemente por el alcalde Jorge Yunda: abandonar el uso administrativo de la ciudad antigua para "conservarla" y trasladar instituciones emblemáticas como la Presidencia de la República y el Municipio de Quito, hacia otro lugar de la capital. Pero vecinos, concejales y expertos urbanistas no creen que esa sea la solución a los problemas del Centro.


El anuncio lo hizo el alcalde metropolitano, Jorge Yunda, a mediados de este mes, aunque esta semana, ante el revuelo provocado en el Concejo, se desdijo. Para evitar daños similares a los que se produjeron durante las protestas de octubre de 2019, las principales dependencias  municipales, que se encuentran en el Palacio Municipal en la Plaza de la Independencia y otras casas y edificios del Centro Histórico de Quito abandonarían el Casco Antiguo. 

En el Centro funcionan las oficinas del alcalde y el Concejo, la administración central del Municipio, Catastros, la Admnistración Zonal del Centro, el Patronato Municipal (en la casa presidencial de Eloy Alfaro), entre otras depedencias en varias casas y edificios del Cabildo. 

El alcalde metropolitano de Quito, Jorge Yunda. 

Al razonar su propuesta, el alcalde dijo que  “Debemos preservar el Centro Histórico. Estamos trasladándonos, no será de la noche a la mañana, pero en esta administración hemos tomado la decisión de proteger el centro y funcionar desde otro lugar más moderno, con mejor movilidad y accesibilidad”, explicó, según un comunicado del Municipio, sin dar más detalles de qué se ha trasladado ya y a dónde.

"Se está trabajando para trasladar las funciones que se realizan en el edificio municipal a otra instancia, para esto se están analizando diversos espacios que permitan acoger a la función gubernamental local", dijo el Cabildo Metropolitano, al reseñar las intenciones de Yunda.

"Esta decisión se da luego de las últimas manifestaciones ocurridas en el Centro Histórico, que fue atacado de manera desproporcionada, y considerando que Quito es el Primer Patrimonio Cultural de la Humanidad y que es imprescindible reactivar el turismo, atrayendo a visitantes nacionales y extranjeros, por eso se hace necesario este cambio", agregaron. Yunda pidió también al Gobierno Nacional, que ocupa el Palacio de Gobierno, el Palacio de la Vicepresidencia, el Ministerio de Gobierno y algunas casas del Casco Antiguo que analice una medida similar, sin precisar de qué manera se haría ni a qué costo. 

Pero en la sesión del Concejo del pasado 26 de enero, el alcalde se desdijo, ante las inquietudes de los concejales de a dónde trasladar el Municipio Metropolitano y sus principales dependencias y las críticas de dejar vacío el Palacio Municipal. Yunda dijo que la decisión no se ha tomado y que había sido malintepretado. 


Varias protestas llegan ante el Palacio Municipal y se instalan en la calle Venezuela. Foto: El Universo

En el Centro funcionan las oficinas del alcalde y el Concejo, la administración central del Municipio, Catastros, la Admnistración Zonal del Centro, el Patronato Municipal (en la casa presidencial de Eloy Alfaro), entre otras depedencias en varias casas y edificios del Cabildo.


En las protestas de octubre se sacó parte del pavimento de la Plaza del Teatro.  Foto: PlanV


Las protestas motivaron al Gobierno a colocar alambradas de púas en Palacio de Gobierno.  Foto: PlanV

El fallido intento de Correa de sacar la Presidencia del Centro Histórico

Pero no es la primera vez que se plantea abandonar el uso administrativo del Centro Histórico, que se ha mantenido inalterable desde la colonia española y la fundación de la República en 1830. En agosto de 2014, el ex presidente Rafael Correa anunció su intención de trasladar el despacho presidencial del Palacio de Carondelet a un nuevo complejo que pensaba construir en el terreno del cuartel Eplicachima, que tiene un amplio lote enclavado en el sur de Quito.

