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18 de Noviembre del 2013
Historias
Lectura: 8 minutos
18 de Noviembre del 2013
Redacción Plan V
¿En defensa propia?: la historia de Raquel (primera parte)

La Fiscalía toma muestra de la sangre de la víctima de las manos de Raquel. La foto consta en el informe pericial. 

 

Este es el drama de Raquel, una joven madre que enfrenta un juicio penal por asesinar a su esposo, según alegó, en defensa propia y en el marco de una violenta pelea marital.

¡Ya me tienes harto! Le gritó a Raquel. ¡Ya es hora de que te largues! Ella pidió que no empiecen, no así ese día ni delante de las niñas.

4 de enero. 5 de la mañana.
La noche de ese 3 de enero, Raquel* empezó a discutir con su esposo por asuntos familiares. Luego de haber acostado a sus hijas, de 9, 7 y 3 años, fue abordada porque él quería tener relaciones sexuales. Ella no se lo permitió. Recibió como respuesta un golpe en la cabeza que casi la desmaya. Por su vista borrosa, siguió el contorno de la pared que la llevaría a su cuarto. Él se acostó más tarde junto a ella.

Al despertar seguía doliéndole la cabeza. Eran las cinco y medio de la mañana, y como casi todos los hogares del Sur quiteño, empezaba el trajinar el despertar de las niñas, menos la chiquita, para que vayan a su escuela. Él despertó a sus hijas, pero Raquel no se levantó. Le dolía demasiado el golpe en la nuca, uno de los más fuertes que había recibido en su dilatada historia de agresiones. Al primer grito de Andrés, su esposo, debió ponerse de pie. Fue a peinar a las niñas antes de que las recoja la ruta. Andrés empezó a llamar por teléfono a Víctor, el cobrador del bus urbano del cual eran propietarios. No contestó y su esposo golpeó el teléfono contra la mesa. ¡Ya me tienes harto! Le gritó a Raquel. ¡Ya es hora de que te largues! Ella pidió que no empiecen, no así ese día ni delante de las niñas. No sabes lo que te espera, le gritó. La tomó del cabeza y empezó a darle golpes de puño.

Impulsada por el terror, al ver que se le venía encima, abrió la puerta del apartamento para sacar las niñas al pasillo y tratar de protegerlas. Las niñas bajaron corriendo desde el segundo piso. El llanto de la menor se iba perdiendo por el pasillo del conjunto donde vivían: "papá, ya no le pegues a mi mami…" Raquel cerró la puerta desde adentro y tomó un palo para defenderse. Entonces vio que Andrés tomaba un cuchillo de la mesa del comedor. Un cuchillo con mango de madera, de imitación Tramontina. Largo y grueso, como de 20 centímetros. Te cogiera y te matara, le dijo con los ojos inyectados y el cuchillo en la mano, y lo dejó de nuevo sobre la mesa. Ella soltó el palo, y Andrés se le fue encima. La pateó y golpeó con los puños y una vez en el piso empezó a tocarla por todo el cuerpo: ahora vas a ver… Los vecinos oyeron claramente cuando ella gritaba: ¡déjame quieta, no quiero estar contigo! Él se levantó y volvió a tomar el cuchillo, Raquel aprovechó de ese segundo de descuido para abrir la puerta del departamento y gritar pidiendo auxilio.

Andrés la agarró del cabello, por la parte de atrás y la obligó a salir a empujones: cállate, ahora si te mato, gritó. La arrastró de los cabellos hasta la pared del frente de su apartamento. La puso de rodillas sujetándola de los cabellos, mientras que con el mango del cuchillo golpeaba su cabeza. Varias veces hasta que el arma se le escapó de las manos. La siguió golpeado con el puño. De rodillas, apegada a la pared y con su cabeza agachada y recibiendo los golpes, Raquel vio el cuchillo en el piso. Lo agarró del mango con su mano derecha y con las pocas fuerzas que le quedaban golpeó a su esposo por debajo de la axila. Andrés la soltó y cayó de rodillas. (“El examen externo a nivel del tórax tercio medio del tórax lateral izquierdo, a nivel de línea axilar posterior, una herida punzocortante de trazo oblicuo, de bordes hemorrágicos, retraídos de 7 centímetros de longitud, localizada a 120 centímetros por encima de los talones, a la exploración ingresa a cavidad toráxica por el séptimo espacio intercostal posterior izquierdo, continua y lacera el lóbulo inferior del pulmón izquierdo. (…) La herida del tórax tiene una dirección de arriba hacia abajo, de adentro hacia afuera”.)

Como llevaba una chompa gruesa, de color blanco, parecía solo un golpe o una herida superficial. Al menos eso pensó Raquel. Se levantó de prisa desasiéndose del puño cerrado que sujetaba su cabellera. Vio cómo él se iba echando sobre la baldosa del pasillo, casi en cámara lenta, sin quejarse.

Ramiro Duarte, guardia del conjunto residencial, recibió la llamada a las seis y cinco de la mañana, del departamento 210, donde una mujer en tono desesperado pidió su ayuda, que llame una ambulancia porque tenía una emergencia.

Sangre en la madrugada

Enrique, un vecino del  condominio es uno de quienes había escuchado los golpes y los gritos desde antes de las seis de la mañana. Azorado por el escándalo, uno más, resolvió bajar con sus perras hasta al planta baja. Al llegar el segundo piso dedujo que por el silencio repentino la pelea había parado. Se asomó al pasillo desde las gradas por donde bajaba. Entonces vio a una mujer que, inclinada sobre un cuerpo, murmuraba ahogada en su propio llanto : no te mueras papito, no te mueras papito…

Ramiro Duarte, guardia del conjunto residencial, recibió la llamada a las seis y cinco de la mañana, del departamento 210, donde una mujer en tono desesperado pidió su ayuda, que llame una ambulancia porque tenía una emergencia. Llamó de inmediato al 911, pero pidieron datos que él no tenía ese momento. Envió entonces a su compañero hasta el sitio. El guardia subió los pisos a la carrera, para encontrarse con la misma escena que vio el otro vecino. A Raquel llorando, inclinada sobre un cuerpo ensangrentado, intentando revivirlo.

Raquel cerró el teléfono luego de llamar al guardia y se dio cuenta que aún tenía el cuchillo ensangrentado entre las manos. Entonces tomó de nuevo el teléfonoy llamó a su cuñado, hermano de su esposo. Fue a las seis y diez de la mañana. Le dijo que a Andrés lo habían apuñalado por ir a ver el bus, ¡ese maldito bus, ese puta bus! Cuando llegó a mil por hora también encontró la misma escena: a Raquel inclinada sobre el cuerpo de su hermano. Le preguntó de nuevo qué pasó; que no sabía, que así había llegado, respondió. Pero no hay huellas de sangre afuera, ¿cómo es que llegó herido de la calle?

A esa hora ya se había formado un tumulto. Junto a una agente de la Policía Judicial ingresaron al apartamento, el hermano de Andrés y otras personas. Vieron sangre que había sido limpiada a la entrada de la cocina. Vieron un trapo lavado con restos de sangre. Vieron la cara asustada de Raquel cuando dijo que ella había limpiado y que se había cambiado de ropa para llevar a su marido al hospital.

*Esta es un historia real. Todos los nombres han sido cambiados para proteger a las víctimas

LEA en la siguiente entrega de Raquel, una historia de violencia: El cuchillo no aparece. Qué pasó con las niñas. Raquel es detenida.

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