La entonces ministra de Defensa, María Fernanda Espinosa,  dijo en un recorrido por el Eplicachima, que alberga a la Primera División del Ejército, que “en ese lugar se va a construir la plataforma política del Gobierno, donde va a estar el nuevo despacho de la Presidencia. Ese es uno de los proyectos prioritarios y que se iniciarán este mismo año”.

Y es que el terreno iba a quedar dispone para la construcción de la Plataforma de la Política -que finalmente se construyó en el extremo sur de la ciudad, en el sector de Quitumbe, porque el gobierno correísta pensaba reubicar las unidades militares y utilizar los espacios para uso civil. Así, Espinosa, en un tono más convencido y menos difuso que el de Yunda hoy, ofreció que “Muchos de estos movimientos van a iniciar en proyecto este año (2014) y se van a concretar hasta el próximo (2015). Tenemos un tiempo límite que es hasta el 2017. Este es el nuevo diseño operacional de las Fuerzas Armadas, que esperamos para los próximos 40 o 50 años mínimo”. Los militares no solo iban a perder terrenos y edificios, sino que el régimen correísta aspiraba a limitar sus efectivos de 41.060 a 34.500 para 2025.


El Centro Histórico ha sido el escenario de las grandes concentraciones políticas durante los siglos XX y XXI. En octubre de 2019 ocurrió lo mismo.  Foto: PlanV

En agosto de 2014, el ex presidente Rafael Correa anunció su intención de trasladar el despacho presidencial del Palacio de Carondelet a un nuevo complejo que pensaba construir en el terreno del cuartel Eplicachima, que tiene un amplio lote enclavado en el sur de Quito.

El anuncio de Correa se sostenía en argumentos similares a los de Yunda: el Centro estaba ya muy congestionado y sacar a todos los funcionarios de la Presidencia hacia un nuevo palacio en el terreno del sur de Quito iba a mejorar el turismo en el casco antiguo. El Palacio de Carondelet, un edificio de origen colonial y reconstruido durante la República (su última reedificación total la realizó el presidente Camilo Ponce entre 1956 y 1960, conservando solo la fachada original) iba a seguir siendo utilizado solamente para cuestiones protocolarias y como museo. Parte del plan se realizó, cuando algunos de los salones de Palacio fueron convertidos en un Museo, en donde se expuso, sobre todo, los regalos que había recibido Correa y otros objetos de dudoso valor histórico. Las declaraciones provocaron críticas, como por ejemplo, que la verdadera intención de Correa era "gobernar desde un cuartel", aunque realmente la propuesta era derrocar el cuartel y construir un nuevo palacio presidencial. 

Pero el único país en donde la sede presidencial abandonó el Centro Histórico fue México, donde durante décadas los presidentes despacharon desde el complejo de Los Pinos, una quinta enclavada en el bosque de Chapultepec distante varios kilómetros del Centro de la ciudad y totalmente cerrada y privada. El actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, regresó la presidencia al Palacio Nacional en el Zócalo (plaza mayor) de México y adecuó un departamento en donde vive. 

En los países vecinos, tanto la Presidencia cuanto el Congreso y la Corte Suprema despachan en el Centro Histórico. Así, en Perú, el Palacio de Gobierno funciona en la Plaza de Armas, frente al Municipio de Lima. En Chile, la Presidencia funciona en el Palacio de la Moneda, otro edificio colonial en el Centro de Santiago, mientras el Municipio de Santiago se encuentra en la Plaza de Armas, donde también están la Catedral y el Palacio de la Real Audiencia. En Colombia, la Casa de Nariño, si bien es un edificio moderno de los años 70 del siglo pasado, se encuentra en el Centro Histórico junto a la Plaza de Bolívar, al igual que la Alcaldía Mayor de Bogotá, que despacha en el Palacio Liévano, frente a la Catedral. En Argentina, el tradicional Palacio de Gobierno de Buenos Aires, la Casa Rosada, se encuentra en la plaza mayor, conocida como Plaza de Mayo y en el mismo perímetro están el Congreso y el municipio de la capital. 

Pero Correa dejó el poder sin reubicar la mayoría de los cuarteles (el Eplicachima sigue exactamente igual que en 2014) y la Presidencia siguió despachando en Carondelet. Luego, en franca contradicción  con su primer anuncio, el correato intentó crear un barrio diplomático a pocas cuadras de la Plaza de la Independencia, cerrando para ello el colegio Simón Bolívar que funcionaba en los antiguos edificios conocidos como El Beaterio, que habían sido escolares desde hace por lo menos dos siglos. Tras el fracaso de este plan (prácticamente ninguna embajada se interesó en ocupar algunas casas que se llegaron a restaurar en el Centro), El Beaterio sigue abandonado y la mayoría de las casas restauradas están sin uso. 

Borrón y cuenta nueva en la conservación del Centro

En 2007, el arquitecto Edmundo Arregui, quien entonces lideraba la Empresa de Desarrollo Urbano de Quito escribió para una publicación de la Flacso un artículo titulado "El programa de rehabilitación del centro histórico de Quito", en donde hizo una reseña de las obras que se habían implementado no para abandonar el Centro, sino para atraer más habitantes y solucionar el problema de la accesibilidad por medio de la construcción de grandes parqueaderos en los extremos y del trazado del Trolebús.

Arregui precisaba en la época que, en las 308 manzanas que conforman la ciudad antigua, de origen colonial español y establecida a partir de 1534, "se construyeron, a través de los siglos, un número muy significativo de edificios de interés arquitectónico e histórico representativos de la arquitectura colonial (civil y religiosa) de los siglos XVI, XVII y XVIII, enmarcados por un conjunto de edificios residenciales de fines del siglo XIX y principios del siglo XX".

En 2007, el experto precisaba que "a partir de la segunda mitad del siglo XX el centro histórico de Quito inició un proceso de grave deterioro. A pesar de que continuó siendo el eje de la vida política y administrativa del país, las familias que tradicionalmente lo habitaban fueron desocupando sus viviendas y trasladándose hacia otras zonas de la ciudad".

Además, señalaba, "Los ministerios del gobierno central se trasladaron hacia la zona norte de la ciudad, permaneciendo en el área únicamente las administraciones de los gobiernos central y local, más por aspectos de orden tradicional y emblemático, que por razones de orden funcional. Gracias a estas excepciones el centro histórico, a pesar de la transformación sufrida, mantuvo su papel representativo y ceremonial".

"Los ministerios se trasladaron hacia la zona norte, permaneciendo en el área únicamente las administraciones de los gobiernos central y local, más por aspectos de orden tradicional y emblemático, que por razones de orden funcional. Gracias a estas excepciones el centro histórico, a pesar de la transformación sufrida, mantuvo su papel representativo y ceremonial", señala Edmundo Arregui. 

Por otro lado, mientras se conservaba el uso administrativo, "se produjo un crecimiento sostenido de comercios informales callejeros que invadieron casi toda la zona occidental y especializaron al sector como un  centro de provisión de bienes para familias de ingresos medios y bajos. Esta especialización desplazó a otras formas de inversión privada hasta el punto de que los usos del suelo estaban dominados por el comercio minorista, los servicios menores, los talleres artesanales y las bodegas del comercio ambulante".

Por lo menos desde 1994, se implementó con financiamiento internacional y del Estado central el  "Programa de Rehabilitación del Centro Histórico que fue creado con los propósitos fundamentales de conservar el área, devolviéndole su importancia funcional, revitalizando las actividades comerciales y de servicios tradicionales, facilitando el acceso a los servicios y al comercio y promoviendo el correcto uso y mantenimiento de los edificios públicos y privados, para potenciar la vocación turística de la zona". Este proyecto se financió con USD 51 millones.

Y es con esos criterios que se mejoró la infraestructura urbana, se construyeron edificios de estacionamientos como El Cadisán y La Ronda, se rehabilitaron hoteles como el Patio Andaluz y el actual hotel Plaza Grande, se construyeron planes de vivienda, se rehabilitaron centros comerciales como el Pasaje Baca, La Manzana y Casa Carrasco, y para principios de los 2000 se ordenó el comercio informal, con la construcción de centros comerciales populares como Hermano Miguel, Nuevo Amanecer, El Tejar, Granada, Ipiales Mires, Montúfar, Chiriyacu, Ipiales del Sur, Ipiales del Norte e Ipiales Sanguña.

Arregui estimó que entre 2000 y 2003 por lo menos 6.000 de los 10.000 comerciantes informales en el Centro se reubicaron en los centros comerciales populares y dejaron las calles. 

A partir de 2003, también se invertió en renovar las plazas principales de la ciudad antigua, así como en iliminación, seguridad y reparación de algunas viviendas. 

Todo esta trabajo y las inversiones de varias décadas, señala en la actualidad Arregui, en diálogo con PLANV, podría ser abandonado si se aplica el criterio esgrimido por Yunda y que ya antes había planteado Correa: que el casco antiguo pierda su función administrativa como ha perdido buena parte de su carácter residencial, pues un simple recorrido por las principales manzanas en las noches evidencia que las casas están vacías y sin habitantes y sirven fundamentalmente como edificios comerciales. 

Descentralizar no significa abandonar el Centro Histórico

Para Arregui, si bien de debe priorizar la desconcentración de los servicios municipales, con la creación de nuevas centralidades en distantas zonas de la capital, eso nos significa vaciar o abandonar el Centro Histórico. Arregui sostiene que los daños durante las protestas recientes no fueron graves ni afectaron de manera significativa el patrimonio del Centro Histórico. El experto cree que hay que devolver el carácter simbólico al Centro Histórico lo que motivará el respeto de los manifestantes. Arregui sostiene que las protestas se han convertido solo en "un gran pretexto" para desvalorizar el Centro y vaciarlo de contenido, pues son las autoridades las que deben tener una actitud distinta. "En el caso de Yunda ni siquiera se le puede tomar en serio, pues ya ha hecho otros anuncios como un corredor de la 10 de Agosto que ya no existe". 


La peatonización de calles del Centro como la García Moreno y la Venezuela han motivado las críticas de los vecinos. Foto: PlanV

"El Centro Histórico se ha ido vaciando, solo viven cerca de 35 mil personas", dice Arregui  y se concentran en los barrios como San Marcos, La Tola, San Juan y otros, mientras que es evidente que en las manzanas en torno a la Plaza GRANDE prácticamente ya no hay uso residencial.

En lugar de abandonar el Centro, se debería valorar los 5000 bienes inventariados y mejorar la situación de los 19 museos que, en su criterio, están desatendidos, pues desde hace 21 años no ha habido "una propuesta coherente para el Centro Histórico".

La rehabilitación del Centro Histórico debe ser integral y tocar temas profundos, explica Arregui, para evitar que quienes viven en el casco antiguo se vayan, mejorando los servicios y las viviendas por medio de fondos de restauración. Se deben considerar aspectos como la vivienda, el tránsito, la seguridad y la participación ciudadana. Para Arregui, no ha habido continuidad en los programas de rehabilitación del Centro Histórico. "El Centro Histórico se ha ido vaciando, solo viven cerca de 35 mil personas"  y se concentran en los barrios como San Marcos, La Tola, San Juan y otros, mientras que es evidente que en las manzanas en torno a la Plaza Grande prácticamente ya no hay uso residencial. El arquitecto sostiene que se deben repotenciar muchos inmuebles para uso del Gobierno y del propio Municipio, mientras critica la demolición de dos edificios en el Centro por orden de Rafael Correa sin considerar un plan adecuado. 

Los vecinos, afectados por la falta de funcionarios y estudiantes

Pablo Buitrón representa a los colectivos del Centro Histórico.

Por su parte, el activista Pablo Buitrón, quien forma parte de los colectivos de vecinos del Centro Histórico, sostiene que el anuncio del alcalde Yunda es inadecuado. El Centro Histórico, señala, depende de la presencia también de los empleados municipales y del Gobierno, pues al no asistir los funcionarios al Centro, decae la presencia de personas y también se afecta a los comercios. Durante la cuarentena, "era mínima la cantidad de gente en las calles y eso aumentó la delincuencia", y asegura que entre semana el grueso de las personas que asisten van a los comercios y las oficinas del Municipio y del Gobierno. 

Buitrón destaca que 280 mil personas transitaban al día en el Centro Histórico de Quito, de los que muy pocos eran realmente los turistas extranjeros, pues antes de la pandemia al año había poco más de 600 mil turistas extranjeros al año en Quito. Otro flujo de personas significativo provenía de las escuelas y colegios que funcionaban en el Centro, actualmente cerrados por la pandemia. Así mismo, almacenes de telas, ropas, medicinas y útiles escolares son parte importante de la economía del Centro. Los empleados municipales y funcionarios del Gobierno, por ejemplo, hacen compras o almuerzan, al igual que los usuarios que concurren a los trámites municipales. 

El activista insiste en que se busca implementar un proceso de gentrificación, mientras reitera que el turismo no es un elemento significativo en la economía de la ciudad antigua, pues los turistas extranjeros visitaban un día el Centro, la Mitad del Mundo y La Mariscal, antes de ir a otros destinos como las Islas Galápagos. 

"Se debe respetar la simbología del Centro": Luz Elena Coloma

La concejala Luz Elena Coloma.

De su lado, la concejala Luz Elena Coloma tampoco comparte el anuncio de Yunda que implicaría vaciar el Palacio Municipal y las varias casas del Centro en donde hay dependencias municipales. Coloma sostiene que habría que interpretar qué es lo que quiso decir Yunda, pues al parecer su razonamiento es que las manifestaciones afectan a los comerciantes del Centro por la presencia de los centros administrativos. Habría que tomar en cuenta los costos de ese proceso, si se arrendarían inmuebles y dónde y si se ha podido determinar si esto mejora la calidad de vida de los habitantes de la ciudad moderna y de la antigua. 

Más allá de qué quiso decir Yunda, Coloma recuerda que se debe mantener la simbología del espacio que es el asiento de los poderes públicos desde tiempos coloniales, como es el casco antiguo. Aún con el Palacio de Carondelet vacío, seguiría el símbolo del poder político y siendo el imán de las protestas, comenta. En efecto, durante las protestas de octubre de 2019, cuando el Gobierno abandonó la capital y se instaló en Guayaquil, las protestas continuaron en el Centro, a pesar de que Palacio se encontraba cerrado y vacío.

Más allá de qué quiso decir Yunda, la concejala Luz Elena Coloma recuerda que se debe mantener la simbología del espacio que es el asiento de los poderes públicos desde tiempos coloniales, como es el casco antiguo.

Abandonar el Centro, precisa Coloma, sería "descorazonar" al Centro que se convertiría en un espacio vacío. Al respecto, señala que el Centro Histórico de Cuenca sigue siendo un centro vivo porque las personas siguen teniendo necesidad de ir. 

En Quito, en cambio, es evidente que se han incrementado los problemas del Centro por la pandemia, y abandonar los centros del poder es algo que no se ha hecho en ninguna capital de la región. Por otro lado, hay inmuebles municipales actualmente en el Centro abandonados y sin uso, y grupos culturales como los artesanos de La Ronda que debieron abandonar una casa del sector por un problema con el arriendo.

En el seno del Concejo Metropolitano, en cambio, hay preocupación, señala Coloma, pues los vecinos del Centro han pedido ser recibidos para analizar la problemática. "Al parecer no hay un plan riguroso sino solamente una opinión del alcalde", pues hay considerar que los funcionarios también son clientes de muchos negocios del sector. 

De momento, los funcionarios tanto del Gobierno cuanto del Municipio están en su mayoría en teletrabajo, mientras el flujo de turistas extranjeros en el casco antiguo es mínimo, un fenómeno que se repite en otros centros turísticos del mundo como Venecia, París, Nueva York o Dubai. 

 

 

 

 

 

 

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